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¿Dottie votaría por Trump?

Esta mañana me acordé de Dottie: ¿votaría por Trump?

Joe Bagiant, el viejo periodista literario gringo, nos presentó a Dottie hace ya algún tiempo, sin permitirse ningún matiz edulcorado: una pobre, ignorante, gorda (130 kilos) y cincuentenaria integrante fiel de esa especie de gringos que, a los sesenta, semejan “una pandilla de batracios hipertensos de rostro sonrojado, pillados por sorpresa en mitad de un concurso de toses y gargajos”.

Dottie era del estado de Virginia, y toda su vida vivió en Winchester, el pueblo en el que nacieron también la cantante country Patsy Cline (a quien la “gente de bien” no bajaba de puta borracha) y el propio Bagiant. Allí también nacieron otros miles de güeros y güeras, predominantemente obreros y campesinos pobres, ultraconservadores, republicanos y cristianos fundamentalistas como ella.

Según Bagiant, Dottie estaba inhabilitada para trabajar “por una acumulación de problemas cardíacos, diabetes y otras enfermedades varias. Tiene la presión arterial tan alta que el doctor una vez pensó que el aparato se le había estropeado. Y, por si fuera poco, está quedándose ciega”.

Y esta mañana me acordé de ella, aunque lo más probable sea que Dottie ya ni siquiera esté viva: “el problema es que el seguro médico le cuesta tanto como el alquiler. Su marido gana ocho dólares por hora limpiando coches en un concesionario, y si no hay accidentes les quedan 55 dólares a la semana para comida, calefacción y todo lo demás”.

Si les surgía algún algún imprevisto, aunque fuera de 30 dólares, dejaban de comprar alguna de las medicinas que Dottie utilizaba, lo que provocaba que sus múltiples males se agravaran.

Dottie, en suma, era una #WhiteTrash (así les llaman, lo juro). Una gringa pobre de la América profunda, que siempre iba a la iglesia pero era incapaz de señalar Francia en un mapa -“suponiendo que tenga uno”. Su mundo era muy pequeño.

Bueno, pues me acordé de ella, de Doña Dottie, porque esta mañana leía los tuits y artículos histéricos de cientos de preocupados liberales latinoamericanos y europeos, afligidos hasta el cansancio por el triunfo de Donald Trump, futuro presidente de los Estados Unidos de América.

Y sus argumentos no me convencían del todo.Crónicas-de-la-América-profunda

Sí, en el triunfo de Trump hay un aroma putrefacto a fascismo. Sí. Por supuesto. Y también tiene un tufo a odio racial, machismo y xenofobia, que impregnó el discurso del hombre anaranjado con peluquín y fue repetido hasta la saciedad por la gran prensa global. Sí.

Pero a mi, que la verdad cada vez me da por ponerme más a la izquierda, la explicación única del “votó la supremacía blanca" y la “xenofobia antilatina, antiárabe y antiasiática” me parece poco creíble. O por lo menos insuficiente.

Porque conozco la historia de Dottie y algo (aún mucho siempre ea poco) de Estados Unidos. Y se que en el corazón del capitalismo mundial hay millones de obreros y campesinos güeros igual de jodidos, y endeudados, que millones de obreros y campesinos prietos de nuestras regiones.

Y no es una figura retórica.

En Estados Unidos hay millones de obreros y campesinos que, en los últimos 30 años de capitalismo salvaje, también perdieron sus tierras, sus bienes o sus empleos porque, como nos ocurrió a todos los demás, la globalización les pasó por encima, como una aplanadora de cuarenta toneladas que corre sin frenos a 150 kilómetros por hora.

¿Quién no ha visto los estragos en Detroit, agónica tras el cierre de las armadoras de automóviles? ¿O las imágenes de campesinos en Dakota o Arkansas rematando sus bienes? ¿Y la quiebra de condados y ciudades enteros?

Como ocurrió en el mundo occidental, también a los gringos de a pie les cerraron sus fábricas, les quitaron sus tierras y les redujeron a nada la seguridad social. Nunca como a nosotros los latinoamericanos, claro, que tenemos regiones azotadas por la miseria más impensable que un ser humano pueda vivir (excluyo a África, que lamentablemente se mide de otra manera). Pero lo vivieron.

Porque sus fábricas y maquiladoras se fueron a otras regiones (como la nuestra) donde ya les tenían preparada mano de obra abaratada, en franco estado de esclavitud, y masas de trabajadores silenciosos, hambrientos, analfabetas funcionales, incapaces de protestar o de reflexionar sobre su entorno social, político y económico.

Muchos de esos gringos, como Dottie -como nos pasó a nosotros- vieron muertos de miedo cómo sus tierras dejaban de ser rentables, ante el embate de las grandes corporaciones multinacionales. Atestiguaron cómo su pequeña industria local era barrida por las grandes firmas globales. Sintieron cómo su trabajo era abaratado y convertido en prescindible de un día a otro. Vieron cómo sus sindicatos, salarios y derechos laborales eran disminuidos a escombros y cómo su vida quedaba reducida a deuda sobre deuda.

A ellos, como a nosotros, les vendieron una idea de sociedad global: individualista, consumista, utilitaria, desechable, desunida, amaestrada para la lógica del mercado del individuo por el individuo y no del ser social, grupal, gremial. Y esa idea se estrelló contra el suelo sin que los “liberales demócratas” pusieran un poco de paja para amortiguar el madrazo. Obama, todo carisma, no fue la excepción.

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La "América profunda" de Shelby Lee Adams

Shelby Lee Adams

Bagiant, en el 2004, cuando escribió sobre Dottie y otros de sus paisanos, lo resumió así:

“Lo que los liberales urbanitas no han hecho (esos hipters liberales universitarios de la costa Este y los ricachones neohippies de la costa californiana), es darse un paseo por la tierra de los godos, exponerse a entrar en contacto con la sucia clase trabajadora americana, esa Norteamérica provinciana de gente que va a la iglesia, que practica la caza y la pesca y que bebe Bud Light”.

Es ese otro Estados Unidos: derrumbado, pobre, endeudado, muerto de miedo, sin siderurgia, banca, teléfonos, ferrocarriles, aeropuertos y puertos, comunicaciones, minas, playas, carreteras, puentes, tierras, montañas, ríos, agua, electricidad, pesca. Y que también vota. Como todos nosotros, que hoy casi estamos obligados a cantar a coro: “piensa ¡Oh, Patria querida! que el cielo un mesero en cada hijo te dio”.

Ver el mapa de la elección de este 8 de noviembre y contrástarlo con el mapa de algunos de los condados más pobres de Estados Unidos, puede ayudar un poco: Texas, Alabama, Arkansas, Misisipi, Luisiana, Virginia. Los sitios donde más se ha resentido la pérdida de esas 60 mil fábricas y cinco millones de empleos que Trump les prometió recuperar.

Al menos a mi no me parece descabellado pensar que esos gringos también pudieron salir a votar por "un nuevo renacer", pero sobre todo por un "obligaremos a las fábricas a regresar a Estados Unidos".

El Tratado de Libre Comercio, otro de los enemigos del hombre anaranjado, por igual barrió industrias pequeñas en México como en Estados Unidos. Y la catástrofe del campo mexicano de cosecha no industrial, el de la gente más humilde, también fue la catástrofe de los campesinos no industrializados gringos. No se crean que no.

Y si un loco fascista les ofrece volver atrás de todo aquello, esos seres muertos de miedo, de hambre, de rabia, de deudas, lo votarán sin pensárselo dos veces.

Bagiant, el gigante cronista de la América profunda, ha muerto, pero su periodismo literario no. Y ahí dejó algunas claves que hoy nos ayudarían a entender, al menos un poco, lo que ha ocurrido con Trump este 8 de noviembre.

Lean sus Crónicas de la América Profunda. A mi, al menos, me hicieron preguntarme si Dottie votaría por Trump:

“Aquí, en mi ciudad natal, Winchester, en Virginia Occidental, resulta imposible darle esquinazo a esa América profunda que llevó a George W. Bush a la victoria en 2004 (es la misma que elegiría a un tipo igual de indeseable… aunque luego se volvieran contra él como perros salvajes, por su intento de convertirse en emperador, o lo sacaran a rastras del Despacho Oval bajo custodia)”.♣

Este texto se publicó originalmente en FACTUM


¡Adiós, Juanga... adiós!

Estás en el aire, Juanga. Te vemos, te escuchamos, te sentimos, te tocamos tan cerca, tan verdaderamente tú, no tus cenizas, que pues… no hay manera de que tu funeral, por obra y gracia de tu presencia infinita, no se vuelva una tremenda pachanga de palenque.

Estás en el aire. Te lo juro. Y eso, permíteme explicar, no tiene tanto de retórico como de enfático: impresa en miles de papelitos blancos de papel de China, tu sonrisa de muchacho de 23 años, con los hoyuelos como marco de tus labios, vuela como vuelan las palomas en la Alameda, por encima de nuestras cabezas. Juguetona.

Nosotros bailamos. ¡Arriba, abajo, las manos! Nos contoneamos. Los que vienen en grupo arman una “víbora de la mar”, cuando se escucha que no, nono no hay nadie que bailetanbonito como tú y el desmadre, ya sabes, se organiza en segundos: hileras multitudinarias de dolientes que baten hombro-cadera-culito al ritmo de la rola y, como si estuviéramos en nuestra boda, aullamos contigo, nos carcajeamos contigo, joteamos por ti, que es el verbo mejor con el se define esta celebración de tu vida.

Y miles de manos –o cientos de miles, yo ya no sé- jugamos contigo a atraparte como papelito blanco, a aplaudirte, a tenerte, a volverte a soltar al viento nocturno de una Avenida Juárez desbordada, histórica, mientras hacemos las filas de hasta cuatro horas de espera para entrar a Bellas Artes, tú en el centro de todo, para verte, cantarte, sollozarte:

-¡Amoreeee ternooooo… eiiinol vidáaaable e eee…

Y así como eres tú en los papelitos-palomas blancos, eres también en los miles de posters que nos recuerdan tu historia como cantante, en los que anuncian tu última presentación en el Auditorio Nacional, hace poquito; y eres también en los Mp3 piratas a 25 pesos, en los vasitos para el café, en las rosas de rojo y blanco plástico que huelen a durazno imposible (“¡ps esque se m’acabó el aroma de rosas, valedor!”) en los paraguas de Taiwán, en lo relojes, chamarras o DVD hechizos de tu concierto en Bellas Artes.

Eres en las bandas de tela para el sudor de la frente, con tu imagen y la de la Virgen de Guadalupe unidas. Eres en los altares con foquitos LED que rezan Tú eres la tristeza ¡ay! de mis ojos, en las plumas de gel que ni pintan, en las camisetas que repiten tu contoneo, en las máscaras de látex, los antifaces del Noa-Noa, las estampas con tu verso Me nace del corazón decirle que usted es mi vida. Eres tú en las bufandas de estambre, en las calcetas rosadas y las chalinas amarillas. Eres tú, el de Parácuaro, en la manta del Club ¡Arriba Juárez!

Eres tú, Juanga, Juan Gabriel, Alberto Aguilera, que el día de tu funeral nos confirmas que, para colmarse, las calles exigen la palabra adecuada, las letras exactas que logren traducirla con fidelidad absoluta en su lenguaje, su tiempo y sus latidos. Y eso es arte.

Eres tú, Juan, tu voz repetida en cientos de bocinas, que nos cantas en la misma ciudad y con la misma gente, en el único templo sagrado que existe: las calles.

Porque ahí es donde se funda la simbiosis perfecta de pueblo y canciones, Juan. La calle. Si los pueblos aman a sus cantores, a sus mejores cantores, es porque esa complicidad se fraguó en las calle, nació en la calles. Y sólo ahí es posible.

Por eso sólo ocurre cada tanto con unos cuantos. Pasó con la nostalgia poética de Agustín Lara; con el desgarrado amor que transita del campo a las ciudades de la mano de José Alfredo Jiménez; con los románticos boleros de Álvaro Carrillo y Consuelito Velázquez; con la contundencia armónica de Manzanero. Y contigo, Juanga. Cuando naciste mito en la frontera y gritaste “¡no tengo dinero ni-nadaquedar, lo unícoque tengoesa mor paradar…!

Tu rostro, tu presencia -que obliga al Palacio de Bellas Artes, el máximo recinto cultural de la República Mexicana, a permanecer abierto toda la noche-, compone una cruz inmensa con tus discos LP, que José Antonio, tu fan desde 1971, forma en el suelo de la avenida y convierte en paso obligado del gentío que se detiene, baja la mirada, casi se santigua.

Tu voz, tus quebrantos –se repiten en decenas de bocinas instaladas en todos los costados de la Alameda Central- trazan un sendero de emociones nuestras, que van en segundos del grito desgarrado al estallido violento, del duelo mesurado al requiebre festivo, del apesadumbrado yo no nací para amar, nadie nació para mi, tan sólo fui un loco soñador nomás, al chabacano muy sola y muy triste te dejaron –¡qué bueno!- y sin dinero-sin él-sin mi-sin nada ¡caray! Sin-sin dinero ¡caray! sin mi-sin nada –¡qué bueno, qué bueno, qué bueno, lero-lero, eso te pasa por traicionera y convenenciera y muy fea persona ¡qué bueno!”

Eres tú, incluso en la pizza Juan Gabriel (“trái sus dos bolas grandes de carne bien puestas”) que, aunque insípida y reblandecida, vende en Balderas y Juárez un motociclista de Pizza-Hutt oportuno como pocos.

Decía yo el día que moriste, Juanga, que desdeñar la explosión popular de veneración hacia ti, inducida o replicada en y por los medios, es no tener ni puta idea del país, del continente en que vivimos. Que la sociedad mexicana en particular, la latinoamericana en buena medida, somos así: viscerales de emociones, exagerados, masivos, fiesteros, tal vez un poco incultos en promedio, elementales acaso, contradictorios, eufóricos, arrebatados, pasionales.

Todos tenemos un recuerdo tuyo y lo venimos a llorar. Todos una canción, un tequila, una borrachera de cuatro días acompañados por ti. Todos un dolor en el pecho que nos hace cantar que llenaste de recuerdos a la ciudad entera, para agradecer a ese muchacho provinciano humilde y colmado de ilusiones de los años 70, que se convirtió en un venerado monstruo definitivo de la cultura popular latinoamericana, cuarenta años más tarde. El latinamerican dream.

Estás en todo momento y en todo lugar, Juanga, y es esa omnipresencia la que nos convoca en nuestra dualidad mestiza: desbordada en el llanto y las emociones más básicas, catártica, siempre y para todo en demasía.

Tu funeral, tu fiesta de despedida, lo confirma. ¿Te gustan un millón de personas, hombres, mujeres, niñas, niños, ancianas, ancianos, que caminan ante tu urna (parece un radio de los años 30) y salen a las calles a bailar tus canciones? ¿Te gustan otras miles más de flanco en el trayecto que llevó tu Juangamóvil del Hangar Presidencial (¡ay, nomás p’al gasto!) a Bellas Artes? ¿Y otras decenas de miles más, que durante toda la semana erigieron altares a los pies de tu estatua en Garibaldi, en tu casa de Ciudad Juárez y tu casa en Michoacán?

Si los gringos tuvieron a Sinatra, los españoles a Lola Flores, los franceses a Edith Piaf, los argentinos a Mercedes Sosa, los chilenos a Víctor Jara, los italianos a Pavarotti o los ingleses a Freddy Mercury, nosotros te tuvimos a ti y salimos a la calle a lamentarnos por tu muerte, por tu abandono. Tenías que ser tan cruel al despedirte.

-¡Tú viviráááás por sieeeempre, Juan Graaabieeeeel!

Y sí.

Aunque tu muerte, un poco, nos recuerde nuestra propia e inevitable finitud. Aunque tu priismo nos recuerde, un mucho, nuestros propios y graves pendientes, vivirás por siempre.

En las canciones y en los recuerdo, como viven los cantores definitivos para su época.

En el sentimiento de esa mujer cuando te llora, “él le gustaba mucho a mi mamacita, y cuando ella se me murió, me pidió que la enterráramos con su Amor eterno”.

En el recuerdo vivo de las parejas de enamorados que te aclaman. En los discos. En las más de 75 millones de reproducciones de Hasta que te conocí en Youtube. En los más de 150 millones de copias originales que colocaste en el mercado mundial. En las millones de horas transmitidas en la radio. En tu mausoleo, que es las calles de México.

Pero sobre todo, para mi, estás en un recuerdo vago, pero cierto, de aquella mañana de mil novecientos ochenta y tantos -igual de fría que hoy, qué casualidad- cuando cierta mujer obrera, hermosa, cariñosa, antes de salir a trabajar despertaba con un beso a aquel chavito de cabellos rizados y cara melancólica, para decirle:

-Pa’rriba, gordito… ya me tengo que ir a trabajar. Mira lo que te trajo tu tío… para que no te sientas solo en lo que regreso…

Mientras el tocadiscos, cuya forma ha nublado la memoria, liberaba al viento la presencia que, toda una vida después, aún vemos todos, escuchamos, sentimos, tocamos tan cerca, tan verdaderamente cierta y no en cenizas, en tu funeral-pachanga, al que venimos a decirte ¡Gracias, Juanga!:

“¡Hoy como otros días, yo seguiré tratando ser mejor y sonriendo haré las cosas con amor… ¡Buenos días alegría, buenos días al amor, buenos días a la vida.. ¡buenos días, señor Sol!”

Publicado en la revista digital FACTUM


La casta de los exquisitos

Cuando escucha la cifra, destella incrédula los ojos almendra, igual que haría un niño al saborear un caramelo inalcanzable:

-Nomás en la remodelación de la alberca con jacuzzi y la palapa del centro, junto con la casita-vestidor con capacidad para atender a 250 invitados a la vez, se gastaron catorce millones de pesos… ¡ca-tor-ce-mi-llo-nes!

- ¡Uy, nooo…! Sabe cuántas veces mi quincena… si yo gano dos mil 800 al mes… a ver, hágale cuentas- me dice, con esa expresión de quien intenta, sin éxito, hacer sumas y multiplicaciones en la mente.

-Cinco mil meses de su sueldo juntos ¿no?- le machaco en la herida de empleada sin recursos, sin posibilidades mayores.

Son casi 420 años de su trabajo como trabajadora de restaurante. Más de cuatro vidas de sudar, servir mesas, caminar y pagar impuestos, para que un gobernador pueda remodelar, a su gusto pero con dinero público, la alberca y la palapa de la Casa de Gobierno, la residencia oficial del mandatario en turno.

Uno de los integrantes de la casta de los exquisitos.

En México, después de líder del narco, ser funcionario público, de cualquier nivel, es hoy la actividad más redituable.

Veamos si no:

Impunidad total garantizada o, en el peor de los casos, algunos meses de cárcel con el debido respeto irrestricto, e innegociable, a que todo (propiedades, cuenta, joyas, autos, fideicomisos) lo cáido, cáido.

Autos de lujo (gasolina, claro), chofer y asistentes los 365 días del año, todo sin erogar un centavo.

Oficinas a tu gusto: jacuzzi, albercas, gimnasio, jardines "evergreen" tipo Versalles, cascadas artificiales, canchas de tenis, campos de golf.75

Y sólo en las oficinas privadas ¿Eh? No se habla de las caobas, mármoles y alabastros con que se remozan también los despachos oficiales, las oficinas que se heredan a los siguientes ganadores, para que trabajen.

Vuelos en primera clase, a cualquier lugar del mundo y en cualquier momento, privados o en aerolíneas comerciales, según el rango, pero todos con hoteles de gran lujo y viáticos incluidos, sin el enfado de realizar comprobaciones.

Total libertad para hacer negocios con y desde los gobiernos, bajo dos premisas esenciales: impulsar-expandir los propios o camuflar tu ventaja a través de amigos prestanombres y terceros.

Capacitación de primer nivel, financiada por el Gobierno, para que al término de la gestión el individuo o la individua se puedan incorporar, sin vulgares restricciones, a la iniciativa privada del ramo. Faltaba menos.

Chilpancingo.-El-convivio-del-viernes-13

Desayunos, comidas y cenas de lujo, incluidos los cumpleaños, las edecanes, los mariachis, los regalos, las sorpresas para uno/una mismo/misma y para el novio, la novia, el chichifo, los hijos, los nietos, los entenados, la servidumbre.

Caviar y champaña. Vinos de 50 años y bellos mancebos y doncellas de 20. El convite para todos a cuenta del erario: los enemigos y los muy amigos. Los socios y los adversarios. Los prospectos y los ex. Al fin que todo alcanza.

Benito Juárez y su honrosa medianía son asunto del pasado.

Hoy lo que prima es la posibilidad total y absoluta de heredar la plaza:

El hijo del Presidente puede ser un Secretario, Ministro o Gobernador.
La esposa del Presidente puede ser Presidenta, Senadora o Diputada.
La amante de la Gobernadora puede ser Alcaldesa, Cónsul o Coordinadora de Asesores.
El amante del Gobernador puede ser la figura de la millonaria campaña de publicidad, Consejero de Medios o Estrella de Cine.

El erario paga para mantener intocables los privilegios de esa casta de exquisitos, cuyo papel es votar para mantener, a toda costa, ese modelo económico en el que pocos ganan y muchos pierden. El modelo neoliberal del que son instrumento.

¿No es esto el paraíso en la tierra?

¡Si hasta incluye un Manual de Procedimientos, no se necesita saber nada!

¿Te están investigando?
Grita: "No debemos politizar el caso".
¿Te encontraron las propiedades ocultas en Nueva York o Miami?
Grita: "Es golpe político. Voy a presentarme a la elección"
¿Te quieren pasar facturas?
Grita: "Quiero aportar a la campaña".
Tienes las llaves del mar de la serenidad.

Y todo ello, casi sin inversión propia o con una mínima.B9VWyvQCcAA7r_a

¿Medios? El presupuesto paga anuncios en televisión, radio, cine, internet, teléfono, diarios, revistas, libros, columnas, hojas volantes, espectaculares. Todo.

¿Imagen? El presupuesto paga cambio de imagen, vestuario, accesorios y clases de cualquier tipo: para que no tragues como cerdo, para que lleves la cuchara al hocico y no el hocico a la cuchara, para que aún cuando hayas salido de la calle más peligrosa de Las Lomas de Chapultepec o del barrio más exclusivo de Iztapalapa, parezcas fino. Fina.

¿Quién va a decir que no a tal vida de privilegio? ¿Quién va a elevar la voz para cerrar el paraíso?

El lujo, ha escrito Monsiváis, es un árbol genealógico de primer orden, aprobado por sus virtudes teologales, cuya ostentación es su particular certidumbre moral: el dinero es su propia fuente de legitimidad. Y entonces, los gobernantes mexicanos, antes que intentar dejar su impronta en el ejercicio del gobierno, parecen más abocados a disfrutar del privilegio momentáneo, del cargo que ocupan, con un “afán de multiplicar Versalles con la pura voluntad del dispendio”.

Pudiendo gozar ese sinlímite, ¿quién va a votar, quien va a proponer, quién plantear que acaben estos privilegios?

¿A quién le pueden importar el futuro de un hospital del IMSS, la Educación pública gratuita, quién posee el Petróleo, quién la Electricidad... cuánto compra hoy un salario mínimo? ¿Qué diablos es un salario mínimo?

epn-y-familia-en-ruQué Presidente, Secretario, Subsecretario, Director General, Ministro, Magistrado, Juez, Senador, Diputado, Coordinador de Asesores, Gobernador, Secretario Estatal, Alcalde, Consejero del INE, del INAI, de la CNDH, de la Auditoría Superior de la Federación, de la COSEFE, qué funcionario de la Secretaría de la Función Pública, qué General, qué Integrante de la junta del Banco de México, qué Gerente de Consejo, qué presidente de partido político, qué líder cameral, qué líder sindical, qué esposa, esposo, hijo, hija, sobrino, socio, cómplice, nieto, nieta, suegro, consuegro, cuñado, cuñada de cualquiera de ellos va a estar a favor de que esto cambie, si después de líder del narco, es la mejor ocupación posible.

¿Quién, a ver... QUIÉN?♦


Krauze sentencia: CNTE mató a un periodista

¿Se puede construir democracia con un discurso de odio que generaliza, estigmatiza y sentencia sin pruebas?

Viene a cuento la pregunta por un texto publicado en el portal de la revista Letras Libres, escrito por Enrique Krauze, titulado "El diálogo, siempre el Diálogo", en el cual el historiador, erigido en Juez-Magistrado-Ministro, sentencia:

la CNTE "o sus simpatizantes privaron de la vida al periodista Elidio Ramos".

Dejando de lado esa manía discursiva tan krauzeana de comparar aquello con lo que no coincide ya con el nazismo, ya con el chavismo, ya con el populismo, cualquier cosa que todo ello realmente signifique, el texto del 20 de junio, que pretende ser un llamado al diálogo, acaba dinamitando precisamente eso: todo diálogo.

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Krauze se enfila contra la Coordinadora de Trabajadores de la Educación, un organismo legalmente constituido, que ejerce una presión social también legalmente sustentada, contra una medida (la reforma "educativa") que le afecta.

Los calificativos son abundantes:

  • Creo que la CNTE es una organización magisterial de corte revolucionario.
  • Sus ideas y métodos están inspirados en ideologías revolucionarias de los años sesenta.
  • No son demócratas
  • Son minoritarios en términos del magisterio nacional.
  • Son aún más minoritarios en términos de la ciudadanía mexicana
  • Siendo minoritarios, quieren imponerse violentamente a la mayoría.
  • Han abusado de la libertad de manifestación, han afectando las libertades de tránsito y desquiciado la vida de cientos de miles de ciudadanos.

Hasta ahí todo bien. El señor Krauze, ¡Faltaba menos!, está en todo su derecho de considerar a los miles de maestros de la CNTE de lo que se le pegue la gana.

El problema radica justo en las líneas siguientes, donde afirmaciones sin sustento se asientan como verdades establecidas, probadas, firmes:

En Chiapas, ellos o sus simpatizantes utilizaron métodos dignos de la Revolución Cultural China.

¿Y las pruebas, señor Krauze?

¿Está usted completamente seguro de que fueron "ellos o sus simpatizantes" quienes utilizaron esos métodos?

¿Tiene usted en su mano la prueba irrefutable de su dicho?

Y la peor:

En Oaxaca, ellos o sus simpatizantes privaron de la vida al periodista Elidio Ramos porque este registraba imágenes del vandalismo de miembros de la Coordinadora.

Gravísimo.

Hasta donde la confusión lo ha permitido, se sabe que el colega periodista Elidio Ramos Zárate, reportero del diario regional El Sur, que se edita en la región del Istmo de Tehuantepec, fue ejecutado a balazos el domingo por la mañana, por personas encapuchadas, en un crucero de Juchitán.

En este momento (la mañana del 21 de junio) no hay una sola evidencia cierta, jurídicamente probada, de que hayan sido policías encubiertos, maestros encubiertos, sicarios encubiertos o alguien más. Es decir: apenas se investiga el crimen. Y, como ha ocurrido con otros asesinatos, es posible que tardemos mucho en saber la verdad. Si es que algún día la sabemos.

Entiendo los afanes de Krauze. Platiqué con él el año pasado para la revista Emeequis y logré comprender muchos de los puntos de vista suyos que me parecían excesivamente conservadores, incluso autoritarios.

Entiendo su desprecio por las ideologías de izquierda que significan al movimiento magisterial disidente. Entiendo su marcada aversión contra aquellos a quienes "no les interesa la educación de los niños mexicanos. Les interesan sus prebendas y privilegios corporativos".

Entiendo muy bien que para él, y para los intereses que representa, "la Reforma educativa se discutió ampliamente y se aprobó en las Cámaras legislativas y que ahora quieren echarla abajo en las calles mediante acciones de poder".

Entiendo, incluso, su inmenso temor por la "opción revolucionaria que representan la CNTE y quienes la defienden", y el peligro que cree correr si esa opción se hace con el poder en México.

Lo que me parece lamentable, patético y sobre todo peligroso, es que acuse sin pruebas y que sentencie públicamente, como Juez-Magistrado-Ministro, cuando los riesgos sociales de un estallido derivado de la cerrazón, el autoritarismo y el poco tacto, están tan latentes.

Krauze es una voz necesaria para el diálogo. Pero si ésta viene matizada por el odio, la sinrazón y sobre todo la irresponsabilidad, más nos valiera, como sociedad, que se quedara callado.♦


A la sombra del árbol de los abuelos

El periodista que escribe con amor lo que escribe, no es sino un escritor como otro cualquiera
      Rubén Darío

La respuesta puede estar ahí, a la sombra del árbol que plantaron los abuelos. Oculta entre las páginas de aquellos relatos del principio de la modernidad latinoamericana, a la espera de nosotros.

3

Algo me lo dice. Consigo reconocerla en las palabras de Machado de Assis. En la interrogante que el brasileño se plantea en agosto de 1878, y que me afrenta del mismo modo, casi un siglo y medio después: “¿Qué articula una página de crónica en medio de las preocupaciones del momento?”

Cuestión de tender los puentes que soporten el peso de cincuenta mil días. ¿Qué páginas debe escribir el reportero del siglo XXI, para librar la amenaza de la extinción inminente? Somos el eco del grito que ellos fueron. Desafío similar: hacer nacer a un lector nuevo, muy distinto de su antecedente inmediato, para provocarlo a asistir, regocijado, al encuentro cotidiano con nosotros. Traerlo de vuelta a nuestra cita semanal, diaria, mensual, mediada por el viejo triunvirato papel-tinta-imprenta o por la nueva trinidad: aluminio-cristal-Light Emitting Diode.

Agazapada entre miles de palabras olvidadas por nosotros –arrogantes observadores de un mundo que cada momento se parece menos a lo que supusimos que era– la posibilidad se abre con las dudas lejanas del XIX. Los modernistas, claro.

Si ellos fueron los comentadores de aquella vida latinoamericana de entresiglos, de ese mundo decimonónico en crisis, que los desafió hasta descubrirles actitud nueva, sensibilidad distinta, planteamiento estético afinado a golpe de modernidad, es preciso escucharlos. Y aquí una paréntesis: hay que creerle a Baudelaire cuando describe aquella modernidad como lo transitorio, lo fugitivo, lo contingente. La mitad del arte cuya otra mitad era, y siempre lo ha sido, lo eterno y lo inamovible.

Machado de Assis no miente, no puede mentir: lo que articula a la crónica es la esperanza. Ni más ni menos. Palabra de renovador de narrativa brasileña. Palabra de padre del realismo en la alucinación tropical amazónica: la esperanza.

Asoma en la certeza de que hay muchos ojos puestos sobre las letras que nacen de nosotros, benedictinos de la historia mínima, sepultureros de la expresión oportuna. Intérpretes del presente, que vivimos los días exprimiendo los acontecimientos de la calle, escuchando y palpando el sentimiento de nuestras ciudades, para denunciar, aplaudir o patear conforme a nuestro humor o a nuestra opinión. Sí. La esperanza.

¿Alguien puede explicar mejor lo que es necesario que entendamos los periodistas del siglo XXI, inmersos en la urgencia del tuiteo como acto desesperado para seguir vigentes, aterrados ante la reiterada amenaza del degüello?

La crónica modernista latinoamericana –el cubano Martí, el nicaragüense Darío, el mexicano Gutiérrez Nájera, el brasileño Machado de Assis— toma conciencia de que su deber es interpretar su presente cambiante, inasible, vertiginoso. Y ante este desafío asumen el reto de crear una escritura nueva para un nuevo lector.

Surgen, se potencian, irradian justo en la época en que comienzan a definirse, y a separarse, los espacios del periodismo y la literatura. Cuando la literatura es confinada arbitrariamente en la esfera de lo estético, mientras que el periodismo es relegado con la premisa de la objetividad. Par de viejas falaces. Patronas implacables. Las parientes malhumoradas y egoístas.

Ellos, los modernistas, se reconocen intérpretes de su entorno social y de su presente. Pero, al mismo tiempo desclasados y sometidos al vértigo constante, con un horizonte en perpetuo cambio e inestabilidad, atestiguan el trastocamiento de todas esas verdades arraigadas, que se vienen abajo apenas llega el desarrollo industrial a depararles caducidad.

Ángel Rama los define con precisión: heterogéneos, sumidos entre la información más llana y el artículo doctrinario editorial. A medio camino entre la crítica social y la estética de estanquillo, entre el circo de pueblo y la plaza cosmopolita en donde se cuenta, mediante la palabra, que el mundo es vasto y está por ser apenas descubierto.

Está ahí, recién llegado de Inglaterra y Estados Unidos, un novedoso modelo de periodismo, surgido de la mano del telégrafo, que se denomina de forma singular pirámide invertida. Pero ellos, dándole la espalda, vuelcan en los periódicos su propia turbación, todo su azoro, con los recursos expresivos que retoman de su literatura más personal y más genuina.

Si el mundo, que se transforma ante sus ojos vertiginosamente, ha de necesitarlos, pero mejor aún, si ellos habrán de ser capaces de lograr que ese mundo nuevo los necesite, tiene que ser a partir de la reinvención de sus propias condiciones, de la reconstitución de todas esas partes fragmentadas de un todo que el desarrollo pulveriza.

ruben_dario_gEscribe Darío: “la tarea de un literato en un diario, es penosa sobremanera. Primero, los recelos de los periodistas. El repórter se siente usurpado, y con razón. El literato puede hacer un reportaje: el repórter no puede tener eso que se llama sencillamente estilo. En resumen: debe pagarse al literato por calidad, al periodista por cantidad: sea aquella de arte, de idea, ésta de información”.

Como el resto de los cronistas de la modernidad, Darío logra salvar las resistencias ideológicas, comerciales y políticas de los dueños de los periódicos y, al mismo tiempo, se hace distinguir de los repórters, sin perder de vista la cercanía entre periodista y escritor:

Séneca es un periodista. Montaigne y de Maistre son periodistas, en un amplio sentido de la palabra. Todos los observadores y comentadores de la vida han sido periodistas. Ahora, si os referís simplemente a la parte mecánica del oficio moderno, quedaríamos en que tan sólo merecerían el nombre de periodistas los repórters comerciales, los de los sucesos diarios”.

Si la incipiente prensa industrial, como observa Monsiváis, se convierte en eco de la gente del poder y de sus gritos fugaces, los cronistas modernos ponen su acento en plazas, mercados, vecindades y accesorias, en luces y fiestas de rompe y rasga, en ese pueblo sin nombre, de ánimos devotos y reacciones levantiscas. Engendran el cuadro de costumbres para un pueblo que nace a costumbres nuevas y así fundan el espacio sin caducidad de la crónica nuestra.

Su trabajo limítrofe, dice Rotker, desclasado, marginado y marginal, no es tomado en serio ni por la institución periodística ni por la institución literaria, por el hecho de que sus productos no se encuentran definitivamente dentro de ninguna de éstas: la estética que proponen sobrepasa las fronteras de su tiempo, al relacionar elementos del lenguaje y la representación de la realidad, la escritura y la voz propia. Justo la consideración que hoy define al periodismo literario.

Sin llegar a definirlo como tal, Rotker habla de ese género híbrido que nace con los modernistas latinoamericanos, a mediados del siglo XIX. La crónica modernista. Un producto transgresor que, a diferencia de los temas mayoritariamente políticos de la época, se centra en la narración de detalles menores de la vida cotidiana del hombre común, en el modo mismo de expresarla, que irrumpe con fuerza en lo subjetivo, que no respeta el orden cronológico, pero que al mismo tiempo se niega a la ficción. Que establece un pacto de lectura implícito para esa manera suya de reproducir la realidad.

Hay que escuchar los ecos de aquellas tribulaciones. Hay que nadar hacia esa orilla. La crónica que Machado de Assis escribió para el 15 de marzo de 1872:

Progreso
Se han inaugurado los bonds (tranvías) en el barrio de Santa Teresa –un sistema de vasos comunicantes o la escalera de Jacob-, una imagen de las cosas de este mundo.
(…)Está de más decir que las diligencias observaron esta inauguración con una mirada excesivamente melancólica. Algunos burros, devotos a la subida y bajada de la colina, ayer estaban lamentando este paso innovador del progreso. Uno de ellos, filósofo humanista y ambicioso, murmuraba:
-Dicen: les dieux s’en vont. ¡Qué ironía! No, no son los dioses, somos nosotros. Les ánes s’ent vont, mis colegas. Les ánes s’en vont.”

Como Auerbach, entiendo hoy al estilo como un modo de reconfiguración y aproximación de la realidad. Y a su impulsor primordial, la ambición artística, como el instrumento que se adopta –y se adapta- como vital para la representación de la realidad cotidiana.

¿No es una respuesta? Dotar a los textos periodísticos de amplias posibilidades temáticas, estilísticas y lingüísticas y destruir, --no, destruir no: deconstruir—el tiempo cronológico. Ensayar una voz propia del periodista, cargada de reflexión filosófica, de contemplación del ser y sus efectos, sobre los acontecimientos y los hombres, sobre la política y la sociedad de todos los estratos. Si Darío lo hizo, debe ser bueno.

Escuchemos a Machado de Assis, con su voz de asombro como respuesta para el asombro nuestro. Su mirada colmada de nostalgia y humillación, cuando atestigua que cuando un bond sube, otro baja; no hay tiempo ni para una pizca de rapé: con mucho, pueden dos sujetos hacer un saludo de cortesía.

Su tiempo, como el nuestro, entre la noche y la mañana siguiente se ha transformado en otro. Y el modo en que deciden interpretarlo, su mirada subjetiva que roza el arte de la dispersión refinada, alusiva, muchas veces maldosa e irresistible, conquista un lector permanente. Sin caducidad. No parece mala apuesta, si lo miramos con detenimiento. Fortalecen las publicaciones periódicas y les acercan públicos nuevos, ávidos de verse reflejados, se entenderse, de explicarse: de ser juntos, porque aislados son nada.

¿Qué nos toca hacer? Machado de Assis lo dice en El oficio del cronista:

“es necesario tener ideas, en primer lugar; en segundo lugar, exponerlas con acierto, vestirlas, ordenarlas y presentarlas a la expectación pública. La observación ha de ser exacta, la pillería pertinente y leve, los tonos poco a poco tomando calor, una mezcla entre Matusalén y Scapin. Un guiso de moral doméstica y solturas en la calle del Ouvidor”.

Al mismo tiempo que dibuja a un ser habilidoso y servicial, útil a quienes le rodean, también delinea un profesional indiscreto e ingenioso, suertudo, origen y solución de enredos, como el personaje creado por Moliere.

tarda-necrofilia-de-fernando-curiel-revista-azul-19277-MLM20168939116_092014-FY distante, muy distante, del reportero despreciable dibujado por Gutiérrez Nájera, tan parecido a nuestros tuiteos cotidianos de hoy: que tan ágil diestro, ubicuo, invisible, instantáneo, “guisa la liebre antes de que la atrapen”, y es tan hablador, alado, sutil, que no repara en los males que pueden producir sus balbuceos, equívocos.

Porque pareciera que no hace referencia a aquellos reporteros de su tiempo, sino a nosotros, los válidos de la oportunidad, voraces inmediatistas de la verdad extraoficial en 140 golpes de teclado. Gutiérrez Nájera nos bautiza: “seres telegráficos que no tienen literatura, ni gramática, ni ortografía”. Brutal. Que, “como las moscas, no respetan la vida privada”. El tiempo, ya se sabe, es un concepto que nos atrapa en sus vaivenes.

Basta de eso. Los reporteros debemos entender que, si nos comunicamos con el otro, es porque compartimos ciertas metáforas o imágenes comunes. Si la información generada en un punto perdido de Oceanía le importa a un hombre que habita algún sitio perdido de América, es porque todos pertenecemos al mismo caos, con los mismos desequilibrios y las mismas debilidades y proclividades.

Lo dijo García Márquez: la mejor historia no es la que se cuenta primero, sino la que mejor se cuenta. Y a éstas últimas, el tiempo suele tratarlas con total respeto.

Los periodistas de este tiempo, ha dicho Kapuscinski, sienten, tienen emociones, y sentir y tener emociones es ya tomar partido. Han vuelto a ser humanos, por tanto, es parte del deber de ser periodista del siglo XXI recordar que la creación es una rueda que no puede caminar sin aplastar a alguien.

Ciento veinte años después de la muerte de Martí, el eco de sus miedos debe fundar nuestros nuevos territorios. Mantener vigente al periodista, como especialista en la interpretación de los acontecimientos cotidianos de los seres humanos, nos remite obligatoriamente al pasado mejor, para revivirlo y revivirnos.

JoseMarti

Guarecernos, como digo, a la sombra del árbol que ellos sembraron para todos nosotros. Para que nadie diga respecto de nosotros, pobres periodistas perdidos en la crisis de identidad del siglo XXI, lo que dijeron de aquellos ancianos que Machado de Assis reflejó en su texto del 23 de octubre de 1893: “si el progreso no se hubiera atravesado en sus vidas, es muy probable que aún estarían vivos”.

Publicado en Confabulario


Ayotzinapa. "La verdad duele, pero es la verdad": GIEI

Se cumple un año de la desaparicion de los normalistas de Ayotzinapa.Un tumulto entusiasta, diríase eufórico, se forma en torno de las portezuelas del autobús. Las afueras de Tixtla, esa tierra ensangrentada de la sierra guerrerense. Sabemos quiénes son cada uno de los integrantes del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes, el GIEI, porque madres sin hijos normalistas cuelgan sobre sus cuellos collares de flores amarillas, abrazos, llanto.

El pueblo, según dicen las reseñas periodísticas y reflejan los videos, está expectante:

- Vamos a respaldar todo este trabajo que hicieron nuestros compañeros expertos… y por lo tanto, que no quede duda, hoy el Estado mexicano está pisando o pisó en la cuerda floja ¡¡y hoy se derrumbó!!- dice uno de esos padres que buscan a sus hijos. Y estallan los aplausos. En medio de un griterío que clama justicia, verdad y otra vez justicia, estallan los aplausos.

Delante de la mesa de trabajo colocada en el auditorio de la Escuela Normal Isidro Burgos, están los rostros de los muchachos vueltos pancartas. 43 estudiantes normalistas. Desaparecidos todos cerca de Iguala. Y detrás de sus cartulinas están Claudia Paz, la abogada guatemalteca; Carlos Beristáin, el defensor de derechos humanos español; Francisco Cox, el abogado chileno; Alejandro Valencia, el promotor de derechos humanos colombiano. La abogada Ángela Buitrago, también colombiana e integrante del GIEI, no está en el encuentro.

Un día antes han presentado en la ciudad de México los pormenores de un informe sobre la desaparición de los muchachos normalistas en Ayotzinapa, luego de seis meses de trabajo, y ese acto parece tener el efecto de un terremoto con epicentro en pleno Palacio Nacional. Pero peor.

De los discretos “viene fuerte”, que se ventilan en la ciudad de México a finales de agosto, a la demoledora contundencia del informe de casi 600 páginas que se difunde días antes de cumplirse el primer aniversario de los acontecimientos en Guerrero, hay un abismo. El mismo abismo por el que cae la credibilidad internacional del gobierno de Enrique Peña Nieto y su “verdad histórica”.

Los padres, delante de los expertos, no se cansan de decirlo: el gobierno nos mintió. Sí, es cierto, señores. El gobierno nos mintió. Y queremos a nuestros hijos.

Y no sólo eso: con el trabajo pericial realizado por el GIEI caen por tierra buena parte de los supuestos periciales que los expertos de la Procuraduría General de la República dan como “verdad histórica”. Se abren algunas de las claves que explican una verdadera tragedia humanitaria vivida en México. Se abre una esperanza, que en tiempos de muerte es aliento de vida.

Llevan nuestro corazón…

“Ese lazo con las víctimas de Ayotzinapa ha sido fundamental. Y es así en todos los casos en los países del mundo, especialmente de desaparición forzada, al menos eso he visto”, dice Carlos Beristáin.

Es un hombre de mediana estatura, de hablar pausado, con un marcado acento ibérico. Está sentado en el recibidor del hotel donde se hospeda. Está cansado. Ha llegado de Guerrero hace un par de horas, tras una jornada maratónica. Como todas las que ha vivido en México.

-Son el motor de la persistencia. Hacen que el caso no se caiga cuando todo el mundo está cansado. Y ese es el factor clave que ha permitido, no es sólo la lucha por los desaparecidos, una cultura de derechos humanos. Han sido los familiares los que han impulsado la historia, por ejemplo las Abuelas de Plaza de Mayo en Argentina, cuando estaba todo cerrado y no había nada más que el escenario de impunidad. Empezaron a buscar a los nietos. Así se abrió el espacio político y la democracia para el país. Esos factores deben serles reconocidos a los familiares, y no verlos como un obstáculo o alguien que se manifiesta y no confía- dice. Sus ojos son dos cuencas rojizas. En la frente nace el sudor. A pesar de que la conversación se extiende, no pierde la serenidad. Ni el ánimo. Mira hacia el frente como si repasara las imágenes.

-¿Qué le han dicho los padres de familia?

-La cosa más hermosa que se puede decir… y no es retórica: ustedes se llevan nuestro corazón. He trabajado con muchas víctimas. Cuando te cuentan, para ti puede ser una historia más de las miles que has escuchado de terror, pero es su corazón lo que ponen en la mesa. El testimonio late, no es una historia fría, cerrada. Esa es una actitud de confianza enorme porque puedes lastimar fácilmente cuando alguien te pone el corazón en la mano.

- Debe ser muy difícil…

- Sabes que hay mucho dolor. Es difícil. Durante la investigación, fuimos a hacer el reconocimiento de la ropa. Había prendas que no se habían procesado. Pedimos tomar muestras para determinar a qué muchachos correspondían. La ropa y los objetos en los casos de desaparecidos son las cosas que nos humanizan, pues es algo que llevaba puesto, un recuerdo. Y a la vez… es el último hilo de sus hijos, antes de la detención. Psicológicamente es muy duro. Toca una fibra profunda del sentido de humanidad de todos. No sólo es una muestra genética, hacer una identificación. También tiene que ver con sentimientos y convivencias – dice.

Hechos 

Hechos.

El GIEI examinó las 4 diferentes versiones existentes en el expediente sobre el destino de los normalistas. Dichas versiones son: que fueron llevados a Loma de Coyotes, a una Casa de seguridad de las Lomas, al basurero de Cocula y que se trataba de un ataque a un autolavado denominado Los Peques de los Benítez Palacios. Dichas versiones tienen fuertes diferencias entre sí, algunas de ellas se contradicen con los hechos demostrados, y cada una de ellas muestra diferencias en cuanto a las declaraciones de los inculpados con numerosas discrepancias, versiones y distintos señalamientos. Dichas contradicciones e inconsistencias suponen numerosas dudas para la investigación.

Debido a que la versión señalada como más verosímil en la investigación de la PGR era la del basurero de Cocula y las contradicciones existentes entre las confesiones, el GIEI encargó la realización de un peritaje sobre dinámica del fuego en dicho basurero. El estudio fue realizado por un experto internacional en fuego e investigaciones de ese tipo, cuyas conclusiones son recogidas en el informe.

Dicho estudio contrasta los testimonios de inculpados, el tiempo referido de la quema, el combustible que se señala que se utilizó, la inspección del lugar y el diálogo y examen con los peritajes realizados por la PGR anteriormente. Sus conclusiones muestran que la quema de 43 cuerpos en dicho lugar, en el tiempo de 15-16 horas señalado en los testimonios no pudo haber sucedido.

“Ya me cansé”

Es el siete de noviembre de 2014. El Procurador Jesús Murillo Karam ofrece una conferencia de prensa que se prolonga por más de una hora. Quizá dos. Responde una cascada de preguntas en torno de lo que él mismo define como “verdad histórica”. Cualquier cosa que eso signifique.

Al micrófono, ufano, hace desfilar una danza de números oscuros, fatales:

Ciento cuarenta policías ministeriales. Cincuenta y dos agentes del ministerio público, con sus treinta y tres personas auxiliares. Y los peritos especializados: ochenta y siete.

Es el contingente de especialistas que, en número, trabajan en la Subprocuraduría Jurídica y de Asuntos Internacionales para la averiguación SJAI/DGAJ/00081/2015.

Trescientas doce personas. Son 312, para quienes gustan de la visualidad de las cifras. Tres centenares de empleados de la Procuraduría mexicana, quienes viajan a Guerrero para investigar la desaparición de 43 muchachos estudiantes de la Normal de Ayotzinapa.

Después de alrededor de 65 preguntas, Murillo Karam ya no preside el atril, lo utiliza como soporte:

- Nosotros tenemos competencia a partir de que se determina la participación de delincuencia organizada – dice al último reportero que le pregunta y da por terminada la sesión.

- ¡Muchas gracias! – dice al micrófono Murillo y de inmediato, mirando hacia su equipo de Comunicación, suelta una mueca y un suspiro: ¡Ya me cansé!

“Muchas gracias… hemos agotado todas nuestras preguntas”, dice una voz en algún lugar de la sala.

La cámara enfoca a Murillo. Su rostro. Su calvicie. Su cansancio.

La fortaleza que transmiten ellos, los padres

Su voz en el Skype tiene ese dulzor de entonación de los guatemaltecos. Esa especie de susurro de quien, aunque hable de las cosas más terribles, parece cantar una canción de cuna:

- Desde que nos nombró la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, para mi estuvo clara la enorme responsabilidad de colaborar con el Estado y con las instituciones en la investigación de este caso. Y quizá, lo que me ha provocado, es que se ha profundizado esta responsabilidad después de ir a la escuela Normal y encontrarnos con los padres… es un desafío muy grande y una responsabilidad muy fuerte para nosotros.

- Supongo, Claudia, que su encuentro personal con la gente de Tixta, de Iguala, con los deudos de Ayotzinapa, debió remover sus fibras profesionales pero también personales…

- Sí. Sí. Siento mucha admiración por la fortaleza y por la perseverancia de los familiares, por supuesto. Y un compromiso muy fuerte porque, desde que llegamos el 2 de marzo a este trabajo, depositaron en nosotros su confianza. Así que hemos trabajado fuertemente para fortalecer esta confianza. Es un desafío muy grande y una responsabilidad muy fuerte para nosotros. Muy fuerte. Sí. Muy fuerte.

Si alguien quiere llorar, puede hacerlo…

-¿Carlos, qué fue lo que más le impactó cuando leyó el expediente?

-Lo que más impacta es cuando trabajar con las víctimas. Escuchar a la gente, conocer su historia. Y el daño que se ha manejado en el caso es de un enorme grado de confusión, a las víctimas, a la sociedad y de la credibilidad de éstas en las instituciones. Obviamente, también me impactó el grado de deshumanización. Cada caso siempre es nuevo. No, no te puedes insensibilizar frente al sufrimiento porque has visto cosas antes. Conocíamos el impacto del caso. Cuando la CIDH nos llamó por teléfono, dijo: “Queremos que estés en esta comisión. Tienes un día para pensarlo”. Mucha gente de México me dijo: “Uy, vaya lío en el que te has metido”.

-Le aterró la deshumanización.

-La deshumanización e indolencia alrededor del caso. Me duele más ésto que el comportamiento atroz. La deshumanización del otro, desde luego, es dura y terrible. Cuando alguien te dice que ha quemado cuerpos, que les ha disparados a personas. Eso es parte de la historia del sicariato, del militarismo…

-¿Qué le produjo conocer el caso del chico al que le desollaron la cara?

-Primero pensé en qué significa eso para los familiares o qué es lo que quieren ellos que se investigue del caso. O sea, el terror siempre ejemplifica, es muy racional. Pero el terror también es un método: la parálisis, que pases la página, que no te importe, que digas: “Seguro que el chilango, como así actúan los narcos, es un narco”.

ayotzinapa-fue-el-estado-27-03-2015Eso es parte del ejercicio del terror, y creo que tenemos que liberarnos de esa manera de hacer las cosas. Se denigra a la víctimas como una forma de justificar la acción. Recoger el nombre de un desaparecido, mutilado, que no se pierda su historia, es lo único que podemos hacer por él, y creo que tenemos que concentrarnos en eso.

¿Qué podemos hacer por Julio César Mondragón? Construir una historia que le dignifique, no que justifique la acción o aumente la sospecha, es que lo que se ha tratado de hacer. También debemos contribuir a saber qué fue lo que le pasó. Julio César, aunque todos nos quedamos en la imagen del cráneo desollado, fue torturado de una manera brutal, torturado en dos momentos distintos. Señalar la mortal tortura que sufrió y no quedarnos sólo en las maniobras de desollamiento, me parece importante.

Carlos Beristáin comparte que antes de presentar el informe sobre el caso Ayotzinapa el pasado 6 de septiembre, se reunió con los familiares de los desaparecidos y representantes del gobierno federal:

-Al Estado les presentamos las revelaciones para que no fuera una sorpresa, omitimos detalles. En el caso de las familias les adelantamos a grandes rasgos los descubrimientos. Eso les ayuda a prevenirse ante una experiencia estresante y dolorosa. Cuando se dio el asunto de la ropa, nos juntamos con ellas en la Normal para decirles que habíamos descubierto prendas. Todo mundo se quedó chocado-

- ¿Qué les dijeron?

-“¡Cómo es posible que ahora se encuentre esta ropa! ¿Por qué, qué ha pasado?”. Necesitas una explicación para asimilar un hecho así. Después llevamos las fotos de la ropa. Debemos ayudar a facilitar el proceso, hacer un ambiente de confianza, un contexto protegido en el que podamos charlar y donde, si alguien quiere llorar o salirse, puede hacerlo. Hay ese sentir de que ponen en nuestras manos cosas muy profundas. Sabemos que va a haber dolor y tenemos que hacerlo de una forma cuidadosa y positiva.

- Esperan la verdad…

- Las cosas, aunque sean dolorosas, cuando se hacen de esa manera, se asimilan mejor. La verdad duele, da rabia. Hay que ver qué se hace con esa ésta. Pero la verdad también quita pesos de encima. Creo que el informe ayuda en eso a los familiares. Y esto es importante en un contexto en que las versiones que ha recibido la sociedad han sido muy distorsionadas y han tenido un gran impacto- dice.

Hechos

Hechos.

De la reconstrucción de los hechos resalta que los normalistas llegaron a las afueras de Iguala con la intención de tomar autobuses para la marcha anual por el 2 de octubre, en la que se conmemora la masacre de Tlatelolco en 1968, pero sin pretender ingresar al centro de la ciudad. Tras tomar un autobús en el camino, se dirigieron e forma rápida a Iguala para dejar el pasaje, momento en el que quedaron encerrados en dicho vehículo y llamaron a sus compañeros, quienes se dirigieron a la central de Iguala para rescatarlos en los otros dos autobuses. En ese momento, los normalistas tomaron tres autobuses más.

Por lo anterior, cinco autobuses salieron de la estación por diferentes rutas, con el objetivo de salir de Iguala y dirigirse a Ayotzinapa.

Los normalistas llegaron al zócalo de Iguala cuando el evento del DIF hacía tiempo que había finalizado, no boicotearon ningún acto y no llevaban armas. Por otra parte, las autoridades conocían desde las 17:59 horas, a través del C-4, que los normalistas se dirigían a las afueras de Iguala y vigilaron in situ sus actividades. Es decir, no fueron confundidos con ningún grupo de la delincuencia organizada.

Los ataques contra los normalistas incluyeron nueve escenarios y episodios de violencia diferentes, en los cuales murieron seis personas, entre ellas dos normalistas que fueron ejecutados con disparos a quemarropa y otro más torturado y después asesinado. Además de los 43 jóvenes desaparecidos, otras cerca de 120 personas sufrieron ataques contra sus vidas por ser objeto de disparos; casi 40 de esas personas resultaron heridas, algunas de ellas de extrema gravedad, además de que un grupo de 14 normalistas fue perseguido. Los ataques se dieron entre las 21:40 horas y las 02:00 horas de la mañana aproximadamente, de los días 26 y 27 de septiembre de 2014, lo cual muestra la capacidad operativa y coordinación de las acciones de nivel centralizado.

La investigación del GIEI ha mostrado que existía información compartida de lo que estaba sucediendo en el ataque a los normalistas entre diferentes corporaciones del Estado, a través del C-4 y a través de otros mecanismos e instituciones.

Quien esto lea…

David Huerta, el poeta, escribe en las primeras páginas del manuscrito:

Quien esto lea debe saber

Que fue lanzado al mar de humo

De las ciudades

Como una señal del espíritu roto.

Es el libro Los 43 poetas por Ayotzinapa, editado de forma independiente por Ana Matías Rendón.

Son poetas que escriben en idioma otomí, maya, zapoteca, náhuatl. En tantos otros.

De ahí las palabras Kawierë ja’ay, del poeta mixe Martín Rodríguez Arellano:

Gente de Estado

No sonrías

No festejes

Mi desaparición forzada

Ni mi vida extinta.

No digas que el triunfo es tuyo,

No pienses que es a mí a quien dañas,

Porque sucede que tú eres yo.

Si no vuelvo a aparecer o me extingo

Significa que pronto perecerás.

El 27 Batallón

Claudia Paz lo explica con precisión: desde que se constituyó, el GIEI tiene dos fuentes de información. Una es el expediente, que es enorme, y la otra los testimonios y evidencias que recopilan de forma directa.

- ¿Hubo disposición plena de la autoridad?

- Sí, en general. Las diligencias más de 100, sin embargo con quien no hemos podido conversar de manera directa ni estar presentes en sus entrevistas es hablar con los miembros del 27 Batallón…

- ¿Cuál ha sido el argumento?

- Ha sido un argumento que realmente no compartimos, porque ha sido el argumento de que se podría vulnerar la legalidad. Sin embargo nosotros hemos tenido acceso a todas las fuentes que aparecen en el expediente cuando lo hemos solicitado. Hemos hablado de manera directa con los conductores de los autobuses, con los sobrevivientes, con los consignados, con las familias, con otros testigos, y hemos estado presentes cuando la PGR entrevistó oficialmente a los estudiantes también sin ningún problema.

De la lectura del expediente y de las declaraciones que ya se encuentran en el expediente de los integrantes del 27 Batallón, lo que nos queda a nosotros muy claro es que ellos presenciaron, en varias escenas, lo que estaba ocurriendo. Y por eso es para nosotros tan importante poderles entrevistar para tener nuevos elementos para la investigación, pero también nuevos elementos para la búsqueda… sabemos que informaron a sus superiores y necesitamos entrevistarlos para saber qué hicieron, qué dejaron de hacer.

- Al gobierno mexicano, es un hecho que no le gustó el informe. No lo dice abiertamente, claro, pero utiliza sus plumas a modo para criticarlo, desacreditarlo ante la sociedad mexicana, para demeritarlos a cada uno de ustedes...

- Yo creo que lo más importante es la fortaleza de nuestros argumentos. Cada hecho, cada frase que está mencionada en el informe tiene una fuente, una cita que se puede verificar. Afortunadamente, el expediente, por acceso a la información, ahora es público y cualquier ciudadano puede tomar lo que nosotros afirmamos y contrastarlo con el mismo expediente al que todos tienen acceso. Yo creo que es importante estar sujeto al escrutinio ciudadano y por eso nuestro trabajo es público, está en la WEB.marcha

La verdad es incómoda

“Al gobierno no le gustó el informe. Comenzaron las críticas sobre la pertinencia de la investigación”, le preguntamos también a Carlos Beristáin:

-A mí no me importan las críticas. Las descalificaciones por otros intereses tampoco me interesan. Vamos a discutir los casos. Nosotros hemos sido invitados por el Estado mexicano a colaborar con la investigación, hemos avanzado en ella. Las autoridades con las que nos relacionamos, la Secretaría de Gobernación, PGR, han mostrado satisfacción por el trabajo que hemos realizado.

- ¿Así lo manifestaron?

- No existiría un quinto autobús sin la investigación. Hay verdades incómodas, en todos los lugares, pero la verdad es un valor importante. Y si es incómoda, hay que tener una actitud frente a la verdad, porque la negación de los hechos no sirve. Trabajamos sobre cosas que sabemos son delicadas, y estamos al tanto de que hay gente que puede tener interés en que no se conozca la verdad.

“El mismo Presidente ha dicho que quiere que el grupo se quede. Si alguien más quiera manipular, esa será otra historia”.

-Uno de los grandes énfasis de esta investigación es cambiar la actitud para enfrentar una tragedia humanitaria que no se reconoce.

-Uno puede ver el informe. Gente nos ha dicho: “Es que viene duro”, pero esa no es la cuestión. Lo que importa es si lo que nosotros revelamos tiene que ver con la verdad y si ayuda a esclarecerla. No me interesan los calificativos, sino los mecanismos que hay que poner en marcha. El mecanismo del grupo interdisciplinario de expertos independientes ha demostrado, a nosotros y al Estado mexicano, ser eficaz, novedoso. Es la primera vez que se pone en marcha uno así para un caso.

Superar…

Es el 4 de diciembre de 2014. Es el acto inaugural de un puente que comunica al municipio de Coyuca de Benitez con Acapulco, en Guerrero. Quien habla es el Presidente de México, Enrique Peña Nieto:

- Quiero convocarles para que con su capacidad, con su compromiso con su estado, con su comunidad, con sus propias familias, hagamos realmente un esfuerzo colectivo para que vayamos hacia delante y podamos realmente superar este momento de dolor.

Hechos

Verde, blanco y rojo sangre
Verde, blanco y rojo sangre

Hechos.

La complejidad de los presuntos hechos ocurridos el 27 de septiembre sumados a las circunstancias en las cuales la evidencia material fue recogida (con un vacío de custodia de más de 30 días) conlleva a la necesidad absoluta de realizar una investigación de altísimo nivel, con peritos de un nivel de formación y experiencia consistentes con la magnitud del problema.

Dada la hipótesis a validar, la investigación de incendios debió haber tomado un papel preponderante en la recolección y manejo de la evidencia material, definiendo en muchos casos, los protocolos a seguir. Este no fue el caso, con lo cual la evidencia recolectada no permite inferir mayores conclusiones acerca de los presuntos eventos ocurridos el 27 de septiembre o a su correlación con la hipótesis establecida a base de testimonios.

El informe incluye recomendaciones para el caso Ayotzinapa. Dichas recomendaciones subrayan la importancia de continuar unificando la investigación ya iniciada y considerar otras violaciones de derechos humanos y delitos no recogidos; llevar a cabo gestiones y diligencias pendientes y agotar todas las declaraciones testimoniales solicitadas por el GIEI y que aún no se han realizado. Investigar como línea prioritaria del desencadenamiento de la agresión contra los normalistas el móvil del traslado de estupefacientes. Investigar denuncias por malos tratos o torturas con las debidas garantías. Replantear algunas de las hipótesis del caso y líneas de investigación en función de los hallazgos proporcionados por la investigación del GIEI. También señala la necesidad de investigar posibles responsabilidades por su posible participación o no acción frente a los hechos, así como mantener los procesos de búsqueda abiertos con nuevas hipótesis en función de la información aportada en el informe.

Frentes diferentes

“En los hechos lo que a nosotros sí nos llama la atención es que se trató de un operativo a gran escala, en el que estaban actuando al menos dos policías municipales, que podían ejercer violencia y control en dos frentes distintos, porque los hechos violentos se desarrollan en por lo menos dos sitios y además es prolongado en el tiempo”: Claudia Paz.

Datos no incluidos

-Tomando en cuenta lo que hasta ahora se ha investigado, ¿podemos esperar una respuesta certera sobre el paradero de los cuerpos?

-Ojalá. Eso es lo que vamos a intentar. Si tenemos las condiciones para hacerlo, es lo que haremos. Si tenemos acuerdos de cómo orientar el trabajo, la disponibilidad y el equipo. Uno trabaja para lograrlo. Si no se piensa así, no es una buena actitud frente a la situación. Por otro lado, no somos ingenuos. Conocemos las enormes dificultades y laberintos en casos de desaparición forzadas. Vuelves y vas y terminas en el mismo sitio porque hay una historia tejida para que sea así. Hay todo un modus operandi orientado. Por es se lleva a cabo la desaparición, para el ocultamiento. Hay que buscar los factores que ayuden a quebrar esas estrategias de impunidad que conllevan. Es parte del desafío a partir de ahora. Nosotros tenemos un poder pequeño, relativo. No somos quienes dirigen la investigación. Ayudamos o tratamos de ayudar.

-¿Qué buscaba ese modus operandi.

-La desaparición forzada. Luego hay acciones que se casan con una versión y dejan de lado todas las otras posibilidades. Esa no es una buena actitud de investigación, porque dejas cosas por el camino. ¿Si eso es intencional? Nosotros no sabemos, no juzgamos. Nos interesa empujar. Nos interesa la corrección.

La verdad

-¿Hay posibilidades de conocer la verdad, Carlos?

-Hicimos un informe que tiene mucho de esa verdad que se ha tergiversado, que se ha omitido. De ahí en adelante, no. El desafío es poder esclarecer lo que sigue. Entiendo la desconfianza de las víctimas frente a Estado y una parte de la sociedad. Cuando llegamos a México nos dijeron: “No les van a dejar hacer, ustedes no van a poder, será muy complicado”. Pero hemos logrado muchas cosas. Vamos a ver.

No somos ingenuos. Yo he trabajado en las guerras en El Salvador, Colombia, Guatemala, en la República Centroafricana, en el Congo, en Argelia. Conocemos las dificultades, pero hemos venido a hacer un aporte y no a decir si México hizo o no hizo. Queremos empujar, porque es lo que la gente quiere. Los familiares quieren que avancemos. Estamos con el motor puesto en esa dirección.

Tareas urgentes

- ¿Qué falta, Claudia?

- Lo más importante para nosotros ahorita es seguir con tareas urgentes. Una tarea es la búsqueda. Encontrar a los jóvenes. Otra tarea urgente es una línea de investigación que nosotros le sugerimos a la PGR: indagar sobre el quinto bus. ¿Por qué el quito bus no está en la investigación? ¿Por qué aparece con hechos distintos a los narrados por los estudiantes? ¿Por qué nos presentan a nosotros un autobús con características distintas a las que se observan en el video? Esa línea de investigación se encuentra pendiente y sugerimos ahí que se haga a través de la asistencia jurídica con las autoridades de Estados Unidos.

Hechos

Hechos.

El GIEI fue creado por Comisión Interamericana de Derechos Humanos, en acuerdo con el Estado mexicano y los representantes de las víctimas, para brindar asistencia técnica internacional desde la perspectiva de los derechos humanos en la investigación de la desaparición forzada de 43 estudiantes de la Normal rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa, en Guerrero.

 Su actuación forma parte de las Medidas Cautelares MC/409/14 y se da en el marco de las facultades de monitoreo que la CIDH ejerce sobre la situación de los derechos humanos en la región.

Su mandato inicial tuvo una duración de 6 meses, que transcurrieron del 2 de marzo al 2 de septiembre, y en la actualidad sigue su trabajo hasta que se definan las condiciones de una posible prórroga para proseguir con la investigación y el cumplimiento de las recomendaciones.

El GIEI espera que su informe constituya una herramienta para la lucha contra la impunidad y el fortalecimiento del respeto a los derechos humanos en el país.

Vivos se los llevaron

Te preguntas por ratos:

“Si a la octava de día de muertos vienen los que se ahorcaron,

¿Cuándo vendrán los vivos calcinados?

Te niegas a esta idea

Y emprendes la búsqueda

en valles, ríos, charcos, montañas, fosas clandestinas

con una pequeña luz que se ha multiplicado por las voces de otros:

Vivos se los llevaron,

vivos los queremos.”

Winal Xuul, poema de Briceida Cuevas

 

Modus Operandi

-¿Qué pasó con el quinto autobús, Carlos? ¿Por qué se ocultó? No aparece…

-Esa es una vía muy importante. Es la única que explica el nivel de agresión y el modus operandi, porque no hay otra. Esta hipótesis sí explica la saña, el modus operandi, el nivel de agresión de esa noche. Explica todo.♣

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Publicado en Emeequis en coautoría con Guillermo Rivera.


No hay decencia (ni ética) en el México de 2015: Krauze

Enrique Krauze se detiene un poco para meditar sus respuestas, sabedor del peso exponencial de sus palabras. Pero ésta, cosa inusual en la entrevista, la lanza inmediata, implacable: en el México de Enrique Peña Nieto, hay una ausencia total de liderazgo ético.

COl4GI3UwAAxMmbY por eso, precisamente por eso, el país avanza hacia el derrumbe.

Cualquier mexicano habrá escuchado nombrarlo. Krauze es el intelectual por antonomasia: una mente culta, de matiz enciclopédico, con un conocimiento profundo del México de entresiglos, que lo mismo acepta su papel como integrante de esa intelectualidad que le ha quedado a deber tanto al país, que niega su yerro a la hora de avalar reformas estructurales ineficientes, fallidas, porque han sido impulsadas por corruptos.

Krauze habla de diálogo, de ausencias, de corrupción, de civilidad y de esa aún lejana sociedad decente -que define su admirado Avishai Margalit como entramado de instituciones que no humillan a las personas sujetas a su autoridad- para un México que cada vez está más lejos de ser el ideal.

“Estamos detenidos, más que avanzando”, dice el escritor, en una entrevista que, primordialmente pactada para hablar del primer tomo de su nueva colección El ensayista liberal que reúne algunas de sus grandes conversaciones con pensadores, intelectuales, filósofos de todo el mundo, termina en una reflexión precisa, pero serena, del México de hoy.

Y no regatea miradas. Krauze sabe lo que valen sus palabras. En este país tan falto de diálogos, de líderes decentes, de sociedades comprometidas y dispuestas a moverse, él sabe lo que tiene que decir. Y va a decirlo.

- Una de las bondades de su nueva colección, Don Enrique, es reencontrarse con ese diálogo profundo, inteligente, que va más allá de las opiniones epidérmicas. Rescatar el debate de ideas, convergentes o disidentes, como forma de acercarse al otro…

- Yo siempre fui a buscar a los escritores, a los intelectuales que pudieran arrojar una luz sobre la circunstancia del momento y sobre los problemas que veía acuciantes y confusos. Quise buscar claridad en autoridades, para que me dieran su perspectiva más amplia. La realidad mexicana, latinoamericana, la revolución, la utopía, los fundamentalismos… me pareció siempre que complementar la lectura de los libros pertinentes y la conversación con esas personas, me permitía comprender un poco más. Y la comprensión es una puerta de la libertad. Yo creo que el modo de ser libre es comprender. El debate es pobre. Es politizado. Hay mucha politiquería, mucha vanidad.

- Y poca inteligencia, también…

- Cortedad. Yo veo chismografía, y muy poco vuelo, poca compresión y sobre todo muy poca generosidad. Poco sentido del equilibrio, poca perspectiva. La fácil denuncia que he dicho. Hay una especie de tácito, permanente presidencialismo en México. Ya el presidente no es el de aquella Presidencia Imperial. Ya no. Este presidente no tiene el poder de Luis Echeverría, de Carlos Salinas o de Díaz Ordaz… ni el de Porfirio Díaz. No obstante, todo el mundo está obsesionado con el presidente. Bueno, el presidente ha hecho algunas cosas bien y muchas cosas mal. Nada más que la vida mexicana dedica la mayoría de sus artículos a concentrarse en qué pasa en Los Pinos. ¡Es que la realidad mexicana es mucho más amplia de lo que pasa en Los Pinos! Social, cultural y económica. De toda índole. Para bien o para mal. Los matices son muchísimos. Los problemas complejísimos… y seguimos fijos en la idea de que el presidente es el que tiene todos los hilos. Hay una especie de inercia del presidencialismo mexicano en el mundo periodístico y eso empobrece nuestro análisis de la realidad.

- ¿Pero sólo en el mundo periodístico? Yo lo veo permeando toda nuestra cuestión pública…

- Está permeado en el debate en general. En todas las áreas. Tiene ese problema el debate mexicano. En Letras Libres pensamos que el debate y su riqueza son lo que enriquece a la democracia. Hay una liga directa.

Y en México, es pobre el debate. Es pobre por todos esos defectos que me parecen morales: la vanidad, la frivolidad, la propensión de darle al público lo que pide: hay una especie de populismo literario y populismo periodístico. No sólo político. Y todo esto nos distorsiona.

- Hay una serie de ideas que se repiten a lo largo de estas conversaciones… entender la actualidad a partir de lo que la historia nos hereda. ¿En qué momento estamos detenidos?

- Estamos detenidos en la construcción… detenidos, más que avanzando: detenidos. Has usado una buena palabra: estamos detenidos y desorientados en cómo seguir construyendo, no solamente un régimen democrático sino una sociedad democrática, en el sentido más amplio del término: que tenga justicia, que tenga un orden civil, que tenga seguridad para la vida humana, que tenga posibilidades y oportunidades de crecimiento, en donde haya un imperio de la ley: una sociedad que, llamaría el filósofo israelí Avishai Margalit, una sociedad decente. Estamos detenidos frente a otras sociedades.

Cuando se me pregunta qué pienso de España, con todas sus crisis, yo digo: “les voy a pedir un ejemplo. En España sale en primera plana de los periódicos si un señor estrangula a su esposa. Sale en primera plana de los periódicos como un hecho inadmisible y terrible que persigue la policía, eficaz, de manera inmediata y que indigna a la sociedad por completo”. Estamos, en México, a años luz de que eso suceda.

- ¿Qué es lo que nos pasó? ¿Nos atrapamos en los dogmas? ¿En los dogmas liberales, quizá?

- Dogmas liberales quizá no… conformamos una sociedad democrática occidental, una democracia sin adjetivos.

- Sin adjetivos, vale… pero que no ha podido establecer una estructura idónea para una sociedad particularmente corrupta y permisiva…

- ¿Qué es lo que pasó? Nos pasó el siglo XX. El XX mexicano tuvo algunos aspectos positivos. Por ejemplo, un siglo básicamente de paz, ordenado, hubo crecimiento económico, un proceso de urbanización, crecimiento demográfico, el país se modernizó en muchos aspectos. Además hubo paz externa. México fue una especie de isla de paz en medio de dos guerras mundiales. Hubo aspectos buenos, pero mientras, vivimos 70 años bajo un régimen de partido casi único. Bajo el sistema político mexicano, el del PRI, no nos dábamos cuenta de que estábamos dejando a un lado una asignatura fundamental que es la del cumplimiento de las leyes. Todo lo que es la estructura jurídica y cívica de un país.

- Y lo que implicó…

- Como todo el entramado judicial de un país, que va desde leyes, policías, cárceles, ministerios, procuración de justicia… todo ese universo estaba absolutamente politizado y dependiente del poder ejecutivo. A nadie se le ocurrió que había que fortalecer a ese poder olvidado que era el poder judicial. No hablo solo de la Suprema Corte, hablo de todo el entramado. Porque en México las cosas se resolvían de este modo: primero, el Estado monopolizaba la violencia (legítima e ilegítima). Tenía diálogos con los grupos criminales, supeditaba toda la violencia. Y si había un delito grave, era obvio que el presidente tomaba el teléfono y le hablaba al secretario de Estado, de Gobernación y ese delito se resolvía. No se perseguía ni se juzgaba conforme a la ley, sino se suprimía al personaje, se le metía la ley fuga, vaya usted a saber. Se nos olvidó la asignatura judicial en México. Y eso es lo que estamos pagando. Cuando se hunde, cuando entra la democracia (y qué bueno que entra la democracia en tantos aspectos: libertad de expresión, elecciones razonablemente limpias) bueno, nos ocurre que irrumpe la evidencia del crimen organizado, de la lacerante corrupción, permanencia de la corrupción en todos los niveles políticos.

- Y la impunidad…

- Y la impunidad, que es la regla de México. En México nadie cree que si hay un delito alguien lo va a pagar. Vivimos en la ley de la selva. Eso lo plantamos los mexicanos en el siglo XX y lo estamos viviendo en el siglo XXI. No hemos aprendido cómo lidiar con eso y como construir. Y por eso estamos detenidos. Y contra eso no basta denunciarlo, no basta culpabilizar, es importante denunciar, culpabilizar, pero lo que importa es comprender y construir entre todos ese entramado que nos faltó y nadie parece saber cómo.

- Y, ahora que lo menciona, pienso que esa falta de discusión nos impide avanzar.

- Si tú no ves con claridad las cosas, difícilmente encuentras una solución. Si no entiendes tu circunstancia, nada. Y aquí no es que estemos necesitando la inmensa sabiduría de un cónclave de historiadores y de sabios… ¡Se trata a veces del sentido común! Como decir “en este berenjenal, en esta situación nos metimos todos y ya lleva años, décadas”, no podemos pensar que esto puede cambiar de la noche a la mañana. Es muy difícil. Tenemos que pensar que es importante que cambie y que es necesario que inmediatamente empiece a cambiar. ¡No basta denunciar! ¡Hay que decir cómo! ¿Que los políticos no sean corruptos? ¿Cómo cambiamos? ¡Esto no es magia! Un movimiento nacional para desvincular la PGR del poder Ejecutivo, quizá… que haya una especie de Presidente Judicial de México…. no sé… es una idea. No veo muchas ideas en el ambiente. Lo que veo es una especie de borrachera de denuncias.

-Una borrachera entendible, por cierto, porque estamos ahogados de denunciar

- No, claro… la indignación es entendible, natural y necesaria, pero la indignación es un sentimiento colectivo o individual, no es un programa de acción política ni un programa para un país. La indignación puede muy fácilmente volverse auto-indulgencia y pereza.

-¿En eso estamos ahora?

- Sí

¿Un Presidente Judicial para México?

Estamos en el México de la impunidad. Lo sabe Krauze y lo sabemos todos. Que de las cárceles mexicanas escapa quien puede, con habilidad para burlar la ley, pagar apoyos o romper barrotes. Y si no, ahí está el Chapo para confirmarlo.

Por eso, Krauze es vasto a la hora de citar a uno de sus autores de referencia. Y en Gabriel Zaid, en su artículo demoledor ¿Por dónde empezamos?, publicado en el diario Reforma en octubre de 2008, encontramos la síntesis perfecta de nuestra desventura: la podredumbre perfecta de nuestro sistema judicial:

“No es fácil que las investigaciones conduzcan al arresto del culpable, porque es más fácil arrestar a un inocente, porque los criminales reciben avisos de las autoridades para huir o porque las esperan con armas de alto poder: desde los cañonazos en efectivo hasta el degüello. No es fácil que la consignación termine en castigo, porque es difícil reunir pruebas contundentes, y cuando las hay desaparecen; porque los testimonios, confesiones, peritajes, documentos y objetos recogidos suelen estar contaminados por procedimientos ilegales, ineptos o corruptos; porque el ministerio público no es profesional cuando lleva su caso ante el juez, o lo presenta mal deliberadamente.

No es fácil que el juez condene al culpable, porque la acusación o las pruebas son incompetentes; porque los criminales tienen buenos abogados, amigos poderosos y dinero; porque los expedientes son largos y el proceso lentísimo y manipulable; porque sabe cuántas decisiones judiciales no se cumplen; y que nadie lo protegerá, ante el dilema de recibir plata o plomo.

Así lo reflexiona Krauze, cuando menciona reiteradamente los conceptos decencia y ética y me hacen preguntarle si los considera los principales problemas de nuestra sociedad hoy:

- Todos están interconectados. Impunidad con inseguridad, inseguridad con la falta de una estructura de procuración de justicia… son vasos comunicantes . Todo está relacionado. Pero yo insisto ¿dónde está la génesis de esto? Aquí hay una labor de comprensión histórica y una labor de responsabilidad política, pública y cívica. La comprensión histórica es: no hemos dado cuenta clara de hasta qué grado el Siglo XX nos condenó a una especie de infantilismo político y cívico. Yo he procurado hacer contribuciones con eso a través de mi libro La Presidencia Imperial, con mis ensayos, pero tampoco estoy pretendiendo que yo he encontrado el hilo conductor. Por otro lado: responsabilidad. Subrayo. Muy pocos autores nos dicen cómo. Uno es Gabriel Said. En su artículo ¿Por dónde empezar? habla de las prisiones, aduanas, notarios, ahí está hablando de por dónde empezar. ¡Empecemos por las prisiones!

Si no podemos limitar el territorio pequeñísimo de las prisiones ¿ cómo puede el gobierno pretender que puede controlar el territorio nacional? Empiecen por convencernos de que pueden controlar las prisiones.

- Recuerdo un texto suyo… en 2013, festinando la reforma estructural planteada por el gobierno mexicano. A la luz de las circunstancias evidentemente fallidas de la reforma energética, de la reforma educativa, de la reforma hacendaria ¿tendríamos que llamarnos a la reflexión de hasta dónde y, sobre todo, cómo queremos cambiar?

- Cuando se aprobaron las reformas estructurales… reformas que, en términos generales yo apoyé… porque yo creo que son, en términos generales muy positivas, yo publiqué en el New York Times un artículo diciendo no había nada qué festejar. Y además la gente no está festejando nada porque la vida no ha cambiado. ¿En qué no ha cambiado? La violencia sigue, la inseguridad sigue, la impunidad sigue, la corrupción sigue. La vida en México, como dice la canción de José Alfredo Jiménez, no vale nada. Las madres siguen acostándose en la noche con la angustia de sus hijos. Corre el dinero, corren las diversiones… pero aquí en México no se respeta la vida humana.

Estamos deprimidos por la corrupción y por el crimen organizado y por la impotencia que percibimos en la persecución de esos delitos. Para no hablar de los problemas ancestrales de desigualdad y pobreza. Entonces, mientras no empiece a haber cambios ¿cuál triunfalismo? No solamente es condenable el triunfalismo, sino aún los avances esos serán precarios, mientras no exista un cambio en lo central, que es el tema de la violencia, la corrupción y la impunidad.

Bueno, días después vino Ayotzinapa, la Casa Blanca… todo lo que ustedes ya saben. Entonces, qué le puedo yo decir? Plantearse una mejoría, una modernización del sistema educativo en México está bien. Plantearse una apertura del sector energético está bien. Que las telecomunicaciones tengan competencia está bien. Que los bancos tengan una mayor flexibilidad financiera está bien. Que la reforma hacendaria, para que sea más equitativa, a mi me parece que está bien, aunque algunos le critican que introdujo inoportuna porque desalentó el crecimiento. Todo eso está muy bien, pero para mi ese no es el problema de México. El problema de México es el que hemos estado conversando usted y yo.

- La impunidad…

- Sí.

- Y me pregunto si una reforma estructural, impulsada por un gobierno, por una clase política tan fehacientemente corrupta como ésta, sin ética, sin moral, puede impulsar un cambio… pienso en la Reforma Energética, en el fracaso de la Ronda Uno, en que los capitales no llegan, porque la corrupción es tan alta que no hay garantías para la inversión. Pienso en la Reforma de Telecomunicaciones, que da canales de televisión abierta a sus leales, al postor más retardatario pero abyecto al poder político en turno…

- Yo creo que las reformas en papel están bien y las reformas pueden ser positivas… pero a todas estas reformas debería de animarlas un sentimiento nacional de decir: los que mandan tienen legitimidad ¿no? Ha habido momentos de eso. Por ejemplo, en tiempos de Zedillo. Es verdad que toda la clase política nos ha quedado a deber. Estamos viviendo un tiempo muy distinto, incluso a aquel de fines del siglo XX, cuando un José Woldenberg dirigía el IFE y Alonso Lujambio estaba ahí. Era una etapa en la que todos los partidos, de izquierda, el PAN, estaban como dirigidos al “vamos a cambiar de veras a México”, para empezar en la política…

- Pero eso no ocurrió…

- Yo siempre creí en la importancia de la política sin adjetivos, pero si hay tanto descrédito, si la clase política misma sufre ese descrédito, las reformas se vuelven mucho menos viables.

- Y mucho menos efectivas, porque están en manos de los ladrones…

- Pero yo, no solamente señalaría a la clase política: francamente creo que muchas instituciones están requeridas de crítica y de autocrítica. El mundo de las comunicaciones, el mundo empresarial, el mundo periodístico…

- Bueno, de ese ya ni hablar…

- Si quiere que le sea franco, yo creo que la iglesia, los sindicatos, todo… necesitamos entrar en un profundo periodo de autoanálisis, comprensión, para buscar las salidas, pero no podemos abandonarnos al desaliento, a la depresión nacional de decir que esto no tiene ninguna salida. Ahí sí yo creo que el sentido común diría que hay que ver el espejo. Poner las cosas en perspectiva en esos casos. Mire usted lo que está viviendo Venezuela, el infierno venezolano.

- Terrible lo que pasa en Venezuela, pero …

- Mal de muchos, consuelo de tontos… nada más que es muy importante poner los problemas en perspectiva. No hay un solo aspecto de la sociedad venezolana en este momento que no sea una tragedia sin precedentes. Ni Cuba. El país más rico en petróleo de América se está volviendo una Cuba de desabasto absoluto, pero además opresivo y con un criminalidad infinitamente mayor que la nuestra...

- Es un derrumbe total… como el nuestro

- No, esto es una destrucción… estamos viendo ante nuestros ojos el derrumbe, como el de las torres gemelas, el derrumbe de un país completo, de una sociedad completa… bueno: México no está ahí. ¿De qué nos sirve saberlo? Nos sirve solamente para poner en perspectiva las cosas. Saber que si no estamos ahí, nada nos garantiza que no podamos estar ahí.

- Y que vamos hacia allá a pasos agigantados…      

- Y que vamos a un paso de deterioro y que más vale que revirtamos el camino y que busquemos el modo de hacerlo. Ahora, ese modo no va por la abolición de la política ¿eh? Ni va por la antipolítica… y a mi juicio tampoco va por el populismo. Es decir: es importante de ir por una crítica profunda y de un replanteamiento de nuestro régimen político y de muchas cosas concretas del cómo que le decía antes.

- Crítica con acción…

- Con acción positiva y no demagógica. Hay que voltear al mundo, aunque nada está bien en el mundo. Y México, cosa que se le olvida a la gente, de veras sí pertenece a un planeta llamado tierra…

- ¡¿No es un satélite?!

- Jajajá… no es un satélite ni está en un territorio de Marte. Tenemos problemas similares a otros lugares ¿Por qué debemos buscar esas respuestas también allá afuera? Entender lo que pasa afuera, para entender lo que pasa adentro. Quién sólo conoce España, no conoce España, dijo Hugh Thomas. Quien sólo conoce México, no conoce México. Entonces yo creo que debemos voltear a otros lados, no para sentir alivio sino para decir: ¿por qué esa sociedad se precipitó en ese abismo, cómo fue eso? Tomar de otras experiencias la amargura y las buenas prácticas, para aplicarlas.

- ¿Y cómo nos quitamos estos resabios de cleptocracia?

- La cleptocracia es una cosa tan antigua como todo el siglo XX, para empezar. Es poniendo en la práctica acciones e instituciones, personas, de una manera fragmentaria pero continua. El gran teórico político Karl Popper hablaba de la ingeniería social fragmentaria. En vez de las grandes utopías, la ingeniería social fragmentaria. Necesitamos muchos ingenieros sociales fragmentarios que apliquen en cada aspecto mejoras… que vayan mejorando a la sociedad por fragmentos… y que la sociedad y el país vaya mejorando por islas, por lugares, por estados, por municipios, por zonas.

Y además, le quiero decir: un análisis objetivo descubriría que tenemos muchas zonas de excelencia: en la cultura, en la economía, en la industria, en el deporte. Hay muchas cosas en las que México descuella. También, toda esta especie de catastrofismo negro que dice que todo está mal… perdón, pero hay muchas cosas en este país que están bien y que incluso son excelentes. Pero, por eso, hay un gran problema, vivimos una especie de Babel o de confusión compuesta de todos los elementos.

El gobierno de los ladrones…

Platicar con Enrique Krauze es un desafío intelectual tremendo.

Lema de campaña
Lema de campaña

Da lo mismo que uno disienta o coincida con él, escucharlo es entrar en el trote de una inteligencia privilegiada. A lo largo de su plática surgirán de él inagotables anécdotas, citas, nombres, datos, difíciles de seguir. Trota su mente privilegiada.

Por ello, cuando la conversación se torna una radiografía del México que él observa, me parece idóneo preguntarle sobre una idea que leí al filósofo catalán Josep Ramoneda: los gobiernos del mundo neoliberal le han perdido el miedo a las masas. Y ello, por ende, los ha tornado arrogantes.

-Fíjese que yo creo que estamos más bien ante gobernantes desorientados, temerosos, que saben que han cometido errores terribles y no los encaran, no saben cómo encararlos… gobernantes inmaduros, impreparados, con un componente de arrogancia.

- Y profundamente corruptos…

- El problema central es ¿dónde está el liderazgo ético? Daniel Cosío Villegas siempre habló del liderazgo ético. Pero ¡ojo! Cuando habló de liderazgo ético, no estaba hablando de liderazgo iluminado…

- Que es una perversión…

- ¡Que es una perversión! No. Cosío Villegas no estaba diciendo “yo soy un santo, soy perfecto y todos los demás son corruptos”. No. Estaba hablando de un liderazgo ético: líderes… que las persona crean en ellos y que humanamente hagan todo lo posible por hacer prácticas y un gobierno responsable. Y que, desde luego, en su vida privada sean absolutamente diáfanos y limpios. Eso sí. Ahora, hemos tenido gobiernos así, muy pocos, pero si algo podemos rescatar de lo mejor de México, de los mejores momentos de México, es el México liberal. Y yo creo que la gran fuerza del liberalismo mexicano, en la época de Benito Juárez, fue el liderazgo ético. Esa elite tenía liderazgo ético. Francisco I. Madero fue un líder ético. También fue locuaz y loco, desaforado…

- ¡Usted es un maderista convencido!

- Jajajaj… soy maderista con adjetivos. Ya no tan maderista. No porque… era muy inteligente… era espiritista y era medio místico… y toda esa cosa lo hizo hacer muchas tonterías… pero un liderazgo ético no. México necesita un liderazgo ético.

- Hoy no lo tiene.

- Hoy no lo tiene.

- ¿El presidente Enrique Peña Nieto no tiene liderazgo ético?

- No. No lo tiene. México no tiene ese liderazgo ético.

- ¿Dónde lo podemos buscar?

- Sinceramente, no lo se. Porque yo creo que hay personas con autoridad ética, en muchos ámbitos de México. En la empresa, en el ámbito religioso, en la intelectualidad. El caso de Gabriel Zaid, que a mi me parece el caso del más discreto pero más profundo liderazgo ético. Yo creo que existe y no dudaría en pensar que… está Luis H. Álvarez en el PAN… yo diría que hasta en el propio PRI ¿no? Pero… si usted ya me está preguntando en términos electorales…

- No. No me interesan los términos electorales, doctor. Eso está tan podrido que…

- Sí. Yo le diría a usted que deberían de surgir… de que alguien, las generaciones jóvenes inventen instrumentos, foros, hechos actos ámbitos de debate. Para que surjan y se expresen. En ese sentido yo quiero decirle que las generaciones mexicanas jóvenes, de 45 para abajo, nos han quedado a deber ¿eh?

- Yo soy uno de ellos…

- Mi generación hizo su parte. Para empezar puso su cuota de sangre, por ejemplo en el advenimiento de esta imperfecta democracia en que vivimos. Ahora, las generaciones siguientes, muy buenas para la denuncia y muy malas para la organización. La denuncia es lo más fácil en el mundo. Usted, para sentirse muy cómodo denunciando, abre su cuenta de Twitter o Facebook y le mienta la madre al presidente. ¿Cuánto tiempo se lleva una mentada de madre? Probablemente 20 segundos.

- Un poco más si es completa…

- Si es completa, bien, 20 segundos. Si le quiere poner emoticones, se lleva un poco más, pero no más de un minuto. Cierra usted y se va a tomar una copa feliz consigo mismo, porque ya contribuyó con su denuncia. ¡Qué heroico soy! Bueno, eso llévelo a artículos periodísticos, a firmas de abajo firmantes… ¡eso no es más que vanidad de vanidades! ¿Cómo se crean liderazgos nuevos? Creando espacios y foros de genuino debate nacional. De ahí surgen. ¿En qué quedó el 132? Le voy a decir: en la frivolidad de la denuncia. Yo se que se sienten muy chichos: ¡Ya le mentamos la madre a Peña Nieto! ¿Por qué no hacen una asociación cívica, un partido? ¿No les gusta la realidad? Dejen de culpar a los sesentones, a los setentones. Incorpórense y hagan un nuevo partido. ¡Incidan en la realidad! ¡Necesitamos foros! Nos han quedado a deber mucho, las generaciones académicas, periodísticas e intelectuales…

- ¿Hará falta un sacudimiento?

- ¿Pues qué más sacudimiento queremos?

- Perdimos capacidad de asombro. Cierto. Cuando pensamos que ya tocamos fondo, aparece un infierno aún más profundo…

- ¡Ah, eso sí! Estamos viviendo al día. De milagro como en la lotería, diría Ramón Lopez Velarde: en un cómodo -o incómodo a veces- flotar. Navegar, diciendo ¡está del carajo todo! Denunciando, echando pestes

¿Dónde están las nuevas organizaciones? ¿Dónde están los grupos? Están en la provincia en algunos lugares, en sociedades que no resuenan. Están en la obra de ciertos artistas, autores, escritores, ciertas obras buenas que se hacen en México, en obras sociales que son anónimas. Y está, no quiero ser demagógico, en el trabajo de las mujeres mexicanas, por ejemplo, que no se pueden dar el lujo de discutir, porque se levantan en la mañana a salvarnos a todos... pero que las clases rectoras intelectuales, políticas, académicas, no entiendan que es hora de intentar nuevas salidas institucionales, eso sí es un crimen.

- Criminales…

- Nos han quedado a deber. No: habría que decir ¡les hemos quedado a deber, porque formo parte de eso!

- ¿Tiene margen para el optimismo?

- Sí.

- ¿Dónde lo pone?

- … mire… Váyase a caminar al Centro un domingo. A cualquier plaza de pueblo -aunque sabemos que muchas están bajo fuego-. La inmensa mayoría de México, por algún motivo, de una sabiduría heredada, tiene un semblante alegre. Cosío Villegas escribió un texto que dice: “sólo le pido a Dios, que el mexicano nunca pierda esa actitud ante la vida, esa sonrisa, ese semblante alegre. Eso le pido”. ¡Y mire que Cosío era un liberal jacobino y nunca mencionaba a Dios! Así decía, en un texto precioso que se llamaba Rogativa. En ese mismo texto también pedía el advenimiento de un líder ético. No veo hoy líder ético. Veo un líder iluminado. Cuando menos puedo pensar en dos ya. Y no veo liderazgos éticos claros entre la gente joven.

Pero esa es mi primera fuente para no abatirme: los jóvenes. En la increíble capacidad de trabajo de los mexicanos y mexicanas. Luego, los que se han ido a Estados Unidos a ganarse la vida. En la diversidad económica de México.

Este México no es el que era en 1980: hay mucha diversidad y potencialidad económica. En las mujeres mexicanas y en los jóvenes hay un inmenso deposito de vitalidad y creatividad. Hay que reconocerlo y alentarlo.♠

Publicado en Emeequis


Chapo Guzmán: un sociópata desnuda al Estado mexicano

fuga_del_chapo_guzman_afp_0Él conoce bien esta trama. La historia del hombre más peligroso de México. Me lo hace notar un par de veces, cuando llama mi atención a ciertos detalles que no capto, que quizá no hayan captado muchos en los registros de la fuga de Joaquín Archivaldo Guzmán Loera, el Chapo:

- ¡Fíjate bien! ¡Fíjate!  En el minuto 20:50 con 51… el plan ya tiene un retraso. El Chapo se aguanta por lo menos un minuto en la letrina, pero está viendo de reojo, ansioso, con la cabeza girando a tres cuartos, hacia el cubo de la regadera. ¿Lo ves? ¿Lo ves o no lo ves?

- Sí parece…

- ¡No parece… obsérvalo bien! En el minuto 51 con 14 va hacia la regadera… mira hacia abajo. Velo. No encuentra nada pero parece que ya está escuchando ruidos bajo la loza. Su cara ve al suelo. Cualquier análisis de lenguaje corporal va a confirmarlo: está ansioso por la espera.

Y sí. Eso parece: el Chapo está a la espera de que alguien lo ayude.

A ese hombre, que vemos en el video difundido por la Secretaría de Gobernación, lo podemos hacer repetir sus pasos uno a uno: termina de mingir en el minuto 51:08 de las ocho de la noche. Se lleva las manos a la bragueta. Entra al cubo de la regadera. Mira hacia abajo y sale de ese espacio. Dos pasos exactos y se jala el pantalón por la cintura. Otros dos pasos y llega hasta el camastro.

Casi podemos adivinar el sonido de sus chanclas barriendo el suelo. Su angustia. En los pasos seis y siete da la vuelta. Al doceavo ya está de nuevo ante la letrina a ras de suelo. Oprime el botón del agua. Mira hacia la regadera. Y espera. Encorvado. Cabizbajo. Greñudo. Como quien aguarda por la noticia de un parto anhelado, el Chapo espera.

Porque antes de que llegue la ayuda, sin esa fuerza exterior que lo rescata, lo libera, el Chapo es un hombre encorvado, un gorrión atrapado entre el cubo de la regadera y las rejas de su celda.

-Cuando vuelve hacia el cubo de la regadera y se agacha, el cuerpo de vigilancia y monitoreo debió alertarse: son aproximadamente 30 segundos, a una hora en que no está permitido el aseo personal- dice mi fuente. Quiere explicarme su indicio: el plan para liberar al Chapo ha debido contar con participación interna y externa, y la procuraduría está abocada a descubrirlo. A pesar del descrédito.

Son casi diez minutos antes de las nueve de la noche del sábado. Si el plan se retrasa más, a las nueve será imposible que el Chapo continúe levantado sin despertar sospechas.

Pero lo que ocurre inmediatamente después, al minuto 20:52, para una autoridad alerta, debieron ser los signos claros de lo inusual:

chapo-guzman-capturaEl Chapo, que ha estado dando vueltas de su cama a la regadera, finalmente se asoma al cubo donde a diario se ha bañado, y unos segundos después sale del área, ya con una actitud corporal distinta: camina erguido. Decidido.

Con un paso lejos del aletargamiento previo, se sienta en el camastro y con la mano derecha saca un par de tenis. El zapato derecho primero. El izquierdo después. Con igual determinación camina por última vez hacia el cubo de la regadera. Va apurado. Al minuto 20:52:15 el hombre vuelve a agacharse en el cubo de la regadera. Siete segundos después con una mano jala una chamarra que cuelga del medio muro que divide la regadera de la letrina. Y se va.

-¿Y a qué hora se quita el brazalete?

- Es un dato que no tengo.

-¿Y ese iPad?

-No es una iPad, es una pantalla portátil que ya está siendo analizada. No se descarta que sea el instrumento con un chip de geolocalización que necesitaron para identificar las coordenadas precisas de su celda- dice mi fuente.

- ¿No lo revisaron?

- Tenemos registro de una revisión.

-¿Desde cuándo la tenía?

- Hay registro desde el año pasado. La introdujeron poco después de su ingreso. Se va a realizar peritaje a todo: a más de 13 mil horas de grabaciones, de la celda y de las áreas comunes, los registros de visitas, médicos, psicológicos, y todo lo que sea necesario.

-¿Ya se sabe cuánto tiempo ganó el Chapo desde que desapareció hasta que se activó la alerta? Reforma dice que 30 minutos- le digo. Hay un ejemplar de ese diario sobre nuestra mesa.

-Alrededor de 27 minutos. No más.

Quien dice esto, un hombre sin nombre, conoce a la perfección el trabajo profundo de investigación en la Procuraduría General de la República. Ha estado ahí desde que Jorge Carpizo era el procurador, en 1993. Alguna vez en las primeras filas. Ya no.

Cosas de un país de círculos viciosos: cuando él entró ahí, en la época de Carlos Salinas de Gortari, aprehendieron al Chapo por vez primera. Ha corrido mucho narco desde entonces.

El hombre, pues, sabe de procedimientos, de indicios. Y para comprobarlo me dice que la averiguación previa por la nueva escapatoria del narcotraficante más buscado en la historia moderna del país ya tiene un nombre. Se llama PGR/SEIDO/UEIDCS/348/2015. Y que nació el domingo 12 de julio, temprano por la mañana, con una línea de investigación precisa: la acción delictiva concertada en la evasión de interno.

Eso justamente: el Chapo no escapó del Penal de Máxima seguridad del Altiplano. Al Chapo lo ayudaron a escapar.

Porque, más que un héroe o antihéroe moderno, es una pieza, importante, sí, pero pieza al fin –prescindible, intercambiable, desechable- de una maquinaria más grande, fuerte y poderosa que él: el negocio internacional de las drogas.

155 centímetros de odio social

Pone el mapa sobre la mesa. Sobre éste, un plano tipo Guía Roji, va dibujando círculos pequeños, cada vez más pequeños, conforme enuncia los nombres: Cártel de Sinaloa, Los Zetas, Cártel del Golfo, Cártel de Tijuana, hermanos Beltrán Leyva, el de Juárez, los Caballeros Templarios, la Familia Michoacana y Cártel Jalisco Nueva Generación. Nada escapa a esos círculos. Estamos todos atrapados en ellos.

Los amplios territorios que hace 20 años controlaban los viejos cárteles de Amado Carrillo, los Arellano Félix o el propio Chapo, se han fragmentado a tal grado, en tantos círculos, que el mapa es ahora una piscina de aros pequeños como dibujados por un niño. Diminutos. Terribles.

De aquellas leyendas del narco, Benjamín Arellano Félix, Amado Carrillo El Señor de los Cielos, Miguel Ángel Félix Gallardo, Ernesto Don Neto Fonseca, Alcides Magaña El Metro, Jesús Chuy Labra, Ismael El Mayel Higuera, incluso Rafael Caro Quintero, sólo queda en pie el Chapo. Y su reino aunque fragmentado, aún es poderoso.

Los reportes de inteligencia de la PGR, igual que los análisis de organismos como la DEA, encontraron que, tras la caída del Chapo, esa pulverización de mandos se agudizó, porque en el Cártel de Sinaloa hubo una sucesión de mandos para establecer un poder bicéfalo con Ismael El Mayo Zambada y Juan José Esparragoza, El Azul como cabezas visibles. A ese poderío se sumaron los hijos del Chapo.

Al mismo tiempo que se fragmenta el negocio, la situación contribuye a prolongar la ya demasiado larga temporada de enfrentamientos sangrientos, salvajes, entre los cárteles.

El negocio es inmenso. Y no sobra el calificativo. Sólo un dato:

Cuando aprehenden a Osiel Cárdenas Guillén, el Chapo intenta hacerse del control del cártel y de la plaza de Nuevo Laredo. Enfrentado con los Zetas, la carnicería que hay entonces en esa zona es tal, que el rojo en Tamaulipas no puede ser costra todavía.

¿El Chapo decidió esa confrontación?

Según su propia versión, sí.

Toda una osadía. Porque la osadía es signo sobresaliente del Chapo. Un ser vengativo, calculador, como lo describe su perfil criminológico elaborado por la PGR: 155 centímetros de odio contra la sociedad.

De alta peligrosidad, hábil planificador, organizador y negociador, es tenaz, obsesivo, porque tiene un profundo sentimiento de inferioridad, producto de su estatura “que refleja mediante una expresión de superioridad intelectual y de ambición desmedida por el poder”.

¿Pero el Chapo es particularmente ese monstruo inteligente, analítico y eficaz que parecen exponer sus muchos retratos?

Mi fuente responde que no. Que particularmente no. Astucia promedio. Ambición grande, pero inteligencia media. Porque, en todo caso, es una pieza fundamental, pero pieza al fin, de un engranaje más complejo que lo requiere, pero que puede llegar a sustituirlo si es preciso. Como ha ocurrido antes.

Cuando un colega periodista le pregunta eso al ex director del CISEN, Guillermo Valdés, éste considera fundamental un dato: de la época en que el Chapo se hace cargo del cártel de Sinaloa, los años 80, sólo queda un narcotraficante famoso en pie: él.

-El Chapo es una gente que ha conducido su organización a ser una de las más poderosas, más longevas, lo que te habla de una capacidad de dirección excepcional. Tú ponte a ver las organizaciones del narcotráfico que nacieron, las que conocemos, en 1989, el cártel de Tijuana, el de Juárez, el del Golfo, el del Milenio, el de Michoacán, el de los Amezcua, y el de Sinaloa, ¿cuáles quedan?- se pregunta Valdés.

-El de Sinaloa- le revira el reportero Guillermo Rivera.

-Eso te habla de una conducción y una dirección que pueden no ser responsabilidad única y exclusiva del Chapo, pero él sí es uno de los líderes. Entonces, esto te dice que este señor tiene una estrategia inteligente que ha permitido crecer y permanecer a su organización. Entonces, no es un tipo que actúe… por ejemplo, al Chapo tú lo no vas a ver o no lo hemos visto, atacando al Ejército, como ha hecho el cártel Nueva Generación. O sea, sabe que si se mete con el Ejército de esa manera y los humilla, el Ejército y las fuerzas federales lo van a atacar sin misericordia. Y no le conviene a su negocio. Y el Chapo no anda como Los Zetas, secuestrando y extorsionando gente.130520172938-el-chapo-guzman-illustration-story-top

-Sólo se dedica al negocio del narcotráfico.

-Así es, fabricar y exportar. Es listo- dice Valdés, encargado del trabajo de Inteligencia en el sexenio de Felipe Calderón, el de la sangre y de la muerte.

Más Valdés tiene un pero. A la inteligencia, que la tiene, el Chapo ha sabido sumar otro factor: la corrupción en las estructuras encargadas de luchar contra el narco.

-Eso es lo que está pasando, lo que estamos viendo. Aquí a veces la inteligencia es… cuando en el gobierno hay descuido, corrupción, con un poco de inteligencia y recurso pues resulta esto.

¿Es así como el hombre nacido en Culiacán, que apenas cursó hasta el sexto grado de primaria, el padre de por lo menos 16 hijos, llegó a erigirse en el criminal más poderoso en la historia de México?

El hombre que una vez logró capturarlo, el general en retiro Jorge Carrillo Olea, tiene una respuesta.

Las tres claves del poder del narco

Con esta secuencia, bien puede comenzar una película biográfica del Chapo:

Es el mediodía del 9 de junio de 1993. En el puente internacional del Talismán, una zona semitropical de lluvias constantes tres cuartas partes del año, sobre la margen izquierda del río Suchiate hay perros flacos, vendedores de maíz, policías sin ánimo, algunas mujeres y niños refrescándose el bochorno y nada más. Absolutamente nada más.

A unos cuantos kilómetros de ahí, en Tapachula, Chiapas, un impresionante operativo de más de 300 elementos de la policía judicial mexicana, que entonces se llamaba así, Policía Judicial, cerca el perímetro de las calles Tercera y Quinta Oriente.

Justo en el número 10 de esa calle, un pelotón aprehende, en uno de los patios colmados de flamboyanes y limoneros, a un hombre joven, de baja estatura, que dice llamarse Joaquín. No opone resistencia.

La policía lo busca desde días atrás por su responsabilidad en el homicidio de un cardenal, el católico Juan Jesús Posadas Ocampo.

Pero por un azar que la historia no termina aún de desentrañar, no se hará pública su captura, sino hasta un par de días después.

¿Qué lleva a las autoridades mexicanas a informar que la detención del Chapo ocurre en la frontera con Guatemala y no en Tapachula, como atestiguan cientos de personas, incluidos el Ejército y gobierno guatemaltecos?

No se sabe. La versión oficial –y ya sabemos cómo se las gastan los oficiales para hacer sus versiones- es que una delegación de militares guatemaltecos aprehende al Chapo y lo entregan, ese mediodía del 9 de junio, en uno de los márgenes del Suchiate, en Frontera Talismán, a una delegación mexicana que está encabezada por otro nombre legendario: Jorge Carrillo Olea.

-El Chapo será muy inteligente, pero no más que usted… usted sí lo atrapó- le digo al teléfono.

-No… no, válgame… a mi me gustaría que no pusiera usted eso. Fue un sistema el que lo capturó. Un sistema de inteligencia y operación policiaca… que ya fue destruido- dice.

Al otro lado del teléfono, el general en retiro suena fatigado, en el hastío.

Han pasado unas horas desde la fuga del Chapo. Carrillo Olea quiere ayudarme a entender las implicaciones del hecho, pero sobre todo necesito que me diga si ésta fuga es el hecho de un hombre o de una estructura.

-Necesitaba haber contratado un despacho de ingeniería para que pudiera hacer todo lo que hicieron ahí… ¿Cuántas comunicaciones, que no se intervinieron, fueron necesarias para poder producir eso? Hay un enorme misterio. Por eso percibo al gobierno, más que preocupado, enojado…- dice. Se refiere a lo ocurrido en Almoloya. En el Penal del Altiplano, pues. A la fuga del Chapo, que para él no es una burla al Estado, sino una consecuencia de factores.

-¿El Chapo es un estratega?

-Mire, tiene uno que encontrar uno en sus propios planteamientos. Hay talento, sí, hay capacidad organizativa, hay muchos recursos comprometidos. ¿Qué hay detrás? Un ser particularmente inteligente… pero que en la circunstancia también… ¡híjole! Si me pregunta sobre las causas de todo eso… yo veo tres: falta de inteligencia, falta de profesionalismo y corrupción… son el coctel demoníaco de las drogas en México

Es directo. Esa condición de ser de leyenda –claroscura- en la historia política mexicana.

-El propio gobierno. El gobierno destruyó su obra, como el Sísifo que sube la gran piedra a la montaña y la rueda para abajo todos los días… así el gobierno: construyó un aparato sin parangón, un aparato de inteligencia y vigilancia lo desmantelaron. Entonces, a 10 días del asesinato del cardenal el señor Chapo estaba tras las rejas. Y ahora pasamos 10 años para pescarlo…  y al año y medio se nos pela.

- ¿El señor Guzmán sea particularmente inteligente?

-¡Híjole!... pues, si a resultados vamos, tendría que decir sí… si comparamos resultados. A algunos les han cargado 80 años, a otros ya los extraditaron a Estados Unidos, otro ya se murió, otro no sé qué, otro no se cuánto… y este pues nos ha parado de cabeza desde hace casi 30 años… ¡nos ha parado de cabeza desde hace 30 años!

-¿Pero, es inteligente?- le insisto.

Carrillo dice sí. Lacónico. Pero vuelve a su idea central. No hay delincuente hábil para una estructura de inteligencia bien montada. Un sistema fue el que lo pescó y lo metió a la cárcel. Ese sistema fue destruido. “¿Dónde quedó el CENDRO? ¿Dónde quedó? ¡Lo desbarataron! Lo convirtieron en una fiscalía y en una agencia y en una AFI… y lo desbarataron”, dice.

Y los costos de ese desbaratamiento están a la vista de un agujero justo en la regadera de la celda 20 del Penal de máxima seguridad del Altiplano.

Un sociópata suelto… otra vez

La fuga del Chapo Guzmán desata, en apenas unos días, una cadena interminable de reacciones furibundas, acrecentadas en gran medida por un hecho: la ausencia del presidente Enrique Peña Nieto y de la mayoría de sus secretarios de Estado.

Esa crisis de la que habla Carrillo Olea, en las redes sociales, en los diarios, en las calles, se entiende simplemente como una falla total de las instituciones del Estado y de un gobierno torpe, cuando no pasmado.

A los titubeos del secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, quien no atina a dar respuesta precisa a los múltiples señalamientos de inconsistencias, se suma una errática procuradora Arely Gómez, quien con una sola frase, “¿No me veo?”, resume su actuación.

Un hombre que conoce a profundidad los mecanismos de la seguridad nacional, Alejandro Hope, alerta sobre un peligro inminente:

-Si este personaje, Joaquín Guzmán, logró una escapatoria, una fuga de esta naturaleza con estas características, significa que se mantuvo en contacto con el exterior de manera muy fluida, lo cual probablemente implique que mantuvo buena parte del control sobre la organización. No debe de haber mayor variación con este hombre dentro y fuera de la cárcel.

No hay margen para la duda. Si el Chapo está libre, el peligro es real, nítido.

-¿Cómo se escapó el Chapo? Por la corrupción. Escapó por un túnel de un kilómetro y medio de largo, lo suficientemente ancho como para que cupiera una motocicleta, y terminaba en uno de los pocos puntos ciegos en la prisión más segura de México. ¿Cómo se puede hacer eso sin un alto nivel de corrupción? Es evidente la situación.

Igual que expresó Carrillo Olea, igual que dijo Guillermo Valdés y la fuente de la PGR, el poderío del Chapo radica más en esa maquinaria de la que es parte, que de su inteligencia misma.

-Derrotó al Estado, derrotó al país. Esto debería de generar un sentido de urgencia, esto, un sentido de urgencia para transformar las instituciones del Estado. O sea, esta vergüenza tendríamos que transformarla en un llamado de acción- dice a Guillermo Rivera.

Y hoy es posible prever que el Chapo, nuevamente en libertad, dispute el territorio al Cártel de Jalisco Nueva Generación. Es previsible, pero seguramente primero hará ajustes en su círculo de lealtades… y eso significa sangre, como alertan los reporte de inteligencia.

Sangre, porque el negocio es global y multimillonario. Y compra a distribuidores, protectores, fiscalizadores, gobernantes, legisladores. A reyes y a dictadores.

Sólo así me queda clara, completamente clara, la idea aquella de mi fuente: el engranaje que mueve anualmente más de 400 mil millones de dólares necesita de esa pieza que es Chapo, de su leyenda, para aceitar su negocio: el hombre que “derrotó dos veces al Estado mexicano”. El “señor de los túneles”. El “asesino de más de tres mil” personas. El “implacable cerebro del mal”. El “seductor”. El espléndido “Robin Hood de la sierra”. El “#701 de Forbes”. El “analítico”. El “Jefe”.

El mito. Aunque su fama pueda resumirse en una frase, como dice Alejandro Hope:

-La primera palabra que describe al Chapo es sociópata. Después, lo que quieras. Pero esa tiene que ser la primera. Más que líder, es un asesino, sociópata. Debe miles de vidas. Es un asesino, un asesino. Todo lo demás surge ahí. Y no se necesita ser muy inteligente para ser asesino: hay bestias que matan.♠

PUBLICADO EN EMEEQUIS


La doctrina del miedo en Veracruz

Ehécatl Ríos intenta serenarse. Para que el eco de aquellas palas, las que juntaban la tierra de la tumba de su colega Rubén Espinosa, no llegue a taladrarle el sueño. Para que esa sensación de irrealidad no aparezca otra vez. Pero no puede. Tiembla.timthumb.php

Ehécatl, fotoperiodista también, escribe sobre sus miedos en las redes sociales. Si lo leen algunos de sus amigos, si comentan, ya cuenta como exorcismo. Compartió su pesadilla: “Me atrapaba el cuerpo con sus piernas de pulpo, me aprisionaba con la espiral de una serpiente, sacaba su lengua buscando mis labios… las pesadillas tocan mis sábanas y sólo queda sucumbir ante el dulce insomnio”.

Otra vez, Ehécatl está tiritando. Se siente amenazado. Porque teme por su hijo. Porque vive en Veracruz. Porque no hay refugio posible. Porque mataron a su compa, a Rubén, y nadie puede asegurar que no van por él. Porque violaron a su amiga, a Nadia, y nadie puede prometer que no será el próximo. Porque la oscura noche de la impunidad absoluta no quiere amanecer. Y no va a amanecer pronto.

Ehécatl Ríos contesta el teléfono a un extraño, al periodista que escribe esto.

—¿Les pegó muy duro, verdad?

̶ Pues, es que… el mensaje de todo esto es muy claro ¿no? No… este… no estás a salvo ya ni siquiera… antes era que la mayoría de los periodistas estaban destapando cosas del narco y así… pero uno hacía diarismo, cobertura de otras cosas…

—Supongo que para ustedes está todavía más complicado… porque los tienen muy ubicados…

—No, ¡está de la chingada! O sea, sí… yo ahorita llevo un rato sin trabajar en prensa, pero aun así… —dice Ehécatl Ríos. Un eco repite sus palabras. Un zumbido. Bzzztt… bzzztt. Como línea telefónica con más de dos auriculares escuchando. Como de pájaros en el alambre. Cuelga.

—¿Se sigue escuchando el eco? A lo mejor estás cableado… puede ser.

—Ah, sí… eso seguramente —responde.

—Mándale un saludo a estos muchachos.

—Jeje —jejé… yo no tengo bronca.

—¿Cómo estás, cómo te sientes?

—Es un dolor bien increíble. La emoción es tan grande que ni siquiera la entiendo, ¿no? Es odio, es coraje… mucho miedo. Estar como en medio de todos y, de repente, estás en shock ¿no? Así te la pasas. En shock. Mientras revives una y otra vez la misma escena que no te deja dormir.

La escena no podía ser más dolorosa: el momento en que Ehécatl se enteró de que habían asesinado a Rubén Espinosa, su amigo, junto con cuatro mujeres: Nadia Vera, Yesenia Quiroz, Alejandra Negrete y Mile Virginia Martín.

El momento en que le preguntó a una amiga ¿qué onda con esto? y ella respondió en seco, sin matices: “Ya apareció… y está muerto”.

—Cuando me dijo, me puse a llorar en el suelo. ¡No es posible, no es posible! Fui al funeral de Rubén y me repetía ¡esto no está pasando… no está pasando! ¿No? Tenía que ver los cuerpos de los dos para poder procesar ¿no?, para saber que sí era real, ¿no? Y aún ahí, estando en frente de Rubén… y… verlo ahí… es muy duro… como que hay una parte de ti que no quiere ver eso… porque… mucho tiempo hicimos coberturas juntos… tomando foto… —intenta explicar, Ehécatl, pero no puede. Un torrente de emociones lo calla. Respira. Suspira. Gime.

Eso hace para que el aire que inhala le proporcione la fuerza para narrar lo siguiente.

Porque eso es aún más difícil de contar, para él y para sus compañeros reporteros, fotógrafos, camarógrafos. Para Noé Zavaleta, corresponsal de la revista Proceso en Veracruz. Para Felyx, otro de los amigos de Rubén. Para los activistas de organizaciones civiles que ni siquiera se atreven a dar su nombre porque sienten la lumbre que les quema entre las manos.

UnknownNos están siguiendo…

Está en Xalapa. Una tarde de un miércoles de febrero de 2014, después del asesinato del periodista Gregorio Jiménez, allá en Las Choapas, en los límites con Tabasco, Ehécatl se encuentra en la capital del estado. En la plaza principal, sobre la avenida Juan de la Luz Enríquez: la plaza Lerdo, rebautizada como Plaza Regina Martínez para impedir el silencio de un homicidio impune.

Las fotos del portal alcalorpolítico no mienten. Ehécatl, junto con un grupo cada vez más grande de reporteros, fotógrafos, camarógrafos, dibujantes, editores e incluso alguno que otro columnista, lleva hasta las puertas del palacio de Gobierno un caudal de flores blancas y una cartulina: “No les creemos. Justicia para Goyo”.

Va vestido de negro. También Rubén. Y los demás colegas. Casi todos. Una cadena humana de periodistas en luto.

Una chamarra de piel, con ese cuello que todos llaman Mao, y la mochila de su cámara colgada en la espalda. Los tenis negros con franjas blancas. El cabello rizado, que le imprime un tono básicamente juvenil a su rostro: un círculo casi perfecto, bordeado por una barba que nace rala en las patillas y va oscureciéndose hasta ser una tupida maraña de pelos en la barbilla. Sus manos, con la cámara a punto del disparo y un clavel blanco sujeto en la izquierda. Sus ojos, que miran a quien lo fotografía y por consiguiente a los demás. Directamente.

En esa marcha, o en alguna otra de esos días, recibió la primera amenaza. Ehécatl lo recuerda con total claridad:

—Le tomo fotos a una persona, que me pareció sospechosa: nos sacaba fotos a todos y no era del gremio. Se me acerca y me dice: “¿Qué quieres? Te enseño mi credencial si quieres… soy de la Sedena”. Me posó así, como diciendo “¿güey, qué pedo, no?”, lleno de cinismo, como si se sintiera amparado por todo este caos.

Pero no es todo. Justo tres semanas antes del asesinato de Rubén, Nadia, Alejandra, Mile Virginia y Yesenia, le llegó otro mensaje. Aún más perturbador.

Iba caminando con su hijo pequeño por las calles de Xalapa, la capital cultural del Golfo de México. De repente, se le cruza el mismo hombre:

—Lo más molesto fue eso. Me ve así, con una prepotencia, con un odio, ¿no? Como diciendo “ya se quién eres”. Y se sigue de frente. Sin mirarte.

Ehécatl permaneció helado. Se quedó, como dice, con el problema mental atravesado. No es que deba temer por su propia seguridad, sino también por la de los más cercanos, los suyos, que son todo cuanto tiene y todo lo que quiere.

—Y no han sido los únicos incidentes. Hay una persona que tenemos súper identificada como oreja de la Secretaría de Seguridad Pública, que siempre anda tomándole fotos a los compañeros. De repente se le ve tomando las caras a todos los que se manifiestan.

Una tarde, en una de tantas movilizaciones sociales que ocurren en Xalapa, tropieza con él, accidentalmente. Lo empuja. Le responde algo, no recuerda qué, y se enoja. Tanto que se abalanza sobre él y le tira el teléfono celular con que toma las fotos de los asistentes al mitin.

—Después, cuando lo pensé, estaba súper arrepentido. Un compa tomó las fotos del momento. No sé… a lo mejor en algún momento eso pueda ser útil. No lo sé —dice. Enmudece en el teléfono. Seguramente piensa.

Es lo que ha hecho tanto en estos días. Pensar. Es lo que han hecho tanto otros colegas suyos. En medio del insomnio, pensar. En medio del miedo, pensar. En su condición. En su circunstancia. En las posibilidades de ser los siguientes en la lista.

Como lo escribió Felyx, como pide que se le llame, desde el lugar donde se encuentra exiliado: “Ayer, durante la protesta, la lluvia cayó con rabia. Hoy, cuando te despedimos, el sol brilló con la misma luz que en tus fotos irradiaba. La luz que nos iluminará”.

Así lo anotó Ehécatl en su blog Ojo de Viento. Ahí escribió claramente:

Si me matan

ya se sabrá que estoy ahí juntito,

cada cual con su cámara,

cada cual con sus historias.

Porque también se sabe quienes estamos en la mira,

de no dejarnos comprar,

no callar y dar la voz,

también los ojos,

a los que tiemblan más por los destrozos.

 Un colega suyo lo entiende perfectamente. Noé Zavaleta, el compañero de trabajo de Rubén, su amigo, lo ha publicado así: desde el multihomicidio del 1 de agosto pasado se han recrudecido el acoso y la intimidación.

“El Comité Universitario de Lucha, que agrupa a estudiantes de la Universidad Veracruzana, de la Facultad de Humanidades y activistas sociales y ambientales, denunció que tras el asesinato de la activista Nadia Vera y del fotoperiodista de Proceso, Rubén Espinosa, el hostigamiento policiaco y de la Fuerza Civil en el estado de Veracruz, se incrementó”.

No deja espacio para la duda. Noé reproduce las palabras de los activistas, quienes describen: “La SSP, la Fuerza Civil, los ministeriales, los policías vestidos de civil rondan nuestras calles, nuestros barrios, vigilan nuestras casas, nos toman fotos. Elementos de la Fuerza Civil han detenido a compañeros, sin motivo, para llevarlos a los separos y amedrentarlos por horas, fuera de proceso. Sin cargos. Así andamos, con el aguijón de la amenaza tras la nuca”.

Una época de miedo como la veía Eduardo Galeano en el mensaje que escribió en su muro de Facebook. El miedo, como ceremonia de confirmación del poder, como de guerra sucia, según la define el filósofo Michael Taussing en su libro Un gigante en convulsiones: “La guerra sucia es una guerra de silenciamiento. Oficialmente no hay guerra alguna. No hay prisioneros. No hay tortura. No hay desapariciones. Sólo el silencio que consume en gran parte el lenguaje del terror, intimidando a todos para que no se comente nada que pueda ser interpretado como crítica a las fuerzas armadas”.

Es como se vive en Veracruz. Sin exageraciones. ¿Qué son, si no, 14 periodistas asesinados en apenas cinco años? Catorce.

Acoso… soterrado o abierto

Cómo le sonarán a Ehécatl Ríos y a cientos, miles de periodistas de Veracruz las palabras de Jorge Morales, el integrante de la Comisión Estatal para la Atención y Protección de los Periodistas, cuando critica la indolencia absoluta de Gabriela Arango, presidenta de la Comisión Permanente de Atención a Periodistas del Congreso local: “Lo que queríamos era… era una atención directa. Un esquema suficiente… pero nos dijeron que no se podía… nos mandaron al caño”.

Cómo interpretarán los periodistas veracruzanos el hecho de que esa comisión legislativa, creada para atender y proteger a los trabajadoreas de medios de comunicación, sólo se haya reunido una vez en 19 meses. En en ese lapso mataron a Rubén Espinosa.

Como dice Jorge Morales en La Jornada Veracruz, “lo que buscamos era una atención inmediata… no nos pelaron. Ni dieron la importancia”.

El ejercicio periodístico en México es una profesión de alto riesgo, con altos niveles de impunidad.

Es cosa de revisar la danza de cifras oficiales del Mecanismo federal para la Protección de Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas: desde 2012 ha recibido más de 170 solicitudes de protección, principalmente en Guerrero, Veracruz, Estado de México, Chiapas y Oaxaca.

Cosa de revisar los sucesos recientes:

Mientras camina por las calles de Cuitláhuac, un municipio cercano a la ciudad de Córdoba, el corresponsal del diario El Buen Tono, Raúl Rodríguez, es alcanzado por un sujeto que viaja en motocicleta.

—¡Qué fuerte está la calor! —dice el motociclista.

Sin contestar, Raúl lo mira. Nada.

—Por cierto… ¡bájale a tus notas! —remata el motociclista, antes de alzarse un poco la camiseta, dejar al descubierto una pistola y continuar su camino.

Desconcertado, según narra el propio diario, Raúl pide ayuda a la policía municipal, pero no hay resultados. Incluso viaja a Córdoba, porque presenta la denuncia penal. Pero no pasa nada.

Y otro reportero, Jair Negrete, dedicado a labores de difusión de una oficina episcopal en la zona de Agua Dulce, cerca de Coatzacoalcos, es golpeado por patrulleros de la Policía Municipal, quienes luego de exigirle dinero le dicen:

—Te conozco. Eras reportero de TV Azteca. Vas a pagar todo lo difundido. ¿Trabajabas en una empresa nacional y no me puedes dar dinero? ¡Qué pinches miserables son los periodistas, piensan que son los dueños de todo!

O el caso de Daniel Orozco, que relata Noé Zavaleta en uno de sus textos. Un chavo de apenas 23 años, reportero de La Red, un diario de nota roja de Coatzacoalcos, que después de cubrir el hallazgo de una posible narcofosa recibe una serie de mensajes en su teléfono celular: “¡Bájale de huevos!”, “te tenemos ubicado”, “¡te vamos a romper la madre!”, “¡Por hocicón te vamos a partir la madre!”.

Así le pasó también a Filadelfo Sánchez, locutor de La Favorita, una estación de radio en la región de Mihuatlán, Oaxaca, quien antes de ser asesinado de siete balazos, justo al salir de la emisora, recibió mensajes del mismo tipo: “Te vamos a romper la madre”.

Y a Indalecio Benítez, también comunicador radiofónico, cuyo atentado, en la zona de Luvianos, en el triángulo que forman Guerrero, Michoacán y el Estado de México, tuvo un desenlace terrible para él y su familia, según pudo relatarle a Elena Michel en El Universal:

“Al regresar, después de cenar unos antojitos, vimos a unos hombres encapuchados salir de mi casa. Le dije a mis hijos agáchense, nos van a atacar. Y los tres que iban atrás se agacharon. Yo le di el acelerón al coche y escuché los disparos. Se escuchó como hueco. Eso fue todo. Me doy a la fuga y me interno en la Marina (un retén cercano a su casa). Les pregunto ‘¿vamos bien?’. Y me dicen sí. Pero nunca me concentré en mi otro hijo. Al llegar a la Marina me dice uno de mis hijos ‘Dieguito se desmayó’. Bajo, lo agarro y me percato de que está muerto”.

Desde entonces, Indalecio vive en el exilio. Como al menos otros 60 periodistas, según estiman las organizaciones Freedom House y Artículo 19. Son desplazados. Por hacer su trabajo que, como dice Noé, se ha convertido en una carga:

—Claro que ahora estamos con zozobra… con incertidumbre, porque no sabemos cuándo va a parar esto. Desde Regina Martínez (corresponsal de Proceso asesinada) venimos diciendo que esto ya es un parteaguas, que hay alguien que debe poner un hasta aquí… ¡Eso fue en abril de 2012 y le seguimos contando!

—Sin saber cómo va a parar, ¿no? Sea allá en Veracruz, sea en la Ciudad de México…

—Exacto. Tenemos miedo porque, hay qué decirlo, nos preguntamos ¿quién sigue? Nos sentimos muy golpeados porque… ¿cómo te digo?, nos dieron donde más nos duele. Le pegan a un gran amigo, pero también a un cuate que traía compañeros de las nuevas generaciones. Rubén, de 31 años, traía a chavos de entre 22 y 25 años, tanto fotógrafos como videografos, a quienes les enseñaba cosas del periodismo, de la fotografía. Rubén hacía grupo, unía amigos y se llevaba bien con todos —dice Noé.

Cuando hablo con él, la voz de Noé suena triste, pero firme. Como si el miedo de los días posteriores al homicidio múltiple que él mismo describe se fuera transformando poco a poco en hartazgo, en rabia. En otra cosa.

—Esto nos causa mucho escozor. Varios de nosotros no podemos ya dormir tranquilos. Despertamos de zozobra en la madrugada. Lo he platicado con otros compañeros. Algunas compañeras, incluso, en las mismas coberturas, de puro recuerdo se ponen a llorar. Pero también hay mucha rabia. Mucho coraje. Una impotencia porque el asunto de Rubén no fue de la noche a la mañana, porque desde 2012 venía quejándose de agresiones y presiones.

—¿Tú te sientes tranquilo?

—Estoy… es muy relativo. Qué te digo. Ahorita voy caminando, solo, por el Centro. Pero… con los compañeros estamos todos en un plan como de niños chiquitos: a las nueve de la noche todos nos reportamos… si en la casa, si dónde están, si con quién… todavía la semana anterior todos los días alguien me tenía que llevar a mi casa, amigos o amigas, y me recogían lo más cerca de mi domicilio. Lo seguimos haciendo.

Pero no hay nada que garantice que no habrá más agresiones. Por eso su enojo. Tal como le ocurre a Ehécatl. Como pasa con otra colega desplazada, cuyo nombre pide no revelar porque tiene miedo, pero me dice:

—Me voy a ir de aquí. No puedo dormir. Me despierto bañada en sudor. Me han dado ya dos ataques de ansiedad en esta semana, con taquicardia. ¿A dónde? No sé. Si Veracruz no es seguro y México tampoco, entonces me voy a largar a la chingada…

—¿Fuera de México?

—Fuera del mundo si es necesario. No aguanto. No aguanto más el miedo —dice. Y estalla. Como Ehécatl, como Noé, como todos cuantos conocemos alguna de esas historias del acoso sistemático contra los periodistas mexicanos.

Sigue la vida…

—¿Qué es lo que les molesta? ¿Por qué los acosan tanto?

—Eso es lo que yo quisiera saber —responde Ehécatl—. Yya no sabes nada de lo que está pasando. No se puede sentir uno con ninguna tranquilidad en esta ciudad, en este estado, creo que en este país. Te roban todo, ¿no? Llega un punto en el que hasta es molesto caminar en la calle y cuidarte hasta de tu propia sombra. Sientes que te siguen, sientes pasos, ya no sabes hasta qué punto es real. Porque ya no sabes nada de lo que está pasando.

—Como paranoia…

—Sabes netamente que te estás siguiendo. ¿Qué puedes hacer? ¿Tomarles fotos? ¡Y de qué sirve!

Pienso que ese estado de ánimo es el de todos. Por eso el reclamo abierto, frontal, que le endilgaron a los diputados veracruzanos en el Congreso, cuando Ehécatl y otros irrumpieron en la sesión como huracán en una fiesta indignante y procaz:

Señores Diputados: estamos aquí porque una vez más han asesinado arteramente a un colega nuestro, peor aún, para muchos de nosotros, Rubén es un hermano.

Hoy exigimos al Congreso local, si les queda vergüenza, dignidad y un poquito de conciencia social, que exija a la Fiscalía General del Estado (FGE) que ponga a total disposición de la Procuraduría General de la República y de la Procuraduría del DF todo el avance de la investigación ministerial relativa al ataque de los estudiantes perpetrado el pasado 5 de junio y del cual Rubén como activista y reportero de Proceso y AVC Noticias dio total cobertura y seguimiento.

Pedimos a la comisión pertinente del Congreso local que "exija" —sus exhortos no sirven, son papel reciclado en la Fiscalía— a la FGE que deje de proteger a elementos de la Secretaría de Seguridad Pública que participaron por omisión o complicidad en el ataque a estudiantes, en el que el principal crítico de ese acto de arbitrariedad fue Rubén Espinosa. Cobertura que le derivó en amenazas e intimidaciones, por lo cual se tuvo que refugiar en el Distrito Federal, lugar donde dijo sentirse “tranquilo y seguro”. Ya vimos que no fue así.

Señores diputados locales, hemos dejado de creer en las instituciones... demuéstrenos lo contrario.

A ese reclamo en el Congreso se sumó un texto elaborado por periodistas y difundido en redes sociales, dirigido al gobernador Javier Duarte:

“Gracias por el pésame. En realidad espero que te duela, que te duela mucho, como a mí, como a muchos. Es irónico como los cómplices silentes, esos que no se ven, los que nos toman fotos, los que mandan a que nos las tomen, también lo sienten ¿Sientes culpa? ¿Sientes miedo? Espero que sí, como todos nosotros, espero, porque tú mejor que yo sabes quiénes estamos fichados, sabes quiénes somos, quiénes son nuestros hijos, quiénes no nos hemos vendido, a quienes ya no nos quieren contratar, sabes a qué hora he llegado a casa y con quién, mis hábitos”.

Ehécatl comparte la desazón, el sentimiento de desamparo en que los ha colocado de nuevo la realidad. Por ello escribió este texto para serenarse.

He tenido pocas certezas en la vida.

Seguir tomando fotos,

encapsulando el alma,

y vivir con esa frase que retumba,

que me dijo hace tiempo Rubén y me recalcó:

“Puño arriba, frente en alto”♠

Publicado en Emeequis


"Tengo muuucho miedo": Rubén Espinosa, fotoperiodista asesinado en México

RubénEspinosa2Esa tarde, Rubén estaba particularmente sensible. Había dormido mal. De hecho, mucho tiempo llevaba durmiendo mal. Pesadillas de exiliado, supongo.

Pero estaba sensible. La tarde en que lo conocí, estaba muy sensible. Tanto, que cuando le pregunté cómo se sentía, cómo es que soportaba su condición de periodista desplazado, no tuvo duda:

-Tengo muuuucho miedo.

Lo dijo y lo sentí. Sus ojos, como ciruelas negras, tenían un cierto paño gris que los tornaba abrumados, melancólicos. Sus manos eran de un apretón blando, como cachorros asustados. Su cuerpo se encorvaba, como pidiendo abrazos.

Sí. Rubén tenía miedo.

La periodista Daniela Pastrana, directora general de la Red de Periodistas de a Pie, ya me había contado algo de su historia: Rubén, un fotoperiodista treintañero que ejercía su trabajo en Veracruz, debió salir de Xalapa ante la serie de amenazas, tanto veladas como directas, que había recibido por su trabajo y activismo recientes.

Ya había sufrido el desprecio manifiesto del equipo del gobernador Javier Duarte, que en diversas ocasiones lo había expulsado de los actos públicos. Ya lo habían llamado “guerrillero”, por su activismo a favor de los periodistas. Ya lo habían amenazado, esas mismas personas, con la frase lapidaria: “deja de tomar fotos o te va a pasar lo mismo que a Regina” (Martínez, la corresponsal de Proceso asesinada en Veracruz en abril de 2012, en total impunidad), cuando participó activamente en la colocación de una placa metálica que recordaba ese homicidio.

Por eso, aquella tarde en que íbamos a entrevistarlo para el programa en Rompeviento TV, tenía particular interés en preguntarle a Rubén sobre su estado de ánimo, sobre sus emociones más íntimas, para entender la circunstancia del hombre detrás del reportero.

- Si me paso de lanza, avísame, por favor- todavía le dije, antes de comenzar el programa.

- No te preocupes, carnal… me hace bien hablarlo- dijo. Y comenzó a hablar.

La cosa es difícil en Veracruz

Video
Vean aquí el video completo de la entrevista de Rubén Espinosa con Periodistas de a Pie en ROMPEVIENTO TV

- La cosa es difícil en Veracruz… a todas luces, todos lo sabemos… yo tuve que salir por intimidaciones. No una agresión directa, como tal, pero por sentido común. Acababa de pasar el ataque a los estudiantes, a los cuales agredieron brutalmente con machetes y todo… y entonces… no podemos, en esta situación, hacer menos ¿no? cualquier tipo de intimidación porque no sabemos qué es lo que pueda suceder- dijo.

Eran intimidaciones claras.

La mañana del 6 de junio, al salir de su casa en el centro de Xalapa, Rubén se percató de un hombre que lo miró fijamente. Sin prestarle más atención, siguió su camino.

Por la tarde, ya en su casa, un colega fotógrafo le avisó que había una protesta de estudiantes en la Rectoría de la Universidad Veracruzana, que buscaban reunión con las autoridades. Al salir de su casa nuevamente, Rubén observó que, en la esquina de su calle, un grupo de tres hombres en un taxi en marcha miraba hacia su domicilio.

-Noté su presencia porque era muy notoria. Ellos querían que yo los viera- dijo Rubén.

Uno de los hombres le hizo una seña (la típica seña del ¿qué te traes? ) segundos antes de tomarle una fotografía. Entonces que Rubén cayó en la cuenta: era el mismo hombre que había visto por la mañana.

- Era un tipo con una playera azul, de un equipo de futbol, unas bermudas blancas y unos zapatos de vestir…

- ¿Alto, moreno…?

-Sí, alto… era… corte militar… personas que no son de ahí porque yo vivía en el Centro y ubicas a la mayoría de la gente… entonces llegué a Rectoría y vi a tres amigos. Les conté y me sentí más tranquilo.

Lo que ocurrió después, fue el autoexilio. Tras otra serie de amenazas veladas, Rubén decidió salir de Xalapa, por prudencia. Acogerse a la sensatez y salvar su vida.

No era para menos. Cada reportero o fotógrafo veracruzano puede conocer a la perfección el rosario de la impunidad homicida de un solo sexenio:

  • Noé López, asesinado en junio de 2011.
  • Miguel Ángel López Velasco y Misael López Solana, ejecutados en marzo.
  • Yolanda Ordaz, asesinada en julio.
  • Gabriel Huge, Guillermo Luna y Esteban Rodríguez, embolsados y arrojados al canal de aguas negras La Zamorana en mayo de 2012.
  • Víctor Báez, asesinado un mes después.
  • Goyo Jiménez, ejecutado el 11 de febrero de 2014.
  • Moisés Sánchez, encontrado muerto el 2 de enero de este 2015.
  • Igual que Armando Saldaña, en mayo.
  • Juan Mendoza, en julio.
  • Y Regina, por supuesto. Cuyo crimen permanece básicamente impune, igual que los otros, aunque haya una verdad oficial.

Por eso Rubén huyó. Literalmente, de esa cuna de homicidios contra periodistas que es ahora Veracruz, de ese lugar donde, como él mismo dijo, “los medios de comunicación están al servicio del dinero y de la corrupción”, donde “reporteros y fotógrafos se pelean por desayunos de 45 pesos”.

-Para mi ha sido muy difícil esta situación… por cuestión mental, emocional y económica también ¿no? Es un cambio radical en mi vida. No comienzo de cero, pero sí empiezo de nuevo- dijo Rubén. Hacía el recuento de sus pérdidas.

-Me da mucho coraje, tristeza y dolor también que una persona decida el rumbo de mi vida. Haya decidido cuánto y en qué momento- comentó. Acariciaba sus manos constantemente. Veía hacia el techo. Abría los ojos para enfatizar las frases. Se contenía.

-¿Tú presentaste denuncia?-le preguntó Daniela.

-No porque… porque… no confío en ninguna institución del estado…

-¿Ni en el mecanismo federal, en la PGR…?

-En el mecanismo federal estoy con pláticas… - dijo Rubén, antes de soltar una revelación demoledora:

-No confío en la CEAPP, que es la Comisión Estatal de Atención y Protección a Periodistas en Veracruz… pero no creo no por nada más hacerlo así: el 14 de septiembre, cuando nos roba la policía equipo fotográfico y todo, que hasta la fecha no nos ha entregado nada, al compañero Roger, del periódico Imagen, ya le habían hablado del gobierno del estado. Miguel Valero, que era Enlace de Prensa, le había hablado para ofrecerle dinero para que ya no dijéramos nada. Él, Roger, cuando va a la CEAPP, la gente de la CEAPP le dicen: “pues ya, mejor acepta el dinero”. ¿A qué grado estamos de indefensión?- dijo. Y sonrió.

-¿Qué viene para ti?- le pregunté, cuando terminamos de grabar.

-Estoy viendo algunas cosas… tengo opciones que quiero hacer. Pero no tengo nada todavía- dijo.

Le hablé de Diario 19, el proyecto digital de mi tocayo Luis Cardona, un reportero de Coahuila que fue secuestrado y ahora encabeza un esfuerzo colectivo especialmente impulsado por colegas desplazados de los estados más violentos de México. Ya sabía de él.

Quería vincularlo de alguna manera. Le pedí su número. Lo anoté. Él el mío. Y nos despedimos. Con un abrazo largo y una mentira: “todo va a salir bien”.

“Mataron a Rubén”

El mensaje llegó a mi teléfono alrededor de las seis de la tarde del sábado: “Hola. Te tengo la espantosa noticia de que ya confirmaron que el cuerpo de Rubén esta entre los cinco asesinados en una casa anoche”.

A la pregunta sobre qué había ocurrido, la respuesta fue: “no sabemos. Encontraron cinco cuerpos anoche, amarrados y con dos disparos”.

Unas horas antes, por las redes sociales se había difundido la alerta de su desaparición: “Se ha dado formal aviso a las autoridades para que pongan en marcha los protocolos de localización del fotoperiodista”.

La organización Artículo 19 había publicado también que Rubén perdió contacto con sus amigos desde la tarde del viernes y que su familia había accedido a que se lanzara la alerta pública. Eso abría una serie de esperanzas. Aunque pequeñas. Que estuviera desconectado, pero a salvo. Que fuera una confusión. Que fuera cualquiera otra cosa.

Pero no. El mensaje confirmó que había sido asesinado.

Yo sentí un espasmo. Similar a los que ya había sentido cuando confirmamos la muerte de Goyo, cuando confirmamos la muerte de Regina: un espeluzno que comienza en el centro de la panza, casi parecido a un ardor, y luego se convierte en una tormenta que llena todo el abdomen, hasta el pecho, hasta el cuello, hasta la cabeza. Como una borrachera de temor que enchina el cuero, ¿no? Como una súbita borrachera que comenzara en la boca del estómago y derramara sobre el cuerpo un aturdimiento lechoso, licuado.

Y las preguntas: ¿Quién lo mató? ¿Por qué vinieron a matarlo a la ciudad de México? Si él no cubría asuntos de narcotráfico, si él se especializó en la cobertura de movimientos sociales ¿por qué la saña asesina, de tortura, de tiro de gracia? ¿Por su activismo en la causa del periodismo? ¿Por su participación activa en impedir la desmemoria en el caso de Regina? ¿Por fotografiar a un gobernador?

Cuando platiqué con algunos colegas que están en condición de desplazados en la ciudad de México, el panorama era desolador: “fue por lo de Regina. Lo mataron porque quieren desaparecer todo rastro del crimen de Regina”, me dijo uno. “Lo cazaron. Lo cazaron”, me repitió otro. “¡¡No puede ser… no… no puede ser!!”, dijo uno más a quien yo le di la noticia.

Y la conmoción de todos. Porque la ejecución de un joven fotoperiodista de 31 años, en plena ciudad de México, abre un desasosiego como abismo en todos nosotros: no hay ni un solo lugar para estar a salvo en México. Ya ninguno.

Y los boletines oficiales: “las víctimas femeninas tenían 18, 29, 32 y 40 años de edad, mientras que Rubén Manuel Espinosa Becerril, 31 años. Éste último era soltero, originario del Distrito Federal y fue identificado plenamente por sus familiares, quienes declararon que su regreso a la capital del país, fue debido a que éste no tenía trabajo en Veracruz, donde vivía desde hace 8 años, y aquí estaba en busca de una oportunidad como reportero gráfico”.

* * *

Varios centenares de periodistas, fotógrafos, entre mucha gente más, se concentra en el Ángel de la Independencia. Las fotografías y videos que replican las redes sociales, los medios digitales, tienen el mismo rostro: Rubén.

En blanco y negro. En pancarta. En mantas. En máscaras. En fotografías impresas.

Rubén mira hacia la gente que está en el lugar.

Mira hacia las cámaras. Sus ojos como ciruelas negras, abrumados, melancólicos, nos retan junto a la manta desteñida, ajada de tanto uso: “Justicia”.♠


"Me da miedo no encender una velita de esperanza": Woldenberg

WoldEl sólo título ya es demoledor: “México, las ruinas del futuro”. Pero el contenido del documento, avalado por casi un centenar de investigadores, académicos, artistas e intelectuales que convergen en el Instituto de Estudios para la Transición Democrática, no deja lugar a la duda en el análisis de la realidad mexicana tras el caso Ayotzinapa:

“Cuerpos policiacos, Ejército, partidos políticos, procuradurías de justicia, aparatos de inteligencia, gobierno local y gobierno federal tienen una grave e inocultable responsabilidad, y su actuación, por omisión o comisión, configura un fracaso mayúsculo del Estado mexicano”.

México vive un momento plástico, como lo define José Woldenberg, uno de los principales impulsores de esa reflexión colectiva: hoy nadie sabe, con certeza, qué puede pasar. Y cómo.

Para entender los días que vivimos, para tratar de entenderlos, es que dialogamos con el ex presidente del IFE, quien desde su modesto cubículo de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, rodeado por muros de libros, dice: los puentes entre la sociedad y el gobierno son débiles y lo que está en juego es precisamente eso, “si el gobierno será capaz de procesar esto que está sucediendo y ofrecer una vía productiva”.

Quizá ninguno otro de los presidentes que ha tenido el organismo electoral mexicano pueda jactarse de la condición que hoy ostenta Woldenberg: ser reconocido como figura de respetabilidad y honorabilidad tras su función como conductor de la transición electoral que arrebató el poder al PRI por primera vez en su historia.

Su apellido salió indemne, y desde esa posición es que sus palabras suenan aún más rotundas: “yo también tengo miedo… me da miedo no encender aunque sea una velita de esperanza. Porque la situación sí es delicada”.

-Doctor, la pregunta principal parece ser ¿cómo reestructurar al país, en un momento como éste, tan convulso en términos sociales y políticos?

- Creemos que lo primero es intentar colocar en el debate público diagnósticos y propuestas. A nadie escapa que México vive una situación singular en donde hay muchos reclamos, irritación y malestar. Y todo eso se entiende. Hay sectores de la sociedad movilizados y eso puede ser visto como un elemento positivo y esperanzador. El asunto es cómo ir construyendo una agenda que sea inclusiva y capaz de resolver lo que esta crisis develó: entre otras muchas cosas, graves problemas en los gobiernos municipales, focos de alarma en la persecución de los delitos y la impartición de justicia (las policías, los ministerios públicos, los jueces, los reclusorios) e incluso un cierto rebasamiento de los gobiernos. Lo peor que podría pasar es cerrar los ojos ante eso y pensar que la inercia los va a resolver.

-Hay una certeza, Doctor, el gobierno federal parece no estar dispuesto a escuchar esta voz de las calles… más allá de la violencia… parece no haber capacidad de escucha, de atención a las demandas profundas que grita la calle.

-No estoy tan seguro.

-¿Usted cree que sí?

-Digamos… yo creo que lo que se juega en los próximos días y semanas es eso: si el gobierno será capaz de procesar esto que está sucediendo y ofrecerle una vía productiva… yo no cerraría la posibilidad de que el propio gobierno tenga que hacer un planteamiento de por dónde salir de esta crisis. Creo que está obligado a ello ¿no?

-¿Cuáles pueden ser las opciones?

-Hemos puesto siete temas sobre la mesa, pero no los consideramos una agenda cerrada, sino una proposición flexible que tiene que alimentarse de otros diagnósticos, de otras formas de ver las cosas. Hablamos del tema de los derechos humanos. Casos como los de Tlatlaya o Ayotzinapa no pueden volver a repetir. Creo que lo que más ha agraviado a las personas es descubrir, en el caso de Ayotzinapa, la complicidad de autoridades, policías y delincuentes. Y en ese sentido, al tema de los derechos humanos y la atención a las víctimas no puede dársele la espalda. Y no sólo eso, tenemos que ir más allá: debemos repensar y rehabilitar el poder municipal 

-Con otras lógicas, con otras estructuras…

-Entre otras cosas. Hemos tomado conciencia de que es el eslabón más débil: en esta lucha contra el crimen, donde más puede penetrar y llegar a subordinar a un poder, es precisamente en el área municipal. Tendremos que volver a repensar esto. Además de que, cuando hablamos de municipios en México, hablamos de realidades muy distintas… Guadalajara, Monterrey o Tijuana son municipios igual que Coatecas Altas en Oaxaca.

-¿Se puede plantear una lógica única para esta diversidad?

- Eso es lo que tenemos que discutir. En temas como las policías es evidente que un municipio que tiene tres millones de habitantes, va a tener un cuerpo policiaco relativamente robusto. Pero en poblaciones de dos mil habitantes, lo que tenían eran dos policías que se dedicaban a tipos que se emborrachaban, pleitos en la calle. Esa era la dimensión de los problemas que atendían las policías municipales. Ahora no es así, por eso creemos que hay que repensarlo.

También el tema del poder judicial. Tiene que ser uno de los eslabones fuertes para lograr una convivencia medianamente armónica entre nosotros. No puede estar fuera de la agenda.

-No funciona…

-No, no tanto que no funcione… cuando realmente se resuelven conflictos entre personas o entre personas y el Estado es porque hay un Poder Judicial, es decir… todo tipo de conflictos. 

-Hay una analogía que se escucha en las calles: es como ocurre con un cuerpo… cuando el órgano del Poder Judicial no funciona, se nota: hay fiebre en el cuerpo enfermo de la sociedad.

-En efecto… pero los conflictos que son inherentes a la vida en común encuentran un cause para resolverse por una vía pacífica. Ese es el problema de más fondo: es una utopía pensar que en la sociedad no va a haber conflicto, de muy diferentes tipos. Quien ensueña una sociedad sin conflictos no está más que poniendo en movimiento un ensueño conservador. Vivir en sociedad y conflicto, son sinónimos. ¿A qué se aspira? A que haya una vía para solucionarlos. Y ahí el Poder Judicial es el que juega un papel más relevante.

-A que puedan dirimirse esos conflictos con equidad, con igualdad de oportunidades…

-De acuerdo al Derecho. Que cuando un pobre y un rico se vean en circunstancia los jueces actúen de la misma manera. Que ante dos casos similares no se erijan dos varas y dos medidas.

Propuestas para dialogar

10205052413779566El documento de trabajo que circuló el IETD plantea una realidad: “estamos obligados a reformar todo lo que exige una situación inédita y ominosa, como la que atravesamos hoy”.

Más allá de apostar por el colapso, del “entre peor, mejor”, se trata, dice Woldenberg de plantear los temas de una agenda básica, inicial, de temas de urgente discusión nacional.

-Planteamos tres temas de mayor alcance: la pobreza y la desigualdad. Somos un país demasiado desigual. De hecho no somos un país, somos muchos países. Y ese archipiélago de realidades cruzadas por la desigualdad económica, de acceso a la educación, a la salud, a la vivienda, lo que construye es una serie de grupos con muy escasa cohesión social y donde late mucha tensión, mucho rencor, mucha rabia que no permite construir eso que metafóricamente se llama tejido social. Ahí se ha prohijado esta escalada de violencia.

También está el combate a la corrupción. Si algo develó de una manera dramática y dolorosa el tema de Ayotzinapa es el nivel de corrupción que se había llegado en el gobierno municipal y sus policías.

Luego, pensar en la crisis de representatividad, administrativa y de capacidad de gobierno. Creo que este es un momento plástico, un momento en donde nadie puede saber cuál va a ser el desenlace. Hay muchos actores en el escenario, con diferentes intenciones. Creo que lo mejor, a lo que hay que apostar es a una vía de reformas que hagan mejor nuestra convivencia. Creo que esa es la intención profunda del documento.

-Lo que ustedes plantean es una agenda para dialogar…

-Lo nuestro es un diagnóstico y una propuesta. Pero no es La Propuesta, sino Una Propuesta. Ojalá surgieran otras propuestas para ir embarneciendo esta conversación pública y generar un contexto de exigencia a todos: al gobierno, a las organizaciones civiles, a los movilizados.

-Esta mañana el secretario de Gobernación anunciaba que, en algún momento de esta semana, el Presidente Peña Nieto presentaría una serie de propuestas de reformas en materia de estado de Derecho y yo me preguntaba ¿pues a quién le preguntó ¿Con quién las estructuró? Pienso, no se si esté de acuerdo, que ahí está un problema: en la falta de diálogo con la sociedad, en una total disociación entre este gobierno y la sociedad...

-Faltan puentes de contacto. Eso sí. Una total disociación tampoco creo que exista. La sociedad mexicana es muy compleja y los puentes de contacto que hay entre el gobierno y esa sociedad existen, aunque son débiles. Pero no son dos universos totalmente separados. Ahora, de lo que usted decía, el anuncio del secretario: creo que mucha gente, entre ellos yo, sí estamos esperando un planteamiento del gobierno. A lo mejor no un planteamiento acabado, pero sí una primera reacción a cómo ha impactado esto a las instituciones de gobierno y cómo están viéndolo. A mi me gustaría oír un diagnóstico y una serie de propuestas. Y cómo se van a socializar estas propuestas, porque nunca está de más saber lo que el gobierno está pensando para atender esta situación que estamos viviendo.

-Los actos recientes ¿no nos dan una idea de lo que está pensando el gobierno? Sin magnificarlo, circunscribiendo los hechos a su propia realidad: ¿no nos dice qué piensa el gobierno esta penalización de la protesta pública?

-Yo creo que, hasta donde vamos, el gobierno ha sido tolerante en el ejercicio del derecho a la manifestación pacífica. Incluso en casos como el de Guerrero, donde las manifestaciones han llevado a la quema del palacio de gobierno, municipios, oficinas. A lo mejor ha sido excesivamente tolerante. El problema es que cuando ha respondido a los actos violentos, en algunos casos a quienes se aprehende es a personas inocentes. Y ese es el quit del asunto. El problema es cuando pagan justos por pecadores, que se agarra a personas que estaban ejerciendo el derecho a manifestarse. Ese es el quit del asunto.

¿Nos gobiernan los cínicos?

-Hay una percepción en las calles: una especie, llamémosle de orfandad en la sociedad respecto de sus representantes. Una falta de confianza explícita hacia ellos. ¿Cómo tender nuevos puentes de confiabilidad hacia ellos?

-Pues esa es la pregunta del millón, porque en efecto sí hay una crisis de representatividad. México logró en los últimos años abrir un cause para el pluralismo político, y esa fue una muy buena noticia. Pasó de ser un sistema de partido hegemónico a un sistema de partidos equilibrado. De elecciones sin competencia, a elecciones muy competidas. De un mundo de representación que era monocolor a un mundo plural lleno de contrapesos. Y el ejercicio de las libertades es inmensamente superior a lo que era hace treinta o cuarenta años. Ahí hay un avance muy importante que hay que saber aquilatar. Yo decía, sin embargo, que este avance no había sido acompañado por un avance en el fortalecimiento del estado de derecho y en la creación de una sociedad menos desigual.

Si nuestra convivencia estuviera soportada en un trípode, hemos avanzado en democracia y no hemos avanzado nada en equidad y configuración de un estado de derecho digno de ese nombre…

-Y viene el proceso electoral del 2015…

-Imagino que los partidos y los candidatos harán un esfuerzo, esperaría yo mayúsculo, para volver a tender esos puentes. Y están las candidaturas independientes. Ahí hay una vía para que los ciudadanos interesados puedan en 2015 contender por diferentes cargos. Tampoco hay que alimentar esa idea de que tenemos una sociedad política de todos los males y una sociedad civil que es el manantial de todas las virtudes. Yo creo que hay muchas más líneas de contacto entre la sociedad civil y la sociedad política que la que estamos dispuestos a reconocer, porque nuestros diputados, nuestros senadores, nuestro presidente, salieron de entre nosotros.

-¿Son un espejo de lo que somos como sociedad?

-Tampoco, a lo mejor no es exacto el espejo, pero salieron de ahí. Y en ese sentido pues también quizá no seguir alimentando esta retórica antipolítica es conveniente. Porque yo creo que al final a lo único que lleva es a la frustración y a la decepción. Si de aquí va a salir algo positivo, la política es necesaria.

-Yo soy de los que piensa que estamos gobernados primordialmente por gente que se ha vuelto cínica con el ejercicio del poder…

-Yo creo que hay de todo, en los diferentes niveles de gobierno y en los diferentes partidos. Yo, durante una etapa de mi vida, tuve un contacto muy intenso con los diferentes partidos políticos, y si algo aprendí es que en las diferentes formaciones hay gente muy buena y gente muy mala. Que es muy difícil meter en un mismo carcavón a todo aquel que hace política en México. Hay gente que se preocupa y se ocupa, realiza su trabajo y ese trabajo se puede ver. Y también hay una gran capa de cínicos y logreros, eso también.

-Doctor, me pregunto si un líder político tan cuestionado, tan en la luz de actos presumiblemente corruptos puede encabezar una transformación como la que requiere el país…

-Yo creo que esta transformación tiene que ser concurrente. No creo que pueda hacerse sólo desde el gobierno. Y estoy convencido de que no puede hacerse sin el gobierno. Esas pueden ser dos fantasías que hagan mucho daño: pensar que el gobierno mexicano no existe o ha sido totalmente rebasado me parece que es ingenuo y es una ilusión que puede convertirse en un boomerang.

Por el otro lado, pensar que el gobierno puede solo en una situación como ésta, sin la concurrencia no sólo de las fuerzas políticas sino también de organizaciones sociales también me parece ilusorio. Si algo hemos visto es que el gobierno no es todopoderoso. Se requiere una operación concurrente de todos aquellos que quieran reformar las propias instituciones del Estado.

Los jóvenes y el futuro

-Doctor, en ese documento ¿dónde están los jóvenes?

-Los jóvenes son el motor de la movilización que estamos viviendo. En lo fundamental son los que han dicho ¡basta, no queremos impunidad, no queremos esta espiral de violencia, estamos hartos y estamos ofendidos! Pero al mismo tiempo, creo que ese movimiento tiene qué generar su propio horizonte.

-Me lo preguntaba, sin ánimo de descalificación, porque el promedio de edad de los “abajo firmantes” de su propuesta no se corresponde con la lógica de las calles…

-¿No…?

-¿Cómo se incluye en el debate formal, en el debate productivo y necesario a esa generación que está gritando y no encuentra cómo encausarse?

-Sí, el promedio de edad de los abajo firmantes es muy alto. En eso tiene totalmente razón. Nuestro instituto responde a otras generaciones. Ahora, ni los viejos ni los jóvenes estamos solos en el escenario.10205052414699589

-Pero estamos aislados. Cada cual por su lado…

-Sí, sí, yo me imagino que estas movilizaciones generarán las organizaciones, los liderazgos, los discursos, el diagnóstico y la propuesta que ellos mismos hagan. Y nuestra propuesta no pretende sustituirlo. Y aunque lo pretendiera, no podría. Pero esto puede ser un insumo, una reflexión que a algunos les genere sus propias reflexiones. En una situación tan fluida como ésta, creo que nadie puede aparecer con las tablas de la ley…

-Y eso sería absurdo…

-Totalmente absurdo pretenderlo. Esto es como decir que ojalá otras voces, otros colectivos, otros grupos nos dijeran cómo ven el país y qué es lo que quieren que cambie en el país.

-¿Teme usted a este momento plástico, como usted lo define?

-Yo temo a las espirales de violencia. Y les temo mucho. Porque, a diferencia de otros, creo que lo único que pueden ofrecer es destrucción, sangre, muertos, heridos y más rencores, más animadversión. A eso es a lo que yo le temo. A una escalada violenta.

-Esta polarización… esta abierta confrontación entre las visiones de país…

-Sigo pensando que lo fundamental de la movilización ha sido pacífica. Y aunque ha sido muy crítica, y con razón, ahí hay posibilidades de tender puentes para acuerdos, para convergencias, para construir. Creo que la inmensa mayoría de los mexicanos lo que quieren son una serie de reformas que hagan que nuestra convivencia sea más armónica, mejor, menos desigual, menos tensionada. Y eso es lo que hay que intentar forjar.

-¿Seremos capaces?

-Espero que sí. Lo hemos sido en otros momentos. No tiene por qué no. Creo que sí podemos construir un horizonte común, por lo menos de las fuerzas más implantadas en la sociedad.

-Usted es mucho menos pesimista que yo…

-Será que me da miedo… me da miedo no encender aunque sea una velita de esperanza. Porque la situación sí es delicada.

-¿Ha habido un momento tan delicado, en ese sentido, como el que estamos viviendo ahora?

-Yo no recuerdo uno tan delicado. No lo recuerdo.♠

Publicado en Emeequis


El episodio Aristegui y los aires de intolerancia

aristeguiPara el investigador Raúl Trejo Delarbre, la discusión nacional en torno de la salida de Carmen Aristegui de MVS marca un punto de inflexión, sólo equiparable en su alcance social al ya legendario golpe a Excélsior: hoy los medios mexicanos ya son un asunto cuyas vicisitudes no se pueden ocultar.

“No quiero hacer comparaciones maniqueas, pero sin lugar a dudas estamos ante el episodio de conflictos en los medios que más ha interesado a la sociedad mexicana, incluso por encima del interés que suscitó la salida de Scherer y su equipo de Excélsior en 1976”, dice.

Conocedor profundo de los resortes que soportan ese vínculo, siempre frágil, entre medios y gobierno federal, el catedrático del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM es claro en su señalamiento: a un sistema mediático de decisiones opacas se corresponde un gobierno de políticas comunicativas igualmente poco claras. A la negación mediática de abrir al escrutinio público las decisiones que afectan a sus audiencias, se contrapone un gobierno federal que sigue recurriendo a las presiones, al acoso, para silenciar las voces que son le son incómodas.

En una charla vía telefónica con Emeequis, Trejo Delarbre evalúa el conflicto medios-gobierno que ocupa la agenda de la temporada, revisa los efectos sociales de esa rispidez e incluso lanza un llamado a los medios que conforman la plataforma de filtraciones MexicoLeaks: lo que ha prevalecer es el mejor periodismo, documentado, serio, crítico, que aporte espacios para el debate argumentado. Algo que México ahora no tiene y tanto necesita.

Sin debate, pero con linchamientos

Desde donde nos encontramos nosotros, Doctor, vemos un escenario de turbulencia, de rispideces entre sectores de la prensa mexicana y del gobierno federal… ¿usted lo aprecia así?

Tenemos una prensa crecientemente crítica, y a veces con intereses que acicatean ese talante crítico, y una administración pública, un gobierno federal con una política de prensa que no es del todo clara, que acude a las presiones y a los acercamientos , que sigue haciendo un uso discrecional de la publicidad oficial y que no avanza en el sentido de las relaciones con la prensa.

Decía usted en alguna entrevista que era necesario convocar a una reflexión en torno de la libertad de expresión…

Yo no creo que haya que poner a discusión si tenemos que defender o no la libertad de expresión. Lo que he tratado de insistir es que este tipo de temas deben estar en el tapete de la discusión pública con argumentos y no solo con sentimientos, que los ha habido muchos

Reacciones emocionales…

Insisto en que a la democracia mexicana le falta un mayor ejercicio de deliberación en todos los temas. Prácticamente no hay asunto relevante de la agenda pública en el que tengamos una auténtica discusión. Falta mucha información en algunos casos, pero no hay discusión de ideas. Reforma energética, presupuesto, devaluación, el tema que sea: todos esos son temas en los que hay muchas opiniones pero pocas argumentaciones. No hay espacios para deliberar.

¿Esta falta de espacios será la causa de que estemos en gran desacuerdo, en lo que yo llamo inmovilidad?

No se si sea la causa principal. Quizá la causa principal sea la intolerancia de unos y otros, la ausencia de voluntad para construir acuerdos, la dificultad para mirar en los otros argumentos que pudieran ser atendibles y que incluso pueden modificar los propios. Pero sin duda, esta ausencia de espacios para deliberar –de espacios y de disposición para deliberar—es una de las grandes dificultades para que la sociedad mexicana no tenga entendimientos básicos.

Entendimientos básicos, que son…

Todas las sociedades, cuando son maduras, cuando avanzan, suelen tener una colección de asuntos en los que están de acuerdo: la defensa de la ecología, los derechos de las mujeres, la propiedad estatal de los energéticos, lo que sea. En México se nos han ido difuminando los acuerdos básicos que teníamos como resultado del proyecto constitucional de 1917. Acuerdos que se mantuvieron durante todo el siglo XX. Hoy no encuentro un sólo tema en el cual haya acuerdos capaces de cohesionar a los mexicanos, más allá de nuestras diferencias. Y creo que esto es producto de la inmadurez cívica y de la torpeza de los operadores de la política nacional.

¿En un ejercicio de imaginación extremo, qué responsabilidades podemos hacer recaer en los medios y qué responsabilidades en las autoridades?

Primero voy al gobierno: la responsabilidad del gobierno es proponer, abrir espacios para la interlocución y estar atento a las razones de otros. Pues casi nada de esto está ocurriendo. Las razones del poder político para tomar decisiones no suelen ser suficientemente explicadas. Yo sigo sin entender las razones completas de la Reforma Energética, que no han sido difundidas. O las razones de la política monetaria, o las de casi cualquier decisión. Y esto no ocurre porque, en lugar de argumentos articulados, el poder político, el gobierno, en todos los órdenes que incluyen al gobierno federal, al de la ciudad de México, a los de los estados, suele ofrecer eslóganes, fórmulas que suelen ser maniqueas, para reemplazar a la discusión.

¿Y desde la perspectiva de los medios?

Los medios de comunicación podrían contribuir a resolver este estancamiento si indagaran, si fueran más allá en la denuncia y sobre todo si estuvieran interesados en fomentar el intercambio de ideas. Pero esto no suele ocurrir. En los medios de comunicación, los espacios para expresar ideas son cada vez más reducidos.

Veamos: en las páginas editoriales de los periódicos hay cada vez menos espacio para la exposición de ideas y ninguno para el intercambio. Hay diarios en los cuales los articulistas tienen prohibido discutir entre ellos. Eso ocurre en Reforma y en otros. Los poquísimos lectores que tiene la prensa escrita no encuentran espacios de debate de ideas. En Internet, con ya sabemos, casi todos los espacios están salpicados de la intolerancia y el totalitarismo que sabemos que existe en las redes sociales.

Pienso en el caso de Ezra Shabot…

Sí. Es un ejemplo, bueno para la discusión, aunque lamentable por lo que revela: las decisiones profesionales del señor Shabot, en vez de ser discutidas como tales, son impugnadas a través de una persecución racial (el locutor de MVS tiene ascendencia judía, y ese se convirtió en el principal foco de ataque en las redes sociales) que es completamente inaceptable y que da mucha vergüenza constatar que sigue habiendo estos síndromes de intolerancia en México.

Hay un elemento nuevo: la puesta en marcha de una plataforma de filtraciones, que apuesta por ser una vía para que la sociedad vuelva a vincularse con los medios…

Ningún periodismo profesional puede depender exclusivamente de las filtraciones como fuente de la agenda que va construyendo. Las filtraciones pueden ser útiles para orientar circunstancialmente el periodismo de investigación, pero no me parece que deba ser la principal ni la única fuente. ¿Quiénes filtran? A veces ciudadanos que tienen en sus manos documentos importantes, pero sobre todo el interés político: políticos que quieren revelar malos manejos de sus rivales. Así ha sido la prensa mexicana.

Ha sido así…

La prensa de los años 60 era así. No quiero quitarle la importancia a la plataforma. Lo importante será que este nuevo espacio, que se conoce por las implicaciones indeseables que tuvo en el trabajo de Carmen Aristegui y su equipo con MVS, lo importante serán los criterios con que funcione.

Supongo que no se está pensando en reproducir filtraciones sin comprobar, porque estaríamos ante la reproducción indeseable de la murmuración, sin que nadie gane nada. El buen periodismo debe reconocer que, si bien se puede apoyar las filtraciones, no tiene por qué supeditar su agenda a lo que les digan otros.

Asistimos a episodios de intolerancia desde el gobierno

Percibo una especie de reforzamiento de esos hilos invisibles, pero tácitos, del autoritarismo gubernamental hacia ciertos medios, en contra de las voces que intentan disentir del coro unívoco de la mayoría de medios

Es un panorama complejo. Aunque creo que es un momento en el que hay más espacios abierto a la diversidad de ideas, no necesariamente a la deliberación, sí estamos asistiendo a algunos episodios que revelan un talante de intolerancia en el gobierno de la República y quizá –y esto lo digo con cuidado porque no hay denuncias suficientes al respecto—en la oficina de Comunicación Social de la Presidencia, tanto la actual como la inmediatamente anterior.

¿En qué se traduce?

En la ausencia de algunos comunicadores relevantes.

El caso de Carmen Aristegui…

Un caso muy conocido en el que, al igual que la señora Aristegui, no tengo evidencias de que la Presidencia de la República dispuso su exclusión de MVS, pero hay motivos, por lo menos políticos, para encadenar en nuestros análisis estos acontecimientos: primero, se hace la revelación de esto que se ha llamado la Casa Blanca (la revelación del equipo de Aristegui de una mansión multimillonaria vendida en condiciones opacas a Enrique Peña Nieto por el grupo contratista Higa) y unos meses después ocurre esta exclusión resuelta por la empresa, no sabemos a partir de qué presiones. El trabajo de periodismo de investigación de Aristegui y de otros, tendría que ser precisar estas acusaciones.

Ha habido otros casos…

Tengo que decirle que no los conozco con detalle: se ha mencionado la salida de Ciro Gómez Leyva del Canal Milenio TV, que no fue suficientemente explicada, aunque se ha mencionado que hubo molestia del gobierno por las cifras del combate a la delincuencia organizada. La exclusión del señor Pedro Ferriz de Con, cuyo periodismo no me suscita ninguna simpatía, pero cuya ausencia resulta preocupante. Y alguien comenta del caso de Nino Canún, que no se ni siquiera de qué medio salió… hay casos que podrían ser parte de decisiones empresariales, pero que por lo menos confirman una tendencia de las empresas mediáticas de enorme opacidad.

Sí…

Medios de comunicación que viven gracias a su exposición pública y suelen ser de lo menos transparentes, de lo más opacos cuando se trata de sus asuntos internos. Y esto no ocurre en todo el mundo. En los medios de Estados Unidos, cuando algún comunicador destacado sale de un medio, esta salida suele ser pactada y se anuncia hasta un año antes. En México, de un día para otro, los telespectadores de noticieros o los radioescuchas se encuentran con que ya hay otros conductores y nadie tiene la atención de darles explicaciones. Hay, por lo menos una falta de respeto a los derechos de las audiencias.

¿Ventanas contra el pesimismo?

En esta lógica hay un matiz: se repite en los estrados estatales y municipales…

Creo que en la discusión es importantísima la situación de los medios locales: la ausencia de respeto a los derechos de las audiencias, la prevalencia de criterios mercantiles por encima del interés público, las decisiones opacas, las relaciones de connivencia con el poder político, todo eso se reproduce con mayor dificultad, impunidad y alevosía en medios de los estados.

¿A qué se debe?

Hay menos supervisión de la sociedad, la sociedad crítica se encuentra con menos recursos… y a dónde volteemos: los medios en los estados del norte, Chihuahua, Tamaulipas, Nuevo León, Baja California… los medios en Veracruz, donde hay un enorme déficit en la claridad que le debe el gobierno a la sociedad en su relación con los medios… en casi cada estado hay pequeños pero significativos grupos de ciudadanos que ya están preocupados por darle seguimiento a las políticas de medios y en casi todos los casos hay gobiernos muy poco interesados en rendir cuentas.

Doctor, soy pesimista como muchos respecto del panorama mediático actual... ¿usted tiene alguna ventana de claridad qué ofrecernos?

Bueno, yo no se si la mejor contribución que pueda hacer uno sea atemperar el pesimismo…

Por favor…

Decía Antonio Gramsci que es saludable mantener el pesimismo de la inteligencia sin perder el optimismo de la voluntad… es decir: a pesar de lo lúgubre que pueda parecernos el panorama que tenemos por delante, se debe mantener la decisión de hacer que las cosas cambien.

Y en el campo de los medios…

En el campo de los medios, creo que hay motivos para reconocer que hay cambios importantes: más allá del lamentable episodio de Carmen Aristegui y sus colaboradores, el hecho mismo de que este asunto se haya discutido tanto, de que haya centenares de miles de personas que hayan expresado al menos su adhesión firmando peticiones, y el hecho de que se conozcan muchos detalles de este asunto reconocido en México y en prácticamente todas las latitudes del mundo, indica que los medios mexicanos son un asunto de cuyas vicisitudes no se pueden ocultar.

¿Un parteaguas?

No quiero hacer comparaciones maniqueas, porque el periodismo de Aristegui tiene unas características y el que hacía Don Julio Scherer tenía otras, pero sin lugar a dudas estamos ante el episodio de conflictos en los medios que más ha interesado a la sociedad mexicana, incluso por encima del interés que suscitó la salida de Scherer y su equipo de Excélsior en 1976.

Si…

No digo que esto sea más relevante, pero en aquella época no teníamos internet, ni Twitter, ni Facebook, ni otros medios dispuestos a dar cuenta de este asunto. Hoy es un tema cuenta con muchísimos espacios para ventilarse, para exponerse, y esto creo que es parte de un cambio muy importante. Asistimos a una diversidad que comienza a ser irreversible.♠

Publicado en Emeequis


Adán, el "Caballero Águila" que irrumpió en los Nobel

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Él es un chavo común. De estos tiempos: escuela, pedas, baile y gym.

Si uno lo visita en su muro, en sus redes sociales –la casa de todos– no encuentra nada distinto de lo que cualquiera otro muchacho cuelga de sí mismo cuando la vida tiene apenas 21 años.

Apenas poco más. Muy poco más. Excepto porque su rostro, una cara morena de casi hombre-casi niño, acaba de dar la vuelta al mundo.

Adán Cortés Salas, estudiante de Relaciones Internacionales de la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM, irrumpe en Oslo, Noruega, en plena ceremonia oficial de concesión del Premio Nobel de la Paz 2014 a la activista pakistaní Malala Yousafzai.

Y su grito, su súplica ante la activista y los Reyes de Noruega –mientras blande una bandera mexicana manchada de rojo– se vuelve mundial:
-¡Please, Malala… México!

¿Quién es este nuevo niño héroe mexicano?

Sus amigos, sus contactos, dicen que Adán es un chavo normal. Súper normal.

Que va a la escuela, trabaja en la Alberca Olímpica Francisco Marquez, tiene amoríos y organiza algunas de las mejores fiestas de la banda. Porque se le da muy bien eso de organizar las fiestas.

Que tiene pasión por el deporte y desarrollar músculo. Que le gusta moverse, viajar, conocer, mirar: por eso estudia Internacionales, por eso está en Noruega, en un viaje que lo ha llevado por la región escandinava, su primer viaje a Europa, que él mismo financió con su empeño.

Y tal vez la mejor definición de quién es Adán, sea la que él mismo anota en su cuenta de Twitter, @adan_cortes_ : “nunca me arrepiento de nada, nunca me quedo con ganas de nada, siempre aprendo de todo y de todos. Sonriendo, arriba y adelante”. Un chamaco, pues, salido de la Prepa 6 como el mismo anota, que quiere enamorarse, hacer algo con su vida y ser feliz.

Su ideología de vida, colgada también de los muros del Facebook, es francamente sencilla:

“No acostumbro pensar las cosas dos veces… finalmente la vida sólo se vive una vez”, anotó un día.

“Mientras no pierdas la confianza en ti, no dejarás de volar”, escribió en septiembre.

“Cada que me levanto no me pongo zapatos, me pongo caminos”, puso en mayo, cuando visitó Real de Catorce, en San Luis Potosí.

Sus fotografías son fiesta, alegría. Vida joven como cualquiera otra.

El punto de inflexión, sin embargo, es el 5 de noviembre pasado.

Adán

Un primer mensaje colgado en su muro da cuenta de ello:

“Hoy dejo a un lado mis propios intereses, mi burbuja personal, para unirme a la realidad que está sacudiendo mi país… Porque lo que pasó y está pasando no es cualquier cosa, no fueron 43 personas solamente, fueron 43 hermanos mexicanos, 43 hermanos estudiantes, y creo que así como ellos pudimos ser cualquiera de nosotros, no podemos dejarlo pasar por alto…”

Es el dolor por el destino de los 43 estudiantes normalistas secuestrados en Ayotzinapa, Guerrero. El terror por un crimen perpetrado por instituciones del Estado contra un grupo de la sociedad indefensa.

Adán se encarga de marcar el mensaje como especial, como importante. De las 20 personas que lo aprobaron, ninguna opina.

En el mensaje parece estar decidido:

“En fin, para mi es momento de actuar, cualquiera que sea el resultado de esos actos, es mejor que no hacer nada y quedarnos nada más juzgando el movimiento desde nuestra zona de confort… YA SE DÓNDE VOY A CELEBRAR MI CUMPLEAÑOS, QUIEN QUIERA ACOMPAÑARME, BIENVENIDO! NOS VEMOS EN LA MARCHA”

Dos días después, cuando celebra su cumpleaños, él mismo se lanza un reto: “ser feliz contigo mismo y buscar compartir esa felicidad, sin compararte con los demás, sin sentirte menos y sin sentirte más que nadie, saberte capaz de cuidarte, respetarte y siempre tener la mejor disposición, honestidad y valentía para dar la cara a todas las circunstancias, eso es lo que me mantiene respirando, sonriendo y actuando 21 años, VIDA MÍA: SORPRÉNDEME!”.

Su muro va cambiando desde entonces.

El 17 de noviembre, vestido con indumentaria prehispánica, Adán encabeza la manifestación de apoyo a Ayotzinapa que se lleva a cabo en la capital de Costa Rica, frente al Teatro Nacional, en San José.

Adán es un guerrero, un Caballero Águila.12792_10205109333431408_5449481852925443646_n

Delante de la manta con enormes letras rojas y negras que gritan, que denuncian ¡FUE EL ESTADO! Adán alza sus brazos, alas con plumas, para gritar su dolor, su angustia.

Va recorriendo el mundo con el mismo mensaje, porque trae un dolor. Una angustia, una rabia que le atraviesa el pecho y lo presiona:

“Sinceramente, cuando leí esto lo hice con lágrimas: un joven mexicano de 19 años, su delito ser estudiante y alzar la voz inconforme ante un gobierno corrupto… cuando a la gente por acá le platico sobre esto, realmente no pueden creer que soportemos el gobierno que tenemos en México… ‘a los responsables deberían buscarlos, matarlos y quemarlos como hicieron ellos con los estudiantes’, me dijo una amiga española…”.

Lo escribió Adán en su página de Facebook. El 8 de diciembre pasado. A las 13:47. Ya estaba en Noruega.

“Yo creo que realmente los mexicanos debemos unirnos y actuar para lograr un cambio, dejar de estar en nuestro individualismo y actuar como una verdadera sociedad. Quienes no dejan de criticar las protestas, quienes no dejan de juzgar este movimiento social, les pido un poco de EMPATÍA, que abran los ojos y asuman la realidad que vive el país, que va mas allá de la muerte de Chespirito y el Teletón…”.

De acuerdo con los cables de la agencia EFE, la policía de Oslo aún no sabe bien a bien cómo es que Adán (vestido con un saco gris, una cámara al cuello), se escabulle de los controles de seguridad.

Cómo llega hasta el salón donde se realiza la ceremonia del Premio Nobel. Cómo se acerca al podio y, frente al mismísimo Thorbjøn Jagland, presidente del comité de los premios y a Malala Yousafzai, saca la bandera mexicana manchada de rojo sangre y grita:

-¡Please, Malala… México!

No lo saben. Todavía no lo saben.

Los primeros indicios apuntan a que la astucia de Adán, como la de los antiguos Caballeros Águila, fue mayor que los estrictos controles de una ceremonia de abolengo.

Lo que sí se sabe, porque estuvo en los muros antes de que Facebook desactivara la cuenta, es que el gesto de Adán desató un abrumador apoyo solidario, contundente, pleno, de la gente de su edad:

¡Mis respetos, mi hermano!

“Tú estás dando la cara por nosotros, nosotros la daremos por ti cuando sea necesario… te rifaste, amigo”.

Más de 150 mensajes de ese tipo.

Según las agencias, Adán ha solicitado asilo político al gobierno noruego un par de días antes. Quizá tenga miedo, como todos. No hay certeza.

En las redes ya lo llaman el Niño Héroe.

Vistas las fotos, las frases, las notas, él mismo no se cree más que sólo un joven dolido, avergonzado, triste, por el país derrumbado, injusto, impune que tiene y que se niega a dejar como está.

Un chavo común. De estos tiempos: escuela, gritos, party y #YaMeCanse.

Sólo eso.♦

Publicado en Emeequis


CARTA A ATZIN, EL MUCHACHO GUERRILLERO QUE ESCUCHABA A SINATRA

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Compa Atzin:

Dudé mucho en escribirte. Dicen que eres un temible terrorista. Que por eso te apañaron.

¿Y qué puedo decirte ahora? ¿Qué puedo escribir para ti, que sirva de algo en medio de este derrumbe que nos tiene a todos atrapados?

Miro las fotos en tu muro del Facebook –ese álbum abierto de la vida de cada uno de nosotros– y quiero encontrar ahí las supuestas claves de tu terrible subversión, la que dicen que encabezaste contra el Estado mexicano, la que te tiene encerrado en un apestoso penal de Veracruz junto a cientos de multihomicidas, narcos, ratas, sicarios a sueldo, perros de rabia infinita que nos muerden a todos.

Eres culpable, dice el gobierno. ¿Será por esa foto tuya del 11 de abril del 2011? Esa en la que apareces apretando los dientes ( que más que fiero te hace aparecer simpático) con tu botella de agua mineral en la mano derecha y el puño cerrado en la izquierda? ¿Esa será la prueba que tiene la PGR de tu peligrosidad social? ¿O el cristal estrellado detrás de ti, ese parabrisas que dice “La Bestia” y que colocaste detrás de ti para nombrarte?

¿Sería acaso tu opinión crítica sobre el deber ser del artista en tiempos de sociedades democráticas, oligárquicas o anárquicas? Esa reflexión feisbuquera que compartiste a tu amiga Eileen el 29 de mayo de 2013:

“Yo creo q para entender y determinar de una manera mucho más completa este tipo de cuestiones tienes q comenzar por definir una postura filosófica con respecto a la vida y al ser humano y a partir de ahí relacionarlo con la cultura, en este caso con una postura o un movimiento sociopolítico, es decir lo q importa es el medio y no el fin. El fin no justifica los medios”.

Intento deducirlo, Atzin. Quiero entender, o intentar entender, dónde está la puerta del infierno que dicen que encendiste.

Quizá sea en tu visita al Museo Soumaya para ver a Dalí. ¿Qué hay más subversivo que el arte? O en las fotografías de tu viaje solitario al desierto de Baja California. Dicen que en el desierto palpita la esencia salvaje de los seres humanos.

A lo mejor es el amanecer que atrapaste, con destellos imposibles. O la foto de la hamaca sicodélica con tu compa en algún punto de la ciudad de México. La gobernada por el priista camuflado.

O tu vuelo en paracaídas, Atzin, –después de todo, Águila es tu nombre en lengua Náhuatl— tu primer brinco del suelo a la tierra, justo un año antes de que tu vida diera un vuelco.

Quiero saberlo, Atzin. Quiero saberlo, compa. Si eres ese hijo de puta que dicen que eres, quiero mirarlo con mis propios ojos.

Supe de ti por las redes sociales ¿sabes? Cuando el Twitter comenzó a llenarse de mensajes que replicaban tu nombre y tu apariencia:

“#AtzinAndrade. 29 años. Estudiante de la escuela de arte de La Esmeralda, perteneciente al Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA)”.

Ahí anotaron con claridad tu circunstancia: ibas en el contingente de tu escuela junto con todos tus compañeros. Como otros tantos centenares de miles que salimos, juntos, a las calles de la tarde del 20 de noviembre de 2014. Hartos de tanta muerte, tanta infamia y tanta zozobra por la desaparición de 43 estudiantes, como tú y tus compas. Hasta el gorro de mentiras. Hasta la madre de cinismo.

Pero en algún momento te perdiste de tu grupo, cuando la plancha del Zócalo de repente se oscureció y quedaste atrapado en la reyerta que se suscitó, porque los granaderos del Distrito Federal, gallardos, valerosos, entraron a cargar contra quien se les pusiera enfrente. Y tú estabas enfrente.

Según tus amigos, los que no se han cansado de replicar el Hastag #AtzinAndrade, mientras estuviste en la SEIDO –ese engendro judicial que lo mismo deja escapar a narcotraficantes poderosos, que encarcela a luchadores sociales— reportaste unos golpes muy fuertes en las piernas. Y no podías caminar. Igualito que el país, compa: golpeado y detenido.

Ellos también, tus compas, consiguieron un video del momento preciso en que te agarraron los granaderos. Un corto demoledor, de apenas 19 segundos:

La plaza está a oscuras. Entre las sombras, tu voz.

-¡Soy estudiaaanteeee!-gritas. Traes una camisa azul, un pantalón beige. Un chaleco o chamarra. No se ve muy bien.

-¿De dónde eres?- alcanza a decir el compa que carga la cámara (o el teléfono, quién sabe) mientras tú eres sometido por los policíaas.

-¡De La Esmeralda. De Bellas Artes!

-Tu nombre completo… otra vez.

-¡Atzin Andrade… soy estudiante. Estaba parado y me llevan!

-Sale Atzin… ¡suerte!

Y luego las voces difusas: “Atzin Andrade… apunten… no estaba haciendo nada”. Y la noche en México. Esa noche oscura y tenebrosa que nos ha confinado desde hace demasiado tiempo.

“Cuando los granaderos lanzaron los gases lacrimógenos, Atzin se encontraba en el asta bandera esperando a sus amigo. En medio del desconcierto se quedó solo tratando de localizar a sus compañeros por teléfono. Entre la nube de gas, le salieron cinco granaderos, quienes lo golpearon y lo retuvieron en Palacio Nacional”, contó tu hermana Citlalli a los medios.

Ya sabes. Lo típico de un país con la justicia retorcida: te impusieron un abogado de oficio, como a los otros 14 muchachos detenidos, y antes de que cumplieras las 48 horas legales de detención fuiste trasladado al penal de Villa Aldama, en Veracruz.

“Primero lo acusaron de terrorismo, crimen organizado y tentativa de homicidio”, dijo tu hermana, casi llorando, “luego le quitaron terrorismo y crimen organizado y los cambiaron por delitos de motín, asociación delictiva y tentativa de homicidio”.

Y unos días después comenzaron las organizaciones civiles, los luchadores sociales, hasta algunos políticos, como Cuauhtémoc Cárdenas: “Pedimos con toda energía la liberación de los jóvenes arbitrariamente detenidos el pasado 20 de noviembre que han sido remitidos a penales de alta seguridad”.

Clara Jusidman, incluso, dijo lo que todos sabemos: “otra vez, los demonios andan sueltos”.

¿Eres un terrorista, Atzin? ¿Debo temerte, como ellos dicen?

Unos días antes de tu aprehensión, escribiste algo que me ha dado vueltas la cabeza durante varios días:

“Quien aunque sólo en cierta medida ha alcanzado la libertad de la razón, no puede ya sentirse sobre la tierra más que como un viajero, y ni siquiera como un viajero hacia un objetivo final, pues no lo hay. Deseará, sin embargo, observar y tener los ojos bien abiertos para dar razón de cómo se comportan verdaderamente todas las cosas en el mundo; por eso no podrá ligar sólidamente su corazón a ninguna cosa en particular: hay en él algo errante, que encuentra su placer en el cambio y en la transitoriedad”.

Es Nietzsche. Lo colgaste en tu muro el 13 de noviembre a las 7:23 de la noche. A catorce personas les ha gustado. A quince, conmigo.

Está ahí, junto con tus carcajadas, tus comentarios sencillos, tus ligues, tus rolas, tu vida.

Oigo la música que te gusta:Mozart y Vivaldi, Yann Tiersen, Café Tacuba y Janis... la edulcorada Adele, el inmortal Leonard Cohen… ¡hasta Sinatra, Aztin… Sinatra, carajo!

Veo tu vida reflejada en todo eso que quisiste compartir de ella y una certeza me estalla en la cabeza, como una bomba molotov que hubiera detonado justo a mis espaldas: todos, absolutamente todos, corremos en el mismo peligro que a ti te atrapó en el Zócalo de México: estamos indefensos, desnudos, ante un poder implacable que lo carcome todo, que lo arrasa todo. Que se ha podrido de raíz y así, podrido, da frutos de odio a manos llenas.

¿En qué momento nos llevó el Diablo, Atzin? ¿En qué maldito momento de este tiempo canalla decidimos dejarlo todo rodar hacia el abismo?

No tengo una respuesta. Quizá nuestro instinto de suicidas. O ese miedo ancestral que nos carcome.

Pero aquí voy a dejarle. En la televisión, el presidente Enrique Peña Nieto, el gran reformador, el de la gran estatura moral, está por proponernos a todos enfrentar la corrupción, la impunidad y la inseguridad con un nuevo Estado de Derecho. Si lo oyeras.

Espero algún día, muy pronto, conocerte personalmente y hablar en libertad, tú libertad, de todo esto.

Hablar de Diego Rivera, de Dalí, de Picasso, que es de lo que tendrían que hablar nuestros jóvenes, nuestros muchachos, nuestro futuro: de Frida, de Van Gogh, de Siqueiros, el inmenso artista plástico que se volvió gigante en una cárcel de Lecumberri, a la que fue confinado por una injusticia perversa muy a la que te ha alcanzado a ti.

Conversar, compa, de artista a periodista, de música, de letras, de cine. Y reír con Amélie, esa película francesa que tanto te gusta, donde el mundo es arte, belleza, fantasía, esperanza. Exactamente todo eso que te arrebató nuestro silencio.

Quiero pensar que ese día es posible, Atzin. Quiero pensar que podemos hacerlo posible para pedirte perdón, a ti y a los otros 10 que cayeron contigo, a los otros 43 que andamos buscando, a los otros decenas de miles que entraron en lo oscuro y desde ahí nos gritan, sin descanso, que México es un infierno con 112 millones de demonios que bajamos la mirada y no decimos nada. Nada.♠


Noticias en torno del Periodismo Literario

imagesLe nombramos Periodismo Literario (Literary Journalism, Narrative Journalism, Jornalismo Literário, Journalisme Littéraire) la denominación más extendida internacionalmente, pero también Periodismo Narrativo. Términos próximos, pero no sinónimos.

Su característica principal es plenamente identificable: el género de textos periodísticos que utiliza recursos expresivos considerados como propios de la literatura, para relatar los acontecimientos noticiosos que conciernen al individuo y su sociedades.

Está en auge. En Estados Unidos, buena parte de Europa y también en América Latina -con México incluido- sus ejemplos son numerosos y reconocibles.

Al mismo tiempo que un número cada vez mayor de periodistas y editores se aventuran en su ejercicio, difusión y perfeccionamiento, desde la academia aumenta la atención y el estudio de sus categorías y componentes.

Suele confundírsele con la crónica periodística –aunque en México, en los hechos, a cualquier texto periodístico plagado de adjetivos o afanes estilísticos mínimos se le suele confundir con la crónica- pero el periodismo literario es mucho más:

Es un género híbrido -y por híbrido debe entenderse el producto de una fusión entre culturas diversas- resultado de una conjunción precisa, habilidosa, de veracidad verificable, vinculada tradicionalmente al periodismo, e intención estética, vinculada tradicionalmente a la literatura.

Así como debe cumplir cabalmente con el pacto con el lector (la garantía periodística de que cada dato, cada frase, cada hecho relatado tienen tras de sí un trabajo periodístico minucioso, verificable y completamente ajeno a la invención o a la ficción) el periodismo literario no opone resistencia alguna para utilizar cuanto recurso expresivo de la literatura está a su alcance.

Así, se sirve de los géneros más diversos, desde la novela hasta el cuento, desde el ensayo hasta la poesía, y del cúmulo de figuras retóricas que le ofrece el lenguaje escrito.

Su objetivo es llevar hasta la mente del lector, al centro de su raciocinio y al conjunto de sus emociones, la noticia, el mensaje informativo.

Y como también involucra a todos los géneros periodísticos, los trastoca para transformarlos, fusionarlos o renovarlos.

Por ello, el periodismo literario es más que únicamente crónica: es entrevista, que se cruza con la biografía y la semblanza para engendrar el perfil, la mirada de 360 grados sobre un personaje; es crónica, que traspasa el cuento, la novela y el cuadro costumbrista, para ampliar sus fronteras de mera narración cronológica; es artículo de opinión o columna, que atraviesan el ensayo, la disertación literaria o el monólogo interior para constituirse como ensayo periodístico literario; es nota informativa, que puede imbricarse con las estructuras del cuento o incluso la fábula para explicar un momento específico de un individuo o un acontecimiento en la sociedad.

Es un género que suma a otros géneros y que dota al periodismo, o mejor dicho recupera para el periodismo, a los seres humanos con rostro e historia individuales, que sirven de vehículo para explicar lo colectivo.

En síntesis: el periodismo literario es un género de géneros. Amalgama.

 Nociones de un mismo temaUnknown-5

¿Puede hablarse de éste como un género nuevo? No, ciertamente.

Tal como anota el catalán Albert Chillón en Literatura y Periodismo: una tradición de relaciones promiscuas (UAB, 1999), más precisamente se trata de una reclasificación. Con ésta se designa un conjunto de escritos claramente multidisciplinarios y transfronterizos.

Así como a la composición que conjunta fotografía, literatura, pintura, sonido, movimiento y música se le identifica con precisión como Cine, la denominación Periodismo Literario aglutina los productos periodísticos que, en uso pleno de esa condición multidisciplinaria, recogen aportaciones expresivas de los géneros literarios testimoniales -diario personal, relato de viajes, ensayo, prosa costumbrista, género epistolar, entre tantos otros-, así como de las modalidades documentales -historias de vida, tradiciones orales- de los discursos televisivos contemporáneos -serie policiaca, telenovela, serie de intriga o misterio- y hasta de los cinematográficos -efecto Rashomon, flashback, flashforward-.

Reconoce con una identidad precisa a todo aquel periodismo que abreva de las fuentes literarias personales, como las memorias, las autobiografías, las confesiones, los relatos de experiencias, las semblanzas, los retratos, la novela histórica, el relato policiaco, las historias cortas y los cuentos.

El periodismo literario es un género contemporáneo de la novela realista, de la prosa literaria testimonial, de la narrativa científica y de la escritura periodística, facetas distintas, pero vinculadas, del mismo fenómeno cultural y comunicativo: la sensibilidad realista de la época moderna.

Otros estudiosos alrededor del mundo también han aportado ya sus nociones particulares al respecto: Norman Sims, investigador de la Universidad de Massachusetts en Amherst, y cofundador de la Asociación Internacional de Estudios sobre el Periodismo Literario (IALJS, por su denominación en inglés: International Association for Literary Journalism Studies), explica que el Literary Journalism es una combinación precisa y deliberada de inmersión, voz, exactitud y simbolismo con ambición literaria.

El canadiense Bill Reynolds, presidente de la IALJS y coautor de Literary Journalism across the world (University of Massachusetts Press, 2011), dice que el género es la utilización de recursos que alguna vez se reconocieron como característicos del Nuevo Periodismo estadounidense, pero que han formado parte de manifestaciones periodísticas anteriores, en distintas partes del mundo, muchas décadas antes de que Tom Wolfe acuñara el famoso denominativo en los años 60.

El investigador estadounidense Mark Kramer dice en Literary journalism: a new collection of the best american non fiction (Ballantine Books, 1985), que es aquel género en el cual las artes estilísticas y de construcción narrativa, asociadas desde siempre a la literatura de ficción, ayudan a atrapar la fugacidad de los acontecimientos.

Los españoles Jorge Miguel Rodríguez y María Angulo, coeditores de Periodismo Literario: naturaleza, antecedentes, paradigmas y perspectivas (Fragua, 2010) lo designan macrogénero, porque agrupa un conjunto de composiciones que unen el rigor del reporterismo, el respeto por el pacto de lectura (el compromiso y el deber del periodista de no inventarse ni un solo dato, ni una escena) y la calidad estética del relato.

Un macrogénero que además adopta todo tipo de géneros y estéticas de la cultura de un tiempo y un espacio. Como periodismo, registra todo lo que acontece a la humanidad. Como literatura, como poética, revela el alma del hombre en ese instante de la historia.

En el periodismo literario, la adopción de recursos expresivos de la literatura no escinde a los textos de su condición periodística, en tanto que no se trata de un ornamento estilístico, ni siquiera de un mero recurso estético para cautivar al lector, sino de una posición definida ante la realidad. A la manera de Flaubert: “el estilo es una manera absoluta de ver las cosas”.

Rodríguez y Angulo son claros: la estética no sólo embellece el relato periodístico, sino que, al detenerse en los detalles que el periodismo tradicional y estandarizado ignora, alcanza una dimensión más humana y, por lo tanto, más real de la historia. El resultado son crónicas, reportajes, perfiles, artículos, columnas que logran una máxima eficacia periodística, referencial y factual, al narrar los hechos.

El cruce indistinto entre fronteras es claro y deliberado, escribe el académico español Fernando López Pan: el paso del periodismo a la literatura no es el salto del mundo de los hechos al mundo de las ficciones, sino un cambio del plano del simple registro al plano de la interpretación.

Los hechos narrados bajo la lógica del periodismo literario interesan, en la medida en que están saturados de humanidad, no de sensacionalismo ni sensiblería.

En algunas regiones del mundo, principalmente América Latina, se le designa con periodismo narrativo, apelativo recurrente sobre todo entre aquellos periodistas quienes, al mismo tiempo que lo ejercitan -de forma generalmente intuitiva- han comenzado a reflexionar sobre su condición y arquitectura.

Uno de ellos es el colombiano Juan José Hoyos, quien después de tener tras de sí una sólida carrera periodística decidió aportar material documental y escribió la que hasta ahora es quizá la mejor metodología sobre el género que se haya escrito en nuestro idioma: Escribiendo historias. El arte y el oficio de narrar en el periodismo (Universidad de Antioquia, 2003).

Lo define como un discurso que se funda con la aplicación de potentes herramientas narrativas, que permiten “abordar la realidad de modo total y transmitirla al lector como una vivencia en la que están involucrados todos los sentidos”. Son narraciones, porque captan el mundo en toda su complejidad. Resuelven con eficacia el duelo entre la inteligencia y los sentidos.

El argentino Pablo Mancini lo explica como un periodismo que presta más atención a la escritura literaria que a la escueta narración de hechos, que constituye la prerrogativa esencial del periodismo en el sentido moderno del término.Unknown

En la misma lógica, otro argentino, Roberto Herrscher, autor del ensayo Periodismo narrativo: cómo contar la realidad con las armas de la literatura (Universidad de Barcelona, 2012), dice que los textos del género, que pueden llevar al lector a las voces, las lógicas, la sensibilidades y los puntos de vista de los otros, tienen una enorme ambición escondida: no buscan sólo informar, entretener o enseñar algo, sino además que el lector cambie, crezca, conozca “no sólo una parcela del mundo que desconocía, sino que termine conociendo una parcela de sí mismo que no había frecuentado”.

En todo caso, como señala López Pan en el artículo Periodismo literario: entre la literatura constitutiva y la condicional (Revista Ámbitos No. 19), ambas denominaciones, periodismo literario y periodismo narrativo, pueden ser consideradas sinónimas: apelan a la narración periodística y convocan una cierta intemporalidad y una dimensión humana en el relato de lo noticioso.

Orígenes diversos, consolidaciones distintasUnknown-1

Las disertaciones teóricas nos llevan a ubicar el momento fundacional del género hacia la segunda década del siglo XVIII: la creación del libro Diario del año de la peste.

En la reconstrucción, mitad historia documental y mitad memoria ficcional, de los hechos ocurridos durante la epidemia de peste bubónica que azotó la ciudad de Londres en 1665, se mezclan con integridad los recuerdos personales del autor, el escritor y periodista Daniel Defoe, con los testimonios rigurosamente recopilados entre sobrevivientes, familiares y vecinos. El relato contiene además la sustancia de una posible fuente documental, hasta hoy no comprobada, que algunos estudiosos coinciden en identificar: un diario personal del tío del autor, Henry Foe.

A partir de ese punto histórico, cada tradición ubica, con regulares márgenes de coincidencia, un derrotero que atraviesa textos periodísticos identificados, a lo largo de tres siglos, con distintas denominaciones: Crónica Periodística, Reportaje Novelado, Novela de No-ficción, Cuadro Costumbrista, Viñeta, Novela Verité, Entrevista de Personaje, Entrevista de Semblanza, Relato vivencial, entre muchos otros apelativos.

En todo caso, el libro de Defoe no se constituye como ejemplo único, y ni siquiera como frontera temporal infranqueable, sino apenas como primer punto de referencia: si algo consolida esta hibridación periodístico-literario es el surgimiento de la sensibilidad realista, que se constituye como forma nueva de percibir y narrar el mundo, y al respecto no está dicho ni estudiado todo.

Sintetizada en la aspiración de que podía alcanzarse la reproducción exacta, completa, sincera del ambiente social y de la época, la ambición realista supone una estructura sobre la que el periodismo se posó con seguridad.

El mejor detalle que contribuye a esa explicación, y por ende a entender la proximidad de los territorios periodístico y literario a partir de esa época, es el hecho de que una buena parte de los autores realistas tuvo su primer contacto con el público a través de la prensa popular. Ahí se identifica por primera vez la asociación tácita, sistemática y relevante del periodismo y la literatura, no como una mera convención instrumental, sino como una forma específica y conjunta de ver el mundo.

Periodistas y literatos se nutren entonces, recíprocamente, de visiones y mecanismos de construcción discursivos que caminan paralelos, cuando no imbricados.

Unknown-2Modernistas: los abuelos del periodismo literario latinoamericano

Si apelamos a esa lógica explicativa, si observamos el fenómeno de imbricación periodístico-literario que se detecta en el siglo XIX, es posible entender por qué América Latina no escapa a esa influencia desde entonces.

Sin llegar a definirlo como periodismo narrativo o periodismo literario, en su estudio La invención de la crónica (FCE, 2005), Susana Rotker habla de un género híbrido, que surge en nuestra región a mediados del siglo XIX: la crónica modernista.

Un producto transgresor, como ella lo designa, que se centra en la narración periodística de detalles menores de la vida cotidiana, que irrumpe en lo subjetivo, no respeta el orden cronológico pero al mismo tiempo se niega a inventar hechos.

Los modernistas establecen un pacto de lectura para su manera tan rupturista de reproducir la realidad:

“no significa que su subjetividad traicione el referente real, sino que se le acerca de otro modo, para redescubrirlo en su esencia, no en la gastada confianza de la exterioridad”.

Dicho de otro modo: aunque parezca increíble lo que se narra, es un acontecimiento real. Un hecho. Una noticia o la interpretación abarcadora y totalizante de ésta.

La crónica modernista latinoamericana, cuyos representantes más emblemáticos son el cubano José Martí, el nicaragüense Rubén Darío, el mexicano Manuel Gutiérrez Nájera y el brasileño Joaquim María Machado de Assis, surge justo en la época en que comienzan a definirse, y a separarse, los espacios particulares del periodismo y la literatura. Cuando la literatura se arraiga en la esfera de lo estético estética, mientras que el periodismo recurre a la premisa de testimoniar objetivamente hechos del presente, como observa Rotker.aguila

Ellos mismos, los modernistas, se reconocen intérpretes de su entorno social y de su presente cambiante, inasible, vertiginoso. Al mismo tiempo desclasados y sometidos al vértigo constante con un horizonte en perpetuo cambio e inestabilidad, atestiguan el trastocamiento de paradigmas y la volatilidad que les depara el desarrollo industrial de su época.

Está ahí, recién llegado de Inglaterra y Estados Unidos, un novedoso modelo de periodismo surgido tras el telégrafo, que tiene en la llamada pirámide invertida su principal instrumento, pero ellos vuelcan en los periódicos su propia turbación, todo su azoro, con los recursos expresivos que retoman de su propia literatura.

En las mismas décadas que se cimenta el trabajo de los modernistas, se consolida la recién nacida agencia de noticias Associated Press, que obliga a la insipiente industria a buscar un modelo idóneo de texto, breve, conciso, sólo de hechos y sin elementos valorativos, publicable en cualquier diario del mundo interesado por éste, redactado incluso por personas no formadas como escritores.

Ellos, los modernistas, se asumen como habitantes de una tierra de nadie.

Escribe Darío:

“la tarea de un literato en un diario, es penosa sobremanera. Primero, los recelos de los periodistas. El repórter se siente usurpado, y con razón. El literato puede hacer un reportaje: el réporter no puede tener eso que se llama sencillamente estilo. En resumen: debe pagarse al literato por calidad, al periodista por cantidad: sea aquella de arte, de idea, ésta de información”.

Logran salvar las resistencias ideológicas, comerciales y políticas de los dueños de los periódicos en que comienzan a colaborar y, al mismo tiempo, se hacen distinguir de los repórters, sin perder de vista la cercanía entre periodista y escritor, como explica el nicaragüense:

“Séneca es un periodista. Montaigne y de Maistre son periodistas, en un amplio sentido de la palabra. Todos los observadores y comentadores de la vida han sido periodistas. Ahora, si os referís simplemente a la parte mecánica del oficio moderno, quedaríamos en que tan sólo merecerían el nombre de periodistas los repórters comerciales, los de los sucesos diarios”.

Su trabajo limítrofe, marginado y marginal, no es tomado en serio ni por la institución periodística ni por la institución literaria, por el hecho de que sus productos no se encuentran definitivamente dentro de ninguna de éstas, pues la estética que proponen sobrepasa los esquemas vigentes, al relacionar elementos del lenguaje y la representación de la realidad, la escritura y la voz propia.

Justo la consideración que funda lo que hoy denominamos Periodismo Literario.

Auge de un macrogénero

En The Literary Journalists (Ballantine Books, 1984), Sims dice que el estilo utilizado por Defoe es el antecedente directo de obras que dejaron su impronta más visible en el Nuevo Periodismo de los años 60 y 70.

Pero antes de éstos, también está estampado en trabajos periodísticos de Nellie Bly, en los años 20 del siglo pasado, como 10 días en un manicomio; en trabajos de James Agee y Walker Evans como Elogiemos ahora a hombres famosos; en La Jungla, de Upton Sinclair; en Los vagabundos de la cosecha, de John Steinbeck o 10 días que conmovieron al mundo y México insurgente, de John Reed.

De ahí seguramente abrevaron Hemingway, en su Enviado Especial, o Julius Fucik en Reportaje al pie del patíbulo; John Dos Passos en la trilogía USA -Paralelo 42, El gran dinero y 1919- o John Hersey, quien alcanzó una cumbre del género periodístico literario con su obra Hiroshima, un texto que cualquier escuela de periodismo debería utilizar como una Biblia.

Y luego la generación de nuevos periodistas, en la que Wolfe congregó a Gay Talese, Norman Mailer, Joan Didion, Hunter S. Thompson, Terry Southern, Truman Capote, entre otros, que se sumaron a otras voces periodístico-literarias que llegan hasta nuestros días: Michael Herr (Despachos de guerra), John McPhee, Tracy Kidder, Lilian Ross, entre muchos más.

En La banda que escribía torcido (Libros del K.O, 2013) Marc Weingarten es claro al explicar porqué este conjunto de autores se acerca a las estructuras literarias desde el periodismo:

“las herramientas tradicionales con las que se realizaban los reportajes resultaban inadecuadas a la hora de cubrir los tremendos cambios culturales y sociales de aquella época. La guerra, los asesinatos, el rock, las drogas, los hippies, los Yippies, Nixon: ¿cómo podía un reportero tradicional, que se ajustaba tan sólo a los hechos, proporcionar un orden claro y simétrico a semejante caos?”

Y esa consideración es plenamente compatible con los ejemplos desarrollados en América Latina: Juan José Hoyos ubica como antecedentes lejanos en nuestra región, a los cronistas del modernismo, pero también a los periodistas colombianos, mexicanos, argentinos, chilenos que les sucedieron: los que relataron la Revolución de 1910, los que contaron las disputas sociales del medio siglo XX, aquellos que recorrieron las expresiones literario periodísticas que subsistieron a la industrialización del periodismo en nuestra región; los que compartieron espacio con los escritores narradores de la generación del Boom -con Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa a la cabeza- quienes tuvieron un peso definitivo en el periodismo y la literatura, y trascendieron los territorios de ambos géneros.

Un estudio menos impresionista puede, con minuciosidad, encontrar las claves históricas precisas del periodismo literario en toda la región latinoamericana y sus diferentes caminos expresivos, que aunque son comunes en lo estructural tienen diversas manifestaciones y desarrollos en lo estilístico.

Redimensionar el papel fundamental de obras surgidas de la hibridación periodístico literaria, en autores como el mexicano Ricardo Garibay, quien en toda regla supone la marca contemporánea del perfil periodístico literario con Las glorias del gran Púas; como Germán Castro Caycedo y su Perdido en el Amazonas, que bien puede catalogarse como un relato periodístico de aventuras; como la mexicana Elena Poniatowska, cuya Noche de Tlatelolco es una crónica periodístico literaria que recurre magistralmente, quizá de forma intuitiva, a lo que se identifica como Efecto Rashomon, -hacer del entramado minucioso de testimonios plurívocos el eje narrativo de la historia-; o como el argentino Rodolfo Walsh, cuyo reportaje Operación Masacre funde verismo documental con estrategias narrativas extraídas de la literatura, para mostrar una verdad escondida entre estructuras discursivas que se superponen.Unknown-3

De ellos abrevan, deliberada o intuitivamente, las generaciones posteriores de periodistas que hoy posan un pie en el terreno de lo periodístico y otro en el terreno de lo literario: de la argentina Leila Guerriero a la mexicana Marcela Turati; del colombiano Alberto Salcedo al chileno Juan Pablo Meneses o el salvadoreño Oscar Martínez: el dato periodístico y la intensión estética en conjunción precisa, como forma de interpretar el presente que habitan.

Si retomamos la noción de Todorov, respecto de que los nuevos género surgen de la transformación de varios géneros precedentes, por inversión, por desplazamiento o por combinación, es fácil entender el auge y el arraigo de un género que nos demanda que aprendamos su denominación precisa y plenamente identificable: Periodismo Literario.♠

Publicado en: Sobre el Periodismo Literario - RMC


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