Reportaje
...Y retiemble en sus centros Manhattan
NUEVA YORK.- Es la noche del 8 de diciembre del año 2004. En la isla hay un frío que parece anteceder a las nevadas. En la esquina de la Segunda Avenida y la calle 117, en el Harlem Este, dentro de un viejo edificio de apartamentos se atrinchera un grupo de 16 familias, casi todos personas de origen mexicano, como más de 500 mil queviven y trabajan en la zona metropolitana de Nueva York.
Son personas que durante 10, 15 años han sido habitantes del edificio que está a punto de ser desalojado por su propietario, Steven Kessner. Estos boricuas, ecuatorianos y mexicanos pagan alquileres de entre 600 y mil dólares por apartamentos de una o dos habitaciones, sala-comedor, cocina y baño, en la plena isla de Manhattan. Un precio irrisorio para los estándares neoyorquinos de estos tiempos.
Feligreses de la iglesia de Santa Cecilia, que ocupa un predio cercano en la calle 106, piden apoyo a los responsables de la parroquia, que de inmediato los ponen en contacto con Juan Haro, un activista a favor de los derechos del migrante. En el recibidor del edificio, hechos llanto y gritos, comienzan a discutir la forma dedefenderse del desalojo. Ya sin agua caliente, sin calefacción, sin luz, que el propietario del inmueble ha cortado desde meses atrás para obligarles a salir, las familias se niegan a emprender el éxodo masivo, a buscar acomodo en algún otro sitio.
—Si nos vamos a otra parte de la ciudad, va a pasar lo mismo. Los métodos son los mismos —me dice uno de los latinos. Apoyados por Juan Haro, revisan la legislación local y se dan cuenta de una cláusula, que se erige como as bajo la manga: un inquilino, sea de inmueble privado o público, no puede ser lanzado a la calle de un día para otro.
Llevan el caso ante la Corte, aunque hay poco margen para el optimismo. En Nueva York, como en otras grandes urbes del mundo, avanza un fenómeno social incipiente en esos días: la gentrificación.
¿De qué se trata? Es fácil explicarlo: “desplazamiento de pobres por ricos”, me cuenta Óscar Domínguez, un muchacho veinteañero bajito, de manos como gorriones, pequeñas grietas a modo de ojos, una nuez en la nariz, el cabello mestizo y rebelde, la voz serena, mansa, mezcolanza de raíz indígena y un espanglish que deja escapar tanto los gentrification y dispossession que denotan un inglés con raigambre e intenciones, como los haiga y tráibanosheredados de su natal San Luis Chalma, en el serrano Tlapanalá del estado de Puebla.
Los viejos vecindarios de comienzos del siglo XX, que se erigen hacia las orillas de las ciudades para ser habitados por los obreros y las clases más bajas, al pasar el siglo quedan atrapados en los centros de las metrópolis, por efecto del crecimiento de la mancha urbana.
Perfectamente conectados, con edificios sólidos, algunos hasta bellos, o con terrenos dispuestos para todos los servicios, el transporte y el equipamiento urbano, en el principio del siglo XXI se convierten en el objeto de codicia de los propietarios, las inmobiliarias y las urbanizadoras que, tras remodelaciones, edificaciones o aumento de costos en los alquileres, empiezan procesos de aburguesamiento y recategorización social, con los que desplazan a los habitantes más pobres por jóvenes parejas de clases medias altas y altas.
El Harlem hispano no es la excepción: una gran cuadrícula de edificios de entre dos y siete pisos, muchos de éstos apenas separados por unas cuantas calles de la entrada norte de Central Park, donde un lago diminuto corona la falda de una peñasco colmado de abetos, pinos y maples, con hojas marrón, rojo cenizo, verde despintado según se las vea en invierno o primavera.
Con un supermercado en la avenida Madison, una gran biblioteca pública, la calle Tito Puente y otras pletóricas de comercios, una estación del Metro, el tren suburbano, el Downtown a 15 minutos, el Yankee Stadium a 10. Una zona, en fin, que a partir de los años 50 comienza a ser conocida como El Barrio, porque se puebla de puertorriqueños, dominicanos, jamaicanos y mexicanos.
—Dicen que hay secciones de vivienda accesible, pero el mínimo es two thousand dollar. Son estudios… otro estilo de vida, más proyectado a la gente joven, de dinero, solteros. No quieren niños. Son apartamentos para gente blanca, con perro —me cuenta Óscar.
Asesorados por Juan Haro, algunos libros de derecho y diccionarios inglés-español, los habitantes del edificio de la calle 117 promueven un juicio civil y comercial contra Kessner, un acaudalado economista y constructor, propietario de casi 60 edificios multifamiliares y comerciales en Manhattan, según su propia página web, a quien acusan de no dar mantenimiento a los inmuebles, imponer condiciones de habitación inferiores a las permitidas por la ley y de oponerse al derecho a la vivienda digna.
La Corte local da entrada a la querella y el asunto se discute por meses, mientras los ocupantes del 117 permanecen en sus viviendas, suman a su queja a inquilinos de otros edificios y salen a la calle a realizar protestas en las oficinas del economista, en las calles de El Barrio, en las escalinatas de la Corte y aun en la sede de la alcaldía.
Con pancartas, lonas, cartulinas escritas en un espanglish tallado a mano, en grupos de 10, 15 personas, se apostan en los accesos de tal o cual edificio y tejen una retahíla de consignas gestadas a su modo: “No nos vamos”, “We have rigths”, “No nos moverán”, “And justice for all, cabrones”. Empiezan a obtener miradas y adhesiones.
Un diario local, The Village Voice, les da espacio e identifica a Kessner como un Lord del negocio inmobiliario neoyorquino. Lo ubica entre los 10 peores propietarios de la isla. Documenta lo que llama “miles de violaciones a los reglamentos de mantenimiento y reparación detectadas en sus edificios” y compara la mansión de más de un millón y medio de dólares que habita el magnate en Florida, con “las pocilgas que arrenda a precios cada vez más altos”.
El diario también publica fotografías de las viviendas y las primeras denuncias: “Harlem Este está sufriendo una ola de hostigamiento, abuso e intimidación, con los intentos de los codiciosos por expulsarnos de nuestros hogares, para subir las rentas y aumentar las ganancias”, dice Juan Haro, ya convertido en vocero del incipiente movimiento.
Como respuesta, Kessner paga su propia campaña mediática para responder a las acusaciones y denuncia a The Village Voice por “tergiversar la realidad y tomar un caso insignificante para hacerlo ver como un deterioro generalizado” en todos sus edificios. Al mismo tiempo, denuncia que inmigrantes ilegales, algunos de ellos narcotraficantes, utilizan sus inmuebles como escondites para evadir a las autoridades.
“Un edificio de la calle 117 Oeste cuenta con todo nuevo, incluso las ventanas y las tuberías de gas nuevas. Pero en ese edificio hay unos 10 apartamentos superpoblados con hasta 15 o 20 personas”, publica el empresario.
“Esto incluye a pandilleros y traficantes de drogas. Día tras día, ellos destruyen el edificio. Hay que ver sus cocinas, cubiertas de grasa, las paredes de los pasillos grafiteadas, los baños, los patios llenos de basura. Se podría pensar que el dueño es malo, pero si se espera un poco, se averiguará la verdad”, dice en su página web, http://www.stevenkessner.org.
Abatidos, sin posibilidad de hacer frente al poder económico de su contrincante, a la lucha legal que cada vez los aplasta más porque carecen de dinero, y los atrapa incluso en redadas de las que comienzan a ser víctimas, mientras buscan en revistas, libros y videos algún método para mantenerse unidos, los migrantes se topan, en junio de 2005, con la Sexta Declaración de la Selva Lacandona.
Desde algún lugar de Chiapas, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) anuncia que deja la lucha armada, para comenzar un movimiento que lo una a organizaciones políticas y sociales de izquierda en el mundo a través de La Otra Campaña.
“El capitalismo de la globalización —dice el EZLN en su declaratoria—, se basa en la explotación, el despojo, el desprecio y la represión a los que no se dejan”. El capitalismo “hace su riqueza con despojo, o sea con robo, porque les quita a otros lo que ambiciona, por ejemplo tierras y riquezas naturales. O sea es un sistema donde los robadores están libres y son admirados y puestos como ejemplo”.
El llamado del EZLN, “vamos a seguir luchando por los pueblos indios de México, pero ya no sólo por ellos, sino por todos los explotados y desposeídos de México, con todos ellos y en todo el país. Y cuando decimos que todos los explotados de México, también estamos hablando de los hermanos y hermanas que se han tenido que ir a Estados Unidos a buscar trabajo para poder sobrevivir”, rebota en los edificios de El Barrio y se mete en la conciencia de los migrantes, como un resorte, y ellos, muy pronto, aprenderán a utilizar: “No estamos solos”.
Un desafío idealista
Brazo de Latinoamérica, una región del mundo que aprendió a convivir con el caos, El Barrio es suma y síntesis: hacinamiento, bajo nivel de instrucción, desigualdad social, altos índices de inseguridad, muchos problemas sociales.
De acuerdo con estimaciones de la Asociación Tepeyac, una organización local de apoyo a migrantes, de los más de 100 mil habitantes con que cuenta El Barrio, la mitad son latinos y casi el 40 por ciento del total debe vivir por debajo del umbral de la pobreza, con ingresos que no superan los 23 mil dólares por año. Menos de la mitad del ingreso mensual promedio en la isla.
El Barrio es lugar de gente que trabaja en restaurantes, bodegas, servicios de limpieza doméstica, como meseros o nanas de los niños neoyorquinos, hay poco margen de acción para organizarse en otra actividad que no sea buscar el sustento diario.
La tarde en que nos vemos, el 27 de enero de 2012, Óscar Domínguez me cita en la esquina de Lexington y la 116, una zona llena de tiendas y vendedores callejeros. No lo conozco ni me conoce, por lo que el encuentro debe darse por tanteo.
Cuando por fin nos identificamos, me lleva de inmediato a Las delicias mexicanas, un restaurante de antojitos. Aunque ha cumplido una jornada de diez horas consecutivas de limpiar mesas, sacar basura, trapear y lavar la loza sucia, trabajo que realiza en un Deli ubicado a 20 minutos en Metro de El Barrio, en el Midtown neoyorkino, Óscar se esmera en el relato de su historia. De sus historias. Porque ellos suman cientos.
—Esto nace de ver lo que nos estaba pasando acá, y’nou. El migrante no tiene salida. Vienes de allá, donde te quitan todo, y llegas acá donde todo el tiempo te dicen que nada es tuyo. ¿Para dónde vamos ahora? ¿Qué sigue? —me dice.
Come una chalupa de salsa roja que no pica nada, bebe de un tarro de café negro con bastante azúcar y lucha contra los sonidos de pláticas ajenas, contra Chayanne, el cantante, quien desde las bocinas de Las delicias mexicanas, en la Tercera Avenida casi esquina con la 115, se pregunta apesadumbrado dónde quedan las palabras, el amor que le juraban.
—Es como cuando nos encierran en un callejón… no tienes de otra: vamos a luchar ¿No? Vamos a luchar o dejarnos morir. Luchar o dejarse morir —me dice.
El migrante nacido en Puebla ha visto cómo se ha gestado, cómo ha nacido y ha ido creciendo el movimiento del cual es parte, que ha importado desde Chiapas los ideales zapatistas de la Sexta Declaración de la Selva Lacandona, los ha llevado hasta las puertas mismas de la Alcaldía de Nueva York, se ha diseminado por el Harlem hispano, donde hay centenares de mexicanos sin inglés ni papeles, y ha emergido, como grito de guerra “¡El Barrio no se vende, El Barrio se defiende!”, hasta conseguir, en ocho años, que retiemble en sus centros Manhattan.
—Al llegar acá no tráibamos este análisis político, social, económico de ahora, que fue dándose conforme fuimos creciendo, al ir a reuniones, al crecer como organización ¿no? No teníamos tiempo de estudiar. Nadie. Leímos. Yo tengo mi familia. Trabajo de nueve a 12 horas, o hasta 14, cinco días, y descanso entre semana. En promedio 55 horas a la semana que trabajo. No hay tiempo de estudiar —me confiesa Óscar.
—¿Cómo lo hicieron, entonces? —le pregunto.
—Vencimos los miedos de estar organizados y de ser migrantes en otra cultura, el racismo, la desigualdad en sueldos, la desventaja de que nuestros hijos no vayan a la escuela, no tener ID (identificación oficial) que nos impide ir a un hospital.
—¿Estaban preparados?
—Conocer la Sexta Declaración fue un boom para nosotros. Ver cómo a ellos los despojan los ricos y a nosotros también, fue asombroso… y’nou… su pobre nivel de educación y alcanzar a tener ese análisis fue… nosotros teníamos que hacerlo también.
—¿En la cuna del capitalismo…
—Nos dijimos: vamos a tratar, a ver qué sale. ¿A dónde nos vamos a ir? ¿Si nos venimos de nuestro país de origen porque las cosas están mal y llegamos aquí y aquí tampoco nos quieren… a dónde nos vamos a ir? —me dice sin siquiera titubear. Óscar no deja de sostener la mirada frente a la mía, abrillantada, llana, como la que se dibuja en los ojos de un niño justo después de que ha dejado de llorar.
Cuando recrudecen los ataques de Steven Kessner y conectan su inquietud con las de los zapatistas, entre julio y agosto de 2005, los habitantes de unos 40 edificios deciden organizar un grupo formal. Lo denominan Movement for Justice in El Barrio (Movimiento por la Justicia de El Barrio).
Realizan foros públicos, reuniones, buscan la forma de sumarse a La Otra Campaña, que de inmediato los pone en comunicación con más de 20 redes sociales del resto de Estados Unidos, principalmente de New Jersey, Rhode Island, Pennsylvania y Connecticut. Además de otras tantas en México y Europa.
“A través de nuestra Consulta de El Barrio, inspirados por los zapatistas, implementamos nuestra propia democracia participativa y popular. Con este proceso, 1,500 pobladores de la comunidad decidieron cuál era nuestro siguiente paso”, anuncian en uno de sus primeros comunicados, en 2005.
Adoptan como segundo nombre la denominación La Otra Campaña Nueva York y realizan encuentros por la Dignidad y Contra el Desalojo Neoliberal: una fiesta popular para compartir experiencias donde al final los niños rompen una piñata, “la piñata neoliberal”.
—Como migrantes, sucede que nos organizamos mejor porque todos estábamos en vivienda privada, porque la mayoría no piden documentos legales para vivir ahí. En la vivienda pública sí es necesario tener documentos —me dice.
Vistas desde México, donde recurrentemente miles suelen echar mano de las calles, de los bloqueos y las protestas para apurar a las autoridades, las imágenes de las primeras manifestaciones del Movimiento pueden parecer insignificantes: apenas unos 50, 100 hombres y mujeres, niños muchos de ellos, morenos casi todos, muy pocos más altos que el metro y 70, la ropa sencilla, de mala calidad, los rostros de un país que está muy lejos, de un pueblo que ya no miran amanecer, de la gente que ya no tocan.
Pero se trata del primer movimiento de resistencia de migrantes latinos en la ciudad de Nueva York y ese sólo hecho los hace crecer, ganar notoriedad.
El milagro
El 26 de marzo de 2007, aparece un comentario en el diario inglés The Times: el gigante inmobiliario Dawnay Day Group, asentado en Londres, ha adquirido por 250 millones de dólares, poco menos de 127 millones de libras, un conglomerado de edificios en Harlem Este, como paso inicial de un proyecto que busca alcanzar un valor de mercado de poco más de 5 mil millones de libras en cinco años.
La inversión, anota The Times, “representa un negocio enorme en la rápida gentrificación de la zona norte de Manhattan, que por más de un siglo ha servido de gueto para las comunidades inmigrantes más pobres, y que hasta hace poco era una zona a la que las clases medias y altas, en gran parte blancas del bajo Manhattan, no se acercaban”.
En la transacción juegan la caída del mercado americano, la debilidad del dólar frente a la libra y sobre todo la oferta de “un vendedor privado americano”, Kessner, quien se desprende de 47 edificios, con un total de mil 137 apartamentos de una y dos recámaras, así como 55 espacios comerciales, ubicados en el ala norte de Central Park, entre las calles 100 Este y 120 Este: El Barrio.
La inmobiliaria recrudece el acoso contra el Movimiento y acelera las negociaciones para un desalojo paulatino. Para el Movimiento, esas palabras, pero sobre todo sus implicaciones, avivan una guerra que amenaza con cruzar el Atlántico.
Cada mes, los nuevos inquilinos de la trasnacional reciben avisos sobre inminentes cobros de miles de dólares por reparaciones inmobiliarias, uso de equipo de lavado y aire acondicionado, que al negarse a saldar, aumentan.
“Sobre el plan de desalojo de Dawnay Day Group, hemos iniciado un caso legal, para poner un alto a la práctica de tratar de cobrar falsos cargos a los inquilinos. Esto lo hacen como una forma de hostigamiento e intimidación”, dice Juan Haro en una carta electrónica que me envía en 2009, cuando me acerco por primera vez a conocer su historia.
“Sabemos que son tasas ilegales, y que son una forma de acoso, pero no vamos a caer en la trampa”, me dice, y anuncia una gira internacional de protestas que los llevará hasta las calles de Londres.
La idea es presentarse en las instalaciones de Dawnay Day Group para exigir un alto al acoso y al proceso de gentrificación del Harlem hispano, visitar Inglaterra, Gales, Escocia, Francia y España, para que organizaciones no gubernamentales de esos lugares se sumen a su lucha, la respalden, y entre todos combatan lo que ellos llaman “el neoliberalismo que intenta acabar con los seres humanos”.
Con algunas autoridades locales en contra, como la concejala del distrito, Melissa Mark Viverito, una puertorriqueña que desde su cargo público apoya los proyectos de la inmobiliaria inglesa, principalmente la creación de zonas comerciales, recreativas, edificios modernos y la revitalización económica de El Barrio, el Movimiento parece encaminarse a la derrota.
“Melissa hizo historia al convertirse en la primera mujer puertorriqueña elegida para servir en el Octavo Distrito”, dice el Movimiento de El Barrio en un correo del 2009, “pero se ha vendido a los intereses capitalistas al aprobar un plan de rezonificación que traerá condominios y rascacielos de 21 pisos a la histórica calle de Harlem 125”.
Pero, en un hecho que hasta los mismos migrantes califican de justicia divina, una mañana de octubre de 2009 los integrantes del Movimiento reciben una notificación de la Corte: víctima del crack financiero e inmobiliario que azota a Europa y Estados Unidos, Dawnay Day Group se declara en bancarrota, incumple los pagos correspondientes a la propiedad de los 47 edificios de El Barrio y causa ejecución hipotecaria por parte del gobierno de Estados Unidos.
En un ejercicio de exceso de confianza, el gigante inmobiliario inglés había adquirido los 47 edificios de El Barrio, su primera incursión en el mercado estadounidense, con un exceso de apalancamiento financiero, a través de una deuda, que en octubre de 2009 se sumó a la caída de sus inversiones por más de 10 mil millones de dólares en activos de bienes raíces por todo el mundo, lo que la convirtió en una de las principales víctimas de la crisis internacional.
—Es un día glorioso, un triunfo de las proporciones de David contra Goliat —dice uno de los integrantes del Movimiento, mientras marcha en las calles de El Barrio; el colectivo deja ver pancartas, lágrimas: están celebrando su inesperada victoria.
—¡No nos moverán! —gritan.
Óscar termina de comer su sope que no pica. Me habla de su hijo, de su esposa, me cuenta de San Luis Chalma y de que un día, quién sabe cuándo, habrá de regresar a su pueblo saqueado, devastado por la globalización.
Después de ocho años, desde aquella noche fría de diciembre de 2004, el Movimiento por la Justicia de El Barrio es una organización fuerte, consolidada, que tiene reconocimiento social pero también jurídico y se ha convertido en una referencia para movimientos de migrantes en Estados Unidos.
—¿Cómo visualizas tu mundo perfecto? —le pregunto.
—Creo que no lo hay. El mundo perfecto no lo conocemos. Creo que el entendimiento del ser humano se ha extraviado. No sé, valores que hemos perdido.
—¿Entonces a qué aspiras, qué motores te mueven?
—No queremos ser ricos, no. Ni queremos carros, ni la ropa que ellos visten, ni nada de eso. Si me preguntas qué quiero… quiero volver a nuestras tierras y practicar nuestra cultura… si tú vas a mi pueblo, es triste lo que vas a ver, yo lo recuerdo muy bien: se fue mucha gente, nuestras tierras se las vendieron a empresas de España, que hacen invernaderos de tomate, y el pueblo ahora va a trabajar a las tierras que antes eran de ellos, pero están más pobres, más necesitados y sin una vida
—Así es el mundo…
—No, así lo hicieron los políticos y los capitalistas para beneficio de ellos, es como… es la conexión entre capitalismo y gobierno, quieren hacer más dinero sin ver a los demás…
—¿Es la raíz de su lucha?
—Nosotros les demostramos que hay otra ciudad, otra gente pobre, El Otro Nueva York.
Hay otros pobres que trabajan en los restaurantes, abajo. ¿Cómo exponerlo? Desde el corazón del capitalismo estamos en resistencia, aquí donde están las bases del capitalismo es posible organizarnos…
Me habla de los nuevos desafíos que tiene el Movimiento, porque la lucha por una vivienda digna no termina todavía: los proyectos de expansión de la Universidad de Columbia hacia la zona de Harlem Este, el de hacer un corredor comercial-turístico River to River, el de convertir a El Barrio en una zona habitacional para las clases medias altas y altas, siguen vivos. “Y Melissa Mark Viverito sigue en su puesto”, dice.
—Nos invitaron a sumarnos al movimiento de los Ocupas de Wall Street y esta noche hay una reunión, ¿quieres acompañarnos? —me cuenta.
Dejamos El Barrio, nos dirigimos al Metro. Harta gente, bullicio. Y la música: salsas, Vicente Fernández, corridos norteños. Avanzamos entre taquerías, garnacherías, tiendas de todo tipo. Como si compitieran en estruendo, las distintas épocas de la cultura latina se manifiestan a decibeles: de las trompetas de una bachata uno salta a las rimas de un reggaetón, de los candores de un son caribeño nos vamos a Pitbull, de Calle 13 a La Lupe, con su voz que desgarra, aprieta: “Hoy me pides tú las estrellas y el sol, no soy un Dios. Así como soy, yo te ofrezco mi amor, no tengo más”.
Como pez de ciudad, Óscar me guía con mucha destreza por los laberintos del Metro de Nueva York, hasta la calle 23, en el barrio de Chelsea, donde es la reunión secreta del grupo de inconformes.
Muy en la onda de Los ejércitos de la noche, el icónico relato de Norman Mailer sobre el activismo estadounidense en los años 70, los activistas de hoy redefinen su estrategia de lucha, sus objetivos. En el lugar hay unas 40 personas, casi todos clasemedieros, gente sin tantos problemas económicos para sobrevivir en lo inmediato, quienes hablan de sumar a su lucha al Movimiento por la Justicia de El Barrio, a la gente como Óscar que debe trabajar hasta 14 horas diarias, cinco días por semana, para poder comer.
Quieren que el Movimiento se sume a sus mesas de trabajo, en las que estudiantes, académicos, activistas y líderes de organizaciones civiles discuten si las protestas de Wall Street deben transitar hacia la aceptación de ofrecimientos políticos o seguir peleando ajenas al sistema político tradicional; si deben incrementar su participación beligerante o diluirse avasallados ante los embates del neoliberalismo y el poder económico.
—Nuestra lucha es otra y es algo que está intacto —me dice Óscar convencido—, acercarnos a ellos nos permite seguir siendo visibles, y’nou... pero nosotros luchamos por El Barrio… nosotros no nos vamos a mover de El Barrio. Dificilmente podríamos sumarnos con ellos. Nosotros tenemos que trabajar durante el día. Nuestra realidad es otra y no podemos dejar de trabajar para poder cambiarla.
Su voz, particularmente profunda, parece estallar desde dentro. Como si ese muchacho, su garganta alzada apenas a un metro y 65 del suelo, quisiera que cada palabra pudiera tener el efecto de una carga de dinamita, de una orden de paso redoblado en un pelotón de artillería.
El Movimiento por la Justicia de El Barrio ha logrado que cientos de familias no hayan sido desalojadas de sus viviendas en Manhattan. Un logro que no es poca cosa. Pero también se ha hecho visible, sólido, como un movimiento social y filo zapatista que nació marginal pero se ha robustecido, en el corazón mismo del capitalismo mundial.
Me queda claro cuando veo a Óscar dialogar con los otros activistas. Cómo lo miran seriamente, cómo lo escuchan silenciosos, con respeto, cómo escuchan sus experiencias contra el gigante inmobiliario, cómo habla de otros movimientos de migrantes que se les han acercado, a quienes han dado asesoría, cómo han compartido su experiencia con activistas de diversos países de América y Europa. Cómo han crecido.
Me recargo en una ventana y desde ahí miro hacia el destello de un anuncio. Es un restaurante ubicado sobre la calle 23, cuyo nombre me arranca una gran sonrisa: no hay nombre más idóneo para Óscar, para los integrantes del Movimiento, para tantos hombres y mujeres que, por encima de su miedo, han asumido el oficio de luchar contra gigantes. Ese restaurante se llama “El Quijote”.♠
Publicado en la revista DOMINGO de El Universal
La vida después de San Fernando *
* MENCIÓN HONORÍFICA DEL PREMIO NACIONAL DE PERIODISMO CULTURAL "FERNANDO BENÍTEZ" 2011

SAN PEDRO SULA, HONDURAS.- Los sueños que murieron en San Fernando, asesinados por Los Zetas una tarde de agosto, tienen la forma de una deuda económica sin saldar, un retrato que va borrándose, la mentira que ayuda a sobrevivir o una lágrima, una gruesa y salada lágrima como aquella que Belkis, a un año de distancia del peor momento de su vida, habrá de derramar por fin cuando acabe de contarnos su historia.
Intentará detenerla Belkis Zelaya. Se negará mucho tiempo a dejar salir ese chorro de jugo de limón que le baña los ojos. Alcanzará a pescar unas gotas antes de que caigan al suelo y las noten Diego o Estiven, su par de diminutas copias fieles del rostro de su esposo, Carlos Alberto Valle Lazo, que corren por la casa de piedras y madera, por la humedad calurosa de Honduras, por el sofá sumido, por la cocina sin abundancia.
Son herederos de San Fernando. Como lo son María Basilio, María Mejía Espinoza, Luisa Barahona y otras 70 familias de Honduras, El Salvador, Guatemala, Nicaragua, Brasil, Ecuador.
Han debido sobrevivir sin apoyo su pesadilla de sangre, porque así es la muerte entre los pobres, y la mayoría se encuentra sin trabajo estable, sin opción inmediata de subsistencia y con la cancelación definitiva de la única apuesta segura en estas tierras de monedas devaluadas y vueltas a devaluar: la ruta a Estados Unidos es sinónimo de la muerte. Sádica. Cruel. La permanencia es sinónimo de la miseria. Sádica. Cruel.
“Así son las cosas”, dice Belkis. Sin mover un músculo del rostro. No ha terminado de pagar la deuda del viaje de Carlos. Le faltan como 800 de los poco más de dos mil dólares que le cobró el coyote sólo por la primera etapa de una partida que no acabó en final feliz.
La deuda, que comparte con su suegra, ha debido ser saldada a pagos, en números que acumulan intereses de casi 200 dólares por mes si no se abona a tiempo, y hacen más grande, más interminable, el peso de su tragedia.
Igual han hecho otras tantas familias afectadas. Para pagar a los coyotes el “adelanto”, de entre dos mil y tres mil dólares para la salida de Honduras, piden prestado en casas de empeño, en bancos, pero sobre todo con prestamistas privados conectados con los mismos traficantes de indocumentados, quienes tasan intereses de hasta 40 por ciento sobre el préstamo, con cobro inmediato a la entrega del dinero.
A otros les fue aún peor. Mala suerte que, además del duelo, hayan debido seguir pagando por la mentira de un viaje que ya no existía.
A la familia de Saúl Hernández Lemus, un joven moreno nacido en la aldea San Cruz de Yojoa, en la costa caribeña de Cortés, le siguieron cobrando después de la masacre. Pagó 5 mil dólares por llegar a El Naranjo, en Guatemala, pero cuando su hermana Yasmín se dio cuenta de las noticias y habló con el coyote, éste le dijo que el muchacho todavía estaba vivo, que necesitaba otros mil 500 dólares para llevarlo hasta Bronwsville sano y salvo. Su cuerpo yacía en la yerba ensangrentada de San Fernando.
Según relató ella misma al diario La Tribuna, pagaron, en Western Union, el dinero, pero nadie jamás hizo indagatoria alguna.
Como no la hizo nadie, tampoco, con la familia de José Geovanny Hernández, un muchacho que vivió en San José, municipio de Comayagua, en la reseca serranía hondureña, a quien el coyote, de nombre Joel Muñoz, supuestamente había llevado hasta Texas, antes de ser “secuestrado”.
Su padre, Luis Alfonso Hernández, recibió una llamada anónima, diciendo que su muchacho estaba vivo, en manos de unos secuestradores, y que debía entregar dos mil dólares para dejarlo en libertad. Con sus amigos y familiares en Estados Unidos, Luis Alfonso juntó el dinero, lo envió a través de la misma empresa de paquetería, pero jamás volvió a ver a su hijo. No con vida.
Las costas de Triunfo de la Cruz
María Basilio ha dejado por un momento el montón de plátanos verdes y negros que apila en las cubetas de plástico.
-“Ella es la que peor lo ha pasado. Está muy cambiada. Muy triste. ¿Cómo si no, si Carlos era su único varón. Qué consuelo hay para esa mujer?”
Está en el terregal que es su patio casero. Se sienta en un tronco que descansa al pie de un flamboyán, quizás algún otro árbol que se le parece mucho. Desde esa sombra resalta el tono brillante de la piel y el pelo ensortijado de María, azabaches si los describiera Federico García Lorca. De formas rotundas, cuando menos los 1.75 metros de altura que yo mido, una voz sonora, potente. Negra.
-“Es una tristeza de siempre”, dice, “ella no quería que Carlos se fuera. Cuando Junior lo convenció, ella estaba muy triste. A la semana que se fueron, murió mi mamá. A las semanas supimos que los habían matado a ellos. ¿Lo que es, no? Mi mamá nunca supo que Junior murió y a Junior nunca le dijimos que ella se había muerto”.
Relata los problemas económicos que han padecido desde aquel agosto: otra vez la falta de recursos. Otra vez la deuda con los polleros. Los 500 dólares por persona para los coyotes que los sacaron de Tela, un municipio del Atlántico hondureño con 76 aldeas y 264 caseríos con más de 80 mil habitantes que se disputan reñidamente la categoría del más pobre, cuya principal causa de muerte es el SIDA, en los adultos, o las pulmonías y la desnutrición, en los niños. Cuya vida es más precaria cuando se la huele abiertamente, porque está ahumada por un paraíso que no da para comer.
María era hermana de Junior Basilio Espinoza y tía de Carlos Alejandro Mejía Espinoza, dos morenos alegres, vivaces, jóvenes de raza garífuna como ella, que habitaron las arenas de la costa de Triunfo de la Cruz, una aldea de pescadores y cocoteros que desde hace más de 300 años ocupa su gente como descendiente legítima de los negros africanos que llegaron nadando hasta ahí para dejar de ser esclavos.
¿Quiere ir a ver su casa? – me pregunta María y de inmediato un trío de garífunas de menos de 6 años, sus hijos, se aprestan a servir de guías: se suben al coche tan divertidos, tan descalzos y risueños, que uno echa de menos los tiempos en que se podía llamarlos “negritos” sin desatar tormentas.
El camino, de terracería, es la confirmación de por qué Junior y Carlos se fueron, por qué eligieron el camino que les deparaba la muerte: salvo un trío de hombres evidentemente orientales y sin problemas económicos, que encabezan una comitiva internacional de apoyo alimentario y humano contra el hambre en la región, en la aldea sólo hay arena, yerbajos, salitre y necesidad.
No se ven moscas en las casuchas alineadas como dientes enquistados, apenas vaga un par de perros flacos y sarnosos, no se ven aves, no gallinas, gatos y ni siquiera ratas: el tal Triunfo de la Cruz es un paraje que no concede a sus hijos mieles dulces que libar. Por eso ahí la muerte es otra.
Otra María, ésta hermana de Carlos, muestra la foto del muchacho de 19 años y habla de su pasado como si fuera presente. Su madre lo llora, dice, todas las noches, pero la pobreza la obliga a salir a buscar comida para el resto de su prole: vende cocos, baratijas, comida en la playa cercana, hace trabajo en el campo, cuida ganado, corta plátano, vende lo que puede, como puede, cuando puede.
“Se fue con las ganas de ayudar a mi mamá. De darle una vida mejor. Por eso le duele tanto cada noche. Despierta gritando. Ella lo sueña. Ahorita se fue a hacer un mandado, para seguir con el pago de la deuda, pero luego se va, tarda en regresar. Llora. Así es su vida ahora de mi mamá. Lo extraña demasiado”, dice la otra María.
En la televisión, único objeto de valor en esa casa garífuna, una rubia coqueta, traviesa, giña un ojo a quien la mira, para explicar que el Caribe hondureño, su sol de esplendor, su talco de arena, las turquesas de su mar, esperan con las olas abiertas a la vastedad de su belleza.
Una cipota muy dura
¿Cómo se sobrevive después de los sueños rotos? ¿Qué pasa en la vida de toda esa gente tocada, cercenada por la tragedia? Belkis, sus 23 azarosos años, un rostro redondo, de niña, el pelo negro y largo sujetado por una cinta amarilla, brillante en medio del calor de la tarde, acepta que el presente es como tiene que ser. Sin dramatismo, sin lamento.
“¿De qué me sirve ahora ponerme a llorar, con eso no voy a pagar por darle de comer a mis hijos?”, dice. Los mira.
Trepan al columpio montado en el corredor, elevan el volumen de la tele o se vuelven veinte niños incansables, cipotes les dicen como nosotros chamacos, completamente ajenos a la masacre de Tamaulipas, México, donde su papá entregó la vida, todavía no se sabe con certeza si por negarse a ser un miserable chacal o por no tener dinero inmediato para pagar su rescate.
“Ella es una cipota muy dura”, dice su madre. “No llora nunca. No demuestra cómo de verdad se siente. Me preocupa a veces, porque yo creo que no ha sacado todo eso que ella trae adentro. A veces sale con su hermano a un baile, pero casi siempre la veo triste”.
La mujer es una sampedrana cordial, trigueña, de ojos luminosos. Es la abuela que cuida de los gemelos mientras Belkis sale a trabajar en la droguería, en la venta de artículos farmacéuticos donde no alcanza a ganar ni 500 dólares mensuales. Es quien los alimenta, los viste, los abraza.
Ella es quien llora todo el dolor que su hija no puede y protege a los gemelos de la vida dura en la colonia Planeta, comunidad de La Lima, un barrio de calles sin pavimentar, balaceras, desempleados, azotado por pandillas de La Mara e inundaciones constantes de los ríos Chamalecón y Ulúa. Un distrito tropical que lo mismo huele a plátano cuando le llega el viento de las plantaciones cercanas, que a combustible quemado de los aviones que aterrizan tan cerca.
Amigos
El mismo barrio donde salieron, la noche del 8 de agosto de 2010, Carlos, Joan Chirinos Padilla, Brayan García. Esos tres muchachos mestizos, desempleados desde finales de julio como los más de 150 mil obreros de las maquiladoras textiles del Valle de Sula que fueron cesados en todo 2010. Llevaban 500 lempiras en la bolsa, Carlos unas fotografías de sus gemelos y de Belkis, Joan un teléfono celular con el número del coyote guardado como tesoro y Brayan los oídos prestos a escuchar a Wilmer, su guía experto, cuyo paradero hasta hoy es desconocido.
Amigos de una vida breve y una muerte inentendible, se decidieron los cuatro a darle un vuelco a sus destinos, atravesar Guatemala, llegar a México por el Golfo y colarse hasta el Río Bravo, en algún punto entre Brownsville y El Paso, hasta que los agarró la carcajada de los Zetas: 72 migrantes masacrados, 58 hombres y 14 mujeres. Ese 22 de agosto de 2010. Apenas 160 kilómetros antes de rasguñar sus sueños.
Cuando trajeron de México el cuerpo de Carlos, recuerda, su hija Belkis exigió verlo personalmente. Reconocerlo, a pesar de la descomposición y la forma brutal en que fue masacrado, con un tiro que le fragmentó una parte del cráneo, que le imprimió la expresión de absoluto terror que ella nunca va a olvidar.
Las cancillerías hondureña y mexicana eran (son) un caos. Los retrasos en la entrega de los cuerpos fueron sucesivos. La burocracia, demencial. Nadie tenía claro qué hacer. Se sabía de familias a quienes pretendieron entregar cuerpos desconocidos, amparados en una negativa oficial a que se abrieran los féretros, lacrados con la leyenda “Dios es más fuerte que mis problemas”, para evitar epidemias. “Que entierren muertos, aunque no sean suyos”, dicen haber escuchado.
Cuando empezó la rebatiña, entre exigir abrir los ataúdes o impedirlo, muchas no tuvieron valor de reconocer los cuerpos. Ni Channel Chávez, esposa de Joan, ni Ana Bertha Ferrera, madre de Brayan, se decidieron a reconocerlos. Belkis sí lo hizo.
Quería estar cierta de que se trataba de su pareja, del padre de sus hijos, el aficionado al futbol y a las motos que un día, asustado porque el médico les confirmó que tendría gemelos y vuelto loco de alegría porque serían varones, le juró, emocionado, un futuro sólido. Y algún día la boda que jamás tuvieron.
“No sé yo de dónde sacó ese valor, tal vez por sus hijos, pero ella no descansó hasta comprobar que fuera Carlos. Y era”, dice su madre. “Yo desde entonces la veo que ha cambiado mucho. Trabaja mucho, todo el día. Todo para sus hijos”.
-¿Cómo puedes no odiar, Belkis?
-Con eso no gano nada, dice.
Muestra el rostro más sereno que uno haya visto en mucho tiempo.
-A veces Diego dice que sueña a su papá. Que sueña que regresa y juega con él. Entonces sí siento algo aquí adentro. Siento que todo es una pesadilla, que no pasó. Me acuerdo de cómo lo dejaron, cómo lo mataron, y me pregunto ¿por qué así? Eso. ¿Por qué así?
-¿Te crees capaz de cumplir ese sueño que Carlos tenía cuando se fue de aquí?
Se queda en silencio un momento. Abraza el retrato que tiene entre las manos, mira a Diego y a Estiven que corren por la sala, me ve a los ojos como un cachorro pidiendo ayuda y, serenamente, como si no fueran líquidas, dos lágrimas le ruedan sigilosas por entre las mejillas.
-No. Así como él quería, no.
No voy a preguntarle nada más. Su rostro de niña me grita que una tarde, en mi país, le mataron los sueños.♠
Publicado en EL UNIVERSAL
Un Suburbano llamado "Fracaso"

Media tarde en la estación Tultitlán. Sobre la avenida Independencia hay un perro en los huesos, un calor que alborota hedores de un arroyo repleto de basura, seis bicicletas encadenadas a una reja, una docena de automóviles dentro de un estacionamiento improvisado y bajo la estación del tren, en lo que debería ser un muy transitado paradero de colectivos, dos choferes que se aburren. Así han de esperar, amodorrados por casi dos horas, hasta que llega el primer pasajero: es el Suburbano, llamado Fracaso.
Elvia González, la mujer que desciende de la estación, espera casi 20 minutos para que el colectivo la saque del lugar, porque el chofer no quiere irse con la combi vacía. “De menos con unos cuatro, ¿no?”. A caminar, la vendedora de cosméticos por catálogo, quizá de 35 años, morena, regordeta, no se atreve. “Es una zona de mucho asalto, mucho asalto…”, dice. “Seguido le quitan a una la bolsa. Se ha sabido que hasta las golpean. Me contaron de una señora que le quitaron sus aretes de un jalón”.
—¿Y los guardias del Suburbano?
—Ni siquiera vieron. Eso le pasa por arriesgarse a caminar hasta el centro, porque de aquí sí queda lejos. Yo voy adelante de Jaltenco. Me tengo que esperar lo que ellos quieran—, por eso casi nunca utiliza el tren.
“Está lejos del centro”, “no hay cómo llegar”, “para una que viene sola, la zona está muy fea”, “asaltan”. Y ese día le ha salido caro. Elvia, quien ya ha pagado 28 pesos de Suburbano desde que esa mañana fue al centro de la ciudad de México a “recoger producto”, ha debido gastar también 6 pesos de Metro, 20 pesos por la combi que la acerca al centro de Tultitlán y otros 20 por llegar a San Felipe, y si no quisiera perder casi otra hora de espera en el paradero, pagaría 50 pesos por un taxi. Sin contar el costo de su almuerzo.
Cuando le pregunto por sus ingresos mensuales, dice que están alrededor de los 4 mil pesos. Hacer ese viaje cinco días a la semana, en un mes le representaría mil 480 pesos. La tercera parte de sus ingresos. Si esa mañana se ha decidido a pagar más, es por las bolsas “de producto” que lleva consigo.
Y el panorama de pérdida es peor si se habla con los encargados de los pocos, escasos locales instalados en las plazas comerciales construidas en los accesos, las que aprovecharían el paso de miles de usuarios del Suburbano.
No más de 10 en la estación Tultitlán, solitarios en medio de la obra negra de una plaza siempre inconclusa, su facturación no supera los cinco mil pesos a la semana, cuando llegan a vender. Lo mismo si se trata de comercios de uñas, renta de computadoras, ropa, alimentos, víveres, préstamos o las Bodegas Aurrerá, todo instalado en las estaciones y con rentas de entre 8 mil y 15 mil pesos mensuales, según el tamaño. La que yo compro, es la primera dona que venden ahí en dos días. No parece ser negocio.
Regresan a la memoria las palabras del presidente Felipe Calderón, aquella mañana del 7 de mayo de 2008, cuando encabezó el arranque de la Operación Demostrativa del Sistema 1 del Tren Suburbano. “Sin duda alguna una de las mayores obras de infraestructura y con mayor impacto en cuanto a su número de beneficiarios en muchísimo tiempo”. En el primer año de operación, dice el mandatario, “el tren atenderá a 288 mil, podemos redondear a 300 mil pasajeros al día. Esto nos da una cifra, amigas y amigos, de más de 100 millones, 100 millones de viajes-persona al año”.
Pero no es así. El Suburbano, “que costó, sí, una inversión de más de cinco mil millones de pesos para el gobierno federal, una inversión privada de casi siete mil millones de pesos”, no ha transportado a 300 mil personas diariamente en su primer año. Ni en el segundo. Ni en el tercero.
Y cuando se encamina al cuarto año de operaciones, si roza la tercera parte de esa alegre expectativa presidencial, ya será demasiado: 132 mil 300 pasajeros por día. Es un promedio estimado por la empresa Ferrocarriles Suburbanos, la concesionaria.
Pocos pasajeros igual a mal negocio
—¿Se trata de un fracaso?
—Pues no. Yo creo que al contrario, pienso que es un éxito, los números duros son importantes— reacciona, ante la primera pregunta, el director de Ferrocarriles Suburbanos.
Maximiliano Zurita habla de 93.5 millones de viajes-persona que, hasta el 31 de mayo pasado, ha realizado el tren. De 140.3 millones de horas-hombre productivas ahorradas. De mil 986.8 millones de pesos que la zona se ahorró. De la incidencia sobre 4.7 millones de habitantes de la región.
“Sólo por el tiempo que hemos operado, hemos recuperado más de la tercera parte de la inversión y en ocho años habremos recuperado 40% más de esa inversión”, dice.
—¿Pero, al día de hoy, se corresponden los números de usuarios con las expectativas?
—Está por debajo, evidentemente. Si teníamos considerado que podían ser alrededor de 280 mil pasajeros diarios, hablar ahorita de 132 mil, quizás andaremos alrededor de unos 137, 138 mil en promedio en el año; eso está por debajo.
Las estimaciones originales del gobierno federal, los proyectos, los estudios técnicos y de viabilidad financiera del Suburbano, realizados por Banobras durante la gestión del propio Calderón al frente del organismo, fueron muy superiores: casi 400 mil pasajeros por día.
“Nosotros, en nuestra propuesta, fuimos mucho más conservadores porque sabíamos que dependería de la implementación de rutas alimentadoras (de transporte). Empezaba en 280 mil pasajeros diarios”, dice Zurita.
Y entonces, reconoce las muchas deficiencias que han abonado a que el transporte no cubra ni la mitad de sus expectativas de flujo: es absolutamente indispensable que exista una verdadera alimentación de rutas de transporte hacia el Suburbano; que se lleve a cabo la unificación tarifaria; que se conecten las zonas habitacionales con las estaciones construidas en franjas industriales poco transitadas; que se construyan las calles laterales y los pasajes peatonales; que se habiliten zonas para dejar bicicletas o automóviles; que se liberen terrenos para erigir puentes vehiculares y peatonales; que se integre, en fin, toda una cadena de transportación que, a tres años de su arranque, trabaja sin estar eslabonada, con el consiguiente fracaso estrepitoso.
“Esto nos ha llevado a que los ingresos de la concesionaria no sean los que estábamos esperando. Si bien hay un beneficio social, la concesionaria no ve ese beneficio”, dice Zurita. “Estamos en pláticas con la autoridad: es necesario una reestructuración, no solamente económica, sino de operación”.
Ocultar el fracaso
Concebido como un ferrocarril de alto impacto metropolitano, el Suburbano se erige sobre 242 kilómetros de vía férrea federal existentes en la zona. Con su primera etapa, Cuautitlán-Buenavista, debe atender una región de alta y creciente densidad demográfica, con más de 30 millones de tramos de viajes-persona cada día, 60% de los cuales se realizan en microbuses.
Además de las estaciones terminales, se abrieron cinco estaciones intermedias. Fortuna, en la zona de Azcapotzalco, y en el Estado de México: Tlalnepantla, San Rafael, Lechería y Tultitlán, en 27 kilómetros de recorrido que se cruzan en 24 minutos.
Según datos de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), desde el principio se planeó la construcción de otras dos líneas. Con el Sistema 2, que debía correr a principios de 2011 de Jardines de Morelos, en Ecatepec, a la estación del Metro Martín Carrera, se estimaba transportar a más de 80 millones de pasajeros al año.
Con el Sistema 3, que debe correr desde Chalco y Los Reyes-La Paz quizá hasta la estación Constitución de 1917 del Metro, programada para iniciar operaciones a finales de 2010, se habrían de mover casi 65 millones de pasajeros al año. No se concretaron.
Aplazados indefinidamente, los proyectos, de acuerdo con documentos de la dependencia, “se encuentran en reevaluación y rediseño”, y cada tanto tiempo se especula sobre su licitación.
Según el Estudio 1849 elaborado por Banobras, entregado a través de la solicitud Número 0632000012807 al IFAI, el Fondo Nacional de Infraestructura (Fonadin) contemplaba que el concesionario del Suburbano contara con recursos contingentes por hasta 115 millones de pesos, para cubrir posibles deficiencias de efectivo para el servicio de deuda contratada. Sin embargo, no hay datos oficiales sobre el dinero utilizado.
La Dirección General de Transporte Ferroviario y Multimodal de la SCT, cabeza del sector al cual se integra el Suburbano, ha declarado “confidencial” toda la información sobre los gastos de operación, mantenimiento de la red y hasta la utilización del fondo de contingencia del Suburbano.
Primero, con el argumento de proteger el proceso de licitación de los sistemas 2 y 3. Después con la tesis de que “la naturaleza de la misma información constituye la estrategia operativa y comercial de la empresa, cuya divulgación implicaría poner en riesgo la operación comercial y financiera de la misma”, según consta en sendos oficios difundidos a través del IFAI.
“Revolucionar el transporte”
El día que el presidente Calderón inaugura el Suburbano, a su lado está el gobernador Enrique Peña Nieto. Cobijados por los vítores de cientos de trabajadores, huestes del líder ferrocarrilero Víctor Flores, Calderón sonríe cuando escucha al gobernador.
“Por primera vez, el país entra en una nueva etapa de desarrollo y de modernidad”, dice Peña Nieto. “Convencidos de que esta modalidad de transporte será la que facilite y haga mucho más sustentable la calidad de vida de los habitantes de las zonas metropolitanas”.
Ahí, el gobernante mexiquense informa de las negociaciones que su gobierno ha realizado para regular y rediseñar las corridas de miles de transportistas de pasajeros que habrán de alimentar al Suburbano.
“En más de 39 rutas tuvimos que hacer el rediseño de los derroteros, para hacer que estas rutas se convirtieran en rutas alimentadoras del Suburbano, donde habrá cerca de mil 500 nuevas unidades”, asegura. No es preciso. suburbano.pdf
Insuficientes por completo, de acuerdo con la empresa Ferrocarriles Suburbanos, hasta ahora sólo 50 rutas de combis, y ninguna de autobuses, han sido modificadas para hacerlas converger con alguna de las cuatro estaciones ubicadas en territorio mexiquense, con una afluencia de pasajeros mínima, con esperas de hasta dos horas y trayectos irregulares y, por ello, con el aislamiento del proyecto del sistema Suburbano.
En el Distrito Federal, igualmente, el panorama es oscuro.
Aunque la terminal Buenavista le hace conectar con el Metro y el Metrobús, el gobierno capitalino dispone de un servicio de autobuses gratuitos, RTP, que apenas el 16 de junio pasado anuncia como suspendido.
Desde el inicio de operaciones del Suburbano, el servicio ha corrido en dos rutas, desde Buenavista hacia las estaciones Revolución y Balderas del Metro, pero la SCT le adeuda al gobierno capitalino más de 90 millones de pesos por la transportación ininterrumpida y gratuita de más de 23 millones de pasajeros. Recursos que, dicen en el gobierno de Marcelo Ebrard, se distraen de transportes masivos exitosos, como el Metro.
Por ello, si uno debe bajar en Tultitlán, en Lechería, en San Rafael, recorrer andenes vacíos, plazas comerciales desiertas, inconclusas, aquella farsa televisada de que éste es el proyecto que habrá de “revolucionar la forma de transportarse de miles, si no es que de millones de usuarios” provoca que la gente se sonría: ellos saben que este suburbano se llama “Fracaso”.♠
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El negocio de los sueños rotos
Cuando la voz de Ildefonso Acevedo, el rematador estrella de Hilco-Acetec, declare el número de la paleta ganadora del último lote de la tarde, el viejo centro comercial Amaya, alguna vez pensado como un buen negocio, volverá a los listados gubernamentales de bienes en remate que nadie adquiere, para contar desde ahí su historia: los planes a veces se derrumban.
Porque de eso está llena la primera subasta pública del Servicio de Administración y Enajenación de Bienes de la Secretaría de Hacienda, el SAE. Vehículos incautados al narcotráfico, maquinaria agrícola decomisada por lío fiscal, mercancía importada a México de manera ilegal. Abandonos, bancarrotas, embargos, planes rotos que se convierten en una oportunidad de negocio para otros. Ildefonso Acevedo lo sabe: la puja por lo incautado también depende del entusiasmo que se imprima a la sesión. Los hombres siempre desean lo que tiene el otro. Por eso parece que su garganta se inyectara de vigor con la danza de millones de pesos, de postores, y sus pulmones, un par de órganos bien organizados, trabajaran sólo para expulsar el aire que necesita esa fonación extrema: “Un millón trescientos mil-un millón trescientos mil a la una-tengo un millón trescientos mil-quiero un millón quinientos-millón quinientos-tengo un millón trescientos, quiero un millón quinientos-un millón trescientos-a la una-tengo un millón trescientos mil, quiero un millón quinientos mil-un millón trescientos mil-a las dos-un millón cinco un millón cinco-¡un millón quinientos por acá!-tengo un millón quinientos quiero un millón setecientos”. El salón del hotel parece la convención motivacional de un grupo de empresarios, con galletas, refrescos y café incluidos. Abundan por igual los sombreros y los trajes de marca, las botas vaqueras y los mocasines italianos, los sacos casuales, las Mac, la mezclilla, los rostros de reconocible origen de medio oriente y los que no ocultan su mestizaje, los celulares en la derecha y las paletas numeradas en la izquierda, los socios. Porque las ofertas pasan por saber lo que quiere el otro. Encargado de la puja, el hombre de unos 55 años de edad, robusto, canoso, rojo por el esfuerzo, conoce el terreno que pisa la subasta. Ingeniero mecánico con casi 30 años de experiencia en avalúos, martillo en la diestra dirige una orquesta de intereses que habrá de generar, en una tarde de febrero, 39 millones 427,590 pesos. En la primera subasta pública presencial de bienes administrados por el SAE, es fácil detectar que las pujas se hacen por grupos, de empresarios o comerciantes, que se van dividiendo los bienes según sus intereses particulares: lotes de CD y DVD vírgenes que salen a la venta a 335,769 pesos, terminan siendo adquiridos en un millón 900,000 pesos. Lotes de artículos escolares, bisutería y relojes que salen a subasta por 235,000, alcanzan el millón 730,000. Juguetes inflables, llaveros y carritos a escala, de 144,700 pesos al arranque de la puja, son vendidos en un millón 40,000 pesos. El procedimiento es sencillo, el SAE licita la subasta, para que sea organizada y coordinada por particulares con experiencia, recibe los avalúos que califica una junta directiva multisectorial y preside las ceremonias públicas de remate. En los últimos dos años, Hilco-Acetec y su competidora, Caraza, dos de las más grandes empresas de avalúo y subasta de bienes públicos y privados que controlan más de 50% del mercado en México, recibieron las licitaciones gubernamentales y organizaron las subastas presenciales: los interesados pagan una cuota de inscripción, de entre 300 y 500 pesos, para obtener la lista de bienes. Si hay interés específico, se paga una garantía, que va de 10,000 a 400,000 pesos, según el interés particular, se hace una oferta de arranque, se negocia y se subasta. Se oferta de todo, porque se incauta de todo. La joyería del narcotráfico y el mármol que una empresa asiática intentó introducir sin papeles, en medio de un cargamento de muebles para baño. Automóviles olvidados en los depósitos del país, bicicletas, muebles, toneladas de sustancias químicas que nunca fueron recogidas. Casas. Terrenos. Lotes comerciales que, como el centro comercial Amaya, tienen una historia perdida detrás. Una década a remate Cuando doña Amalia Amaya encargó el diseño de su centro comercial al arquitecto Roque Guerrero, el futuro del lugar era distinto. La plaza comercial, que habría de llevar su apellido para extenderlo por todo Mexicali, estaba planeada para soportar sin esfuerzo las abrasadoras tardes de Mexicali. Era un inmueble grande. Dos naves interconectadas a una planta principal, con más 3,500 metros cuadrados de superficie construida y 130 locales disponibles. Ubicada en el fraccionamiento Virreyes, zona comercial e industrial de clase media baja aledaña a la siempre concurrida carretera que lleva a Tecate, iba a detonar el comercio pequeño en la zona, iba a ser el mercado de minoristas más exitoso y bien construido del rumbo y habría de provocar, con su bonanza repleta de arrendadores, el nacimiento de nuevas plazas. Pero eran los últimos meses de 1994. –No se sabe muy bien qué fue lo que pasó. Nosotros hicimos el proyecto original, que incluso cambiaron en algunos trazos, pensando en locales pequeños, como en un mercado popular, porque en la zona no había mercados populares bien diseñados. Pero la obra, luego de entregar el proyecto, la hicieron unos familiares de la señora Amaya. –¿Cancelaron el proyecto? –No, el proyecto sí se hizo, sí abrió. Después de que yo entregué el diseño, cambiaron el proyecto. Ésas son cosas que no recuerdo muy bien, han de ser muchos años, pero creo que sus parientes, gente que ella contrató después, quisieron hacer algo más grande, un centro comercial con más presencia, la verdad no sé qué pasó, que no funcionó. Desde el teléfono, la voz del arquitecto Guerrero hace el recuento de más de 15 años atrás: el centro comercial estaba presto para recibir a grandes cantidades de compradores en un espacio bien distribuido en forma de equis, incluso, se planeó un amplio patio central, iluminado por una cúpula de estilo californiano y vistas hacia la avenida Río Paraná, a través de amplios ventanales y arcos que a la vez permitieran, aun entre los pasillos escalonados e interconectados, la circulación de gente y de aire. La cercanía de la carretera federal, junto con su ubicación próxima al concurrido Camino Nacional y el desarrollo de unidades habitacionales, eran la apuesta. Y la perdieron. En la oficina del Catastro de Mexicali dan algunas pistas del porqué: el costo de la obra, alrededor de 2 millones de pesos, se disparó con la crisis bancaria económica de 1995. El crédito contratado con el Banco Nacional de Comercio Interior (BNCI), provocó un agujero superior a los 5 millones de pesos de aquella época que, aunado a la recesión que siguió, se convirtió en una barrera infranqueable para los propietarios del inmueble. Ya no hubo poder económico que pudiera hacerle frente al rescate del centro comercial. Aunque la familia Amaya intentó fraccionar la pérdida, primero con la venta de la plaza local por local y luego del lote completo, aun como terreno, nadie en Mexicali se interesó o pudo adquirirlo. Según relatan en el municipio, en esa época más de 2,000 comercios, entre pequeños, medianos y grandes vendieron o perdieron sus propiedades en la oleada de fracasos financieros más impactante de la última mitad del siglo XX. Muchas maquiladoras cerraron, lo que derivó en un desempleo abierto y brutal que hizo desplomar los niveles de ingresos de las familias. Durante por lo menos dos años, la Cámara Nacional de Comercio local no registró una sola apertura de centros comerciales en la región. Y sí muchas quiebras. La pugna A mediados de 1997, el banco acreedor reclamó la adjudicación del inmueble, ante la imposibilidad de Amaya para cubrir sus adeudos vencidos. Aunque quedó el margen legal abierto para la recuperación del bien, la familia no hizo mucho por recuperarlo. El costo era muy elevado. Lo que siguió después alejó aún más las posibilidades de recobrarlo. En un intento por sanear los número críticos del BNCI, prácticamente en la quiebra por los pasivos derivados de la crisis, en enero de 1998 la Secretaría de Hacienda determinó que el Fideicomiso Liquidador de Instituciones y Organizaciones Auxiliares de Crédito (Fideliq), adquiriera la totalidad de activos de la banca de desarrollo, incluidos la cartera crediticia de BNCI y sus bienes adjudicados. Entre éstos estaba el centro comercial Amaya. El 4 de diciembre de 1998, el Fideliq lanzó su licitación pública SAB Nº 03/98, en la que, por primera vez, apareció la oferta del sueño de la señora Amalia, para su venta al mejor postor. Entonces los espacios de la plaza comercial costaban 18,100 pesos el más pequeño, de 7.88 metros por lado, y hasta 346,900 los más grandes, con entradas amplias y 150.88 metros cuadrados de área. En promedio, el costo por local oscilaba entre 29,00 y 35,000 pesos de entonces. “Es un inmueble amplio, que efectivamente tiene ya mucho tiempo. Lo que el SAE hace es someter los bienes a licitación por ciclos de dos semanas cada lote. Si no salen en su temporada, digamos que descansa en el siguiente lote y espera a ser puesto a enajenación hasta la tercera semana otra vez”. Víctor Manuel Angelares, representante de la institución ante el público en general interesado en subastar, explica que, por ley, la institución resguarda toda la información relacionada con la propiedad antecedente de los bienes adjudicados, “es una obligación impuesta por la ley en el caso de información de carácter personal, para proteger tanto al propietario original como al comprador”. Los únicos datos públicos disponibles, dice, son de carácter técnico: a más de 13 años desde la primera vez que entró a una ronda de enajenación, el centro comercial, con el número de listado 10005515 y código de inventario 130403, hoy tiene un precio inicial para postor de 8 millones 239,000 pesos, aun con el deterioro de su estructura inutilizada por completo. Ocasionalmente, a través de distintos procesos de licitación, el nombre del centro comercial aún se mueve en los listados junto con los otros 150 inmuebles que pasaron a la órbita de la Secretaría de Hacienda y no han sido vendidos: a veces lo someten a subasta, a veces se le adjudica un contrato para vigilancia o supervisión de la estructura del inmueble. No más. Así ha estado desde finales de los 90: entre mercancía decomisada, vehículos, muebles descontinuados, lotes de cargamentos incautados, aeronaves, chatarra, espera la llegada de una veleidosa paleta de subasta que oferte algunos millones, en esa feria de ofertas y postores que va ganando presencia entre la gente. Un mundo por explorar “El mundo de las subastas todavía es muy poco conocido por la mayoría de la gente”, dice el gerente de Marketing de Hilco-Acetec, Israel Aguilar. “No hemos logrado todavía que el grueso de la gente se entere de estos actos que son verdaderas oportunidades de negocio”. El modelo, dice, parte de la oportunidad de hacerse de bienes que, por su procedencia, suelen ser mucho más baratos que sus competidores en el mercado. El porcentaje de comisión, de 15% para la empresa gestora, es absorbido por partes iguales entre comprador y vendedor, lo que garantiza, además, un costo-beneficio equitativo para las partes, porque siempre se trata de artículos fáciles de comercializar. “Este programa de comercialización”, dice Sergio Hidalgo Monroy, director general del SAE, “apoya la reinserción de bienes improductivos en la economía”. En 2010, el SAE pudo recuperar más de 380 millones de pesos en licitaciones y subastas. “Este año se va a intensificar el número de eventos comerciales, garantizando que la totalidad de bienes cumpla con las normas de calidad oficiales”. En cuanto a la procedencia de los bienes inmuebles, principalmente es la Secretaría de Hacienda, derivado del incumplimiento del pago de impuestos. También están la inutilización de bienes de la administración pública, tanto federal como estatal, las incautaciones en aduanas por malos procesos administrativos y las confiscaciones al crimen organizado. Precisamente, en la sesión de febrero, la joya de la corona de la subasta es un anillo confiscado por la Procuraduría General de la República (PGR): tiene al centro un enorme diamante de 18 kilates, circundado por 32 pequeños diamantes de corte brillante y 16 más grandes, cortados en trapecio para adornar los bordes. Su precio de salida es de un millón 400,000 pesos: llegaría casi a los tres millones. Quien lo adquiere, un hombre de ojos profundos, delgado, silencioso, no acepta una sola pregunta cuando se le aborda: “Estoy ocupado, muchas gracias”, dice. Es el mismo que puja, además, por dos de los cuatro relojes de oro y diamantes subastados en la sesión, por un automóvil BMW y un lote de bisutería. No se sabe más, porque la discreción es parte de las reglas no escritas. Ariel, un hombre de origen israelí, cuenta esos detalles. “Puedes estar comprando un lote decomisado a tu competidor. Puedes comprar la casa de un narcotraficante. Para que haya igualdad de circunstancias, el anonimato es lo mejor”. El SAE dice que, mediante los depósitos bancarios se garantiza que el narcotráfico, el crimen organizado y los negocios turbios no contaminen los procesos de remate. Pueden llegar a identificarse grupos de socios, dice Ariel, nunca personas, “pero sabes quién es quién”. Hasta diciembre de 2010, el SAE contaba, para su administración y enajenación, con más de 7,500 inmuebles en todos los estados del país, con un valor estimado de 3,640 millones de pesos. También tenía bajo su responsabilidad 61 empresas: siete públicas, cinco en liquidación, seis en administración, 33 aseguradas, cuatro en concurso mercantil y seis en fideicomiso. En un informe previo a la subasta, Ildefonso Acevedo por su parte ha explicado que durante 2010 se organizaron 15 subastas en México a través de 12 empresas de avalúos, por un monto total de 1,200 millones de pesos y, para 2011, se espera un crecimiento del sector en un 30%. El día de la subasta, llama a los compradores a interesarse, a pujar, a ofertar. Son en total 242 lotes subastados, con más de 10,000 artículos que, a lo largo de nueve horas adquieren 60 postores de los 87 registrados. Al ritmo de su voz, esos hombres, y muy pocas mujeres, se hacen de lotes de autos para deshueso, cargamentos de papelería, equipos para baños, joyas. Planes rotos que una vez fueron oportunidad de negocio para otros.♠ Publicado en la revista EXPANSIÓN |
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Los 10 errores de Felipe Calderón
"GANAR LA GUERRA"

Es apenas el día número 53 en el gobierno de Felipe Calderón. En el Zócalo de la ciudad de México ni siquiera ha amanecido y más de un millar de soldados de Estado Mayor y Guardias Presidenciales, hombres de la llamada Policía Federal Preventiva y del cuerpo de Granaderos de la policía capitalina ya blindan la plaza: en unos minutos más ha de comenzar la sesión del 21 Consejo de Seguridad Nacional, donde el flamante mandatario habrá de cometer uno de los errores más grandes de toda su gestión.
Materialmente sitiados, como describen los diarios aquella mañana de la Plaza de la Constitución, los asistentes a la reunión en el Palacio Nacional escuchan del secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna, los pormenores del plan de 10 puntos para recuperar espacios invadidos por la delincuencia y la convocatoria para que las autoridades, de todos los estratos, se sumen a la estrategia. Por primera vez en la administración, comenzada el primer día del mes anterior, están reunidos los 31 mandatarios y el Jefe de Gobierno de la ciudad. Ahí habla Calderón.
“El gobierno ha reforzado la presencia de las fuerzas del orden para restablecer las condiciones mínimas de seguridad en las poblaciones y regiones más amenazadas por la violencia”, dice. No habrá claudicación, “porque en ello está en juego el progreso de la nación”.
1.- DISCURSO BÉLICO
Aunque muchos meses después habrá de negarlo, cuando el desgobierno y los muertos se le hayan acumulado por decenas de miles y la imagen nacional e internacional de México sea la de un país sumido en una sanguaza de sangre, violencia y terror, el 22 de enero de 2007 Calderón es enfático, como el denominativo que él mismo decide utilizar y que acaba por marcar todo su sexenio: “para ganar la guerra contra la delincuencia, es indispensable trabajar unidos, más allá de nuestras diferencias, más allá de cualquier bandera partidista y de todo interés particular”.
Es una sola frase, “ganar la guerra”, pero la habrá de repetir tantas veces que lo adentra de lleno en un laberinto.
La investigadora del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, Yolanda Meyenberg, explica el error: “el discurso enfocado a la inseguridad ha sido la estrategia que el presidente Calderón ha elegido como enfoque específico de comunicación de su gobierno. Pero hablar de guerra es ya no hablar de nada más, porque es un tema muy atractivo para los medios y además la inseguridad es un tema perdedor: hagas lo que hagas siempre será insuficiente”.
2.- DIPLOMACIA INEFICAZ
Después de una amplia entrevista publicada en marzo pasado, el director del diario español El País, Javier Moreno, concluye que al presidente Calderón le pesa haber convertido el tema de la batalla contra los narcotraficantes en la prioridad de su gobierno y ahora, entrada la fase final de su mandato, los resultados no se ven, pero sí los decapitados, las balaceras, la angustia permanente.
Ello evidencia un segundo error: “la diplomacia mexicana se topa con dificultades para explicar en el resto del mundo que se trata de un fenómeno limitado geográficamente a determinadas zonas del país, cuyo territorio en general resulta más seguro que muchos otros en América Latina”.
Diarios como The New York Times están atentos a ello, constantemente, mientras en diversas reuniones con el cuerpo diplomático la canciller Patricia Espinosa les pide difundir mensajes sobre México que puedan nublar la avidez de la prensa extranjera por el derramamiento de sangre de los mexicanos. No hay éxito. El mensaje está sembrado.
3.- UN TEMA ÚNICO
Los gobernantes que le han antecedido, Ernesto Zedillo y Vicente Fox, casi en los mismos términos hacen del combate a la inseguridad y la violencia un tema nacional: en agosto de 1998 Zedillo anuncia la Cruzada Nacional contra el Crimen y la Delincuencia, mientras que en enero de 2001 Fox convoca a la Cruzada contra el Narcotráfico y el Crimen Organizado. Pero Calderón habla de guerra y eso domina su agenda por más de tres años.
Y lo hace su tema principal, si no el único, sin una estrategia comunicacional organizada, integrada, unificada.
El presidente del Instituto Nacional de Administración Pública, el INAP, José Castelazo, analiza ese punto, el tercer error de Calderón: un gobernante no debe hacer de una causa la espina dorsal de su mandato, pues ello acrecienta el riesgo del fracaso.
“No puede un presidente ponerse todas las medallas, porque si se compromete mucho a una acción y fracasa, toda la responsabilidad es exclusivamente suya. Entonces tiene que manejarse, y hablo de comunicación social, en una especie de equilibrio”, explica.
4.- SIN COMUNICACIÓN POLÍTICA
Y ese problema, focalizar la lucha en un solo tema, conlleva otro, que, cuando los resultados de la guerra contra el narcotráfico son desastrosos, se erige en su cuarto error: un pésimo manejo de su comunicación política.
“Yo pienso que existe en este gobierno, al igual que en los otros, una serie de objetivos políticos y económicos, el problema es que esos alcances no forman parte de una estrategia de comunicación. Si se hubiesen publicitado con la misma intensidad los alcances en infraestructura, los alcances en vivienda, entonces el problema de la inseguridad sería uno entre otros y los déficits que se alcanzaran con respecto al tema no serían tan resaltables”, considera Yolanda Meyenberg.
“Si yo estuviera en sus zapatos”, dice Castelazo, “tendría que hacer un examen muy riguroso de los hechos positivos, para que calen más en la opinión pública, y de los hechos negativos para tratarlos de explicar mejor”.
5.- MENTIRAS Y VIRAJE INDEFINIDO
Es el 12 de enero de 2011. El presidente Calderón, con más de 40 mil muertos en su cuenta sexenal, miles de ellos víctimas de crímenes sin resolver, escucha los reclamos del director del Consejo Cívico e Institucional de Nuevo León, Miguel Treviño: “si ya eligió el término guerra para lo que estamos viviendo, no puedo imaginar tarea más importante para el Comandante Supremo que asegurar la unidad de propósitos y coordinación de las instancias públicas que participan en ella”, le dice el hombre.
Sin mediar intercambio de notas con su equipo de comunicación, con sus asesores, ni con nadie, sin reflexión o mesura de por medio, Calderón estalla: “yo no he usado, y sí le puedo invitar a que, incluso revise todas mis expresiones públicas y privadas. Usted dice: usted ya eligió el concepto guerra. No, yo no lo elegí. Yo he usado permanentemente el término lucha contra el crimen organizado y lucha por la seguridad pública y lo seguiré usando y haciendo”. Una mentira.
Carlos Bravo Regidor, investigador del Centro de Investigación y Docencia Económicas, el CIDE, hace de inmediato un compendio que, en un centenar de citas textuales que él mismo rescata de versiones estenográficas oficiales del presidente, no sólo desnuda la mentira, sino el quinto error del Presidente Calderón: el viraje indefinido.
“En el discurso del presidente, el enemigo ha sido siempre el mismo, pero la guerra, por el contrario, no ha dejado de cambiar”, analiza el catedrático del CIDE. Si en 2007 la “guerra” es aquello en lo que el gobierno trabaja frontal y decididamente, un proyecto de largo plazo en el cual la sociedad debe participar, para 2009 ya es aquello que hace necesarias reformas legales, depuración de policías, recursos, un frente local y al mismo tiempo “el reto más grande de la presente generación”.
6.-UN GABINETE QUE NO INFORMA
El catedrático del CIDE encuentra que, si entre mediados de 2009 y principios de 2010 hay un silencio gubernamental respecto de la “guerra”, para 2011 ésta ya es algo que pelean sólo las organizaciones criminales, no el gobierno. Se convierte, después de ese periodo, en un hecho al cual el gobierno sólo responde. Tras un momento de retraimiento retórico, de análisis y evaluación, entre 2009 y 2010, el presidente renuncia definitivamente a la idea de la guerra como algo que el gobierno hace, algo que declara y a lo que se dedica, analiza el investigador.
Y como es Calderón quien encabeza la retórica gubernamental, entonces es un error solamente suyo. El sexto.
José Castelazo, es preciso al respecto: “El INAP ve la administración del Presidente Calderón desde un equilibrio. En muchos ámbitos su gobierno ha sido una eficaz administración pública, pero en muchos otros no. Le falta comunicación interinstitucional, le falta comunicación, comunicación entre el gabinete, con los otros poderes, pero no de la que se publica, sino de la que se practica. Es un error que nada más el presidente informe, que su gabinete no informe”.
7.- EL ÚNICO VOCERO
La investigadora Meyenberg coincide. “La comunicación política ha estado muy a cargo del presidente Calderón, él ha sido como el vocero. Esto enfoca la comunicación hacia una persona y hace de esa persona el blanco de las deficiencias, de las ineficiencias, de los errores”.
Desde esa óptica, la estrategia comunicacional del gobierno de Calderón es no sólo deficiente, sino marcadamente vertical, a diferencia, por ejemplo, de la que tenían sus antecesores, quienes contaban con voceros fuertes, consolidados como voces reconocibles de todo un gobierno, quienes incluso “paraban los golpes mediáticos” dirigidos hacia sus jefes. Liébano Sáenz con Zedillo y Rubén Aguilar con Fox, hacían posible un trabajo horizontal de comunicación política.
“A lo mejor no es una deficiencia de equipo, sino de estrategia”, dice la investigadora de la UNAM. O quizá se trate, añade, de una falla derivada de la personalidad del Presidente, reacio a la crítica, controlador. Desconfiado.
Su personalidad, si un espejo nítido que, entre sus colaboradores, lo ayude a controlarse, se constituye entonces como su séptimo error.
8.- IRASCIBLE Y DESCONFIADO
La carta está fechada el 8 de mayo de 1996, sólo unas semanas después de que un todavía joven Felipe Calderón asumiera la presidencia del Partido Acción Nacional. Su autor, Carlos Castillo Peraza, antecesor del nuevo líder, su mentor político, es claro en sus planteamientos. No hay franqueza más transparente que la derivada de conocer al otro a lo largo de una vida.
“Tu naturaleza, tu temperamento es ser desconfiado hasta de tu sombra, si te dejas llevar por ése, entonces no te asustes de no contar ni con tu sombra”, le escribe.
El texto, difundido muchos años después, denota el carácter controlador, desconfiado, irascible de su destinatario, un hombre incapaz de encontrar su “alter ego” en alguno de sus subalternos y colaboradores, un hombre absolutamente convencido de que “si no me meto, no me hacen caso”.
Castillo Peraza le recomienda: “presidirás, estarás sentado arriba. Desde allí vigila y exige con suavidad: carga sobre ti los errores de ellos. Acertarás con ellos. El riesgo es que todas las fallas se te carguen a ti. La oportunidad es que los aciertos serán todos tuyos”.
Si Calderón atendió aquellas palabras, nadie lo sabe. Hoy, cuando es el presidente de México, es fácil encontrar historias de sus enojos, estallidos.
“La personalidad del presidente no ayuda mucho en imagen. Cuando se le critica, en lugar de poner la cabeza en el refrigerador, sale inmediatamente a responder, eso hace que esa crítica resalte en medios más que una estrategia comunicacional más deliberada”, dice Meyenberg, “veo una persona permanentemente justificándose y permanentemente a la defensiva”.
Quizá se trate de desesperación. El periodista Javier Moreno, en la entrevista que hizo a Calderón en El País, también fue sensible a descubrir cierta ansiedad en el mandatario: “el presidente comienza a intuir que el juicio último de los ciudadanos sobre la guerra contra el narco determinará su posición en la historia, independientemente de sus logros”.
Jorge Castañeda, el ex canciller mexicano, en 2009 lo dibujó así en un libro que enmarca un juicio demoledor al mandatario: “El ánimo que siente uno en el país es el ánimo que se suele sentir en el último año, o en los últimos meses de un presidente ya cansado, irritable”, anota, “este es el panorama: un presidente irritable, sin agenda, sin programa, rodeado de secretarios debilitados, con un Congreso que no le hace ya el menor caso”.
9.- PREMISAS FALSAS
El mismo Castañeda, junto con Rubén Aguilar, señalan también el octavo error del presidente: actuar bajo premisas endebles.
“Llegamos a la conclusión de que la mayor parte de las premisas o de la sabiduría convencional sobre el narco en México no se sostiene, de acuerdo con las fuentes del propio gobierno”.
Durante su campaña, Calderón jamás habló del narcotráfico, un tema tan costoso socialmente que merecería un debate nacional que desembocara en la confirmación o el cambio de rumbo “pero ya con conciencia de la sociedad y no por algo impuesto por una ocurrencia política de Calderón”, dice el ex canciller.
La investigadora Meyenberg ve el tema desde otra perspectiva: ante el panorama de desprestigio internacional, el presidente decide erigirse como promotor del turismo, sin darse cuenta de lo endeble de su defensa, de lo insensible que ello es a los ojos de una sociedad agraviada por la violencia.
“Esta cuestión del presidente como promotor del turismo es una imagen no correcta. Por un lado, ante el tema de seguridad su papel es de jefe de Estado, por el otro lado tenemos un presidente promotor del turismo y al final del camino los temas no se contrarrestan entre sí, porque uno es más débil que el otro”.
Ello abre la puerta para el noveno problema del Presidente: su insensibilidad.
10.- LA OBCECACIÓN
Es la edición del 17 de marzo de 2010. El diario estadounidense The New York Times titula su nota con una denuncia: “En México, las promesas hacen poco por aliviar el dolor de ésta ciudad siniestrada”. Se trata de Ciudad Juárez.
La nota, destacada en su sección América Latina, señala que a Juárez concurrieron todos en esos meses, desde sicólogos y policías, hasta el presidente Calderón y su esposa, Margarita Zavala, cargados todos de promesas, con los soldados rodeándoles.
“La Primera Dama prometió construir un campo para jugar futbol americano en un lote lleno de basura cerca de aquí”, anota el diario, “y después todo el mundo se fue. El terreno aún está baldío”. Han pasado más de tres meses desde la promesa.
Otro diario, The Wall Street Journal, habla claramente del fracaso de la estrategia militar en la región y coincide: “pese a la presencia de más de 10 mil efectivos de seguridad patrullando las calles de la ciudad, cada semana, la violencia parece recrudecer.
Pero Calderón parece no escuchar. Miles de mexicanos se movilizan contra la inseguridad, contra la violencia y hacen del “Ya Basta”, del “¡estamos hasta la madre!” una bandera, pero el presidente persiste: se retrata en tanques, en buques de guerra, arenga a los militares, instaura el día del policía federal, iguala su estrategia a la de Wiston Churchill en la Segunda Guerra Mundial, se queja: “es a los criminales a quienes debe dirigirse el ¡Ya Basta!”. Y ese es su décimo error: la obcecación.
“Es difícil decir si esta violencia puede tener un resultado positivo. Tal como se ven las cosas, se encamina a un intento de solución militar, lo que pasa es que la solución militar puede ofrecer algunas soluciones a corto plazo, pero yo no veo las ventajas positivas a mediano plazo”, Ashis Nandy, un especialista internacional en violencia de masas, quien llega al país invitado por El Colegio de México, lo dice.
“Un fenómeno como el de la mafia en EU, que se intentó resolver con violencia, no se ha podido acabar hasta la fecha, por tanto la idea de que una solución militar es una estrategia adecuada, no es razonable”. México no es distinto.
Incluso advierte, como otros tantos lo han hecho, sobre el riesgo inminente: “la violencia siempre deja huellas, siempre es visible. Podrá acabarse la violencia en el país, podrá haber acuerdo, pero la brutalización que produjo siempre estará ahí”.
Los errores suelen pasar facturas caras. Y en un país entero estos se traducen en desesperanza, fragmentación. Sangre.♠
Publicado en DIA SIETE
EU controla operaciones antinarco en México
El gobierno de Estados Unidos prepara la llegada a territorio mexicano de un alto mando de aviación, posiblemente militar, que habrá de participar en cada una de las facetas de la operación aérea antinarcóticos de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) y de la Procuraduría General de la República (PGR).
El funcionario, cuya designación está en curso de concretarse, trabajará en México bajo la dirección de la Sección de Asuntos de Narcóticos de la embajada de Estados Unidos (NAS, por su denominación en inglés) y encabezará los trabajos de ampliación del programa aéreo de la Iniciativa Mérida contra el narcotráfico, “que se prevé aumente en tamaño y alcances”.
El documento base de la convocatoria emitida por el Departamento de Estado señala que el futuro Senior Aviation Advisor (SAA) se encargará de la “planificación de la aviación estratégica, asesoramiento y apoyo a la División de Aviación de la SSP y la Dirección de Servicios Aéreos de la Oficina en México de la PGR, que en conjunto operan una flota de aviones, incluidos helicópteros y aviones de ala fija, en la detección de drogas, erradicación aérea, vigilancia y misiones de transporte”.
Del mismo modo que desde 2007 las autoridades mexicanas cedieron a Washington el control y operación del sistema de intervención y rastreo de las telecomunicaciones en México, que se opera en la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO) a través de la empresa privada estadounidense Verint Technology Incorporated, la llegada del asesor de aviación será controlada en todas sus etapas por la embajada de Estados Unidos en México.
Para designar al candidato idóneo para el cargo, de origen estadounidense exclusivamente, la NAS difundió la convocatoria PSC-11-024-INL, a través del portal gubernamental Federal Business Opportunities (FBO, según su denominación en inglés).
En medio de la polémica que ha desatado en ambas naciones la revelación de que aeronaves estadounidenses Global Hawk realizan vuelos antinarcóticos no tripulados sobre territorio mexicano sin el conocimiento del Congreso de la Unión, la NAS prepara el arribo de quien habrá de encargarse de la planificación aeronáutica integral y elaborar estrategias de mantenimiento y adquisición de aeronaves, según el documento oficial, publicado en el FBO por el Departamento de Estado.
El texto señala que el futuro asesor senior de aviación habrá de supervisar y evaluar el programa de aviación aprobado por la NAS, “que incluye, pero no limita, la revisión de la necesidad de aviones adicionales, repuestos, materias primas, procedimientos de operaciones de vuelo, mantenimiento y habilidades del piloto”.
Se coordinará con las autoridades de su país, a quienes reportará resultados y, además de las dos dependencias civiles, eventualmente también trabajaría con las secretarías mexicanas de la Defensa Nacional y de Marina, “cuyos aviones realizan misiones contra las drogas, lucha contra el terrorismo y otras misiones de seguridad pública”.
Estará en todas las facetas de la aviación antinarcóticos en México, como un ente omnipresente en las acciones antidrogas. “Estas misiones incluyen la erradicación aérea, intercepción, vigilancia, transporte de personal, reposición de recursos, logística y capacitación”, señala la convocatoria.
En su inciso “D”, sobre las principales funciones y responsabilidades del futuro asesor senior de aviación, el documento del Departamento de Estado asienta: “Proporciona asesoramiento en el desarrollo, coordinación, organización e implementación de sistemas integrales de operación y procedimientos para la SSP y la PGR”.
De acuerdo con datos de la Iniciativa Mérida, México ha recibido en los últimos años capacitación aérea por lo menos en dos ocasiones, además de equipo bélico y aeronáutico, principalmente helicópteros UH-60M, UH-1H y Schweizer 333, así como avionetas Cessna, que son operados por la PGR y la SSP federal.
A fortalecer la cooperación
EL UNIVERSAL buscó en la embajada de Estados Unidos una postura oficial por parte de la NAS, para conocer los alcances del papel que habrá de desarrollar el asesor senior de aviación en territorio mexicano. También solicitó las posiciones de la SSP y de la PGR.
Arturo Montaño, vocero de la embajada de EU, ofreció la contestación escrita de un cuestionario, cuya respuesta fue enviada, vía correo electrónico institucional, el pasado 12 de abril.
La embajada explica que el asesor senior de aviación coordinará exclusivamente los programas de cooperación para la transferencia tanto de aparatos aéreos como de capacitación y sistemas de mantenimiento, con el fin de fortalecer las capacidades actuales del gobierno mexicano.
“En este contexto, se utilizan las palabras operación y operaciones para referirse a la capacidad humana y a la infraestructura que cualquier organización requiere para volar y mantener las naves”, dice la misiva de Montaño.
“El asesor”, señala la embajada, “no tendrá ningún papel en cuanto a la puesta en práctica de operaciones a cargo de autoridades mexicanas contra objetivos criminales”.
El documento de la NAS estadounidense, que hasta ahora no ha concedido entrevistas a medios de comunicación mexicanos, también anota que el Congreso de Estados Unidos proporciona fondos para la Iniciativa Mérida, y como parte de ese proceso requiere informes regulares para demostrar que se emplean de acuerdo con sus instrucciones y los objetivos estratégicos del gobierno de México.
El documento también explica que hay una estrecha colaboración de la NAS con sus socios del gobierno mexicano, “para asistirles en proporcionar información e informes al Congreso de México, como se requiera”. Para ello funciona la Oficina de Implementación Bilateral de la Iniciativa Mérida (Bilateral Implementation Office).
La NAS informa que la Iniciativa Mérida entrará en una nueva etapa de ampliación, y para cumplir con ello “era necesario ampliar sus recursos humanos, tanto para la transferencia de los equipos, como para las actividades de seguimiento (capacitación, mantenimiento y asistencia técnica).
“El alcance de las responsabilidades del asesor senior en aviación está dado en gran parte por las prioridades y estrategias del gobierno de México. La descripción del puesto se escribió de manera amplia con base en un formato genérico, diseñado a cubrir todas las contingencias posibles”, explica la embajada de Estados Unidos.
“Muchas de ellas no son aplicables actualmente en el contexto de México”, precisa, “sin embargo, si se diera el caso de que el gobierno mexicano requiriere asesoría o asistencia para ampliar sus capacidades actuales o desarrollar nuevas, el puesto de asesor senior en aviación tendría los elementos de conocimientos y experiencia que podrían abarcar todos los tipos de capacidades en aeronáutica”.
Toda la cooperación se da bajo la Iniciativa Mérida, gobernada por la Carta de Acuerdo firmada el 3 de diciembre de 2008, anota la embajada.
En torno de este asunto, ni la PGR ni la SSP emitieron respuesta alguna.
Un puesto para un militar
La convocatoria del gobierno estadounidense establece que el asesor senior de aviación deberá proporcionar adiestramiento especial a la PGR y a la SSP, para “detectar, seguir e incautar naves sospechosas y vehículos”, así como en tácticas de entrenamiento periódico para aumentar la erradicación aérea, las operaciones de incautación, nocturnas y en procedimientos de “helicópteros escolta”.
El funcionario “recoge, analiza y difunde datos sobre las tácticas de la aviación, las técnicas y el empleo de apoyo para las misiones antinarcóticos de la SSP y la PGR”, actividades que van desde la adquisición y cambio de aeronaves, hasta su mantenimiento y operación en eventos antinarcóticos.
El Departamento de Estado alerta a los aspirantes a ocupar el puesto sobre las condiciones violentas en que se encuentra México. Señala que el despliegue del funcionario se realizará no sólo en la oficina de la sede diplomática, sino en el campo, pues se advierte que serán necesarios “los viajes frecuentes y el despliegue temporal hacia lugares austeros”, como el desierto, terrenos montañosos o de gran altitud.
“El titular debe ser capaz de trabajar independientemente en las zonas remotas durante periodos prolongados. Algunos sitios de campo en las regiones son conocidos por las reacciones hostiles de los traficantes de drogas y de los agricultores”.
Por las características profesionales solicitadas, se perfila un militar de la Fuerza Aérea en activo o un ex militar, pues se pide experiencia en el manejo de un Departamento de Seguridad Secreta del Estado, de 20 años de experiencia relacionada con la aplicación de la ley militar estadounidense o un conocimiento profundo de los programas de aviación de aquel país.
Quien se haga cargo de la oficina deberá tener experiencia como oficial de operaciones de aeronaves, como gerente de una organización militar o civil, y en el empleo táctico de las aeronaves de ala fija y helicópteros en operaciones de lucha contra las drogas.
Para la contratación se habrá de evaluar “la capacidad demostrada para gestionar las políticas de Estados Unidos y la legislación de asistencia extranjera, así como su experiencia de trabajo en países de América Latina”.
El término legal para la adjudicación de la plaza aún está abierto. De acuerdo con la convocatoria, lanzada el 16 de marzo pasado, el plazo para registrar candidaturas venció el 15 de abril.
Sin embargo, la propia embajada de Estados Unidos indicó en su contestación que “por lo general toma varias semanas el proceso de entrevistar a los solicitantes, elegir a la persona idónea y contratarla. La reubicación de esa persona a México puede alargar ese periodo de manera significativa”.
En el texto del gobierno de EU no se menciona en ningún punto que las autoridades mexicanas deban tomar parte en el proceso de elección del nuevo funcionario, cuyo supervisor directo será el director de la NAS.
La administración y alcances del proyecto, dice la convocatoria, sólo es competencia de Washington.♠
Publicado en EL UNIVERSAL
La disputa por el reino de las misas
Cuando su ayudante haga sonar la campana renegrida por el humo del incensario, el padre Javier elevará piadoso la Biblia delante de la pareja de flamantes esposos, como si la ofreciera al aire. Mirará hacia el cielo de ese jardín en Tepotzotlán, Estado de México, y, tras unos segundos de dramático silencio, soltará la primera mentira: “Estamos aquí, hermanos, para consagrar ante la Iglesia de Dios Nuestro Señor, en sagrado matrimonio, el amor de nuestros queridos Darío y Michel”.
Ella, una joven de 23 años, destellará su rostro esperanzado, sus ojos vivaces y negros, enamorados. De espaldas a todos sus invitados inclinará la cabeza persignándose ante un crucifijo metálico, hermoso. Será su primera bendición de esposa que, aunque genuina en apariencia, no será reconocida por la Iglesia Católica Apostólica y Romana. Para la Arquidiócesis Primada de México, el padre Javier es un cura falso.
Javier es un hombre macizo, moreno oscuro, de manos gruesas, grandes, que dice tener 34 años. Su voz, de tono grave, muestra la serenidad que suelen transmitir los sacerdotes de cualquier credo. Lleva el amito cubriéndole el cuello. Sobre éste, un alba bordada con figuras florales que le cae hasta los tobillos. Cualquiera diría que la túnica es bella. Incluso los demás elementos de su vestimenta —el bonete español, la estola, el cíngulo— están en perfecta armonía con la casulla, la capa roja bordada con hilos dorados que, para los nuevos esposos, significa que están frente a un sacerdote como los que se ven en cualquier parroquia. Pero no, para la Iglesia, es un cura pirata.
Yo también quiero “casarme” en un jardín como ese. Por eso observo la “boda” de Darío y Michel. Como ellos, al sacerdote también lo he conocido luego de buscar en las páginas de internet de Segunda Mano y de Mercado Libre. Como ellos, he leído la oferta de “Misas y celebraciones religiosas en lugares especiales”. Pero, a diferencia de ellos, yo no pagaré los 4 mil 500 pesos por la ceremonia (más transporte, viáticos y comida para el sacerdote y sus dos acompañantes).
“La verdad nos hará libres... —dice el anuncio de Mercado Libre— contamos con el servicio de celebraciones y ceremonias religiosas según el rito católico romano (15 años, tres años, primera comunión, graduaciones, difuntos en capillas privadas, en salones, en jardines, etc..), somos parte de una congregación religiosa católica, ubicada en el Estado de México, tenemos trabajando en la Parroquia de Santa María de la Asunción, desde hace ya seis años. Somos católicos apostólicos romanos...”
—Eso es un delito —explica el sacerdote José de Jesús Aguilar, responsable del área de Comunicación en la Arquidiócesis de México y cura de la parroquia de San Cosme, en la colonia San Rafael de la ciudad de México.
—Se trata de un delito claro: alguien se está haciendo pasar como sacerdote católico, apostólico y romano sin haber sido ordenado o sin tener el permiso del obispo.
El padre Aguilar asegura que es un delito equiparable al ejercicio de profesión sin título. Explica que un cura católico es como un médico cirujano, como un cardiólogo, y uno, dice, no va por la calle aceptando una operación a corazón abierto de cualquiera que se diga especialista nomás porque sí: la Iglesia católica mexicana tiene instituciones educativas a cuyo egreso, después de años de ardua preparación, se expide una licencia o acreditación como ministro de culto.
Por eso, distintas diócesis y arquidiócesis de todo el país llevan años en lucha contra esos sacerdotes y, en los últimos meses, han mostrado una alarma creciente: a juzgar por su preocupación, convertida en denuncias penales interpuestas en distintas entidades, la Iglesia católica ya no está dispuesta a dejar pasar el asunto.
Usurpación de profesión
La denuncia más reciente fue lanzada por el rector de la Basílica de Los Remedios, en Naucalpan, Estado de México. El sacerdote Miguel Ángel Corona dio a conocer un listado de 32 personas que se hacían pasar por curas, oficiaban misas católicas y, en ese y otros municipios de la entidad, controlaban un lucrativo negocio de bautizos, bodas, funerales y otro tipo de celebraciones religiosas a domicilio cuyas ganancias son incuantificables.
“El arzobispado de Tlalnepantla tiene un abogado que representa a nuestra iglesia y muchos están en la cárcel de Barrientos por hacerse pasar como párrocos para defraudar”, dice Corona, quien además ventiló ante sus feligreses los nombres de los implicados.
Las denuncias, que generaron siete órdenes de aprehensión en el Estado de México, se cumplimentaron con acciones de la Procuraduría de Justicia estatal y consignaciones ante los juzgados del penal de Barrientos.
El Código Penal del Estado de México tipifica, en su artículo 176, el delito de usurpación de funciones públicas o profesiones cuando alguien se atribuye o acepta, por cualquier medio, el carácter de profesionista sin tener título legal o ejerce los actos propios de una profesión sin título o autorización legal. Se imponen entre uno y cuatro años de cárcel y de 30 a 200 días de multa.
Según el artículo 323 del Código Penal del Distrito Federal, se trata del delito de usurpación de profesión, pues se ofrece o desempeña públicamente el carácter de profesionista sin tener título profesional o sin autorización. En este caso las penas van de dos a seis años de prisión y multas de 200 a 500 días de salario mínimo. En ambos territorios el delito se persigue de oficio.
En tres de los casos consignados ante el juez mexiquense se busca acreditar también el delito de falsificación o alteración y uso indebido de documentos, porque en esos casos se emitieron fes de matrimonio y primera comunión; las penas pueden ascender a cinco años de prisión y multas de 30 a 300 días de salario, por el uso indebido de documentos privados.
“Ser sacerdote falso es relativamente fácil en México. Cuando se han presentado denuncias penales es porque se trata de personas que durante mucho tiempo han realizado otro tipo de fraudes, porque fueron ya muy conocidos por una comunidad o porque, sencillamente, alguien los denunció porque hubo algo más de fondo”, explica el vocero de la Arquidiócesis de México,
En su boletín electrónico San Juan Bautista, la Arquidiócesis de México enlista algunos casos específicos de curas falsos que, según sus informes, operan en distintos puntos de la zona metropolitana del Distrito Federal e incluso en entidades como Veracruz o Puebla.
“No debemos olvidar que los sacerdotes católicos tienen prohibido casar, bautizar y, en general, oficiar misas fuera de la parroquia... Los falsos sacerdotes también suelen visitar algunas casas o empresas, donde solicitan donativos para alguna casa hogar, orfanato o asilo inexistentes”, anota.
Para ello, la Arquidiócesis Primada de México cuenta con un directorio completo, y público, de templos y ministros en todo el país, a quienes expide credenciales y licencias respaldadas por sus respectivas diócesis.
Cuando hay fechas especiales y mucha gente requiere de un servicio religioso particular, como el día consagrado a la Virgen de Guadalupe, suelen aparecer hasta mil falsos sacerdotes en la zona metropolitana de la ciudad de México, y similar cantidad en las ciudades grandes, donde es más fácil camuflarse entre colonias y barrios populosos, explica el padre Aguilar.
Informes extraoficiales de la Conferencia del Episcopado Mexicano estiman que puede haber más de 10 mil sacerdotes falsos en todo el país. Pero no hay informes precisos al respecto debido a que ni la institución religiosa ni la Secretaría de Gobernación, órgano gubernamental responsable de custodiar el cumplimiento de la Ley Federal de Asociaciones Religiosas y Culto Público tienen recursos para realizarlos.
Deshonestidad con afán de lucro
“Yo me voy a casar”. Al menos eso digo a quien contesta en el número de la supuesta parroquia de Santa María de la Asunción, donde, según el anuncio de internet, ofician los sacerdotes católicos, apostólicos y romanos que ofrecen sus servicios religiosos a domicilios y lugares especiales.
La única parroquia dedicada a la Asunción, registrada por la Arquidiócesis de Toluca, está en Lerma, donde nadie conoce al “ministro Jesús”.
“Mándenos un correo para contactarnos. Preguntar por el ministro Jesús”, dice el anuncio de internet. Como respuesta al primero de mis correos, la representante de la iglesia, una mujer de apellido Reynoso, pregunta el lugar, el día y la hora en que se desea realizar el enlace, pero cambia el nombre del supuesto templo a “Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe”, la más común y numerosa de las dedicatorias de templos católicos en México.
Cuando respondo, deslizo mi “temor” de que la boda en un jardín no sea válida, pues la Iglesia determina que debe hacerse en un templo. La respuesta es clara:
“Es lamentable que nuestros hermanos párrocos no les den toda la información. Los que no pueden casarles a ustedes son los párrocos, pero los sacerdotes misioneros sí pueden y esto no significa que el presbítero no esté ordenado o no tenga permiso para casarlos o no tenga iglesia donde casarlos”, asienta.
“Nuestra santa, católica y apostólica iglesia cuenta con todos los permisos y la validez necesarios, ya que al término de su ceremonia se le entrega el acta de matrimonio debidamente registrada con foja y libro donde quedará registrada”. La representante añade:
“Tenemos iglesias en varios estados”.
Le pregunto al padre Jesús Aguilar si se trata de “competencia desleal”. “Cada quien tiene derecho a creer lo que quiera, pero a lo que no tiene derecho es a engañar. Más que competencia desleal, hablaría de deshonestidad, afán de lucro, porque el principal asunto aquí es el dinero, no la caridad, ni la evangelización, ni la catequización, sino el interés”, responde.
En el siguiente correo, la representante de la “Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe” me explica que hay muchas iglesias a las que no les conviene hacer las misas en los jardines por ser más baratas, “porque, claro está, si usted lo hace en nuestras iglesias se le cobra más.
“Lamentablemente”, anota Reynoso, “hay muchos sacerdotes mal intencionados que dicen que existen curas falsos, y a lo mejor los hay, pero cuando un sacerdote es ordenado y tiene sus sentencias de ordenación, entonces hay validez de hacer sacramentos.
“Antes que Roma diga que no es válido, hay leyes mexicanas, y le invito a que vea la Constitución mexicana y me comente si en ella hay algo que diga que ciertos sacramentos fuera de la iglesia no son válidos; por eso me extraña esta mala información”, escribió.
El padre José de Jesús también rechaza estos argumentos. “Aquella gente puede creer lo que quiera, pero asumir que es un sacerdote ministerial dentro de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana no, porque no tiene ni la ordenación sacerdotal ni el permiso del obispo. Es un delito y punto”, sentencia.
Luego del intercambio de correos visité las oficinas de la supuesta “Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe”. Su “sede” es un cubículo dentro de un edificio donde también hay despachos de abogados, contadores, una consultoría y un dentista, en la avenida Instituto Politécnico Nacional, al norte del Distrito Federal.
Allí me enteré de que los bautizos que ofrecen los curas falsos oscilan entre los 500 y los 3 mil pesos; una primera comunión o 15 años, entre mil 500 y 4 mil; una boda, entre 2 mil y 6 mil pesos. Ahí me enteré de que Darío y Michel se casarían en un jardín de Tepotzotlán.
Rodeados de familiares y amigos, y de flores blancas, el padre Javier les hablará del amor. Emotivamente, les dirá que “sólo el amor, el verdadero amor al otro, el amor que se entrega sin esperar recibir nada a cambio, les llevará a alcanzar la felicidad y la gracia de Dios”.
El novio incluso derramará alguna lágrima. Ambos dirán que sí ante el altar. Se irán de ese hermoso jardín y quizá pensarán que la Iglesia católica en verdad validó su matrimonio.
Publicado en El Universal
CREA y las microempresas de mujeres migrantes
Este 2010, trabajé para un proyecto empresarial denominado Iniciativa México. Mi papel ahí era realizar reportajes de los proyectos participantes.
Éste es un reportaje sobre CREA, una organización no gubernamental que apoya a mujeres para crear microempresas a partir de ideas sencillas.
Mayoritariamente mujeres parientes de migrantes zacatecanos, el proyecto CREA es de un gran impacto en la región, pues dota a cientos de mujeres de nuevas opciones de vida.
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La tragedia olvidada: el accidente del Metro en 1975
Ese lunes particularmente nublado de 1975, cuando nadie se esperaba que un boleto del Metro le cambiara la vida, figura entre los registros de las más grandes tragedias del transporte urbano subterráneo en el mundo, pero en México ha sido casi olvidado.
“Todo estaba normal, hasta que el convoy de adelante comenzó a pare y pare”, dijo el operador Carlos Fernández Sánchez, de 21 años aquella mañana del 20 de octubre.
Había salido de Tacuba, línea Dos, alrededor de las 9:05 de la mañana. Ya no era “hora pico”, pero cada uno de los carros del convoy llevaba aún entre 120 y 130 personas. La ciudad que habitaban comenzaba a crecer, ya tenía sus 7 millones y medio de personas.
Alrededor de las 9:36, el convoy tripulado por Fernández Sánchez se detuvo en Chabacano. Una estación adelante, el tren número 08, conducido por Alfonso Sánchez Martínez, otra vez paraba su corrida, porque la palanca de emergencia del carro número 06 había sido accionada, como ya había ocurrido antes en Hidalgo, Bellas Artes, Allende y Pino Suárez.
“Escuché con toda claridad y perfectamente que el Puesto de Control ordenó al tren de atrás que no avanzara, que debía detenerse de inmediato”, declaró Alfonso Sánchez. El operador “amarró” su tren, bajó de la cabina y se dispuso a desactivar la palanca.Read more
Un "calvario" en la ruta del narco
Luis Guillermo Hernández/enviado 
BOGOTÁ.- Jorge, un jalisciense de 39 años experto en sistemas, abre los brazos por séptima vez, baja la mirada que ya ni siquiera es de indignación, y mientras un par de manos enguantadas hurga nuevamente en sus maletas, deja escapar un resuelto “Yo no soy narco, señores”, que se estampa en el rostro del militar colombiano.
“Eso no lo sé yo”, reacciona el oficial, de apellido González, marcado acento guajiro, ojos profundamente oscuros, mientras lo apura a quitarse los zapatos, vaciar por completo la maleta, callar.Read more




Cuando la voz de Ildefonso Acevedo, el rematador estrella de Hilco-Acetec, declare el número de la paleta ganadora del último lote de la tarde, el viejo centro comercial Amaya, alguna vez pensado como un buen negocio, volverá a los listados gubernamentales de bienes en remate que nadie adquiere, para contar desde ahí su historia: los planes a veces se derrumban.