Una charla con el Periodista Luis Guillermo Hernández
* Cumple 3 años Huelga en Notimex, y lo que hay es: Un sindicato corrupto que ha recibido más de 6 millones de pesos por golpear a la 4T: el Sutnotimex; una mafia enquistada en una Agencia de Noticias; Un cacique entrometido: Francisco Hernández Juárez; una directora abandonada a su suerte: Sanjuana Martínez; una Secretaria sin voluntad política: Luisa María Alcalde. Y un FRACASO.
Barcelona.- Su Mediterráneo es nuestro desierto. Sus mareas furiosas, nuestras dunas calcinantes. Sus cuarenta y seis mil kilómetros de costas, nuestros tres mil 145 kilómetros de línea. Y hay una misma miseria. Una misma hambre. La misma muerte.
Pienso en eso, en lo igual, en lo absurdamente igual que se ha vuelto el mundo, mientras escucho el relato de Ani Montes Mier, la Jefa de Misión de la organización no gubernamental internacional Open Arms, dedicada al rescate y protección de las miles de personas que cada día se lanzan al mar en sus botes, para dejar atrás África y sus conflictos bélicos, su pobreza inimaginable, su fatídico destino.
La tragedia humanitaria africana está más cerca de lo que pensamos...
Lea la historia completa de este barco en el portal aliado:
Con mi solidaridad absoluta -que también es una forma de la rabia- para todos y todas mis colegas de la tropa… de la perrada.
Nada hay en su mirada, en su rostro, en el quiebre de su voz, que no me remita de inmediato a un pequeño cachorro desvalido: “¿y si te paso mi currículum para que se lo des…? A lo mejor hay algún chance… no sé… en redacción, en edición… en lo que sea”.
Estamos terminando la comida, y los temas de la charla entre ambos han sido variaciones sobre un mismo tema: después de dieciocho, veinte años como reportero de un periódico que luego fue revista, portal digital, estación de radio y canal de televisión, una mañana sin quincena la administradora de la estación le llamó a su oficina:
-…la empresa tomó la decisión de ofrecerte una ventajosa liquidación inmediata… que sólo es válida si aceptas en este momento.
Apenas nada: poco más de treinta por ciento de la cantidad correspondiente a casi dos décadas de servicios profesionales como reportero multiplataforma, pago íntegro de aguinaldo, la quincena corriente… y la posibilidad de regresar “cuando las cosas estén mejor” o la amenaza de quedar boletinado como conflictivo si intenta demandar.
-¿Y aceptaste?- le pregunto al hombre que está frente a mi: camisa a cuadros, lentes de armazón metálico, sus cuarentas anunciando retirada, una calvicie incipiente, los surcos abriéndose de a poco en la frente y en los ojos. ¿Y aceptaste?
Estamos en el típico restaurante uruguayo de la colonia Roma, cerca de donde tengo mi oficina. Hay bullicio de jueves. Cuando la chica nos trae un digestivo, quizá jamás tan necesario como ahora, la forma en que mi amigo asiente parece desacomodar todas las cosas de su sitio:
-Tengo cuarenta y siete, güey… no voy a hacer otra cosa… ¿qué iba a hacer?
No hay mucho más qué explicar. Mi amigo y yo comenzamos en el periodismo hacia el final de los años 90. Coincidimos en las fuentes políticas y crecimos, cada cual a su manera, dentro de los estrechos márgenes de crecimiento que el periodismo mexicano decidió imponer a los integrantes de su base piramidal:
El mismo sector durante muchos años, la misma información reciclada con distintos nombres, el mismo género periodístico que no es mucho más que la entrevista colectiva y el boletín, la misma dinámica reporteril cada día: agenda diaria a las ocho, trabajo en la sala de prensa de la fuente durante la mañana, el adelanto informativo hacia las dos de la tarde, los flashes informativos para radio, portal y tele a lo largo del día, los boletines y versiones estenográficas cerca de las seis, las notas listas para el impreso antes de las diez.
No hay mucho más por explicar: una vida periodística de escritura bajo un único cielo informativo: el funcionario, la artista, la estrella, el deportista, el político, el delincuente, la empresaria dijo, señaló, precisó, acotó, argumentó, sentenció, comentó, aseveró…
Un mismo horizonte chato. La misma mirada gris. Entre más obediente, más idóneo el periodista. Entre menos crítico, más de confianza para la mayoría de los medios tradicionales. Entre más mecánico, mejor el trabajo periodístico. Y sólo unas cuántas y simbólicas excepciones a esa regla.
-Y todo por ese pinche Peje- dice mi amigo a manera de explicación.
Pero no es del todo preciso. Si el infierno se abre en este sexenio que prepara una agresiva reasignación de los recursos publicitarios, el purgatorio tiene décadas fraguándose a golpe de sumisión y mediocridad: buena parte de los medios crece al amparo del dinero público. Nada más.
Y no es un universo menor. En agosto de 2018, Rogelio Hernández López cita a investigadores diversos para explicar que en México hay -había el año pasado- 188 mil personas dedicadas a las tareas del periodismo y la comunicación en medios: reporteros, redactores, editores, fotógrafos, camarógrafos, ayudantes, opinadores, publicistas, intermediarios, distribuidores, colaboradores, directivos.
Pero de ese universo, según datos del Observatorio Laboral de la Secretaría del Trabajo, que recupera el mismo Hernández López, unas 31 mil personas están directamente empleadas como reporteras o redactoras.
Y hoy esa gente es la víctima principal del cataclismo.
Mi amigo y yo hacemos cuentas: entre agosto de 2018 y mayo de 2019, por lo menos un millar y medio de trabajadores de los medios han sido despedidos de sus redacciones, sólo en la ciudad de México.
Y en casi todos los casos, salvo muy honorables excepciones, en condiciones de oprobio: liquidaciones incompletas, pagos fragmentados, amenaza, abuso, vejaciones varias, el rejuego perverso dentro de las redacciones para echar a pelear a varios por un puesto, el “salvarse de la guillotina” concediendo favores económicos, sexuales o de cualquiera otra índole, el acoso, la incertidumbre, el correr de los rumores para sacrificar al más débil.
El medio periodístico devorándose a sí mismo, en una historia repetida con distintos números… que suman el recuento de una charla de jueves frente a dos Limoncello on the rocks:
Despido de más de doscientos cincuenta trabajadores en Excélsior, Huffpost México y Grupo Imagen, un diario-empresa multimedia que creció artificialmente mientras su dueño, Olegario Vázquez, se mantuvo al servicio del dinero que le otorgaban Vicente Fox y Martha Sahagún, que jamás le regateó Felipe Calderón, que siempre le concedió Enrique Peña Nieto.
Más de ciento cincuenta trabajadores despedidos de Milenio, un diario-empresa multimedia que creció artificialmente mientras su dueño, Francisco González, se mantuvo al servicio del dinero que le otorgaban Vicente Fox y Martha Sahagún, que jamás le regateó Felipe Calderón, que siempre le concedió Enrique Peña Nieto.
Más de cien trabajadores despedidos de El Financiero, un diario-empresa multimedia que creció artificialmente mientras su dueño, Manuel Arroyo, mantuvo la línea editorial del consorcio abiertamente proclive al gobierno de Peña Nieto y sus intereses diversos como empresario con negocios extraperiodísticos.
Más de doscientos trabajadores fuera de Efekto tv y Grupo Mac Multimedia, un diario-empresa multiplataforma que creció artificialmente mientras sus dueños, los hermanos Anuar José y Luis Ernesto Maccise Uribe, se mantuvieron al servicio del dinero que les otorgó Peña Nieto, bajo cuyo sexenio crecieron y se expandieron hasta adquirir los canales de cable Efekto Televisión, y Green TV, los diarios Reporte Índigo, Estadio, The News y Capital México, la estación Radio Capital, las revistas Cambio y Capital Mujer,al tiempo que firmaban un jugoso convenio de colaboración con El País, el buque insignia del monstruo español Grupo Prisa.
Más de cien periodistas, locutores, animadores, artistas y personal técnico, que el Grupo Radio Centro lanzó a la calle tras cancelar las emisiones de La Red, en el 1110 de la Amplitud Modulada.
Cuando menos trescientos trabajadores del periodismo y la comunicación despedidos de las diferentes empresas del corporativo Televisa,el mayor receptor de recursos por publicidad gubernamental en el país durante los últimos cuatro sexenios, que ahora se deshizo masivamente de buena parte de su personal periodístico en Televisa Deportes, Noticieros Televisa, Editorial Televisa, ForoTV.
Más de cien trabajadores de las diferentes áreas del corporativo Televisión Azteca, el segundo mayor receptor de publicidad gubernamental en el país, que ahora se despide masivamente personal de Azteca Noticias, Azteca América, ADN 40, Revista Vértigo.
Más de doscientos despidos, suspensiones de contrato y cambios de figura jurídica para trabajadores de los medios públicos Notimex, IMER, Canal 22, Canal 14, cuyas actitudes oprobiosas, lamentables, de franco desprecio por los profesionales del periodismo despedidos no difieren en nada de las atestiguadas en los medios privados.
Y todo esto sólo en cifras extraoficiales.
Porque nada, nadie, ha logrado aún que los medios de comunicación mexicanos sean transparentes con sus números, con sus datos. De ninguna especie, no sólo en el aspecto laboral.
Mi amigo reportero me hace ver un detalle: «la mayoría es de nuestra rodada».
Y tiene razón: los despidos en medios afectan, principalmente, a esa generación de periodistas y comunicadores con entre diez y veinte años de trabajo en los medios.
La generación Senior. Que en otras latitudes viviría, a esta edad, su más brillante y productiva época periodística.
Esa que ya es muy cara para la industria: la que ya no acepta sueldos de seis mil pesos mensuales, que ya es una carga de antigüedad para su empresa, que quizá mira a la jubilación como algo ya de mediano plazo, que dejó buena parte de su vida útil en los medios que ahora le dan la espalda.
La industria mediática mexicana se deshace, en apenas unos meses, de casi toda una generación de reporteros experimentados que ya no encuentran -ni encontrarán- acomodo en las redacciones actuales, pese a su vasta experiencia profesional.
Colegas de mi generación, en su mayoría entre los 40 y los 55 años, lanzados al desempleo y marginados de todos los espacios con una sola, insultante, patética y lamentable sentencia de muerte: «ya eres demasiado Senior para esta redacción tan Junior«.
Y eso, por donde se le vea, es una catástrofe.
* * *
Nada hay en su mirada, en su rostro, en el quiebre de su voz, que no me remita de inmediato a un pequeño cachorro desvalido.
-Ya no pierdas el tiempo mandando currículum, bro… nadie te va a levantar. Es la hora de reinventarte- le digo. Y en su mirada hay destellos.
No tengo certezas, pero tampoco dudas.
Hago un repaso personal de todo lo que a mí mismo me ha impulsado a seguir cuando se me cerraron los espacio en los medios tradicionales, y pude sobrevivir, pese al rechazo de muchos, pese al fracaso de intentos:
Nadie como tú conoce ese sector que cubriste toda la vida. Y nadie como tú sabe todo aquello que jamás se publicó y que aún hoy sería una extraordinaria revelación periodística. Llegó la hora de hacer el periodismo que no hiciste, de hacer libros, de hacer reportajes, de hacer alianzas con otros colegas con la misma experiencia, es hora de titularte y buscar nuevas alternativas profesionales, de hacer posgrados, de voltear a la academia, de olvidarte de vivir del dinero del gobierno y reencontrar la fórmula para que la gente pague por tu trabajo profesional, serio, ético, necesario.
No hay recetas ni caminos fáciles: la industria periodística formó cuadros sin apenas ambiciones profesionales y la factura que hay que pagar por ponerse la camiseta es demasiado alta para muchos colegas que no se preocuparon por capacitarse, actualizarse, profesionalizarse.
-Está de la chingada – dice él.
-Sí… pero hay maneras -le digo, mientras pago la cuenta con la única tarjeta que no me tiene boletinado en el Buró de Crédito- no todos nos vamos a salvar… pero todos debemos hacer el intento.
Es cuestión de responder profunda y personalmente, con dolor pero con mucha honestidad, a una sola pregunta:
¿Cómo se reinventa una generación abandonada a su suerte, en medio del mayor cataclismo que ha vivido su profesión?
Fue un enemigo silencioso, como un cáncer indetectable, escondido en las entrañas. Fue un enemigo camuflado, como se camuflan las intenciones de un ladrón que acecha nuestros bienes.
Le llamaron #Modernización, #Avance también. #Desincorporación y #SaneamientoEconómico fueron otros de sus nombres. Con eufemismos nos llevaron a creer que no era otra cosa que sentido común, nada más que eso, y que se enfocaba sólo en la limpieza de la debacle estadista que había derrumbado el presente del México de principios de los años 80.
Sin mencionarlo jamás por su nombre, el Neoliberalismo, el pensamiento económico antiestatista creado en los años 40 del siglo pasado por los austríacos Friedrich Hayek y Ludwing Von Mises para oponerse al Estado de Bienestar Social, fue impuesto en México a la mala, sin pedirnos opinión y sin que pudiéramos elegir, con un objetivo casi único: transferir los bienes públicos al control y beneficio de unos cuantos particulares, que en su mayoría respondía a intereses trasnacionales.
Y así lo hicieron: el proceso de transición de la economía estatista a la economía neoliberal, principalmente a lo largo de los años 80 y 90, fue también la época del adelgazamiento indiscriminado de las empresas del Estado, para transferirlos a manos privadas cercanas a los grupos de poder político de ese entonces, quienes se quedaron con la mayoría de los beneficios.
Como escribió Lorenzo Meyer en 1995: para los gobiernos de Miguel de la Madrid, Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo, la primera obligación del Estado era "concentrar el esfuerzo del conjunto en ayudar a unos pocos a concentrar enormes cantidades de recursos, para que ellos activen el mercado... y ese mercado, con su magia, resuelva vía exportaciones el problema del desempleo y --en el último lugar de la cadena causal-- el de la pobreza".
Un cable revelado por Wikileaks en 2011, escrito por el entonces Embajador de Estados Unidos en México, Tony Garza, da cuenta precisa de cómo Salinas de Gortari en mayor medida, pero también Miguel de la Madrid antes y Ernesto Zedillo después, crearon una élite empresarial multimillonaria. Y voraz.
Cable de Wikileaks
En un contubernio que resultó perjudicial para las mayorías, empresarios y políticos crearon condiciones para que un puñado de familias expandieran sus riquezas aprovechando las deficiencias de las instituciones mexicanas.
A Carlos Slim, quien se quedó con Teléfonos de México, le concedieron el privilegio de contar con "un monopolio intacto", que incluso tuvo la ventaja de una prohibición total de competencia alguna por años, bajo pago de impuestos y facilidades de pago de su deuda, lo que le convirtió en uno de los hombres más ricos del Mundo en menos de 20 años.
A Alberto Bailleres, de la acaudalada familia fundadora del Instituto Tenológico Autónomo de México, el ITAM, le concedieron facilidades de explotación de oro y plata a través de Grupo Bal y posteriormente la incursión en el ramo petrolero.
A Germán Larrea le concedieron las minas más rentables del norte del país, además del aniquilamiento paulatino, pero sostenido, de la resistencia sindical y obrera.
A Ricardo Salinas Pliego le entregaron la televisora estatal Imevisión, casi a precio de ganga y sin experiencia ninguna en el sector.
A Roberto Hernández le dieron el banco más rentable del país, Banamex, y luego, cuando ocurrió la catástrofe financiera de 1994, lo ayudaron a sanearlo para que éste lo entregara después a Citigruop... sin pagar un centavo de impuestos.
"Varias dinastías empresariales que poseen estos individuos despegaron en los años 90, cuando el entonces Presidente Salinas de Gortari (PRI) comenzó el desmantelamiento de la economía mexicana estatal. Salinas vendió más de mil compañías del Estado, desde metalúrgicas hasta ferroviarias. Infortunadamente, en algunos casos estas privatizaciones terminaron creando monopolios en el sector privado, beneficiando a un grupo de políticos y empresarios listos, mientras dejaban en frío al mexicano promedio", dice Garza en el cable "¿Quiénes son los líderes empresariales más ricos de México?".
Aunque algunos estudiosos ubican el inicio del Neoliberalismo mexicano en los años 40, con la presidencia de Miguel Alemán, su imposición total en México comenzó con Miguel de la Madrid.
En una primera etapa, entre 1982 y 1992, el Estado destruyó más de 250 empresas y privatizó otras 155. Públicamente jamás habló de privatización. Utilizó todos los eufemismos posibles.
Tras la entrada en vigor de la nueva Ley de Entidades Paraestatales, se vendió prácticamente todo el sistema no estratégico, la industria complementaria del petróleo, empresas como Sosa Texcoco y Tereftalatos de México e instituciones financieras como Nacional Financiera y Somex, encargadas del apuntalamiento de empresas públicas.
En la segunda etapa, entre 1992 y 1994, se abre la puerta al expolio con la Ley Minera de 1993, la privatización de la banca, la venta de Teléfonos de México y de un gran caudal de empresas estratégicas: la armadora de camiones DINA, Altos Hornos de México, Fundidora Monterrey y Siderúrgica Lázaro Cárdenas, entre otras.
En 1994, en la tercera etapa, se firmó el Tratado de Libre Comercio, que provocó un desastre sin precedentes en el campo y la ganadería nacionales, al liberar de toda barrera arancelaria la entrada de productos agrícolas y ganaderos estadounidenses y canadienses a México, que arrasaron con la producción nacional.
Entre 1994 y 1996 el neoliberalismo mexicano se topó con un desastre financiero derivado del llamado Error de Diciembre y la posterior creación del monstruo rescate financiero llamado Fobaproa, que provocó un cisma mayúsculo.
Tras la intervención de Estados Unidos para el rescate financiero, en la cuarta etapa del saqueo se abrieron las puertas para privatizar la joya de la corona: el sector energético. La Cuarta y última etapa del robo.
En poco menos de 35 años, desde la promulgación de la nociva Ley de Entidades Paraestatales de 1986, con la que el entonces Presidente Miguel de la Madrid abrió la puerta legal al expolio, los mexicanos lo perdimos casi todo:
Nos quitaron nuestra industria, nuestro comercio, destruyeron nuestra agricultura y ganadería, nuestro sistema de salud, nuestro aparato educativo; acabaron con nuestras jubilaciones, se quedaron con las minas, asfixiaron nuestra aviación, se llevaron nuestras carreteras, las playas, las selvas, los bosques... y nos hicieron pensar que era bueno.
Se cambiaron los planes de estudio, para que el sistema educativo expulsara principalmente mano de obra calificada, mientras se desarticulaba la educación media y superior y desde los medios se moldeaba la forma del pensamiento de las masas: hizo que se menospreciara el concepto de colectividad, para imponer el individualismo como lógica social.
"Las organizaciones obreras y la negociación colectiva no son más que distorsiones del mercado que dificultan la creación de una jerarquía natural de triunfadores y perdedores. La desigualdad es una virtud: una recompensa al esfuerzo y un generador de riqueza que beneficia a todos. La pretensión de crear una sociedad más equitativa es contraproducente y moralmente corrosiva. El mercado se asegura de que todos reciban lo que merecen", escribió en The Guardian el autor inglés George Monbiot, autor de "La era del consenso: manifiesto para un nuevo orden mundial".
INFOGRAFÍA DEL SAQUEO
Una sola visión del mundo, el #Neoliberalismo, controló mayormente la difusión de las ideas en México, ahogó casi todo pensamiento alternativo, toda disidencia crítica. Ocupó los periódicos, las revistas, las historietas. Se coló en todas las estaciones de radio, en todos los programas de televisión, en los grandes monopolios editoriales y decidió que voces debían escucharse, qué debían decir y cuándo tenía que escuchárseles.
Como dijo el cineasta inglés Ken Loach:
"el neoliberalismo quiere gente vulnerable: así aceptan salario bajo, contratos basura y trabajo temporal".
En su Cuarta etapa entre 2006 y 2018, la fase más decadente, el desmantelamiento de la industria energética se enfocó primero en petróleo y después en energía eléctrica, al tiempo que entregaba las playas, insumos y los bosques maderables a una nueva lógica privatizadora.
Owen Jones, uno de los intelectuales y activistas antineoliberales más destacados de Inglaterra, autor de la extraordinaria Chavs, la demonización de la clase obrera y de El establishment, la casta al desnudo, habla de la creación de un estereotipo, el obrero y trabajador parásito, que es flojo, vago, alcohólico, ignorante, antisocial, estorboso, medieval, guarro, en contraposición con otro estereotipo, el del rico que produce, piensa, es sensato, sofisticado, benefactor.
Jones desvela todos los paradigmas neoliberales, esos que responsabilizan al obrero por su condición de pobreza, sin asumir que esa condición es producto de explotación flagrante y decretada desde el poder.
En el caso mexicano, además tuvo un componente siniestro: se camufló siempre en eufemismos. Se ocultó, se disfrazó de muchas maneras, para que una élite minúscula, pero voraz, se quedara con casi todo.
Logró que el trabajador creyera la mentira de que defender a su patrón era defenderse a sí mismo y dinamitar, con una falsa lógica aspiracionista, la conciencia de clase: convirtió en vergonzoso ser obrero, ser trabajador.
Se le llamó #Modernización, #Avance también. Fue #Desincorporación y fue #SaneamientoEconómico, y en realidad se trataba de un enemigo silencioso, como un cáncer indetectable, escondido en las entrañas:
Un saqueo. Eso solamente♦
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El Oficio del Reportero es un espacio de opinión que nació en SextaW pero se ha mudado de casa, a partir de un acuerdo con RompevientoTV.
Ahí hallarán primicias, artículos, crónicas, reportajes, presentados en versión escrita los días miércoles y en versión videocolumna los días jueves.
Porque de eso se trata el desafío de mantener vigente, útil, éste que es el mejor oficio del mundo.
Todo ocurre justo después de que comienza a hablar en su idioma ese hombre indígena, piocha larga y rala, mejillas redondas, manos regordetas, sombrero de palma, huaraches, pantalones negros y camiseta blanca con la firma Materiales para Construcción Martínez a la espalda.
Todo ocurre justo después de que se postra, con su crucifijo de madera pintada de blanco, su corona de flores amarillas y su ramillete de palmas verdes, ante el Presidente Andrés Manuel López Obrador, ante la señora Beatriz Gutiérrez Müller y ante más de ciento cincuenta mil personas que colman el Zócalo de la ciudad de México, esa tarde de primero de diciembre y cielo azul que inusualmente presume volcanes imponentes, nítidos, presentes.
Todo ocurre, y cuando digo todo es todo, cuando el hombre comienza a gimotear, completamente dominado por la emoción de ese momento o por el peso de las injurias recibidas por los pueblos originarios a lo largo de tantos siglos:
López Obrador, quien lo mira serio, conmovido en verdad, se aleja de su esposa, próxima desde que comenzó el ritual de purificación, flexiona su pierna derecha, sostiene su muslo izquierdo con la mano y se arrodilla completamente delante de él, como nunca antes en la historia había hecho un Presidente de México.
Se arrodilla, ante el hombre indígena que permite a los borbotones de llanto salirle por la garganta, y ya puesto a su altura, ya ambos de rodillas, le tiende la mano derecha, recibe el crucifijo, lo mira a los ojos, siente que la mano izquierda de su esposa le acaricia el hombro, se muerde el labio inferior y deja que todos veamos cómo es que algo, una estructura vieja y hecha añicos, finalmente se derrumba.
Foto: Moisés Pablo: Agencia Cuartoscuro
Para quienes estamos ahí, ya no es esa tarde en que la médica tradicional mixteca Lourdes Jiménez, en el corazón de lo que llaman plaza sagrada, acerca el sahumerio de copal al mandatario, y roza su cuerpo con las yerbas y la oración en los labios:
– A ti, corazón de la tierra… a ti, corazón del agua… a ti, corazón del aire… a ti, corazón del fuego… le pedimos a los elementos para que liberen y purifiquen al licenciado Andrés Manuel López Obrador, Presidente de México… pedimos a las juerzas… que desciendan en este momento… para que los abuelos y nuestros ancestros se hagan presentes… a los guardianes que guardan y cuidan este lugar de nuestros antepasados, para que lo liberen y lo purifiquen…
No. Ni es tampoco esa tarde en que la Xochitlalli, la ceremonia de la puesta de flores, hace que miles de brazos mestizos que pueblan la plaza se alcen al cielo y giren, humildes y obedientes a los sonidos del caracol, para saludar a los viejos abuelos guardianes que cuidan los cuatro puntos cardinales del universo:
– Tlahuistlampa… Viento del Este… casa de la luz… con amor te saludamos e invocamos tu divina presencia… que la luz inunde nuestros corazones… que la oscuridad se disipe… que la luz del amor nos permita unirnos al concierto de la armonía cósmica… ometéotl… que así sea.
Es algo más. Y perdón si no tengo capacidad para explicarlo.
Es esta tarde del año dos mil dieciocho, pero también la tarde en que, treinta años atrás Laura, una niña de once años, sintió por primera vez el deseo de gritar, salir a las calles y exigir justicia ante un despojo.
Es esta tarde, y también aquella en que Rosario, Maquío, Heberto y Cuauhtémoc gritan ¡Fraude… fraude… fraude!, entrelazados sus brazos, aunque el traidor aquel no les vea ni los oiga.
Es esta tarde, esta plaza, este olor a madera, a ceniza perfumada, a carbón dulce y aromado, pero también aquella de 1968 en que el poder añejo demostró ser enemigo de los cambios y rugió salvaje.
Es 1985, una ciudad sacudida por la tierra y ultrajada por el gobierno.
Es el Jueves de Corpus de 1971 y aquellos halcones ensangrentando las calles.
Es Ayotzinapa. Son cuarenta y tres ausencias.
Es Acteal, el crimen de Estado que sacudió el corazón de Chenalhó y México entero.
Es Aguas Blancas, es la policía de Guerrero y los diecisiete campesinos muertos, los 23 heridos.
Es San Fernando, son 72 cadáveres.
Es Tlatlaya.
Es un vulgar, cínico haiga sido como haiga sido.
Es un gasolinazo como escupitajo en plena cara.
Es un Fobaproa eterno y maloliente.
Son las minas subastadas al peor postor extranjero.
De los beneficios sólo para unos cuantos.
Son las jubilaciones extinguidas, las prestaciones eliminadas.
Son los bosques que ya no son de todos, ni las playas, ni los ríos, ni la electricidad.
Son los hospitales y medicinas privatizados.
Es el petróleo arrebatado.
Es la agricultura destruida, el comercio, la industria nacional desmantelada.
Es esa señora grosera del Youtube, que desde algún lugar de esta misma plaza, en 2006, grita:
-¡Perros! ¡Cuando viene una persona… este… sencilla… a ayudar a los pobres.. ¿eh?… la quieren destrozar como puedan…! ¡No pase lo de Colosio, lo de Massieu, lo de… lo de… ¿cómo se llama?… ¡Clouthier!…
Todo lo que ocurre justo después de que comienza a hablar en su idioma ese hombre indígena, es la confluencia de tanto, porque así funciona ahora la nueva dimensión de lo social: lo tangible, gordo, avasallante, que se nutre de gritos y pancartas, de Pejeluches a 70 pesos, de máscaras a 40, de banderitas, camisetas y llaveros. Y lo virtual, inasible, insospechado, en tuits y memes de las redes, que nace de los dedos y la emoción que están lejos en lo físico pero próximos en lo digital, con el teléfono, la pantalla, el clic individual.
Todo lo que ocurre es una suerte de saldo con las afrentas. Una expectativa robusta, plena, convencida, de que al fin ha sido la buena. De que ahora sí ganó la gente, de que por una vez, quizá por única vez, hay esperanza.
Y puede ser que yo lo lea mal. Que la emoción contagiada por esas miles de almas que gritan “se ve, se siente, tenemos presidente”, que gritan “es un honor estar con Obrador”, que esos miles de rostros surcados por las lágrimas me traicionen.
Quizá. Puede ser nomás una ilusión. Que no se vea, ni se sienta más nada que un gentío revuelto y festivo, una secuencia de anhelos sin sustancia.
¿Cómo se explicaría objetivamente esa marea desatada tras aquello? ¿Cómo explicaría esas calles repletas de gente que baila, ríe, se abraza, dice “jamás creí que viviría esto”?
¿Cómo explicaría que siento a mi lado la presencia de mi madre, sonriendo desde la muerte por el triunfo de su “gallo”?
Todo ocurre justo después de que se postra ese hombre indígena, con su crucifijo de madera pintada de blanco, su corona de flores amarillas y su ramillete de palmas verdes.
Cuando el Presidente de México, ese hombre que prometió “no tengo derecho a fallarles”, se arrodilla humilde y en miles de ojos anhelantes se confirma una esperanza.
Un estruendo traspasa las puertas de la casona marcada con el 17 de la calle Lucerna, en la colonia Juárez. Son gritos. Una efervescente reunión política, como tantas otras que ocurren en las noches del México de 1953, excepto por que en esta se menciona reiteradamente un nombre, que alerta a los espías encubiertos de la Dirección Federal de Seguridad: Mario Moreno.
Ahí está el detalle. En el oficio 48-5-53 de la DFS, firmado por los agentes números 71, Isaac Tapia Segura, y 166, Amado Nieto de la Vega: algunos dirigentes de grupos ultraconservadores católicos que un año antes han formado el Partido Nacionalista Mexicano –heredero del desaparecido Partido Demócrata Cristiano de los años 40– han decidido salir a las calles de la ciudad de México para marchar, para impedir un sacrilegio.
La ruta, según pueden anotar los espías del gobierno mexicano, queda definida en medio del griterío. Armados con velas e imágenes de la virgen de Nuestra Señora de Guadalupe, de Jesucristo y de Su Santidad el Papa Pío XII, van a caminar, de noche, desde Lucerna hasta el número 110 de la calle Morelos, en el Centro. Ahí tiene sus oficinas Don Mario, como llaman al actor de cine y teatro que ha convertido en leyenda mundial el nombre de Cantinflas.
Quieren que Mario Moreno se solidarice con ellos, que hable con Diego Rivera y que evite, con su influencia y su poder, que el pintor comunista consume la profanación a la imagen de la Virgen del Tepeyac.
Según han podido saber los políticos del Nacionalista Mexicano, Diego Rivera va a atreverse a parodiar en un mural la imagen del indio Juan Diego, reemplazándola con la figura del mismísimo Cantinflas. Y la tilma sagrada, donde posó su imagen la Virgen de Guadalupe, va a ser desplazada por el trapo deshilachado que usa como gabardina el famoso personaje del peladito de barriada.
Los católicos del Nacionalista Mexicano consideran un “atentado contra la religión católica” el intento de Diego Rivera, que ya puede adivinarse en los bocetos que circulan por la ciudad, del mural que habrá de ser la fachada principal del cine-teatro Insurgentes, allá en el recientemente urbanizado extremo sur de la ciudad.
No es para menos, opinan los católicos: en la parte central superior del mural se delinea ya el retrato de Cantinflas, como figura principal. El comediante, abierto de brazos como un Cristo, tiende su mano derecha para recibir dinero de capitalistas, militares, cortesanas y burgueses, que están parados sobre lingotes de oro. En el otro flanco, con su mano izquierda entrega las monedas a menesterosos, parados sobre una placa de piedra que dice “20 millones”.
Cantinflas es el puente que vincula a pobres y a ricos. Es el centro de dos mundos. Y no hay derecho.
Como ya lo ha manifestado por esos días de febrero de 1953 el Arzobispo Primado de México, monseñor Luis María Martínez, “esta nueva audacia de Diego Rivera ofende los sentimientos católicos del pueblo mexicano y constituye un agravio a la religión, pues ataca a una imagen como la Virgen de Guadalupe, que es objeto de culto nacional”. Quieren evitarlo.
Cantinflas es una de las estrellas más importantes del cine mexicano, es la figura que hace confluir en la risa a ricos y pobres, como opina el propio Diego. Ha salido de las carpas de los barrios que están en los confines de la entonces diminuta ciudad de México, allá por los fangos de Tacuba, y se ha encumbrado a fuerza de talento y arte: el renombre y reconocimiento que alcanza ya son universales. Y es también un reconocido guadalupano. Cómo de que no.
Por eso, cuando los agentes de la DFS hacen su reporte del día posterior a la manifestación, aquel 13 de febrero de 1953, anotan como dato más relevante la respuesta que Mario Moreno le da a los católicos: él también está en contra de cualquier irreverencia que se pudiera cometer contra la imagen de la Guadalupana. Es también un creyente fervoroso.
El Partido Nacionalista debía procurar porque esa imagen no fuera exhibida en cantinas, pulquerías y cabarets, por lo que agregó que él haría declaraciones a los periódicos al respecto, citan de Mario Moreno los agentes del gobierno.
A regañadientes, después de días de debate público, Diego Rivera realiza algunos cambios al boceto original, para eliminar la imagen de la Virgen de Guadalupe.
Así lo explica él mismo, según la crónica recuperada por Carlos Monsiváis en Ídolos a nado:
-Cuando Cantinflas vio el bosquejo, quedó perfectamente satisfecho. Hasta posó conmigo en el andamio, junto al lugar donde había dibujado a la Virgen, para que nos tomaran unos fotógrafos. Estaba a mi lado, mostrando con orgullo la medalla… Al tener yo el apoyo de Cantinflas, la prensa se puso de mi lado, señalando que no había nada contradictorio entre Cantinfas y la Virgen de Guadalupe. Cantinflas era un artista que simbolizaba al pueblo de México y la Virgen era la bandera de su fe-, dice un Diego profundamente contrariado.
-Si Diego Rivera agravia a la Virgen de Guadalupe, yo jamás permitiré que alguna de mis películas se exhiba en ese teatro… ¡nadie podrá quitarme nunca mi medalla de la Virgen o burlarse de mi reverencia o de mi amor hacia ella- replica Mario Moreno en los periódicos de esos días.
¿Por qué se retracta de su posición inicial? ¿Qué le hace cambiar de punto de vista, sin consultarlo con Diego Rivera? No se sabe. Al menos los documentos de la DFS, que han sobrevivido al tiempo implacable en las gavetas del Archivo General de la Nación, no lo dicen. Quizá sea el deseo de no tener problemas con los dirigentes políticos ligados al catolicismo. Quizá cautela. Quizá presión. El actor cambia de parecer.
Dos meses mas tarde, en abril de 1953, el Teatro Insurgentes es inaugurado por Cantinflas, según El Universal de esa fecha, quien encabeza la puesta de la obra Yo, Colón, en la que más de 80 actores lo acompañan en escena. Logra negociar como sueldo la fabulosa cantidad de mil pesos por noche, cerca de 100 dólares de entonces, que le convierten en el actor mejor pagado en la historia del teatro en México.
En el mural no está la Virgen. Los católicos han ganado. Aunque cualquier observador puede notar eso que Monsiváis define como el desquite final de Diego: “en las rasgaduras de la gabardina de Cantinflas, queda trazada la silueta de la Guadalupana”.
La fachada principal del Cine-Teatro Insurgentes luce el majestuoso mural de Rivera, elaborado con los mosaicos italianos más finos que se pudieron conseguir, y resalta la figura del mimo como cúspide: Cantinflas es el centro de la noche y sus espectáculos; Cantinflas es un puente entre dos mundos separados entre sí; Cantinflas es el genio dador de esperanza hecha sonrisas. Ahí reina. Entre ricos y pobres. Poderoso.
Pero ese poder, esa influencia casi absolutos del genio actor, van a colocarlo también en la mira de un grupo de hombres sigilosos, siempre en las sombras, quienes van a registrar sus actividades políticas, la forma en que usa y hasta abusa de su poder, sus movimientos, sus opiniones.
Hechos que hoy, cuando Cantinflas ya es leyenda, van a arrojar luces sobre ese rostro casi desconocido que se ocultó detrás: Fortino Mario Alfonso Moreno Reyes.
Mario Moreno, priista
Tampoco hay que pensarlo demasiado: en la época que le toca vivir, Mario Moreno -como el resto de los mexicanos- está sometido, por convencimiento, por complicidad o por fuerza, al omnipotente brazo de la maquinaria política priista.
Como anota Sergio Aguayo en el libro La charola, “los opositores eran escasos y aislados y el control del PRI absoluto. Tal vez por ello el régimen se ensañó con los pocos que se atrevían a disentir. La DFS los espió, controló o neutralizó con el respaldo de otras instituciones del aparato de seguridad”.
¿Es este el caso de Mario Moreno? No hay pistas precisas al respecto. El hallazgo de documentos de inteligencia que lo señalan, redunda en sucesos aislados, la mayoría de estos, que dan cuenta de aspectos diversos en la vida personal del actor de cine.
Se tiene registro de que lo siguen, de que el hombre detrás del dicharachero de los barrios bajos, del lenguarás de pantalón a media nalga, mostacho incipiente, boina y trapo-gabardina le interesa especialmente a los responsables de la policía política del México de los años 50 a los años 80, pero no se sabe por qué.
Así ocurre, por ejemplo, con el informe sobre la noche del 29 de marzo de 1957, cuando acude, junto con el ex presidente Emilio Portes Gil y el ex secretario de Defensa Nacional, General César López de Lara, a la fiesta de cumpleaños de Alejandro Carrillo, un destacado henriquista.
Es en el exclusivo restaurante El Cisne, en el número 596 de la avenida Chapultepec -que hoy es un edificio de departamentos- frente a las rejas del bosque, en la colonia San Miguel.
Al lugar acuden acaudalados industriales, banqueros, ganaderos, políticos y representantes del Departamento del Distrito Federal. Mario Moreno también. Y es uno de los nombres principales que anotan los agentes de la DFS al momento de elaborar el reporte denominado “Actividades sobre Henriquismo”.
Este agape fue con motivo del onomástico del señor Alejandro Carrillo, pero a la vez se dejan ver fines políticos, escribe Mayoral, el agente de la DFS. Pero no dice más.
Los henriquistas son el primer grupo político disidente del régimen revolucionario, numeroso, crítico, que se ve desplazado por el modernismo alemanista y busca, bajo la figura del militar Miguel Henríquez Guzmán, retornar a los tiempos del cacicazgo y el caudillismo de los años 30.
¿Es Mario Moreno uno de ellos? No se precisa. Por las crónicas de entonces, pueden entreverse sólo algunos detalles: el cómico llega a la comida acompañado por el ex diputado Roberto Herrera y por el empresario Alejo Peralta. Se sienta en la mesa principal, junto con el ex presidente Portes Gil, y es ovacionado por los más de 300 asistentes. No más.
Pero no es el único documento en torno de la actividad política de Mario Moreno. Casi 10 años más tarde, justo antes de que comience a efervescer el conflicto estudiantil de 1968, el actor ha de protagonizar uno de los más controvertidos anuncios publicitarios de su carrera: el que frontalmente, sin ambages, lo liga con el sistema político priista de su época.
40812075. México, D.F.- A 103 años de su natalicio, el actor y humorista mexicano Mario Moreno "Cantinflas", uno de los máximos exponentes de la comedia de habla hispana, quien protagonizó más de 50 películas, será recordado con el filme biográfico “Cantinflas” que se estrenará el 19 de septiembre, en México. NOTIMEX/FOTO/ARCHIVO-STAFF/NTX/ACE/
Mario Moreno, asesor del sistema
El informe, fechado el 10 de julio de 1968, está firmado por el agente número 73, José Luis Camacho, quien detalla un asunto de índole política que ocurre en la ciudad de León, capital de Guanajuato.
Se está exhibiendo en todos los cines de esta CD., un documental del PRI, de aprox. Diez minutos de duración, a colores, denominado “Jornada Cívica”, y el locutor es IGNACIO SANTIBAÑEZ, en dicho documental aparecen escenas de la revolución, y los logros obtenidos por esta, así como los servicios que proporciona el Gobierno Federal, clínicas, escuelas y refinerías etc., asímismo aparecen concentraciones masivas del PRI, en las que abundan el escudo del citado partido.
Posteriormente, dice el agente Camacho, aparece un día de elecciones, en donde se ve a la ciudadanía ejercer el voto y a una persona en particular que cruza el círculo del PRI.
Hoy sería tildada de propaganda política travestida de adoctrinamiento cívico. Entonces era sólo un anuncio en medio de la película. Recordemos que es el tiempo del PRI como partido único, total e indivisible. Es el tiempo de la dictadura perfecta que, como se ha dicho tantas veces, controla todos los ámbitos de la vida de la gente.
¿Qué papel juega en esto el máximo comediante del país? Los espías tienen una respuesta:
Apenas terminar el corto, aparece en blanco y negro la figura de un hombre más que reconocible para la gente. Tiene la boca pequeña y su labio superior es apenas una línea, sobre el cual se atisba un bigotillo ralo, curvo, que nace en la comisura de la boca y llega hasta las fosas nasales. Los ojos pequeños, las cejas arqueadas, el hombre está al teléfono y dice:
- ¿Qué si estoy empadronado… que… cómo… que… claro que estoy empadronado, porque… como quien dice… si me acaba de interrumpir la siesta, cómo no voy a empadronarme…- sujeta el teléfono con la mano.
Lo que ocurre después en el video, difundido en las ciudades de Irapuato, Celaya y León en la época electoral de renovación de diputados y alcaldes, es relatado así por el espía de la DFS:
Contesta que ya está empadronado, que le gusta el individuo que postula el PRI, y los manifiestan que voten por el PRI.
En el documento, dirigido al Director Federal de Seguridad, se anota la siguiente frase: el documental a colores pasa sin novedad, no así el corto de Cantinflas, que trae rizas (SIC) y aplausos.
¿Convicción política? ¿Pago de favores? ¿Uso y costumbre de una democracia sui géneris?
Un documento oficial de la Presidencia de Gustavo Díaz Ordaz, un nombramiento fechado en 1965, cuyo hallazgo corresponde al periodista Juan Veledíaz, tiene la mejor respuesta posible:
Gustavo Díaz Ordaz, Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, en uso de la facultad que le confiere la Fracción II del Artículo 89 de la Constitución Política del país, y en atención a su calidad de mexicano distinguido, ha tenido a bien designarlo Consejero de la Presidencia de la República.
Sus emolumentos consistirán en un centenario de oro anual, que será cubierto del peculio personal del C. Presidente de la República.
Mario Moreno convive con la política nacional activamente, como uno más.
Del mismo modo que una petición suya se puede convertir en el único pasaporte necesario de entrada al país de una hermosa corista colombiana, Alfredina Castaño de Trujillo, para trabajar en el teatro Follies Berger, como asienta un oficio del 3 de abril de 1965, también es capaz de convocar a su casa a embajadores y aún presidentes de Estados Unidos que visitan México sólo para verlo.
Mario Moreno es cabeza en cuanta delegación mexicanas saluda a pontifices, a reyes, a presidentes por todo el mundo. Y es, a lo largo de casi 40 años de reportes de inteligencia, una figura de peso indiscutible:
En 1981, cuando por primera vez la Presidencia de la República encarga la realización de una encuesta para conocer las preferencias de la gente, de cara a la sucesión sexenal que va a ocurrir el siguiente año, el único ciudadano común que figura es Mario Moreno. Y en el tercer puesto.
Pero su popularidad, según esos mismos resultados, puede fácilmente arrebatarle la candidatura a los dos punteros: Pedro Ojeda Paullada, quien siempre aparece en el primer sitio, y Miguel de la Madrid Hurtado, que a la postre ha de ser presidente de México.
Esa influencia, ese poder político y social, entonces, ha de ser utilizado por Mario Moreno para beneficio de otros, por supuesto, pero sobre todo para su beneficio particular, como documentan los espías del propio gobierno.
Mario Moreno, latifundista
El tropel, de más de mil hombres, mujeres y hasta niños vestidos casi todos con pantalones de manta, sombrero, faldas de colores y blusas con listones como arcoiris, bloquea los accesos a la escuela superior de la UNAM que ocupa un terreno en medio de lodazales y chinampas en las afueras de la ciudad de México, en una zona conocida como la Hacienda de Aragón. En lo que alguna vez fue el margen oriental del lago de Texcoco.
Encabezados por el militar retirado Roberto Reyes Reyes y por el contador Juan Isidro Zúñiga, dirigentes de la Central de Organizaciones Autónomas “La solución somos todos”, los campesinos, originarios de Nezahualcóyotl, Texcoco y La Paz, amenazan con invadir un terreno seco, de más de cinco hectáreas, que está justo detrás de la sede universitaria que ha sido inaugurada apenas cuatro años antes. Es 1980.
“Dichos dirigentes se acreditan como propietarios genuinos de los citados terrenos, aduciendo que desde épocas ancestrales les pertenecen y que por tal motivo procederán a posesionarse de los mismos”, anota el agente de la DFS, Julián Bulnes Solórzano, adscrito al Departamento de Investigación e Información Foránea.
Ese documento, fechado por los agentes de la DFS a las 15:06 horas del 4 de julio de 1980, con el folio 49, ha de ser el primero de varios reportes que, a lo largo de más de dos años, vinculan a Mario Moreno con un asunto nada cómico: el latifundio.
Así lo anota el agente Bulnes Solórzano:
Cabe señalar, que esas hectáreas las reclaman como propias varias personas, entre las cuales destacan Mario Moreno Reyes (a) “Cantinflas” y el Fraccionamientos Residenciales e Industriales S.A (FRISA).
Es el principio de un conflicto que no llega jamás a los diarios de entonces, pero que se registra puntual en los despachos de inteligencia del gobierno mexicano, que involucra a un organismo extralegal, el Grupo Contra la Posesión Ilegal de la Tierra, denominado GRUCOPIT, para dirimir diferencias entre los terratenientes.
Si tiene una solución apegada a las leyes, ésta no aparece en los registros que descansan en el Archivo General de la Nación.
Lo que sí es posible ubicar son los pormenores de otro conflicto, aún de mayor envergadura, en otra región del estado de México: una zona de tierras ejidales y de sembradío llamada Ixtlahuaca.
En el reporte 129 del 07 de octubre de 1980, que da cuenta de una reunión de cabildo en el edificio de la Presidencia Municipal de Ixtlahuaca, un lugar entonces lleno de tierras de cultivo y temporal.
Mario Moreno, acusado por la Central Campesina Independiente de “poseer uno de los latifundios más grandes del Estado de México, ante la complacencia e indiferencia de las autoridades municipales de la localidad”, es defendido de las acusaciones por el alcalde, Arturo Sánchez García, y por el diputado local Roberto Poblete.
“Las susodichas acusaciones son falsas, ya que efectivamente el señor Moreno Reyes cuenta con una hacienda conocida como La Purísima, en las inmediaciones del municipio, aclarando al respecto que dicha hacienda está a nombre de varias personas (todas ellas parientes del referido) y que por tal motivo en ningún momento se rebasan los límites de la pequeña propiedad”, dicen las autoridades citadas por los agentes de la DFS.
Se trata de la disputa por la posesión de terrenos para la siembra de maizales y alfalfares, que con el paso del tiempo han de ser convertidos en un campo de golf y terrenos de uso recreativo y turístico, en las inmediaciones de Toluca.
Tienen un gran valor sentimental para el comediante. Adquiridos a finales de los años 50, ahí es donde crea un criadero de toros de lidia, “Ganadería Moreno Reyes Hermanos”, que cumple una de sus más caras pasiones: el toreo. Ahí también, en 1969, su hijo Mario Moreno Ivanova contrae matrimonio con María Asunción Goiricelaya y el actor, para regocijo de los más de 300 invitados, lidia una vaquilla, según relata el propio Moreno Ivanova al periodista Fernando Figueroa.
Por ello, quizá, el conflicto escala en los años 80. El agente de la DFS, quien redacta los diversos documentos con el asunto, hace un análisis singular como elemento último:
Cabe señalar que lo que pretende (principalmente el multicitado diputado local) es ampararse, ya que a quien atacaron en forma directa durante el Congreso fue a él mismo, en el sentido de que es un palero de los más connotados latifundistas que moran y saquean la región.
El conflicto es largo. Y cada vez más virulento. Casi un año después de esas acusaciones, la DFS registra manifestaciones públicas, incluso amenazas de invasión de terrenos por parte de la organización campesina y la intercesión directa de los gobernadores mexiquenses Jorge Jiménez Cantú y Alfredo del Mazo.
El 20 de abril de 1981, luego de diversos intentos por recuperar las tierras que consideraban ilegalmente entregadas a Mario Moreno, la Central Campesina Independiente realiza manifestaciones y plantones en la ciudad de Toluca, para exigir la destitución de funcionarios federales, estatales y municipales coludidos con los terratenientes.
Según el relato de los agentes de la DFS, los campesinos acusan al delegado de la Secretaría de la Reforma Agraria, Enrique Guerra, “de continuar avalando y solapando a connotados latifundistas en el estado, como son los casos de Mario Moreno Reyes (a) “Cantinflas” y Alejo Peralta García”.
Mario Moreno es propietario de uno de los terrenos privados más grandes y mejor ubicados de la entidad, mientras que Peralta posee la Hacienda de Pastejé.
Los presentes destacaron que Guerra Galván acostumbra vender este tipo de favores, para el efecto de obtener prebendas económicas y políticas, dada la influencia que gozan los referidos latifundistas con miembros del aparato gubernamental, federal como estatal, anota el agente Bulnes Solórzano.
Pero no van a ganar. Mario Moreno, el último héroe de la mitología mexicana, como lo define Monsiváis, tiene un gran poder económico, pero sobre todo político -como ya se ha visto- y no puede ser tocado siquiera por quienes se oponen a él.
Al fin hombre de su tiempo, producto de su época y su circunstancia, como define a los seres humanos el filósofo José Ortega y Gasset, Mario Moreno no ha de ser una excepción: sus propios colegas artistas, ese gremio que él ayuda a cohesionar, van a comprobarlo en el momento más crítico de su época.
Mario Moreno, cacique sindical
Es 1978. La Asociación Nacional de Actores, la ANDA, se resquebraja tras casi una década de implacable liderazgo del actor Jaime Fernández, medio hermano de Emilio El Indio Fernández.
Tras una serie de escandalosas asambleas, que buscan la destitución de Fernández, un grupo disidente compuesto por más de mil integrantes, encabezados por el actor Enrique Lizalde, deja la organización para crear el Sindicato de Actores Independientes, el SAI.
La disputa, que durante más de seis meses mantienen los grupos contrarios, es el detonante de un seguimiento minucioso del caso por parte de la DFS y del gobierno federal.
Como mecanismo de control, desde el gobierno se impulsa una salida negociada, a través de una comisión conciliadora que resuelva el conflicto sin llegar a la escisión con la presencia de figuras artísticas de gran peso político: una de ellas es Mario Moreno.
Pero el asunto no es terso. Hay enojo. Los actores conocen al comediante y saben de sus cualidades, pero también de sus defectos. El propio Enrique Lizalde, entonces un actor respetado pero sin la dimensión de leyenda que ostenta Mario Moreno, se confronta públicamente al comediante.
En una sesión a puerta cerrada, en el teatro Fru-Fru, el 03 de abril de 1978, la disidencia rechaza la jugada gubernamental, que busca disuadir a los inconformes, con el truco de una elección sindical adelantada, en la que las cartas ya están marcadas. El agente de la DFS lo anota así:
Lizalde Chávez agregó que no se podía explicar cómo vuelven a engañar a la gente, al usar una vez más la treta sentimentalista de utilizar a Mario Moreno “Cantinflas”, para que busque la reunificación, pues no se recuerda que esta persona se haya parado en una reunión y ahora quiere mover una serie de piezas que no corresponden al gremio artístico, para tapar el sol con un dedo.
Mario Moreno responde con una diatriba directa, para descalificar a Lizalde “quien sólo busca satisfacer sus ambiciones personales”. Al mismo tiempo, utiliza todo su poder, incluido el derecho de picaporte con el Presidente de la República, para resolver las cosas a su modo.
Con la venia del gobierno, Moreno se hace cargo de los trabajos para renovar los estatutos de la ANDA, al mismo tiempo que impone, junto con un grupo cercano, una nueva dirigencia que encabeza el actor David Reynoso.
¿Qué resulta de ello? Un documento elaborado por la Dirección de Investigaciones Sociales y Políticas de la secretaría de Gobernación, fechado el 11 de abril de 1984, es claro y conviene leerlo casi íntegro:
Se puso saber que a pesar de que el Sr. Mario Moreno Reyes “Cantinflas”, fue quien llevó a David Reynoso Flores a ocupar la Secretaría General del Comité Ejecutivo Nacional de la Asociación Nacional de Actores, debido a que éste último no ha querido darse cuenta de que la mayor parte de los miembros del Comité están llevando a cabo actividades en contra de la organización y en su beneficio personal, está utilizando a su sobrino, el reportero de Ovaciones Eduardo Moreno Laparade, para presionar al CEN”.
Según el documento, elaborado por el Investigador 01993, del Grupo IV, foliado con el número 84-102138, Eduardo Moreno Laparade, instado por su tío, utiliza documentos confidenciales proporcionados por empleados de la ANDA, para efectuar una “campaña de desprestigio enfocada principalmente a las secretarias de Trabajo y Previsión Social, Guadalupe Silva y Otilia Larrañaga”.
El documento reseña una asamblea plenaria, en la cual Moreno Laparade es “invitado a abandonar el teatro Jorge Negrete, en forma por demás vergonzosa”, pues la dirigencia de la ANDA detecta que el sobrino de Cantinflas se ha dedidado a escribir en su columna de Ovaciones en contra de la asociación.
El agente del gobierno aún anota, al final del documento, una acotación:
Cabe hacer notar que Moreno Laparade entró a trabajar en el diario Ovaciones por recomendación del Sr. Moreno Reyes, quien es socio en algunos negocios de los propietarios del mismo, y de que el diario en sí no le paga a este reportero, puesto que recibe una ayuda por parte de su tío de 300 mil pesos mensuales.
¿Por qué Mario Moreno se interesa en controlar la ANDA? ¿Qué significa para él? No se sabe. Tampoco es posible determinar si la confrontación con Enrique Lizalde es lo que provoca que el actor dramático vea terminar su carrera cinematográfica, que sólo vuelve a recuperar muchas décadas después. Cuando Mario Moreno ya ha muerto.
Cantinflas, el genio
Las crónicas de ese día coinciden en un dato: las filas de gente del pueblo que por más de catorce horas continuas desfilan ante el ataúd de Mario Moreno, tienen pocas referencias equiparables: el Palacio de Bellas Artes, el recinto cultural de México, recibe más de un cuarto de millón de personas que llegan hasta ahí para despedir al hombre que ha muerto en una clínica privada en Houston, Texas, a causa de un cáncer.
Ese 20 de abril de 1993, los diarios reproducen las imágenes del único barrendero, bolero, maestro, limpiavidrios, portero, bombero, maestro, cartero, torero, que es capaz de heredar a su único hijo una fortuna estimada en cien millones de dólares.
Y lo honran a él, al personaje creado por el hombre que nació en cuna humilde y se encumbró hasta conseguir que el poder político decretara tres días de luto nacional por su muerte.
Dos rostros de un solo hombre. Fortino Mario Alfonso Moreno Reyes, ser de su tiempo y de su circunstancia, y es también su creación máxima: Cantinflas, el rey absoluto del espectáculo cómico en México en el siglo XX.
Para esos días ya ha desaparecido la DFS. Y aún van a transcurrir muchos años, muchos, antes de saber el contenido de documentos que arrojan luces sobre un rostro poco conocido del hombre que en 1952, justo un año antes de que se escribiera el primer informe secreto suyo, creara esta escena de la película Si yo fuera diputado:
-¡Pueblo que me escucha! Aquí me tienen delante ustedes… y ustedes delante de mí… y esa es una verdad que nadie podrá desmentir... y ahora me pregunto: ¿Y por qué estoy aquí? Y en enseguida tengo mi respuestación, porque yo soy muy rápido en todo: estoy aquí porque no estoy en ninguna otra parte y porque ustedes me llamaron… y si el pueblo me llama, el pueblo sabrá porque lo hizo- dice.
Cantinflas, de pie ante un auditorio expectante, compite con Don Próculo Ladrón de Guevara, rancio representante del partido único, por ganar la elección de diputado por su distrito. Alza los brazos y se deja acariciar por la ovación. En el escenario están las pancartas, las siglas. Cantinflas, el pelado, se emociona y continua:
–Yo, contrariamente a lo que dijo cierto sujeto, que no quiero pronunciar su nombre, pero que lo estoy viendo (mira a Don Próculo, quien se retuerce en su silla) no represento a ningún partido… y no represento a ningún partido porque me represento a mi solito, porque, como dice el dicho: más vale solo que mal acompañado– la gente estalla en ovaciones, en ¡vivas!, en ¡bravos! Cantinflas dice:
–Agradezco estos aplausos tan desnutridos a la par que merecidos, que me incitan a seguir discursiando... y ustedes se preguntarán: ¿y este joven de tan tierna edá, de aspeito tan distinguido, de facciones regulares y agradables… será capaz de conducir una nave a buen puerto? ¿Será capaz de sortiar todos los peligros hasta encontrar el faro de felicidá ‘onde nos deje positivamente seguros? Y este joven, este mismo, que entre paréntesis es el que les habla, les contestará: ¡a pesar de ser tan pollo, tengo más plumas que un gallo…! Y sobre todo, tengo ganas de hacer justicia y darle al pueblo lo que el pueblo necesita– dice, para rematar con una frase clara, eufórica, como de quien está diciendo la mayor de las verdades:
-Les vo’a dar pan… pero mucho pan… no bolillo, como siempre les han dado.♣
Lo que "TSG" busca está ahí. Entre toda esa gente del cine, del teatro, de la televisión… entre las estrellas.
Lo vamos a conocer sólo por esas iniciales: "TSG".
Él es testigo del alboroto. Un agente secreto que carece de sombra y de rostro. Anota su nombre, sus siglas, al calce de cada informe. Y deja marcadas sus huellas, indelebles al paso del tiempo, en las tarjetas mecanografiadas de los archivos confidenciales.
A partir de TSG sabemos de esta historia que se mueve, cual novela policiaca, entre espías y lentejuelas...
Discreto, casi invisible como deben serlo todos los espías, el agente secreto TSG toma nota de cuanto ocurre en el teatro Jorge Negrete, repleto de estrellas de cine, actrices, cantantes, actores.
Llueve afuera. Adentro del teatro, sigiloso, imperceptible, el hombre anota en alguna libreta un dato que, al final del día, habrá de sobresalir en el informe que turna a la oficina de Javier García Paniagua, el jefe de la Dirección Federal de Seguridad, la temida y temible DFS: “únicamente, de acuerdo con los estatutos, han renunciado Silvia Pinal y Héctor Bonilla”.
Silvia, una rubia de belleza guaymense, el rostro anguloso, los labios siempre rojos, ya es para esos días la inmortal Viridiana de Luis Buñuel, una leyenda de la época de oro del cine mexicano. Héctor, en cambio, es un musculoso joven galán de presencia discreta en el cine y la televisión, quien todavía no ha llevado su carrera a la cima que va a alcanzar unos años después.
¿Por qué destacan sus nombres en el informe del agente secreto de la DFS? ¿Tienen alguna relación con lo que busca?
Esa tarde de lunes -6 junio de 1977- sus nombres son subrayados, uno junto al otro, vinculados para siempre por el informe confidencial que el agente secreto TSG envía, perfectamente mecanografiado, a una oscura oficina de la Secretaría de Gobernación ubicada en la Plaza de la República, en el corazón de la ciudad de México, donde se compila toda la información considerada necesaria para la supervivencia del sistema político mexicano de ese tiempo.
Bulle la sede de la Asociación Nacional de Actores, la ANDA. Y entre los gritos, silbidos, estruendos de una asamblea que amenaza ruptura, entre los vituperios y mentadas de madre que son el preludio de una verdadera colisión de estrellas, el gobierno mexicano despliega sus red de espionaje político para observar lo que sucede ahí dentro:
-¡Fuera! ¡Fuera!- estallan decenas de actores apostados en las escaleras de la luneta.
-¡Remoción, remoción!- gritan docenas de actrices que observan la asamblea desde los balcones.
-¡Qué renuncie Jaime Fernández!- exige alguien desde alguna de las butacas en las primeras filas del teatro y, en desbandada, centenares de actores y actrices se levantan de sus asientos, gritan, chillan.
Hay empujones, hay jaloneos. Gritos.
Mientras, el agente secreto anota datos, anota los números, las frases que quedan atrapadas en los oficios confidenciales de la DFS, como si fueran las alas de una mariposa en el fondo del ámbar.
La ANDA se resquebraja tras casi una década de implacable liderazgo del medio hermano de Emilio El Indio Fernández. Y los espías del gobierno lo saben. Por eso están ahí. Vigilando. Espiándolo todo.
A los nombres de Silvia Pinal y Héctor Bonilla van a añadirse otros más en los siguientes folios: el del actor Enrique Lizalde Chávez, como cabecilla del grupo de disidentes; el cantante Óscar Chávez, procomunista; el del actor teatral Claudio Obregón, sin filiación reconocida; los de dos cómicos del cine y la televisión: Héctor Suárez y Mauricio Herrera Porte Petit; el de la intérprete teatral María Sonia Furió Flores; el de actriz de cine Elsa Cárdenas Rentería, amiga personal del ciudadano norteamericano Elvis Presley.
El sonido del micrófono, instalado al frente del escenario-podio de debates, se ahoga sin respuestas porque los pedidos de silencio de Jaime Fernández -el legendario Viernes que Buñuel internacionalizó en Robinson Crusoe- se estrellan contra los gritos de ¡fuera! que prodiga, sin desaliento, un grupo muy nutrido de personas que abandona la asamblea, atropella a quienes encuentra a su paso, patea puertas y deja el teatro sumido en caos. Afuera llueve todavía.
El testigo del alboroto, el agente que no tiene sombra, ni rostro, ni más nombre que las siglas TSG, esas que anota al calce de cada informe, deja marcadas sus huellas, indelebles al paso del tiempo, en las letras mecanografiadas de las tarjetas confidenciales:
“Jaime Fernández Reyes expresó que se está elaborando un boletín informativo para dar a conocer la situación por la que atraviesa la ANDA, debido a que los elementos del grupo disidente no han definido su postura…”
Son las claves que resguardan las historias de subversión registradas por el gobierno mexicano en folios como este, el DFS. 6-VI-77.
En un número no cuantificado aún en ese informe, actores y actrices asociados de todos los estados del país, identificados con la ideología de los disidentes, conforman un grupo opositor al liderazgo del actor protagonista de la película Tarahumara.
Es el mundo de 1977. Conviven, en pugna, los polos capitalista y socialista, que despliegan sus respectivas mañas siniestras para enterarse del tufo que emana del bando contrario. Para establecer supremacía.
Es el México de entonces. Todavía más rural que urbano, todavía más provinciano que cosmopolita. Y no hay más que un único polo ideológico predominante: el del PRI.
Y esa hegemonía, que será bautizada muchos años después como la dictadura perfecta, atraviesa en esos años justo el centro de un inmenso valle de sombras llamado Guerra Sucia: convierte en sus enemigos potenciales a miles de hombres y mujeres por el sólo hecho de pensar distinto.
Ya ha sometido a las guerrillas que han aparecido en Guerrero, en Oaxaca, en Puebla. Ya ha sofocado a grupos disidentes de otros sindicatos. Los criminaliza, los acorrala, los somete mediante un aparato de escuchas telefónicas, seguimiento sigiloso, delación, pagada o a cambio de prebendas.
Tiene miles de ojos, miles de orejas, miles de manos sin nombre, dispuestas a decir yo lo vi.
Y son esos mismos ojos sin rostro, esas orejas y manos sin cuerpo, de los agentes secretos de la DFS, los que se disponen a encontrar aquello que buscan, entre la colisión de estrellas en que está convertida la ANDA en 1977.
Van a hacerlo. Para eso están ahí.
* * *
Los diarios de la mañana siguiente apenas mencionan el asunto.
El Presidente de México, Licenciado José López Portillo -sus largas patillas en el rostro, su profundo nepotismo en el orgullo- ha estado en el aeropuerto de la ciudad de México la tarde del lunes, para recibir a su distinguida esposa, la Primera Dama de México, señora Doña Carmen Romano de López Portillo, procedente de Europa (Francia, Suiza, Austria, Grecia, Bulgaria e Italia) en donde visitó centros culturales, museos e instituciones de bienestar social y le trae al pueblo de México los atentos saludos y parabienes de Su Santidad el Papa Paulo VI.
Vicente Fernández, junto con la joven Lucía Méndez, ponen a competir en las salas de cine a “Juan Armenta El repatriado” contra el detective Harry Callahan, El Sucio, de Clint Eastwood, a quien “no le asignan casos criminales: basta con dejarlo por su cuenta”.
En sus notas del día, dice El Universal que escasea el azúcar; que Saby Kamalich se va de gira con Carlos Bracho a Guadalajara, con la obra El brujo es una dama; que la reina Isabel II de Inglaterra celebra en Londres sus 25 años de reinado y que en la ciudad de México, por las calles de Revillagigedo, un despacho administrativo solicita jóvenes contadores y señoritas taquimecanógrafas y secretarias ejecutivas, con excelente presentación, cartas de recomendación y conocimientos del idioma inglés.
Pero nada dicen los diarios de un escándalo en la ANDA. De la colisión de estrellas que reporta la DFS a la Secretaría de Gobernación.
Hay, en una nota de chismes y cotilleo, las opiniones de actores y actrices sobre el gremio actoral siempre apasionado, en las que se percibe levemente un jaloneo; una foto del podio antes de la trifulca, atrapada a blancos y negros en una de las columnas interiores del Últimas Noticias de Excélsior, con tres líneas sobre el asunto. El glamur alebrestado. Pero eso es todo.
La historia de ese día se plasma en el informe del agente de la DFS. En el folio D.F.S. 7-VI-77:
Desde las 15:30 hasta las 19:30 horas del martes 7 de junio, en el teatro Jorge Negrete, sede nacional de la ANDA, sito en Altamirano 128, se reanudó el pleno del Comité Ejecutivo de la ANDA, presidido por Jaime Fernández, en el local de la agrupación, sito en Altamirano 128, acordándose lo siguiente:
1.- Que en virtud de que el día de hoy se presentó una lista global con la renuncia de 1050 miembros del grupo disidente que encabeza Enrique Lizalde Chávez, pero que adolece de firmas legibles y otras repetidas, se debe desglosar para conocer quienes son socios activos, administradores, meritorios, dados de baja y los que no pertenecen a la ANDA que renuncian a la agrupación.
La disputa que durante más de seis meses han mantenido dos grupos abiertamente contrarios en la organización de artistas, finalmente va a derivar en una escisión. Y esa ruptura es el detonante de un seguimiento más minucioso del caso por parte de la DFS, como se evidencia con la profusión de documentos.
El agente secreto anota:
“El CEN no renunciará como se especula, en virtud de tener trazado un plan de trabajo para demostrar al grupo disidente y a las autoridades así como a la opinión pública la situación real del problema interno de la ANDA”.
En el mismo folio, menciona con total precisión las causas que parecen haber detonado el conflicto entre los actores: malos manejos administrativos en la ANDA, además de una serie de irregularidades reiteradas en el flujo de cuotas sindicales que cada actor entrega a la organización:
“Publicar por todos los medios posibles la situación contable de la ANDA, la cual no obstante el problema interno obtiene una utilidad mensual de 1’015,320.00 que el pasivo actual es de 46’166,000.00 y el activo de 84’635,000.00 siendo la diferencia de 38’469,000 con lo que se demostrará que es falso lo que el grupo disidente manifiesta.
Según el espía, el líder de los actores ha trazado un plan para entrevistarse con empresas contratantes de la ANDA, “las cuales pretenden celebrar contratos privados con los disidentes, violando el contrato colectivo de trabajo en vigor, y lo acordado con la ANDA”.
La pugna, según el informe, deriva en la necesidad de buscar figuras de conciliación, que sean capaces de evitar una catástrofe gremial en la ANDA.
“Fernández Reyes manifestó que Mario Moreno Reyes, Dolores del Río y Tito Guízar aceptaron integrar una comisión conciliadora para que el grupo disidente regrese al seno de la ANDA sin ninguna condición”.
¿Es ese tipo de datos lo que busca el gobierno mexicano en este asunto entre estrellas del espectáculo?
Hay una lógica que parece imponerse: incluso si se trata de rutilantes figuras del cine o la televisión, ellas deben ser vigiladas, seguidas muy de cerca por los espías del gobierno, porque en los destellos de las lentejuelas también puede agazaparse el peligro de supervivencia del sistema.
Algo que ocurre días después ofrece a los espías mexicanos algunas pistas, que los hace orientar sus suposiciones.
* * *
Dolores del Rio-1950s
El documento de la DFS, fechado el 8 de julio de 1977, tiene subrayado el nombre de la actriz.
Una raya larga, de un color que debió ser rojo. Casi parte por la mitad su apellido de casada, “de Guzmán”, y un asterisco colocado justo donde terminan los números de su pasaporte:
“En el vuelo 332 de la Cía Soviética “Aeroflot”, que salió por el Aeropuerto Internacional de esta capital a las 12.20 hrs con destino a La Habana, Cuba y con destino final a Moscú, Rusia, salieron a bordo los siguientes pasajeros:
Gudelia Doubrova URSS 226776 (Funcionario de la Emb. De su país en México)
Silvia Pinal de Guzmán México 42144
Pedro José Armendáriz Pardo México 029078
Edna Julieta Necoechea Gracia México 137054
Vicente Lombardo T. Silvia Lombardo México 0642
El informe anota que el número de pasajeros del vuelo es de casi 150. Sólo destaca algunos nombres.
La actriz mexicana va Rusia. ¿A qué?
Casi 37 años después ella lo va a recordar con precisión:
-Sí fui a Rusia, por supuesto… pero fui invitada a un festival- dirá a través del teléfono.
Su voz, en la que aún resonarán vívidos los ecos de ese tono agudo-rasposo que enamorara a millones, se sorprenderá con la pregunta. Manará ese matiz de incredulidad y fascinación que siempre sucede a una sorpresa:
-¿Cómo… no tengo idea de lo que me dice, jajaja… yo en esa época trabajé con Jaime Fernández… hicimos películas juntos, no puede ser… ¿cómo dice usted?-
-Señora, usted tiene un expediente en los documentos de la antigua DFS que están resguardados en el Archivo General de la Nación- le diré por el auricular.
-No… yo… yo no lo sabía… no estaba enterada de que me espiaran, como usted dice…- comentará en una conversación telefónica informal.
Pero sí. Tiene un expediente que fue abierto por la DFS.
La primera hoja es justo la reseña de la asamblea en la ANDA y los pormenores de ese cisma del cuan va a nacer el Sindicato de Actores Independientes (SAI) y una denominación confidencial, acuñada en algún despacho de la secretaría de Gobernación de 1977, que encabeza Jesús Reyes Heroles: “Asunto de Interés”.
Las siguientes tarjetas dan cuenta de una serie de asuntos de índole diversa, desde personal hasta profesional, en los que se menciona el nombre de la actriz:
En el seguimiento que se realiza en torno del empresario Emilio Azcárraga Milmo, se registran dos reuniones con la actriz.
Sostiene reuniones con diversos periodistas en el restaurante Ambassador del hotel Fiesta Palace, entre las 11:30 y las 15:00 horas en enero de 1978.
Es mencionada en diversas conversaciones telefónicas del productor de cine Gustavo Alatriste, entre el 11 de enero de 1976 y el 24 de diciembre de 1979.
Su yerno, el músico Miguel Salas, esposo de su hija Silvia Banquells Pinal, -la actriz Silvia Pasquel- ha acudido a las sesiones de la “Reunión de Amigos de la Expresión Democrática” en el salón Del Ángel del Hotel María Isabel Sheraton, desde 1976, y ha pagado boletos de 75 pesos como otras casi dos mil personas.
Y no es la única con seguimiento casi puntual.
Mientras el temporal en la ANDA arrecia, los ojos de la DFS se multiplican en torno de los principales activistas de la disidencia.
El 7 de julio de 1977, el agente Roberto Acosta Barroso reporta que las cuotas de los actores disidentes que laboran en los Estudios Churubusco, son depositadas en las arcas del Sindicato de Trabajadores de la Producción Cinematográfica; que los Estudios América y Doblaje remiten el dinero a la sección 49 del Sindicato Técnico de la Industria Cinematográfica; que la propia Silvia Pinal y otros actores de televisión pueden comenzar a cotizar en el Sindicato Industrial de Trabajadores y Artistas de Televisión.
La DFS registra casi cada asamblea de la ANDA, al mismo tiempo que recopila información sobre los movimientos de la disidencia: actores, actrices, cantantes, artistas de cabaret, incluso extras de cine y televisión son vigilados en diferentes niveles por un grupo que pasó del solitario agente TSG a por lo menos nueve siglas distintas.
Pero el conflicto escala en noviembre de 1977: un grupo de actrices ampliamente reconocidas en el espectáculo mexicano entra en escena y desencadena lo que será el golpe definitivo contra Jaime Fernández.
Tampoco hay registro periodístico confiable de esto. Sólo los vestigios que quedan en los reportes de la DFS: encabezadas por Dolores del Río, las actrices María Elena Marques, Carmen Montejo y Angélica María hacen política. El grupo Rosa Mexicano.
Marques, la intérprete de La Perla, quien ha alcanzado una curul tras su participación activa en la campaña presidencial de José López Portillo, acompaña como observadora a la actriz Carmen Montejo y a la estrella de cine y televisión Angélica María. Van detrás de Dolores del Río. Piden la cabeza de Jaime Fernández.
El documento D.F.S. 21-XI-77, firmado por Javier García Paniagua, lo reseña de este modo:
“De las 14:05 a las 15:30 horas de hoy, Dolores del Río, Dip. Fed. María Elena Marquez Vda. De Torruco, Carmen Montejo y Angélica María, miembros de esta asociación, se presentaron ante el Lic. Francisco Rocha Bandala, presidente de la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje, entregándole un documento por el cual denuncian a Jaime Fernández Reyes, líder de dicha asociación, como responsable de la división en el gremio artístico, solicitando al mismo tiempo la intervención de esas autoridades, para acabar con el problema.
Cuando el agente RPU remite la información, subraya el nombre de Dolores del Río y anota tres números: 76-4. Marca copia para anexar ese documento a un folder voluminoso, profundamente político, que contiene hallazgos que, vistos a casi cuatro décadas de distancia, se ganan fácilmente su calificativo preciso: sorprendentes.
Igual que la señora Pinal, la estrella hollywoodense del cine mudo María de los Dolores Asúnsolo y López Negrete de Martínez del Río, la eterna María Candelaria, también tiene un expediente secreto abierto en la DFS.
* * *
Cuando Dolores del Río se integra a la comisión conciliadora para dialogar con la disidencia en la ANDA, el conflicto entre los artistas y su líder gremial, Jaime Fernández seguramente ya ha sido tratado entre la actriz y el presidente de la República. Ella tiene derecho de picaporte.
Su presencia a la cabeza del grupo de actrices que denuncia formalmente al actor, por ello, no causa sorpresa en el gobierno. El hilo es uno sólo.
En sus archivos, la DFS registra la actividad política de la actriz en diferentes épocas, quien, sin asumir nunca un liderazgo formal de la ANDA, sí ejerce un poder moral casi absoluto que se gana a pulso: es vista como la madre defensora de los intereses de los artistas y sus hijos.
Dolores del Río hace política con el PRI y, si se analizan los documentos de 1977 con la visión de hoy, se establece un claro vínculo causa-efecto:
Ella apoya a los candidatos priistas y el PRI la respalda a ella. Así lo confirman los diversos documentos del espionaje político:
El oficio en que suscribe una iniciativa de María Félix, la otra gran Diva del cine mexicano, para realizar un acto de respaldo al gobierno federal:
“Debido al apoyo brindado por el Sr Pdte de la República y de la Sra. Margarita Lopez Portillo, titular de RTC al gremio de actores, esta persona (María Félix) propone celebrar un festival artístico gratuito al pueblo de México, a lo cual el srio general del sindicato de la ANDA realiza gestiones a fin de conseguir el Estadio Azteca para tal fin”.
El oficio D.F.S. 7-XII-76, firmado por el Capitán Luis de la Barreda Moreno, da cuenta de su poder político:
“A las 16:15 horas el licenciado José López Portillo visitó el domicilio particular de Dolores del Río, ubicado en las calles de (…) Coyoacán, trasladándose posteriormente a las 17:45 a San Pedro Mártir, Tlalpan.”
El oficio D.F.S. 5-XI-75, también del Capitán Luis de la Barreda Moreno reseña cómo ella, junto con Mario Moreno, Emilio Indio Fernández y María Elena Marques, manifiestan su respaldo a la candidatura presidencial de López Portillo, en un acto público realizado en el Centro Libanés.
El oficio D.F.S. 14-I-74 registra sus palabras ante el presidente Luis Echeverría: “el grupo artístico denominado ROSA MEXICANO demuestra su adhesión al presidente de la república, en su labor constante en beneficio del pueblo, por lo cual ahora participan con una pequeña aportación. Lo único que no tiene límites, es la voluntad”.
El sistema político mexicano la conoce. Sabe de sus lealtades y los alcances de su alianza.
Hay un oficio del 15 de junio de 1974, que resume una conversación telefónica entre la Diva del cine y la periodista Beatriz Ramos Arizpe. En la conversación, Dolores del Río se muestra fascinada por el entonces insipiente líder social Lucio Cabañas, el hombre llamado guerrillero por la DFS y enemigo público por el sistema político mexicano.
En un momento de la conversación, las mujeres dialogan así:
-Yo no soy comunista, Dolores, pero he estado detrás de la cortina de hierro y es espantoso que la gente no pueda salir de su país, hay que andar uniformados, las mujeres trabajan como albañiles y barriendo calles… yo preferiría la muerte-
-Todo eso es horrible, mi niña. No se puede copiar lo que se hace en otros países porque no funciona; México está forjando su propio destino y lo está haciendo muy bien- dice Dolores, antes de preguntar la edad de Lucio Cabañas.
-Es un hombre joven, entre los 32 y 35 años; es un personaje extraordinario que habla inglés, alemán, italiano, francés, náhuatl y español: además da clases a todos los pobres y como el gobierno ha derribado todas las escuelas que había en las serranías y en los pequeños pueblos de Guerrero para que Lucio no diera clases, éste las da en campo abierto. Lucio es sumamente, movible pues ahora está aquí y dentro de tres minutos no se sabe dónde- dice Ramos Arizpe.
-Todo eso que me dices… es muuuy impresionante, muuy impresionante.
-Si, así es… Lucio tiene hombres en tal cantidad, que el ejército de aquí es una porquería en comparación… y nada de que andan uniformados, pues visten simplemente de mezclilla, están armados hasta los dientes con ametralladoras, metralletas y bombas, radar, radio… tienen todo-
-¿Cómo es físicamente?
-No es alto… pero sí un poco más que Genaro Vázquez Rojas. Está bastante requemado por el sol. Es bien parecido. Estuve platicando con él bastante tiempo y luego lo acompañé a caballo a ver a sus hombres. Todos ellos no beben alcohol porque está prohibido, sólo fuman Delicados y Alas, estuve con ellos durante cuatro días.
-¿Lucio quiere que escribas algo de lo que vista allá?—
-El me dijo que escribiera lo que me diera la gana, le enseñé lo que escribí y quiere que eso se sepa.
-Entonces va a comenzar a darse a conocer, pues hasta ahora es como un mito… porque hay mucha gente que dice que ni siquiera existe… ¡Ay! Estoy fascinada con tu relato… no me explico cómo las gentes del gobierno dicen que no lo pueden encontrar- dice Dolores del Río en la conversación, que se extiende por varios minutos, para quedar registrada en un audio y en su versión estenográfica, remitidos a la oficina del secretario de Gobernación de 1974, Mario Moya Palencia.
Dolores del Río sabe de política. Se interesa por la política y hace política.
Por ello, cuando llega con las actrices del grupo Rosa Mexicano a las oficinas de la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje, aquella mañana del 21 de noviembre de 1977, en esa era del PRI como partido único y único camino posible, se sabe, por deducción, que ya las horas de Jaime Fernández al frente de la ANDA están contadas.
* * *
El oficio de la DFS está fechado el 26 de noviembre de 1977. Justo cinco días después de que Dolores del Río, junto con La Novia de México, Angélica María, y la Primera Actriz Carmen Montejo, acompañadas por la actriz y diputada priista María Elena Marques, se presentaron ante la Junta de Conciliación y Arbitraje para hacer la denuncia formal contra Jaime Fernández.
Lo firma Javier García Paniagua, quien para esas fechas ya ha comenzado una relación personal con una joven actriz también presente en las asambleas de la ANDA, la sonorense María Sorté:
“A las 14:30 horas de hoy, Jaime Fernández Reyes, secretario general de la ANDA, sustentó una conferencia de prensa en la sala de consejos de la agrupación, ante la presencia de 150 personas miembros de la asociación.
El líder de los actores informó a los ahí reunidos que renunciaba al cargo de secretario general electo, con carácter irrevocable”.
El documento elaborado por un agente sin identificación, anota las frases directas, llanas, con que el actor de cine se refiere al grupo disidente que cuestiona su reelección. El que provoca su dimisión:
“Agregó que era del dominio público la situación conflictiva que afronta el organismo citado, provocado por elementos que tratan de alcanzar intereses mezquinos perjudicando al espectáculo, criticando al licenciado Félix González Medina, su opositor en la contienda electoral como candidato al cargo de secretario general, por haber hecho alianza inescrupulosa con los disidentes y empresarios bajo la bandera de la unificación.
He decidido por iniciativa propia y con el afán de quitarles pretextos a todos los que quieren convertir la ANDA en un festín de buitres, presentar mi renuncia después de haber dialogado con varios compañeros a quienes hizo saber que él no será obstáculo para la unificación de la familia artística”.
En un párrafo final, el agente de la DFS expone un dato al calce. Una suerte de análisis prospectivo.
“Cabe señalar que con motivo de la renuncia de Fernández Reyes, quien fue reelecto como secretario general de dicha asociación el 28 de los corrientes, se harán cargo interinamente de ese puesto Mario Moreno Reyes, Cantinflas; Dolores del Río, Ignacio López Tarso y la dip. María Elena Marques Vda. De Torruco, lo que ha despertado el repudio de los actores simpatizantes a Fernández, amenazando con desenmascarar a esas personas en virtud de que nunca han hecho nada positivo por la indemnización, para lo cual invitarán a sus compañeros a reunirse el próximo lunes en el teatro Jorge Negrete para llevar a cabo esa manifestación de descontento”.
Los diarios de aquella mañana de noviembre de 1977, un sábado, difunden una nota pequeña, en páginas interiores, con un discurso de la hermana del presidente de México, Margarita López Portillo, entonces directora de Radio, Televisión y Cinematografía un año antes casi secuestrada por el grupo guerrillero Liga 23 de Septiembre:
“El país exige de los trabajadores de la industria cinematográfica la mayor reflexión para que su unidad se resuelva en participación responsable. Los exhorto a que esta crisis, que también aqueja a la industria cinematográfica, sea motivo de reencuentro y de unión”.”
Todas las notas comparten un cabezal similar, como si hubiera sido dictado por la misma voz: “El gremio artístico debe ser partícipe responsable.
* * *
-No me sorprende la posibilidad… que el gobierno haya investigado a la ANDA… pero el historial que guarda no necesariamente debe ser negativo… es… no hay nada… nada que involucre al medio artístico en actividades que puedan atentar contra el país. Y ninguno de ellos, ninguno, ha atentado o atentaría contra el país, todos ellos son respetuosos del derecho, de nuestro sistema de derecho… - comenta el hombre.
Es un veterano periodista de espectáculos, un hombre recio, el pelo cano, la voz firme, quien ahora es Jefe de Prensa de la ANDA y edita la revista oficial del gremio. Los archivos de la DFS sobre la ANDA, el espionaje en torno de actores, actrices, cantantes, le parece irrelevante. Totalmente:
-Lo que aparece ahí no tiene relevancia alguna, ni es sustento de nada. ¿Qué Silvia fue a Rusia? ¿Y? No pasa nada. ¿Qué Dolores del Río emigró a Estados Unidos? ¿Y? A todos los que involucraban con el comunismo… allá en Estados Unidos sí les preocupaba. A Chaplin, que emigró, a todos ellos… aquí no tanto. No tanto… y ya ni existe el Comunismo-dice el hombre, un poco instalado en el fastidio.
-¿Y de las cuestiones políticas del gremio…
-Aquí lo que importa es la trayectoria… de Dolores del Río, de Katy Jurado, de López Tarso, de Silvia Pinal que mencionas… ¡nunca! Nunca se ha conocido ninguna liga con terroristas, con comunistas o con ideologías que pudieran ser contrarias a nuestro sistema de derecho-dice.
-Y sobre el conflicto del 77…
-Es un asunto viejo. Un conflicto sindical interno…
-Que al gobierno le preocupó…
-No tanto que haya sido preocupante… porque la ANDA no es como el SNTE o esos gremios como el SME que marchan y hacen desorden… la ANDA tenía una protesta contra un comité que no coincidía… se crea una disidencia que queda encabezada por Enrique Lizalde… se buscó una toma de nota que nunca sucedió. El SAI se desinfló, no tenía representatividad, todos regresaron a la ANDA. Es más: dos de esos disidentes, Julio Alemán y Silvia Pinal, ya fueron dirigentes de la ANDA… aquello fue como un conflicto de padre-hijo.
-¿Oiga, la ANDA es un gremio beligerante?
-Es un gremio que usa sus creencias y las aplica, es un gremio que en sus asambleas se expresa con toda libertad y con toda libertad escucha. Tenemos disidencia de ideas y exposiciones, pero son cosas que se quedan en casa- dice.
Ya no es 1977, es 2014. Pienso en hablarle del espía TSG, de las tarjetas con el nombre de Silvia Pinal, del archivo de Dolores del Río, de esa incógnita que tengo sobre lo que buscaba realmente la DFS en esas asambleas de artistas…
-Era otra época- atino a decirle.
-Era otra época- contesta.
Al frente de su cubículo, a todo color, un Jorge Negrete de vitral toca una guitarra.
Casi 37 años después, recorro el teatro Jorge Negrete. Busco los ecos de aquellos días de 1977 entre el butaquerío renovado. Imagino los estallidos de “¡Fuera, fuera!” de los actores apostados en las escaleras de la luneta. Los gritos de “¡Remoción, remoción!” de las docenas de actrices que observaban la asamblea desde los balcones.
Como entonces, ahora la lluvia afuera.
La ANDA, que se fundó hace 80 años con el actor Fernando Soler como su primer dirigente, es hoy una organización con más de siete mil 400 socios y casi .
Recuerdo entonces el oficio D.F.S. 10-VII-81, firmado por Miguel Nazar Haro, que da cuenta del retorno a la ANDA de los artistas disidentes Silvia Pinal, Elsa Cárdenas Rentería, Rocío Banquells Núñez, María Sonia Furió Flores, Mauricio Herrera Porte-Petit y que “el día de la fecha, el dip.Fed. David Reynoso Flores manifestó en su oficina de esta ciudad, su política de puertas abiertas en la misma, para que regresen los demás disidentes sin ponerles obstáculos”.
Me imagino el rostro del agente secreto TSG, sigiloso, imperceptible como tantos otros espías que reportaron, durante décadas, las actividades de políticos, empresarios, activistas, disidentes, guerrilleros, como parte de su trabajo.
Es un laberinto interminable de datos, nombres, cifras de inteligencia contra actividades subversivas, comunistas y terroristas que, desde la lógica de un poder único, se supone que pudieron poner en riesgo la supervivencia del sistema político mexicano de esos años.
Entonces me pregunto: ¿ahí, entre estrellas de cine, actrices, cantantes, actores, vedettes, los espías de la DFS habrán encontrado aquello que buscaban?
Y la pregunta final: ¿quiénes fueron los agentes que documentaron estas historias… quién fue TSG?♠
Cuando la mujer grita desde el fondo del patio -¡corre… cooorreeee y va corriendooooo… el nopal… la rosa!- y como un resorte se liberan decenas de manos que buscan corcholatas para señalar cartas, risotadas, coros de voces que murmuran discretos “¿p’os qué dijo, tú…?¿Rosa y nopal…?”, lo que menos se espera uno es que en esa noche, apacible noche de rumor tropical en abril, suceda algo más que un simple e inofensivo juego de lotería.
No hay algo que avise ¡ahí va el golpe! Los niños, sus primos más grandes, las tías, las muchachas con sus novios, algunos amigos de ellos, las vecinas de la otra cuadra, todos van llegando a eso de las once, montan seis mesas en el patio trasero, abren sus Escuis sabor hierro o fresas, sus Tecates bien frías, eligen cuatro, seis tablas, ponen sus cincuenta centavos por tableta y comienzan a jugar. Como si nada, mientras Sonia (llamémosle así, por pura seguridad) canta a garganta batiente: “¡las jaaaaraaas… laaa chalupaaa…!”.
Y de pronto brinca.
-Anoche mataron a diecinueve en el Mante… ¿a poco no supieron?- dice alguna voz de entre las mesas.
-¿A cuántos?
-Diecinueve… los dejaron en unas bolsas negras, sin las cabezas, puros troncos… todos ahí sobre el camino del Hotel Monterrey… por ahí… así- dice la mujer. La frente cruzada de pliegues, esos que se forman si uno se resiste a que el asombro se le escape por la cara. Los ojos puestos en sus cartas. Las manos sin temblores. Las miradas de casi todos encima de ella.
-¿Pero no fue hace tres días?– pregunta una voz de hombre, cantadita, que de inmediato denota su origen norteño- porque hace tres días se supo de algo, claro que se supo de algo de unas bolsas-
-No. Si estas son otras. Sabe, tú…. nooo, el Mante está feo ¿ves? ‘orita, desde las ocho ni alma en la calle. Era tranquilo, pero pues ya no. Pachangueabas… dos, tres, cuatro de la mañana. Orita no… ¿ves? – dice.
-Ay, cabrón…-digo. De los veinticinco, quizá treinta jugadores de todas las edades, la mayoría hace eco de la noticia sobre los muertos del Mante, mientras colocan las fichas en sus tablas de Lotería. Incluidos los niños.
-Jueguen, ya… ¡la escaleraaa… el gorrito…!- dice Sonia desde el extremo del patio. Los muchachos se miran entre sí. Los niños abren los ojos, como si los destellaran.
-¡…el bandolón… el pescado… la bota…- insiste la gritona, tamaulipecas de cepa. Delgada como esos carrizos que crecen en los márgenes del río Bravo, como una sombra tatuada en los párpados cuarentones, que de pronto le tiemblan como si abanicaran las mejillas. Acomoda las cartas en su mano izquierda, toma una con la derecha, y sigue:
- Ay, estos… ya van a empezar con sus porquerías... ¡el melón… el catrín…!
-¡Uh… ya amarré!- grita un niño, y entonces los rumores se incrementan. Desde todas las mesas se multiplica el ruidero de fichas y voces. Aquel murmullo, primero tímido como olas sin espuma, ya es contundente como un mar muy picado de gritos que se funden, se confunden con la cantada de las cartas, las noticias del Mante, de la muerte, y el juego, la lotería: el niño ya amarró… en El Mante, dicen… ¿con qué amarró?... que otra vez en El Mante… amarró con el melón.
-¡Las jaaaraas… la chalupa…!– dice Sonia agudizando el tono.
-Ya amarré yo también- grita alguien más. El ruidero es entonces un estadio en domingo. ¿Cómo se vive con esa montaña rusa de emociones de tan distinta índole?
-¡La garz…-
-¡La garza, buenaaaa, buenaaaa!- la interrumpe un niño. Se desata por todo el patio un ¡nooooo!, sonoro, festivo. Desordenado.
-¡Buenaaaaa!– grita otra vez el chamaco. Nueve años. La cara una luna roja. Los ojos un par de enormes uvas negras. Completamente negras. La sonrisa inocultable, de tan amplia, tan plena. Ha ganado la primera partida de la noche. La segunda hilera horizontal.
-¡Se la echaron… se la echarooon!- se desternilla la mitad de la gente en el patio. Es el hijo de la propia Sonia quien ha ganado.
Nadie habla más de los embolsados de El Mante. El niño ha ganado. Si cada tabla le cuesta al participante 50 centavos, y cada cual utiliza entre tres y cinco tablas a la vez, el premio para el niño asciende a casi 50 pesos, más otros 20 que van a un fondo denominado el pocito, que se acumula a lo largo de la noche. Los muertos del Mante ahí, en medio de la risa del niño, que ha ganado.
En espera de la segunda tirada, el patio vuelve a la calma. Por unos instantes.
Playas sin coronas
Asomar a ese barullo es como adentrarse de pronto a la asamblea clandestina de un grupo de la resistencia, como sortear el silencio obligado de una ciudad sometida a un toque de queda.
Es una típica casa tamaulipeca, como tantas otras en este tiempo: su corredor vedado, una bala que ha horadado el muro de la calle, su ventanal tapiado de madera para detener los plomazos, la virgen de Guadalupe justo sobre el quicio de la puerta principal, Nuestra Reina Morenita bendice este hogar, una jaula sin cotorritos, que fueron muertos en una refriega que pasó por la calle hace algunos meses y dejó a su paso el daño colateral más barato que haya pagado esta gente.
Y adentro la fiesta. Que no se adivina afuera. En el patio, que es resguardado por la misma casa y por muros cada vez más altos, que dan a calles solitarias por las que es necesario vadear, como si fueran laberintos colmados de silencio, y brincar al paso de tres o cuatro gatos pinchurrientos y acalorados, ratas, mucha basura, cucarachas del tamaño de tortugas diminutas y ni siquiera ladridos de los perros.
Si ha habido suerte, para llegar hasta ahí no habrá habido balaceras, ni asaltos, ni apañes sorpresivos. Tal vez sólo el encuentro con las torretas amarillas y rojas de patrullas sin sirenas, con las luces blancas, hirientes, de tanquetas militares de zumbidos secos, que de tanto en tanto se pasean rigiendo la noche.
¡A dónde van? Vamos a casa de mi mamá, oficial. Bueno, con cuidado, ya es muy noche, arre. Gracias señor.
Y así. Hasta encontrar un zaguán. Buenas noches, doña Celia. Ya venimos a jugar. Buenas noches, mijo. Pásenle al fondo, ahí están las muchachas. Y el bullicio nocturno, que se repite todas las noches, de todas las semanas, como ha sido todos los meses, desde que ha comenzado la guerra.
-¿Ya pagaron todos allá… los de aquella mesa?– dice la gritona desde el fondo de la casa, presidenta del festejo.
Sonia apenas deja pasar unos cuantos segundos, sin escuchar respuestas, y avisa de la nueva tirada. Las manos se apresuran a vaciar de fichas sus tableros. Apuran el trago de cerveza. El mensaje vía teléfono celular. El tuit. Enchamoyan y enlimonan raudas los churritos de maíz, los cacahuates son ajo, y hacen salivar a quien los observa mientras se escucha “corre y va corriendo…” y se posicionan en sus sillas como si fuera a comenzar un paseo en montaña rusa:
¡El Violonchelo, Vio-lon-chelo…!-
La gente que la escucha, sabe que Sonia elige la suerte a su antojo: una carta de arriba, una del medio, una de abajo. Nunca en el mismo orden, siempre sin ver hacia las el mazo de cartas. La suerte, que debe ser derecha para todos.
-¡…el arpa… la sirena…!- y con un orden inusitado, los jugadores, sean grandes o no, asumen con seriedad el reto.
-¡…la corona …! – dice Sonia, y entonces, otra vez, al murmullo del juego se le cuela un comentario:
-No dejaron vender Corona en las playas de Madero- me dice alguno de la mesa.
-¿No dejaron, quienes? – pregunto.
-Ellos.
-¿Quiénes ellos?- insisto. Me olvido de las corcholatas que van acomodándose en los tableros de todos los demás. Me olvido de los niños que escuchan con avidez a Sonia, de las ansias del triunfo momentáneo pero placentero. Sabroso.
-Ellos. En toda la playa, ora en Semana Santa, todos los restaurantes de esa playa tenían prohibido vender Corona. Nomás Tecate.
-¿Quiénes… por qué?- le insisto. Pero mi interlocutor se encoje de hombros. Lleva el dedo índice de su mano derecha a la mitad de los labios y me mira con los ojos desorbitados.
-Rafaguean los camiones, los secuestran…
-¿Los Zetas… el Cártel del Golfo?
-Andan diciendo que la mitá de la playa es de ellos. La Marina ya lo sabe, dicen. Que los negocios son de’llos. En el mercado les cobran a las gentes. Hasta 10 mil pesos. En las tiendas. Hasta los pollos. ¿Las chamoyadas? Les cobran. ¿La barbacoa de los triciclos? Les cobran. Chamaquillos, chamaquillos, como de 20 años. Se cuenta mucho del caso del señor ese que le descuartizaron al hijo… por entregar su cuota en pagos, que no le alcanzaba, pues… y eso le dijeron, que así como él pagaba en partes, así en partes le regresaban al hijo-
Yo apenas escucho. Estoy en esas playas, el Tamaulipas de los años 80, como si se tratase de una película mil veces contemplada. Mi niñez: esa albercototota de arena oscura que no se acaba nunca. Las pisadas de los cangrejos dibujando rutas, igual en las playas de Matamoros, que antes se llamaron Lauro Villar y hoy son Playa Bagdad; las de La Pesca, cubiertas con los tonos más dorados del golfo y aquel atardecer de un durazno imposible en la laguna Madre, la temperatura precisa del río Soto la Marina, las de Playa Miramar, en Madero.
En las mesas la gente dice algo sobre el pago por derecho de piso, algo de “más de 40 comerciantes se han tenido que ir, un hotel de ahí lo dejaron a medio construir porque no quisieron pagar el entre”, algo sobre quién sabe qué.
Y yo pienso en el eterno relajo en las gradas del parque de béisbol de Reynosa, de las noches en el estadio de futbol del Tampico-Madero, la jaiba que de brava nunca ha tenido mucho. Y en el jolgorio. El gentío inagotable en noches de Semana Santa, los océanos de cerveza, los duelos interminables, a muerte, que hervían la sangre entre los ecos de los tríos huastecos con aquello que decía “…de Altamira, Tamaulipas, traigo esta alegre canción y al son del viejo violín y jarana canto yo…”; la garganta rasposa y sin igual de José Alfredo y sus “…olas altas, olas grandes, que me arrastran y me alejan, cuando anclemos en Tampico quédense un ratito quietas, tan siquiera cuatro noches, si es que entienden mis tristezas…”, o los órganos llorones del inmenso Rigo Tovar, de su himno “A orillas del río Bravo hay una linda región, con un pueblito que llevo muy dentro del corazón”.
Qué borracheras, pienso. Qué amor por esta tierra, qué poesía de raíces.¿Queda vivo algo de todo aquello? ¿De todo eso que era Tamaulipas?
-Jueguen… jueguen… ya pasó La Sirena, mira- tercia la esposa de mi interlocutor, mirándome de frente, como reconectándome con el hoy, como si quisiera sacarme de aquella película que no he de volver a ver jamás.
-Mejor cuéntale lo que te pasó- le dice un hombre de pronto, como rogándole para que comparta conmigo, el visitante, su anécdota de la noche.
Y entonces, por la expresión de ella, por la forma en que mira hacia sus cartas, por cómo se escabulle el color de su rostro, se que lo que voy a escuchar no tiene mucha relación con el Pino, la hermosa carta verde y amarilla de lotería que, entre risotadas expectantes, acaban de cantar en medio del alboroto.
“¡Tírese, mi’jo… tírese al suelo!”
Habla ella:
-Fue hace un rato ya, ¡chihuahua, hombre! Acababa de pasar lo de Monterrey, ¿si sabes? Lo de la maestra que calmó a los niños. Pues igual pasó acá, pero en una fiesta. Hubo balacera y quedaron en medio los chamacos. Mi Fermín entre ellos. Nos avisaron y fui por mi hijo de volada ¿veá? Él no estaba, esteee… andaba trabajando en la plataforma. Ya se había sabido que Ellos habían puesto una manta. Que no saliéramos. Que nos quedáramos. ‘ora anda mucho eso. De esas cosas que dices: está cerca, no pasa nada ¿veá? ¿Qué puede pasar? Pues, cuando llegué por el niño, estaba muuuy nerviossso ¿veá? Pobrecito. Pues ya… lo calmé, nos calmamos y mejor nos fuimos. Y en el camino de regreso veníamos ya tranquilos y que nos pasan tres camionetas echas la mocha. Y atrás venían otras echándoles bala. Ahí en la calle, echándoles bala… yo… pu’s sí me espanté ¿veá? No sé ni por qué artes me orillo y que le grito al niño, ¡tírese, mi’jo… tírese p’al suelo… tírese! Se escuchaban los balazos… en el coche… no… como zumbidos ¿veá? Imagínate mi desespera… (solloza. Limpia su nariz. Gimotea) El niño me decía si nos vamos a morir, si nos vamos a morir, y yo, ¡que no, mijo, que no nos vamos a morir! Como una hora habremos estado así, ni sé. Bien calladitos, sin gritar... como pudimos abrimos la puerta, así hechos bolita los dos… él adelante y yo atrás de él… al coche le tocaron varios tiros, pero… gracias a Dios…-
Entonces llora sin reservas. Es un llanto espeso. Como una sopa de dolor. Con su mano izquierda la mujer, llamémosle Rosaura, seca el caldo que le ha nacido de los ojos, mientras con la derecha coloca una corcholata en la figura del Borracho. Quiere ganar.
- ¿Y ya se ha calmado?– le pregunto a su esposo. Rosaura aún tiembla.
-Algo– dice. Toca con los dedos su pantalla del teléfono celular. Me enseña una página electrónica con un mensaje. Un aviso de toque de queda para alguno de esos días en alguna de esas ciudades de esta entidad:
Gente tamaulipeca no tengan miedo, solo cuidamos su bienestar, cuidamos la plaza somos gente preparada no somos jovenes, crean, respetamos a la mujer no matamos civiles solo a la gente que es, no teman eviten los relajes nosotros no atacamos a gente que no es. no tengan miedo, los zetas los quieren asustar, los marinos no vienen por nosotros , es en contra de los zetas, este fin de semana respeten el toque de queda hoy y mañana pasado y a partir de las 12 am de el sabado y el domingo a partir de las 9 pm no salgan.
-No… si ya mucho que se calmó -dice Rosaura, un ojo al juego y otro al teléfono de su marido- lo peor, lo peor fue hace dos años, tres (2009 y 2010).
Rosaura y su esposo me enlistan entonces: los toques de queda en ciudad Victoria, la capital del estado. Las balaceras en Mier. Las plazas vacías en San Fernando. Los comercios cerrados en Reynosa. Las playas desiertas. Secuestros y emboscadas en la carretera que atraviesa Tamaulipas para llegar a la frontera con Estados Unidos. Lo intransitable que es cualquier camino despoblado cuando se asoma la noche. Las muchachas que son enviadas a los reclusorios de Matamoros, para servir de diversión sexual a los narcotraficantes internos. Y ese algo que es muy parecido al estremecimiento, que “comienza aquí, en la mera boca del estómago y se sube”, vertiginoso, infame, hasta la base de la quijada. La entume. La congela. La paraliza completa, antes de que se pueda escapar un grito en plena balacera y eso signifique ser blanco de las balas. La muerte.
Es algo que he visto relatar en otro lado. ¿Dónde? No lo voy a recordar en ese momento preciso sino hasta después: en la cuenta de Twitter @ValorPorTamaulipas, una suerte de alerta ciudadana, sin identidad precisa pero con veracidad irreprochable y valentía sin reservas, que desde hace un par de años da cuenta de todos los sucesos que nadie más se atreve a difundir: Tamaulipas es un hervidero de sangre, balas y miedo, en donde las autoridades, cualesquiera que sea su identidad, poco terreno le han podido arrebatar a quienes en verdad gobiernan.
-No… si eso no es nada- tercia David, un muchacho de acaso 19 años. Novio de una de las chamacas. Moreno. Muy delgado. La nariz un cacahuate rosado. Estudiante.
Mientras las mesas se alebrestan porque ha ganado quién sabe quién la segunda corrida, ¿o ya la tercera, la cuarta?, en los ojos de David destella un brillo tupido, indescriptible, cuando me suelta una pregunta:
-¿Quieres ver cómo hacen el chicharrón?
“Una sopa mugrosa…”
No bien alguien empieza a barajar el mazo, David me acerca su teléfono celular. Es un video. Pa’ k se te quite l’ambre dice el asunto del mensaje.
Es Tamaulipas, de eso no hay duda. Algún lugar cercano a Camargo, un municipio próximo a Nuevo León, contiguo a San Fernando, aquella necrópolis improvisada donde fueron acribillados 172 migrantes, cuyas muertes causaron conmoción mundial.
Armados con hachas, machetes, metralletas, un grupo de nueve hombres, quizá algunos más, interrogan, uno tras de otro, a cuatro hombres y tres mujeres, todos arrodillados. Semidesnudos. Nombre completo y apodo. ¿A qué organización perteneces? ¿A qué te mandaron? ¿Dónde te detuvieron?
Cuando el interrogatorio termina y ellos han señalado a qué comandantes de zona, policías, diputados, funcionarios estatales responden o de quienes reciben cobijo y protección, el líder de los hombres armados, sin rostro, lanza una advertencia a la cámara:
-Esto va pa’ todos los mugrosos… de parte del Cártel del Golfo… sigan mandando pendejos y van a mamar…-
Es el arranque de una carnicería. Uno a uno, los arrodillados son decapitados de todas las formas imaginables. Un golpe certero de hacha. Un cuchillo en la yugular. Un corte de machete. Cinco, diez segundos, a lo mucho. Muñecos que caen. Jirones de seres humanos bien bañados en sangre. Pedazos. Sólo pedazos.
En el patio se escucha el eco de fichas manipuladas. Algunas risas. Alguien que ya amarró tirada.
-El paraguas…-
David pregunta: “¿Parece una película… ve’a?”. No puedo responderle. Tengo miedo. El miedo que nace de atestiguar la animalidad más absoluta en que México entero ha caído. El juego que sigue su curso se confunde en mi mente: el diablito… el sicario… la rosa... el decapitado… el soldado... la muerte.
-¡Buena!- grita alguien. Y el murmullo jubiloso. Sonia que grita: ¡Pocito… pocito!
Ahí están las imágenes, personas que han sido sacrificadas exactamente del mismo modo en que la Biblia describe que Dios ordenó a Moisés ofrendar a su hijo.
-Así los desaparecen-dice David. No deja de mirar el teléfono. No dejo de mirarlo a él.
-¿Cómo pueden acostumbrarse a vivir con esto?
-¿Y a dónde se va uno?- me dice.
La noche de la suerte empieza a cambiar. La mujer que está en mi mesa ha ganado gana la partida y con pocito: las cuatro figuras que están justo en el centro de la tabla. Hay gritos. Muchos gritos. Algarabía. Después de varias jugadas, no se cuántas, el pocito ya acumula más de 150 pesos. La lotería mexicana. Esa típica diversión ingenua y colectiva que se conforma con 54 figuras mezcladas en tablas de 16 cuadritos, que se van señalando con frijolitos, con piedras, corcholatas, conforme la gritona canta las cartas del mazo. La típica de todo un país, con sus dibujos firmados por Don Clemente y la Gran Fábrica de Naipes Gallo, la de origen decimonónico, aparecida allá por 1887, cuando México aún no era una carnicería.
Entonces lo entiendo: por eso están reunidos.
Antes que quedar atrapados por el miedo a las balaceras, a los secuestros, a las extorsiones, a las persecuciones, las amenazas, la muerte, sucesos cotidianos en el estado más violento del Golfo de México, parientes, vecinos, amigos de una buena parte del territorio tamaulipeco han vuelto a reunirse al refugio del fresco de los patios, como hacían los abuelos, para pasar la noche en inocentes juegos de lotería y pláticas.
Juegan noche tras noche, como un acto supremo de resistencia ante el terror. ¿Qué más desafiante que reír en medio de la muerte? ¿Qué más osado que no negarse las sonrisas cuando te apuntan a la sien con un cuerno de chivo?
-Ya no le cuenten. Lo están asustando- dice alguien, pletórico de ironía.
-Mejor cántanos las cartas- me piden. Las manos no dejan de temblarme.
Miro a las mujeres, esas lindas porteñas prometidas por el poeta José Sierra, hacia las que puede navegarse en busca de amor, diluirse ahora en el llanto de sus miedos. A los hombres, buenos en esencia, que guardan en sus teléfonos los números de ambulancias, patrullas, auxilios inmediatos y cuentan que allá, en algunos pueblos y comunidades, la gente ha comenzado a armarse de valor y crear brigadas de autodefensa. Al abuelo, que no se cansa de decir que todo va para peor y maldice al gobierno. A las abuelas, que al despedirse de sus hijos se quedan petrificadas ante las puertas y lanzan suspiros interminables.
Los miro a todos, a los niños que ríen y cuentan chistes sentados en esas mesas colocadas en U en el patio trasero de esa casa, en una ciudad cualquiera de Tamaulipas que deliberadamente tergiverso y no identifico con claridad, para que a los culeros les cueste más trabajo acecharlos.
Pienso en ese acto supremo de rebeldía que no da señas de existencia detrás de esos muros cada vez más altos, de esa puerta presidida por Nuestra Reina Morenita:
Guarecidos bajo el fresco de la noche, mujeres, hombres, chamacos, protegidos de todo cuanto pueda pasar afueran, en aquellos laberintos, fraguan una resistencia que se alimenta con petardos de gritos, de carcajadas que duran horas, en un espacio que nada ni nadie, absolutamente nadie, podrá jamás arrebatarles.
Tal vez será un cadáver. Tal vez las partes reblandecidas de un cuerpo mutilado, el feto de un bebé que nadie quiso, la mascota perdida, los restos de un hogar que se derrumbó, un sillón desvencijado, los pedazos de algún automóvil, chatarra. Lo que sea que Julio encuentre a su paso bajo el agua, será bueno: ya estar ahí, en la serenidad de lo profundo, es su única forma de encontrar sosiego. Tranquilidad. Paz.
Por eso ha de ser que su expresión cambia cuando habla de sumergirse. Por eso ha de ser que su rostro de nariz ancha, de labio inferior grueso y carnoso, de dientes grandes, afilados, de pelo cano, de ojos como rendijas por donde apenas pasa la luz, recuerdan mucho a ciertos peces abisales: Julio César Cú también es como un pez, y nada en las profundidades acuáticas de la ciudad de México.
- Cuando estoy aquí arriba ando como nervioso – dice- cuando paso mucho tiempo sin inmersión, hasta mi esposa me dice que ya me hace falta el agua. No sé, a lo mejor no me lo van a creer ¿no?... nada más toco el agua y ya me tranquilizo.
- ¿Qué siente?
- Siento mucha tranquilidad. Me entra mucha paz. Estas tú solo. No hay nadie alrededor. No ves nada. Nada más estas contigo. Cuando estoy a punto de entrar, siempre me pongo nervioso, me entran nervios, pero nada más toco el agua se me quita. Tocar el agua me da mucha paz.
- ¿Pero… y la suciedad? ¿No le da asco nadar entre la mierda?
- No ves nada. No hueles nada. Allá abajo, hay veces que pones tu mano enfrente de ti y no la ves. Generalmente el agua es tan turbia que no alcanzas a ver nada – dice.
Julio es hoy el único buzo especializado en imersión dentro del drenaje profundo del Sistema de Aguas de la Ciudad de México y, según nuestros cálculos, ha realizado una cifra muy cercana a las 500 inmersiones a las entrañas oscuras del desagüe subterráneo capitalino, con todo lo que lleva en su torrente.
Para quienes gustan de la numeralia, el trabajo de Julio podría resumirse así: a la razón de unas cuatro horas en promedio, multiplicadas por alrededor de 15 inmersiones anuales, durante 28 años de trabajo, Julio ha buceado entre las aguas que ennnegrecemos todos juntos por lo menos mil 600 horas de su vida. Toda una vida.
Adiós a los nervios
El plástico del traje de buzo, o el material del cual esté confeccionado, cuando se pega a los pantalones crea una sensación de caricia, de envoltura protectora: cualquiera que sienta el abrazo de las cobijas antes de levantarse, sabrá lo que se siente portar el traje de Julio.
Hermético por completo, el traje es un escudo contra toda clase de enfermedades, infecciones, incluso peligros como la gangrena, la septisemia, inminentes para quien debe bucear en lo oscuro de las aguas de desecho de la segunda ciudad más grande del mundo, donde lo mismo navegan las heces de todos que los desechos industriales, hospitalarios, tóxicos.
No es raro que en la inmersión el equipo pueda rasgarse. Que por sus movimientos alguna varilla, algun pedazo de madera, una piedra desgarren el equipo. Ha pasado antes y seguirá pasando: “es parte de los riesgos de este trabajo”, dice.
Y es muy pesado. Confeccionado en Europa por especialistas de Noruega y Dinamarca, donde se registran las temperaturas de inmersión más gélidas del mundo. Cuando Julio y su ayudante, Ricardo, rodeados de tanques de oxígeno, mangueras, cubetas, aspersores, escobas, me echan la mano para ponerme el casco, una especie de escafandra de un metal muy grueso, opresiva, asfixiante, en cuanto la ponen en mis hombros siento encima de mi cabeza el peso de un niño de 10 años. Y es un niño gordo.
Una vez puesto el casco, el aire disminuye. El calor se encierra. Si te toca ser neurótico, es muy probable que a la opresión que se siente al portar todo el equipo, se sume la de saber que vas a nadar entre la caca. A lo largo de sus 28 años de experiencia, por lo menos 10 hombres han pasado por el puesto de Julio sin permanecer. Es el único que ha aguantado.
- Es un trabajo que te tiene que gustar. Alguien que sea muy nervioso no puede bucear – dice. A mi luego luego me entra la angustia del encierro, casi de inmediato le pido que me quite el chingado casco- te tiene que gustar la sensación del traje, del agua, porque allá abajo estás solo, nadie va a poder ayudarte.
Julio, cuando está abajo, sólo tiene el tubo de vida, un cable de entre 15 y 20 metros de longitud que lo conecta con el equipo de comunicación que está arriba, en lo seco. Pero todas las maniobras y riesgos los asume él, en la soledad de lo profundo.
- Abajo no nadas, sólo caminas. Vas caminando con los pies arrastrados, porque es un terreno fangoso. Tienes conocimiento de lo que te van diciendo arriba, pero debes confiar en tus sentidos, debes confiar en lo que tu gente te dice.
Julio baja conectado al umbilical, como también le llaman al tubo de vida, a veces montado en una canastilla de acero y a veces en escalera. En cuanto se sumerge por completo empieza el reto: sólo dispone de su intuición, del conocimiento de su trabajo y de la suerte, que a algunos compañeros les ha dado la espalda.
Morir drenaje adentro
Una ciudad como México, que puede desalojar entre 30 y 220 metros cúbicos de agua por segundo, de acuerdo a las temporadas de estiaje o lluvias, siempre está en riesgo de un colapso por su sistema de drenaje, por las inminentes inundaciones que deben ser resueltas. Al fin ciudad que nació siendo lago.
“Hemos tenido que retirar incluso salas completas, muebles de todo tipo, hasta motores y carrocerías de automóviles que la gente o las industrias tiran al drenaje o a los ríos que desalojan aguas industriales”, dice Julio.
Es justo el mismo problema que en 1980 delinearon los responsables de la operación hidráulica de lo que entonces se llamaba Departamento del Distrito Federal. Julio, entonces un muchacho veinteañero aficionado al buceo, fue invitado a un trabajo muy específico: ahorrar, con su inmersión, un trabajo técnico que podría retrasar las soluciones indefinidamente y con ello afectar no a miles sino a millones de personas. A su modo, Julio es nuestro héroe.
-¿Y cuál es el momento que más recuerda?
- Me siento muy satisfecho de los cuerpos que he recuperado. Que se acerquen los familiares y te digan gracias, por ayudarles a recuperar un cuerpo para llorarlo en paz. Es algo que no pagas con nada. Mucha gente puede no ser rescatada. Pienso mucho en eso.
- ¿Alguna vez piensa en la muerte?
- No. Algunos amigos me han comentado que abajo, cuando estan solos, platican con ella, que la sienten y le hablan. Yo no la he sentido. Quizá porque, gracias a Dios, nunca me ha pasado nada. Yo me pongo a cantar. Cuando estoy muy concentrado, empiezo a cantar.
- ¿Y qué canta?
- Cualquier cosa. Me gusta de todo tipo de música. A veces reflexiono, pienso en muchas cosas. Es fácil cuando estás allá abajo.
- ¿Y cuando no trabaja?
- Ya estoy en tiempo del retiro. Pero no quiero pensar en eso. Lo estoy retrasando. Me gusta mucho mi trabajo. – Julio enciende su rostro. Está rodeado de figuritas de buzos, de fotografías de sus inmersiones, de caricaturas. Su oficina, en terreno seco, está inundada de sus cosas de buceo. De su emoción.
Por eso, cuando le pregunto por aquello que más le gusta de su chamba, esa que pocos podríamos apostar que le despierte tanta emotividad, el buzo abre sus ojos como de pez abisal para decir “todo. La verdad. De mi trabajo me gusta todo. Cuando estoy allá adentro, buceando, soy un hombre feliz”.
Ha de ser cierto, pienso: ¿cuántos de nosotros podemos encontrar la paz, la serenidad verdadera, la felicidad, desempeñando religiosamente el oficio que elegimos para vivir?♠