Entrevista

Julieta Fierro: astrónoma y mambera

Julieta Fierro, mujer de ciencia en la ciudad de México, astrónoma, mambera, madre, bailarina de ballet clásico, ciclista, triunfadora, se sabe perfectamente el truco mejor para la felicidad constante, pero habrá de revelarlo hasta el final de la entrevista.

Porque no es nomás decirlo, como quien asoma la cabeza en la azotea para ver a Orión entre las nubes cochambrosas de ozono. Primero hay que notar esas pasiones de científica connotada, ese amor por su trabajo, por la vida, por la ciudad que la deleita.

¿Y qué hace un astrónomo en una ciudad donde no se ven las estrellas?

Pues los astrónomos que vivimos en la ciudad de México en general hacemos observaciones remotas, además ya
casi son remotas todas, los satélites nos ayudan mucho.

¿No le da algo así como desasosiego nunca ver una estrella en este cielo?

Bueno, sí vemos, aquí tengo mi telescopio.

¿Y a poco sí se ven?

Estrellas en el cielo, claro: se ve Orión precioso, la constelación que todo mundo conoce, las tres estrellas, que se llaman también los Tres Reyes Magos, por lo bonito que se ven.

¿Le gusta el cielo de la ciudad?

Sí, por supuesto, yo que soy defeña absoluta, y vivo en una unidad habitacional, en Copilco, me he subido ahí,
junto al tanque de gas, a ver las estrellas.

¿Aunque esté todo cochino el cielo?

No siempre está todo cochino. La mayoría de las veces sí. Hay que buscar noches bonitas.

¿Cuáles han sido las noches bonitas que recuerda de la ciudad?

Yo creo que las noches que me subí a la azotea de mi casa con alguno de mis hijos y le platiqué lo que estaban
viendo.

¿Qué les platicó?

Pues todo, que ahí había un grupo de formación estelar, que allá hay una estrella que ya va a explotar porque es
supernova, en fin, las propiedades de los astros, las constelaciones.

Oiga, ¿los astrónomos siempre andan en las nubes?

A ver: la ciencia lo que quiere es avanzar en el conocimiento, y la Astronomía moderna se llama Astrofísica. Los
astrónomos no somos personas raras, somos gente común y corriente. Nos gusta el arte, yo tomo clases de ballet,
hasta lo he hecho en la televisión.

¿Usted baila ballet?

Sí, ballet clásico. Y he bailado mambo, tengo un grupo de mamberas.

No me la imagino.

Soy mamberista, con Las Mamberas de Minerva. Mandé hacer un mambo que se va a llamar Sin Embargo Se Mueve, en honor de Galileo. Una carcajada se escapa. Julieta Fierro, como escribiría Eduardo Galeano, es un fueguito que saca chispas y enciende con su fulgor a quien la mira.

Cuando sonríe, los labios, delgados, se le ensanchan, parecen un ecuador rebozante de trópicos, igual si sostiene
una luna en miniatura, o si Jorge, con su lente en mano, le pide tirarse al pasto, encaramarse a una bicicleta, bailar
como odalisca, que salte o que estalle en un nuevo Big Bang: Julieta es origen.

A usted le apasiona la astronomía. ¿Cómo le nació esa pasión?

Iba yo a un colegio francés y siempre sacaba cero en francés y 10 en matemáticas, así que ya sabía, desde muy chiquita, que iba a ser científica. Bueno, en realidad quería ser cirquera, y tener muchos hijitos, pero nunca fui cirquera ni mamá de muchos hijitos.

¿Y qué tanto le gusta la ciudad de México?

Ah, me encanta, me encanta esta ciudad, yo no podría vivir en otro país. Yo siempre he tratado de ir siempre más delante de lo que se permite en una sociedad tradicional como la mexicana, y sólo aquí puede uno permanecer relativamente anónima.

¿Le gusta el anonimato que prodiga la ciudad?

Por supuesto, aunque luego estás en la mira de alguien, nomás un ratito. Quienes lean esta entrevista igual se fijan, pero al rato los rebasa el problema del tráfico, la lluvia, el ruido, la quincena, y ya. No hay tiempo de ensañarse con la gente y atacarla a morir, es la ventaja de esta ciudad.

¿Cuáles son las desventajas?

Las de todos, la inseguridad, los medios de transporte.

Pero usted usa bicicleta, usted le pedalea.

Yo le pedaleo, sí.

¿Desde su casa?

No, no, porque eso sí es peligroso. Aquí en la universidad. A Einsten le gustaba la bici, y hasta escribí un libro en el que me tomé una foto con mi bici, para copiarle.

¿Y tiene su lugar estrella?

Muchos. La UNAM es un privilegio absoluto. La senda ecológica, donde te pierdes por la lava y no escuchas nada.
Caminar por la ciudad, por el Centro Histórico, es maravilloso.

Aun con caos, inseguridad, el miedo.

Sí, me ha tocado. Una vez me asaltaron aquí, en el estacionamiento, con pistola.

¿Se les lanzó?

Yo pensé que las pistolas eran de mentiras. En el Metro dos vece me han asaltado. Una vez con un cuchillo, otra vez me agarré al cuate, me robó mi libro, mi mochila con mi libro, a otro le di una patada en sus partes nobles. Tengo ese defecto, pues como me ven como viejita

¿Pero también la inspira la ciudad, ¿no?

Claro, para todo. Yo, que viajo por todo el mundo, cuando llego aquí me pongo feliz. Me gusta todo, la comida, la gente, la posibilidad de hacer cosas, esta ciudad es fascinante porque está viva.

¿Entonces es usted una mujer feliz?

Lo que pasa con la felicidad es que es relativa, depende contra quién te compares. Y el segundo punto es que se acaba. Seguro has hecho el amor hasta decir que es lo mejor de tu vida, pero siempre quieres más, no te colmó de por vida, entonces lo que hay que hacer para ser felices es trabajar, trabajar todo el tiempo, y en el trabajo está la dicha.

Es feliz, Julieta.

Yo soy feliz como todos. A veces muy feliz, a veces regular. Pero ya se me sé el truco: el truco es no compararte con los demás, trabajar, tener amigos, tener familia y al final de la semana pensar en las cosas bonitas que te dio la vida.


Texto publicado originalmente en El Universal, el domingo 10 de febrero de 2008.


Javier Valdez... una entrevista inédita


En el año 2009 trabajé en un proyecto que me pareció importante: escuchar las voces de una treintena de jóvenes periodistas mexicanos, que comenzaban a despuntar como figuras significativas en los medios nacionales.

Periodistas de medios impresos, que trabajaban desde sus respectivas trincheras y géneros en el impulso a un periodismo distinto, talentoso, ambicioso, para narrar el México que ya desde entonces se nos derrumbaba a pedazos.

Uno de ellos era Javier Valdez.

El proyecto, titulado Relatos de un país al límite, murió inédito ante el rechazo de múltiples editoriales mexicanas que lo consideraron irrelevante.

Yo no.

Y recuperar esta conversación con Javier, a un mes de su asesinato, me permite decir, como le dije  entonces:

- Compa, este es mi humilde homenaje a un colega reportero ante quien me pongo de pie.

 

valdezSoy un tipo vago.

Le apuesto a la calle en lugar de las oficinas y las conferencias de prensa. Sí. Un reportero que le apuesta más al ser humano y a las historias de la calle, que a las de oficinas y políticos y dirigentes. Quizá por eso creo que he sido aventurero en muchos sentidos. Y también temerario.

Me pregunto siempre si la nota está terminada, si ya puedo soltarla y aún después de entregarla pienso si le falta algo, si me va a meter en problemas.  Pero el periodismo siempre es meterse en muchos problemas. ¿No?

Trato de mirar más allá de las palabras y escudriñar los sentimientos, la mirada, las personas, sus ademanes. El ser humano y la escenografía urbana o rural en que se me presentan las historias. Porque me gustan más las historias que las notas periodísticas. Creo que aún el texto más elemental amerita un mínimo trabajo de observación, análisis, para que no se lo presentes al lector de botepronto.

Si me preguntan –soy un sociólogo por la Universidad Autónoma de Sinaloa metido a periodista- les diría que las lecturas que me formaron en realidad son más literarias, que periodísticas o académicas. Sí. Sobre todo una: Todo lo sólido se desvanece en el aire, de Marshall Berman.

Otras son La virgen de los sicarios, de Fernando Vallejo; obras de César Vallejo, que era un poeta peruano. También Charles Bukowski, y Rubem Fonseca; Álvaro Mutis, García Márquez, Benedetti… los policiacos Chandler, Hamet y James Elroy, el mexicano Xavier Velasco y también Juan José Millás.

Después de la carrera me seguí preparando, claro.

Cuando estaba en el periódico Noroeste, en Culiacán, porque era política de la empresa, pero además porque me interesaba. Creo que hay que actualizarse, revisar lo que uno hace, mirarse al espejo, autocriticarse, y ejercer un acto de reempezar y renovarse. Eso: reempezar y renovarse.

Creo que la capacitación y especialización no se dan mucho en el periodismo, con todo y que son muy importantes. Si ves el periodismo mexicano en general, lo llegas a notar:  creo que nos hemos dedicado mucho a cubrir políticos, dirigentes, funcionarios y edificios, y que este periodismo se ha olvidado de la calle, las plazuelas, la vida nocturna, los taxistas y los boleros.

Creo que el ciudadano de a pie, de la calle, debe verse en las páginas de los diarios y en los segmentos noticiosos de radio y televisión.

Además, también creo que hace falta más investigación periodística, y no irse únicamente con las declaraciones.

Los sueldos son bajos y no hay posibilidades de desarrollo más que en función del desarrollo que uno mismo, profesional y personal, se imponga. Las nuevas tecnologías han sido aprovechadas para dejar la calle y creo que es un extremo, porque se ha abusado de ésta y se ha olvidado que es una herramienta, nada más.

Desgraciadamente el periodismo ha denunciado, pero al periodismo también le ha faltado sociedad: no hay ciudadanía en muchas regiones del país ni una cultura de medios que le permita al político –porque no lee periódicos- retomar un reportaje para denunciarlo, llevarlo al congreso, asumir una postura pública, y muchos trabajos del reportero se quedan en las planas de los diarios. A esto se suma el cinismo de los nuevos políticos: ya no les importa qué publiquen los periódicos.

El gobierno le sigue apostando a publicar obras en los medios a cambio de silencio, igual que los empresarios. Y muchos empresarios con capacidad económica le apuestan a financiar campañas y partidos, para luego cobrar favores, en lugar de publicitarse en los medios y fortalecerlos.

No digo que todo sea malo. No. Creo que afortunadamente hay una prensa más crítica, pero todavía atrapada en los grupos de poder, de dentro y fuera del gobierno. Y con una agenda más política, que social y humana.

Sin embargo, ahora se depende menos del gobierno y de los partidos, pero creo que todavía hace falta más presencia ciudadana, de organismos y de los mismos empresarios, para que cada quien aporte en el desarrollo democrático.

Y creo que los medios, con su ejercicio crítico, de investigación, de denuncia, pueden contribuir a un mejor panorama ciudadano, de respeto a los derechos, menos propicio para el abuso y la impunidad. Lo creo.

Empecé repitiendo los vicios de todos

¿Qué si en la prensa mexicana existe la maldición de la pirámide invertida, la declaracionitis?

Bueno, yo creo que la pirámide invertida es básica, pero no es una camisa de fuerza. A mi, en particular me gusta más combinar este esquema con nuevas formas de contar y escribir y trabajar las historias.

Aunque te voy a decir: yo empecé repitiendo los vicios de otros ¿eh? como todos, pero siempre quise incluir en mis textos una prosa poética, que no fuera lo de siempre, lo fácil. Algo así como los sentimientos.

Hoy mis herramientas de trabajo son: escuchar. El oído, herramienta en desuso. Y la vista: mirar, observar, escarbar. Acudir con la gente, platicar, conversar, tomar nota, retratar gestos, calles, esquinas y quedarme con sus miradas, sudores y palabras.

Creo que es necesario desnudar el ambiente de violencia, de constante acechanza, de sicosis y paranoia, en que la gente vive sus días, va al trabajo o a la escuela, anda por la calle y realiza sus actividades cotidianas.

Pero… la verdad es que no pude romper los vicios del gremio periodístico sino hasta que conocí a quiénes sí los habían roto y practicaban otra forma de hacer periodismo, que fue cuando tuve contacto con personas de otros medios que no eran el mío, los de la prensa escrita, específicamente Noroeste.

Yo ya había trabajado en El diario de Sinaloa, que ya no existe, a principios de los noventa, luego en Canal 3 de televisión, en el diario Noroeste. Actualmente soy reportero fundador del semanario Ríodoce y corresponsal de La Jornada.

Pero fui conociendo referentes: el trabajo de Gabriel García Márquez, por su prosa; a Kapuscinski, por su verticalidad, humanismo y tezón, además de su prosa; a Jesús Blancornelas por esa terquedad y la capacidad para hacerse de información; a J.M. Servín, por su capacidad para construir historias tomando como base un hecho policiaco, y al Alejandro Almazán, por su prosa.

¿Pero sabes qué? Nunca pretendí ser reportero. Yo siempre quise escribir, pero académicamente o como un escritor, un narrador.

Un día un hermano me dice que hay chamba de reportero y le entro y me aprueban y ya. Fue una trampa. Pero mi formación como sociólogo, mis lecturas, mi perspectiva crítica, me han ayudado.

¿Qué si me especialicé? No. No sé si sea especialización. Primero me gustó mucho lo urbano, la ciudad como personaje, las plazuelas, cafés, cantinas, las mujeres, la vida noctura, las partes altas de los edificios, los baldíos y rituales del chapopote.

Creo que al periodismo le falta vida y la vida está en la calle.

Ahora, con el ser humano en el centro, me he dedicado en gran medida a la crónica del narco, porque es lo que hay acá, pero también porque creo que es necesario desentrañar más allá de los hechos policiacos.

Porque el narco… el narco no es un problema policiaco, sino una forma de vida. Y creo que hay que contar eso, no como los buenos y los malos, sino simplemente decir esto es, esto tenemos, esto pasó.

Porque yo, si te soy honesto, lo que quiero es contar, a veces denunciar… que la gente se entere, que asuma una postura, provocar y compartir una vivencia.

No digo que no sea dificil, sí. Difícil por la acechanza del narco y la especie de toque de queda del Ejército y sus operativos. Pero creo que hay muchas cosas que deben ser contadas y pubicadas en los diarios, en la radio y la televisión, pero que no las vemos porque nos hemos enfocado mucho a los eventos, los políticos, los edificios, olvidándonos de la gente y sus problemas cotidianos.

Y tienes tus límites. Sí, es evidente que hay instituciones y personas que no se pueden tocar o criticar en los grandes medios, a quienes se les “cuida” para que no salgan “raspados” en algún conflicto.

Ahora, al periodista le meten un AK-47

Si algo rechazo, es la censura. Totalmente.

La censura es una forma de mutilación del alma del periodista y de la persona en general.

Antes se les amenazaba -los políticos y personajes económicamente poderosos- para que no hicieran tal nota. Luego se les retacaba la boca de billetes para que no escribieran. Ahora ya no.

Ahora, al periodista le meten un cañón de fusil AK-47 por parte del narco, matones y policías y militares a su servicio.

Pero también hay un ambiente de amenaza constante que existe en medio de operativos policiacos y militares y actos salvajes del crimen organizado.

Por eso voy contra eso.

Censurar es mutilar, prohibir: no protestes, no digas, no escribas no respires.

Afecta a los periodistas pero también al ciudadano común. Ahora la principal amenaza o los principales censores son el ejército y los narcos, por la llamada “guerra” (Nota: se refiere a la guerra contra el narcotráfico declarada entre 2006 y 2012 por el gobierno de Felipe Calderón que, por hacerse sin estudios previos ni análisis precisos, desató una carnicería que dejó más de 100 mil muertos en el país).

Aunque los dueños de los medios informativos, el gobierno y los poderosos en general siguen estando ahí para darnos línea y dictarnos a quién tocar y a quién no.

Yo la censura la he padecido porque el ambiente en el que uno desarrolla el trabajo periodístico no es propicio para el periodismo.

Uno ya no piensa en el editor o el jefe de información o el lector a la hora de escribir una nota, sino en el narco, el matón, el operador que anda suelto, armado, protegido por la policía, que se pasea impunemente por las calles de cualquier ciudad.

Ese ambiente, sin que haya una amenaza directa, es amenazante: como si siempre hubiera un francotirador apuntándote, esperando, al acecho, para la celada, para jalar el gatillo.

* * *

-       Javier: ¿por qué vale la pena ser periodista en estos días?

-       Vale la pena porque todavía hay mucho qué contar, porque la ciudadanía, con todo y que dice te voy a echar al periódico, todavía no se ve en los medios.

Tenemos que contar sus historias, aparentemente cotidianas y sin chiste, pero que son trascendentales. Y enlazarlas con los grandes problemas de la ciudad, el estado y el país.

Creo que al periodista le falta leer, prepararse, toparse con un buen cuento, una novela, unos versos, cambiar el lenguaje en sus notas, atrapar al lector, a la gente común, para que ésta vea sus broncas retratadas en las páginas y los segmentos de medios electrónicos.

Creo que por eso y porque este país poco ha cambiado, que vale la pena escribir, hacer periodismo.

¡NO AL SILENCIO!


No hay decencia (ni ética) en el México de 2015: Krauze

Enrique Krauze se detiene un poco para meditar sus respuestas, sabedor del peso exponencial de sus palabras. Pero ésta, cosa inusual en la entrevista, la lanza inmediata, implacable: en el México de Enrique Peña Nieto, hay una ausencia total de liderazgo ético.

COl4GI3UwAAxMmbY por eso, precisamente por eso, el país avanza hacia el derrumbe.

Cualquier mexicano habrá escuchado nombrarlo. Krauze es el intelectual por antonomasia: una mente culta, de matiz enciclopédico, con un conocimiento profundo del México de entresiglos, que lo mismo acepta su papel como integrante de esa intelectualidad que le ha quedado a deber tanto al país, que niega su yerro a la hora de avalar reformas estructurales ineficientes, fallidas, porque han sido impulsadas por corruptos.

Krauze habla de diálogo, de ausencias, de corrupción, de civilidad y de esa aún lejana sociedad decente -que define su admirado Avishai Margalit como entramado de instituciones que no humillan a las personas sujetas a su autoridad- para un México que cada vez está más lejos de ser el ideal.

“Estamos detenidos, más que avanzando”, dice el escritor, en una entrevista que, primordialmente pactada para hablar del primer tomo de su nueva colección El ensayista liberal que reúne algunas de sus grandes conversaciones con pensadores, intelectuales, filósofos de todo el mundo, termina en una reflexión precisa, pero serena, del México de hoy.

Y no regatea miradas. Krauze sabe lo que valen sus palabras. En este país tan falto de diálogos, de líderes decentes, de sociedades comprometidas y dispuestas a moverse, él sabe lo que tiene que decir. Y va a decirlo.

- Una de las bondades de su nueva colección, Don Enrique, es reencontrarse con ese diálogo profundo, inteligente, que va más allá de las opiniones epidérmicas. Rescatar el debate de ideas, convergentes o disidentes, como forma de acercarse al otro…

- Yo siempre fui a buscar a los escritores, a los intelectuales que pudieran arrojar una luz sobre la circunstancia del momento y sobre los problemas que veía acuciantes y confusos. Quise buscar claridad en autoridades, para que me dieran su perspectiva más amplia. La realidad mexicana, latinoamericana, la revolución, la utopía, los fundamentalismos… me pareció siempre que complementar la lectura de los libros pertinentes y la conversación con esas personas, me permitía comprender un poco más. Y la comprensión es una puerta de la libertad. Yo creo que el modo de ser libre es comprender. El debate es pobre. Es politizado. Hay mucha politiquería, mucha vanidad.

- Y poca inteligencia, también…

- Cortedad. Yo veo chismografía, y muy poco vuelo, poca compresión y sobre todo muy poca generosidad. Poco sentido del equilibrio, poca perspectiva. La fácil denuncia que he dicho. Hay una especie de tácito, permanente presidencialismo en México. Ya el presidente no es el de aquella Presidencia Imperial. Ya no. Este presidente no tiene el poder de Luis Echeverría, de Carlos Salinas o de Díaz Ordaz… ni el de Porfirio Díaz. No obstante, todo el mundo está obsesionado con el presidente. Bueno, el presidente ha hecho algunas cosas bien y muchas cosas mal. Nada más que la vida mexicana dedica la mayoría de sus artículos a concentrarse en qué pasa en Los Pinos. ¡Es que la realidad mexicana es mucho más amplia de lo que pasa en Los Pinos! Social, cultural y económica. De toda índole. Para bien o para mal. Los matices son muchísimos. Los problemas complejísimos… y seguimos fijos en la idea de que el presidente es el que tiene todos los hilos. Hay una especie de inercia del presidencialismo mexicano en el mundo periodístico y eso empobrece nuestro análisis de la realidad.

- ¿Pero sólo en el mundo periodístico? Yo lo veo permeando toda nuestra cuestión pública…

- Está permeado en el debate en general. En todas las áreas. Tiene ese problema el debate mexicano. En Letras Libres pensamos que el debate y su riqueza son lo que enriquece a la democracia. Hay una liga directa.

Y en México, es pobre el debate. Es pobre por todos esos defectos que me parecen morales: la vanidad, la frivolidad, la propensión de darle al público lo que pide: hay una especie de populismo literario y populismo periodístico. No sólo político. Y todo esto nos distorsiona.

- Hay una serie de ideas que se repiten a lo largo de estas conversaciones… entender la actualidad a partir de lo que la historia nos hereda. ¿En qué momento estamos detenidos?

- Estamos detenidos en la construcción… detenidos, más que avanzando: detenidos. Has usado una buena palabra: estamos detenidos y desorientados en cómo seguir construyendo, no solamente un régimen democrático sino una sociedad democrática, en el sentido más amplio del término: que tenga justicia, que tenga un orden civil, que tenga seguridad para la vida humana, que tenga posibilidades y oportunidades de crecimiento, en donde haya un imperio de la ley: una sociedad que, llamaría el filósofo israelí Avishai Margalit, una sociedad decente. Estamos detenidos frente a otras sociedades.

Cuando se me pregunta qué pienso de España, con todas sus crisis, yo digo: “les voy a pedir un ejemplo. En España sale en primera plana de los periódicos si un señor estrangula a su esposa. Sale en primera plana de los periódicos como un hecho inadmisible y terrible que persigue la policía, eficaz, de manera inmediata y que indigna a la sociedad por completo”. Estamos, en México, a años luz de que eso suceda.

- ¿Qué es lo que nos pasó? ¿Nos atrapamos en los dogmas? ¿En los dogmas liberales, quizá?

- Dogmas liberales quizá no… conformamos una sociedad democrática occidental, una democracia sin adjetivos.

- Sin adjetivos, vale… pero que no ha podido establecer una estructura idónea para una sociedad particularmente corrupta y permisiva…

- ¿Qué es lo que pasó? Nos pasó el siglo XX. El XX mexicano tuvo algunos aspectos positivos. Por ejemplo, un siglo básicamente de paz, ordenado, hubo crecimiento económico, un proceso de urbanización, crecimiento demográfico, el país se modernizó en muchos aspectos. Además hubo paz externa. México fue una especie de isla de paz en medio de dos guerras mundiales. Hubo aspectos buenos, pero mientras, vivimos 70 años bajo un régimen de partido casi único. Bajo el sistema político mexicano, el del PRI, no nos dábamos cuenta de que estábamos dejando a un lado una asignatura fundamental que es la del cumplimiento de las leyes. Todo lo que es la estructura jurídica y cívica de un país.

- Y lo que implicó…

- Como todo el entramado judicial de un país, que va desde leyes, policías, cárceles, ministerios, procuración de justicia… todo ese universo estaba absolutamente politizado y dependiente del poder ejecutivo. A nadie se le ocurrió que había que fortalecer a ese poder olvidado que era el poder judicial. No hablo solo de la Suprema Corte, hablo de todo el entramado. Porque en México las cosas se resolvían de este modo: primero, el Estado monopolizaba la violencia (legítima e ilegítima). Tenía diálogos con los grupos criminales, supeditaba toda la violencia. Y si había un delito grave, era obvio que el presidente tomaba el teléfono y le hablaba al secretario de Estado, de Gobernación y ese delito se resolvía. No se perseguía ni se juzgaba conforme a la ley, sino se suprimía al personaje, se le metía la ley fuga, vaya usted a saber. Se nos olvidó la asignatura judicial en México. Y eso es lo que estamos pagando. Cuando se hunde, cuando entra la democracia (y qué bueno que entra la democracia en tantos aspectos: libertad de expresión, elecciones razonablemente limpias) bueno, nos ocurre que irrumpe la evidencia del crimen organizado, de la lacerante corrupción, permanencia de la corrupción en todos los niveles políticos.

- Y la impunidad…

- Y la impunidad, que es la regla de México. En México nadie cree que si hay un delito alguien lo va a pagar. Vivimos en la ley de la selva. Eso lo plantamos los mexicanos en el siglo XX y lo estamos viviendo en el siglo XXI. No hemos aprendido cómo lidiar con eso y como construir. Y por eso estamos detenidos. Y contra eso no basta denunciarlo, no basta culpabilizar, es importante denunciar, culpabilizar, pero lo que importa es comprender y construir entre todos ese entramado que nos faltó y nadie parece saber cómo.

- Y, ahora que lo menciona, pienso que esa falta de discusión nos impide avanzar.

- Si tú no ves con claridad las cosas, difícilmente encuentras una solución. Si no entiendes tu circunstancia, nada. Y aquí no es que estemos necesitando la inmensa sabiduría de un cónclave de historiadores y de sabios… ¡Se trata a veces del sentido común! Como decir “en este berenjenal, en esta situación nos metimos todos y ya lleva años, décadas”, no podemos pensar que esto puede cambiar de la noche a la mañana. Es muy difícil. Tenemos que pensar que es importante que cambie y que es necesario que inmediatamente empiece a cambiar. ¡No basta denunciar! ¡Hay que decir cómo! ¿Que los políticos no sean corruptos? ¿Cómo cambiamos? ¡Esto no es magia! Un movimiento nacional para desvincular la PGR del poder Ejecutivo, quizá… que haya una especie de Presidente Judicial de México…. no sé… es una idea. No veo muchas ideas en el ambiente. Lo que veo es una especie de borrachera de denuncias.

-Una borrachera entendible, por cierto, porque estamos ahogados de denunciar

- No, claro… la indignación es entendible, natural y necesaria, pero la indignación es un sentimiento colectivo o individual, no es un programa de acción política ni un programa para un país. La indignación puede muy fácilmente volverse auto-indulgencia y pereza.

-¿En eso estamos ahora?

- Sí

¿Un Presidente Judicial para México?

Estamos en el México de la impunidad. Lo sabe Krauze y lo sabemos todos. Que de las cárceles mexicanas escapa quien puede, con habilidad para burlar la ley, pagar apoyos o romper barrotes. Y si no, ahí está el Chapo para confirmarlo.

Por eso, Krauze es vasto a la hora de citar a uno de sus autores de referencia. Y en Gabriel Zaid, en su artículo demoledor ¿Por dónde empezamos?, publicado en el diario Reforma en octubre de 2008, encontramos la síntesis perfecta de nuestra desventura: la podredumbre perfecta de nuestro sistema judicial:

“No es fácil que las investigaciones conduzcan al arresto del culpable, porque es más fácil arrestar a un inocente, porque los criminales reciben avisos de las autoridades para huir o porque las esperan con armas de alto poder: desde los cañonazos en efectivo hasta el degüello. No es fácil que la consignación termine en castigo, porque es difícil reunir pruebas contundentes, y cuando las hay desaparecen; porque los testimonios, confesiones, peritajes, documentos y objetos recogidos suelen estar contaminados por procedimientos ilegales, ineptos o corruptos; porque el ministerio público no es profesional cuando lleva su caso ante el juez, o lo presenta mal deliberadamente.

No es fácil que el juez condene al culpable, porque la acusación o las pruebas son incompetentes; porque los criminales tienen buenos abogados, amigos poderosos y dinero; porque los expedientes son largos y el proceso lentísimo y manipulable; porque sabe cuántas decisiones judiciales no se cumplen; y que nadie lo protegerá, ante el dilema de recibir plata o plomo.

Así lo reflexiona Krauze, cuando menciona reiteradamente los conceptos decencia y ética y me hacen preguntarle si los considera los principales problemas de nuestra sociedad hoy:

- Todos están interconectados. Impunidad con inseguridad, inseguridad con la falta de una estructura de procuración de justicia… son vasos comunicantes . Todo está relacionado. Pero yo insisto ¿dónde está la génesis de esto? Aquí hay una labor de comprensión histórica y una labor de responsabilidad política, pública y cívica. La comprensión histórica es: no hemos dado cuenta clara de hasta qué grado el Siglo XX nos condenó a una especie de infantilismo político y cívico. Yo he procurado hacer contribuciones con eso a través de mi libro La Presidencia Imperial, con mis ensayos, pero tampoco estoy pretendiendo que yo he encontrado el hilo conductor. Por otro lado: responsabilidad. Subrayo. Muy pocos autores nos dicen cómo. Uno es Gabriel Said. En su artículo ¿Por dónde empezar? habla de las prisiones, aduanas, notarios, ahí está hablando de por dónde empezar. ¡Empecemos por las prisiones!

Si no podemos limitar el territorio pequeñísimo de las prisiones ¿ cómo puede el gobierno pretender que puede controlar el territorio nacional? Empiecen por convencernos de que pueden controlar las prisiones.

- Recuerdo un texto suyo… en 2013, festinando la reforma estructural planteada por el gobierno mexicano. A la luz de las circunstancias evidentemente fallidas de la reforma energética, de la reforma educativa, de la reforma hacendaria ¿tendríamos que llamarnos a la reflexión de hasta dónde y, sobre todo, cómo queremos cambiar?

- Cuando se aprobaron las reformas estructurales… reformas que, en términos generales yo apoyé… porque yo creo que son, en términos generales muy positivas, yo publiqué en el New York Times un artículo diciendo no había nada qué festejar. Y además la gente no está festejando nada porque la vida no ha cambiado. ¿En qué no ha cambiado? La violencia sigue, la inseguridad sigue, la impunidad sigue, la corrupción sigue. La vida en México, como dice la canción de José Alfredo Jiménez, no vale nada. Las madres siguen acostándose en la noche con la angustia de sus hijos. Corre el dinero, corren las diversiones… pero aquí en México no se respeta la vida humana.

Estamos deprimidos por la corrupción y por el crimen organizado y por la impotencia que percibimos en la persecución de esos delitos. Para no hablar de los problemas ancestrales de desigualdad y pobreza. Entonces, mientras no empiece a haber cambios ¿cuál triunfalismo? No solamente es condenable el triunfalismo, sino aún los avances esos serán precarios, mientras no exista un cambio en lo central, que es el tema de la violencia, la corrupción y la impunidad.

Bueno, días después vino Ayotzinapa, la Casa Blanca… todo lo que ustedes ya saben. Entonces, qué le puedo yo decir? Plantearse una mejoría, una modernización del sistema educativo en México está bien. Plantearse una apertura del sector energético está bien. Que las telecomunicaciones tengan competencia está bien. Que los bancos tengan una mayor flexibilidad financiera está bien. Que la reforma hacendaria, para que sea más equitativa, a mi me parece que está bien, aunque algunos le critican que introdujo inoportuna porque desalentó el crecimiento. Todo eso está muy bien, pero para mi ese no es el problema de México. El problema de México es el que hemos estado conversando usted y yo.

- La impunidad…

- Sí.

- Y me pregunto si una reforma estructural, impulsada por un gobierno, por una clase política tan fehacientemente corrupta como ésta, sin ética, sin moral, puede impulsar un cambio… pienso en la Reforma Energética, en el fracaso de la Ronda Uno, en que los capitales no llegan, porque la corrupción es tan alta que no hay garantías para la inversión. Pienso en la Reforma de Telecomunicaciones, que da canales de televisión abierta a sus leales, al postor más retardatario pero abyecto al poder político en turno…

- Yo creo que las reformas en papel están bien y las reformas pueden ser positivas… pero a todas estas reformas debería de animarlas un sentimiento nacional de decir: los que mandan tienen legitimidad ¿no? Ha habido momentos de eso. Por ejemplo, en tiempos de Zedillo. Es verdad que toda la clase política nos ha quedado a deber. Estamos viviendo un tiempo muy distinto, incluso a aquel de fines del siglo XX, cuando un José Woldenberg dirigía el IFE y Alonso Lujambio estaba ahí. Era una etapa en la que todos los partidos, de izquierda, el PAN, estaban como dirigidos al “vamos a cambiar de veras a México”, para empezar en la política…

- Pero eso no ocurrió…

- Yo siempre creí en la importancia de la política sin adjetivos, pero si hay tanto descrédito, si la clase política misma sufre ese descrédito, las reformas se vuelven mucho menos viables.

- Y mucho menos efectivas, porque están en manos de los ladrones…

- Pero yo, no solamente señalaría a la clase política: francamente creo que muchas instituciones están requeridas de crítica y de autocrítica. El mundo de las comunicaciones, el mundo empresarial, el mundo periodístico…

- Bueno, de ese ya ni hablar…

- Si quiere que le sea franco, yo creo que la iglesia, los sindicatos, todo… necesitamos entrar en un profundo periodo de autoanálisis, comprensión, para buscar las salidas, pero no podemos abandonarnos al desaliento, a la depresión nacional de decir que esto no tiene ninguna salida. Ahí sí yo creo que el sentido común diría que hay que ver el espejo. Poner las cosas en perspectiva en esos casos. Mire usted lo que está viviendo Venezuela, el infierno venezolano.

- Terrible lo que pasa en Venezuela, pero …

- Mal de muchos, consuelo de tontos… nada más que es muy importante poner los problemas en perspectiva. No hay un solo aspecto de la sociedad venezolana en este momento que no sea una tragedia sin precedentes. Ni Cuba. El país más rico en petróleo de América se está volviendo una Cuba de desabasto absoluto, pero además opresivo y con un criminalidad infinitamente mayor que la nuestra...

- Es un derrumbe total… como el nuestro

- No, esto es una destrucción… estamos viendo ante nuestros ojos el derrumbe, como el de las torres gemelas, el derrumbe de un país completo, de una sociedad completa… bueno: México no está ahí. ¿De qué nos sirve saberlo? Nos sirve solamente para poner en perspectiva las cosas. Saber que si no estamos ahí, nada nos garantiza que no podamos estar ahí.

- Y que vamos hacia allá a pasos agigantados…      

- Y que vamos a un paso de deterioro y que más vale que revirtamos el camino y que busquemos el modo de hacerlo. Ahora, ese modo no va por la abolición de la política ¿eh? Ni va por la antipolítica… y a mi juicio tampoco va por el populismo. Es decir: es importante de ir por una crítica profunda y de un replanteamiento de nuestro régimen político y de muchas cosas concretas del cómo que le decía antes.

- Crítica con acción…

- Con acción positiva y no demagógica. Hay que voltear al mundo, aunque nada está bien en el mundo. Y México, cosa que se le olvida a la gente, de veras sí pertenece a un planeta llamado tierra…

- ¡¿No es un satélite?!

- Jajajá… no es un satélite ni está en un territorio de Marte. Tenemos problemas similares a otros lugares ¿Por qué debemos buscar esas respuestas también allá afuera? Entender lo que pasa afuera, para entender lo que pasa adentro. Quién sólo conoce España, no conoce España, dijo Hugh Thomas. Quien sólo conoce México, no conoce México. Entonces yo creo que debemos voltear a otros lados, no para sentir alivio sino para decir: ¿por qué esa sociedad se precipitó en ese abismo, cómo fue eso? Tomar de otras experiencias la amargura y las buenas prácticas, para aplicarlas.

- ¿Y cómo nos quitamos estos resabios de cleptocracia?

- La cleptocracia es una cosa tan antigua como todo el siglo XX, para empezar. Es poniendo en la práctica acciones e instituciones, personas, de una manera fragmentaria pero continua. El gran teórico político Karl Popper hablaba de la ingeniería social fragmentaria. En vez de las grandes utopías, la ingeniería social fragmentaria. Necesitamos muchos ingenieros sociales fragmentarios que apliquen en cada aspecto mejoras… que vayan mejorando a la sociedad por fragmentos… y que la sociedad y el país vaya mejorando por islas, por lugares, por estados, por municipios, por zonas.

Y además, le quiero decir: un análisis objetivo descubriría que tenemos muchas zonas de excelencia: en la cultura, en la economía, en la industria, en el deporte. Hay muchas cosas en las que México descuella. También, toda esta especie de catastrofismo negro que dice que todo está mal… perdón, pero hay muchas cosas en este país que están bien y que incluso son excelentes. Pero, por eso, hay un gran problema, vivimos una especie de Babel o de confusión compuesta de todos los elementos.

El gobierno de los ladrones…

Platicar con Enrique Krauze es un desafío intelectual tremendo.

Lema de campaña
Lema de campaña

Da lo mismo que uno disienta o coincida con él, escucharlo es entrar en el trote de una inteligencia privilegiada. A lo largo de su plática surgirán de él inagotables anécdotas, citas, nombres, datos, difíciles de seguir. Trota su mente privilegiada.

Por ello, cuando la conversación se torna una radiografía del México que él observa, me parece idóneo preguntarle sobre una idea que leí al filósofo catalán Josep Ramoneda: los gobiernos del mundo neoliberal le han perdido el miedo a las masas. Y ello, por ende, los ha tornado arrogantes.

-Fíjese que yo creo que estamos más bien ante gobernantes desorientados, temerosos, que saben que han cometido errores terribles y no los encaran, no saben cómo encararlos… gobernantes inmaduros, impreparados, con un componente de arrogancia.

- Y profundamente corruptos…

- El problema central es ¿dónde está el liderazgo ético? Daniel Cosío Villegas siempre habló del liderazgo ético. Pero ¡ojo! Cuando habló de liderazgo ético, no estaba hablando de liderazgo iluminado…

- Que es una perversión…

- ¡Que es una perversión! No. Cosío Villegas no estaba diciendo “yo soy un santo, soy perfecto y todos los demás son corruptos”. No. Estaba hablando de un liderazgo ético: líderes… que las persona crean en ellos y que humanamente hagan todo lo posible por hacer prácticas y un gobierno responsable. Y que, desde luego, en su vida privada sean absolutamente diáfanos y limpios. Eso sí. Ahora, hemos tenido gobiernos así, muy pocos, pero si algo podemos rescatar de lo mejor de México, de los mejores momentos de México, es el México liberal. Y yo creo que la gran fuerza del liberalismo mexicano, en la época de Benito Juárez, fue el liderazgo ético. Esa elite tenía liderazgo ético. Francisco I. Madero fue un líder ético. También fue locuaz y loco, desaforado…

- ¡Usted es un maderista convencido!

- Jajajaj… soy maderista con adjetivos. Ya no tan maderista. No porque… era muy inteligente… era espiritista y era medio místico… y toda esa cosa lo hizo hacer muchas tonterías… pero un liderazgo ético no. México necesita un liderazgo ético.

- Hoy no lo tiene.

- Hoy no lo tiene.

- ¿El presidente Enrique Peña Nieto no tiene liderazgo ético?

- No. No lo tiene. México no tiene ese liderazgo ético.

- ¿Dónde lo podemos buscar?

- Sinceramente, no lo se. Porque yo creo que hay personas con autoridad ética, en muchos ámbitos de México. En la empresa, en el ámbito religioso, en la intelectualidad. El caso de Gabriel Zaid, que a mi me parece el caso del más discreto pero más profundo liderazgo ético. Yo creo que existe y no dudaría en pensar que… está Luis H. Álvarez en el PAN… yo diría que hasta en el propio PRI ¿no? Pero… si usted ya me está preguntando en términos electorales…

- No. No me interesan los términos electorales, doctor. Eso está tan podrido que…

- Sí. Yo le diría a usted que deberían de surgir… de que alguien, las generaciones jóvenes inventen instrumentos, foros, hechos actos ámbitos de debate. Para que surjan y se expresen. En ese sentido yo quiero decirle que las generaciones mexicanas jóvenes, de 45 para abajo, nos han quedado a deber ¿eh?

- Yo soy uno de ellos…

- Mi generación hizo su parte. Para empezar puso su cuota de sangre, por ejemplo en el advenimiento de esta imperfecta democracia en que vivimos. Ahora, las generaciones siguientes, muy buenas para la denuncia y muy malas para la organización. La denuncia es lo más fácil en el mundo. Usted, para sentirse muy cómodo denunciando, abre su cuenta de Twitter o Facebook y le mienta la madre al presidente. ¿Cuánto tiempo se lleva una mentada de madre? Probablemente 20 segundos.

- Un poco más si es completa…

- Si es completa, bien, 20 segundos. Si le quiere poner emoticones, se lleva un poco más, pero no más de un minuto. Cierra usted y se va a tomar una copa feliz consigo mismo, porque ya contribuyó con su denuncia. ¡Qué heroico soy! Bueno, eso llévelo a artículos periodísticos, a firmas de abajo firmantes… ¡eso no es más que vanidad de vanidades! ¿Cómo se crean liderazgos nuevos? Creando espacios y foros de genuino debate nacional. De ahí surgen. ¿En qué quedó el 132? Le voy a decir: en la frivolidad de la denuncia. Yo se que se sienten muy chichos: ¡Ya le mentamos la madre a Peña Nieto! ¿Por qué no hacen una asociación cívica, un partido? ¿No les gusta la realidad? Dejen de culpar a los sesentones, a los setentones. Incorpórense y hagan un nuevo partido. ¡Incidan en la realidad! ¡Necesitamos foros! Nos han quedado a deber mucho, las generaciones académicas, periodísticas e intelectuales…

- ¿Hará falta un sacudimiento?

- ¿Pues qué más sacudimiento queremos?

- Perdimos capacidad de asombro. Cierto. Cuando pensamos que ya tocamos fondo, aparece un infierno aún más profundo…

- ¡Ah, eso sí! Estamos viviendo al día. De milagro como en la lotería, diría Ramón Lopez Velarde: en un cómodo -o incómodo a veces- flotar. Navegar, diciendo ¡está del carajo todo! Denunciando, echando pestes

¿Dónde están las nuevas organizaciones? ¿Dónde están los grupos? Están en la provincia en algunos lugares, en sociedades que no resuenan. Están en la obra de ciertos artistas, autores, escritores, ciertas obras buenas que se hacen en México, en obras sociales que son anónimas. Y está, no quiero ser demagógico, en el trabajo de las mujeres mexicanas, por ejemplo, que no se pueden dar el lujo de discutir, porque se levantan en la mañana a salvarnos a todos... pero que las clases rectoras intelectuales, políticas, académicas, no entiendan que es hora de intentar nuevas salidas institucionales, eso sí es un crimen.

- Criminales…

- Nos han quedado a deber. No: habría que decir ¡les hemos quedado a deber, porque formo parte de eso!

- ¿Tiene margen para el optimismo?

- Sí.

- ¿Dónde lo pone?

- … mire… Váyase a caminar al Centro un domingo. A cualquier plaza de pueblo -aunque sabemos que muchas están bajo fuego-. La inmensa mayoría de México, por algún motivo, de una sabiduría heredada, tiene un semblante alegre. Cosío Villegas escribió un texto que dice: “sólo le pido a Dios, que el mexicano nunca pierda esa actitud ante la vida, esa sonrisa, ese semblante alegre. Eso le pido”. ¡Y mire que Cosío era un liberal jacobino y nunca mencionaba a Dios! Así decía, en un texto precioso que se llamaba Rogativa. En ese mismo texto también pedía el advenimiento de un líder ético. No veo hoy líder ético. Veo un líder iluminado. Cuando menos puedo pensar en dos ya. Y no veo liderazgos éticos claros entre la gente joven.

Pero esa es mi primera fuente para no abatirme: los jóvenes. En la increíble capacidad de trabajo de los mexicanos y mexicanas. Luego, los que se han ido a Estados Unidos a ganarse la vida. En la diversidad económica de México.

Este México no es el que era en 1980: hay mucha diversidad y potencialidad económica. En las mujeres mexicanas y en los jóvenes hay un inmenso deposito de vitalidad y creatividad. Hay que reconocerlo y alentarlo.♠

Publicado en Emeequis


"Me da miedo no encender una velita de esperanza": Woldenberg

WoldEl sólo título ya es demoledor: “México, las ruinas del futuro”. Pero el contenido del documento, avalado por casi un centenar de investigadores, académicos, artistas e intelectuales que convergen en el Instituto de Estudios para la Transición Democrática, no deja lugar a la duda en el análisis de la realidad mexicana tras el caso Ayotzinapa:

“Cuerpos policiacos, Ejército, partidos políticos, procuradurías de justicia, aparatos de inteligencia, gobierno local y gobierno federal tienen una grave e inocultable responsabilidad, y su actuación, por omisión o comisión, configura un fracaso mayúsculo del Estado mexicano”.

México vive un momento plástico, como lo define José Woldenberg, uno de los principales impulsores de esa reflexión colectiva: hoy nadie sabe, con certeza, qué puede pasar. Y cómo.

Para entender los días que vivimos, para tratar de entenderlos, es que dialogamos con el ex presidente del IFE, quien desde su modesto cubículo de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, rodeado por muros de libros, dice: los puentes entre la sociedad y el gobierno son débiles y lo que está en juego es precisamente eso, “si el gobierno será capaz de procesar esto que está sucediendo y ofrecer una vía productiva”.

Quizá ninguno otro de los presidentes que ha tenido el organismo electoral mexicano pueda jactarse de la condición que hoy ostenta Woldenberg: ser reconocido como figura de respetabilidad y honorabilidad tras su función como conductor de la transición electoral que arrebató el poder al PRI por primera vez en su historia.

Su apellido salió indemne, y desde esa posición es que sus palabras suenan aún más rotundas: “yo también tengo miedo… me da miedo no encender aunque sea una velita de esperanza. Porque la situación sí es delicada”.

-Doctor, la pregunta principal parece ser ¿cómo reestructurar al país, en un momento como éste, tan convulso en términos sociales y políticos?

- Creemos que lo primero es intentar colocar en el debate público diagnósticos y propuestas. A nadie escapa que México vive una situación singular en donde hay muchos reclamos, irritación y malestar. Y todo eso se entiende. Hay sectores de la sociedad movilizados y eso puede ser visto como un elemento positivo y esperanzador. El asunto es cómo ir construyendo una agenda que sea inclusiva y capaz de resolver lo que esta crisis develó: entre otras muchas cosas, graves problemas en los gobiernos municipales, focos de alarma en la persecución de los delitos y la impartición de justicia (las policías, los ministerios públicos, los jueces, los reclusorios) e incluso un cierto rebasamiento de los gobiernos. Lo peor que podría pasar es cerrar los ojos ante eso y pensar que la inercia los va a resolver.

-Hay una certeza, Doctor, el gobierno federal parece no estar dispuesto a escuchar esta voz de las calles… más allá de la violencia… parece no haber capacidad de escucha, de atención a las demandas profundas que grita la calle.

-No estoy tan seguro.

-¿Usted cree que sí?

-Digamos… yo creo que lo que se juega en los próximos días y semanas es eso: si el gobierno será capaz de procesar esto que está sucediendo y ofrecerle una vía productiva… yo no cerraría la posibilidad de que el propio gobierno tenga que hacer un planteamiento de por dónde salir de esta crisis. Creo que está obligado a ello ¿no?

-¿Cuáles pueden ser las opciones?

-Hemos puesto siete temas sobre la mesa, pero no los consideramos una agenda cerrada, sino una proposición flexible que tiene que alimentarse de otros diagnósticos, de otras formas de ver las cosas. Hablamos del tema de los derechos humanos. Casos como los de Tlatlaya o Ayotzinapa no pueden volver a repetir. Creo que lo que más ha agraviado a las personas es descubrir, en el caso de Ayotzinapa, la complicidad de autoridades, policías y delincuentes. Y en ese sentido, al tema de los derechos humanos y la atención a las víctimas no puede dársele la espalda. Y no sólo eso, tenemos que ir más allá: debemos repensar y rehabilitar el poder municipal 

-Con otras lógicas, con otras estructuras…

-Entre otras cosas. Hemos tomado conciencia de que es el eslabón más débil: en esta lucha contra el crimen, donde más puede penetrar y llegar a subordinar a un poder, es precisamente en el área municipal. Tendremos que volver a repensar esto. Además de que, cuando hablamos de municipios en México, hablamos de realidades muy distintas… Guadalajara, Monterrey o Tijuana son municipios igual que Coatecas Altas en Oaxaca.

-¿Se puede plantear una lógica única para esta diversidad?

- Eso es lo que tenemos que discutir. En temas como las policías es evidente que un municipio que tiene tres millones de habitantes, va a tener un cuerpo policiaco relativamente robusto. Pero en poblaciones de dos mil habitantes, lo que tenían eran dos policías que se dedicaban a tipos que se emborrachaban, pleitos en la calle. Esa era la dimensión de los problemas que atendían las policías municipales. Ahora no es así, por eso creemos que hay que repensarlo.

También el tema del poder judicial. Tiene que ser uno de los eslabones fuertes para lograr una convivencia medianamente armónica entre nosotros. No puede estar fuera de la agenda.

-No funciona…

-No, no tanto que no funcione… cuando realmente se resuelven conflictos entre personas o entre personas y el Estado es porque hay un Poder Judicial, es decir… todo tipo de conflictos. 

-Hay una analogía que se escucha en las calles: es como ocurre con un cuerpo… cuando el órgano del Poder Judicial no funciona, se nota: hay fiebre en el cuerpo enfermo de la sociedad.

-En efecto… pero los conflictos que son inherentes a la vida en común encuentran un cause para resolverse por una vía pacífica. Ese es el problema de más fondo: es una utopía pensar que en la sociedad no va a haber conflicto, de muy diferentes tipos. Quien ensueña una sociedad sin conflictos no está más que poniendo en movimiento un ensueño conservador. Vivir en sociedad y conflicto, son sinónimos. ¿A qué se aspira? A que haya una vía para solucionarlos. Y ahí el Poder Judicial es el que juega un papel más relevante.

-A que puedan dirimirse esos conflictos con equidad, con igualdad de oportunidades…

-De acuerdo al Derecho. Que cuando un pobre y un rico se vean en circunstancia los jueces actúen de la misma manera. Que ante dos casos similares no se erijan dos varas y dos medidas.

Propuestas para dialogar

10205052413779566El documento de trabajo que circuló el IETD plantea una realidad: “estamos obligados a reformar todo lo que exige una situación inédita y ominosa, como la que atravesamos hoy”.

Más allá de apostar por el colapso, del “entre peor, mejor”, se trata, dice Woldenberg de plantear los temas de una agenda básica, inicial, de temas de urgente discusión nacional.

-Planteamos tres temas de mayor alcance: la pobreza y la desigualdad. Somos un país demasiado desigual. De hecho no somos un país, somos muchos países. Y ese archipiélago de realidades cruzadas por la desigualdad económica, de acceso a la educación, a la salud, a la vivienda, lo que construye es una serie de grupos con muy escasa cohesión social y donde late mucha tensión, mucho rencor, mucha rabia que no permite construir eso que metafóricamente se llama tejido social. Ahí se ha prohijado esta escalada de violencia.

También está el combate a la corrupción. Si algo develó de una manera dramática y dolorosa el tema de Ayotzinapa es el nivel de corrupción que se había llegado en el gobierno municipal y sus policías.

Luego, pensar en la crisis de representatividad, administrativa y de capacidad de gobierno. Creo que este es un momento plástico, un momento en donde nadie puede saber cuál va a ser el desenlace. Hay muchos actores en el escenario, con diferentes intenciones. Creo que lo mejor, a lo que hay que apostar es a una vía de reformas que hagan mejor nuestra convivencia. Creo que esa es la intención profunda del documento.

-Lo que ustedes plantean es una agenda para dialogar…

-Lo nuestro es un diagnóstico y una propuesta. Pero no es La Propuesta, sino Una Propuesta. Ojalá surgieran otras propuestas para ir embarneciendo esta conversación pública y generar un contexto de exigencia a todos: al gobierno, a las organizaciones civiles, a los movilizados.

-Esta mañana el secretario de Gobernación anunciaba que, en algún momento de esta semana, el Presidente Peña Nieto presentaría una serie de propuestas de reformas en materia de estado de Derecho y yo me preguntaba ¿pues a quién le preguntó ¿Con quién las estructuró? Pienso, no se si esté de acuerdo, que ahí está un problema: en la falta de diálogo con la sociedad, en una total disociación entre este gobierno y la sociedad...

-Faltan puentes de contacto. Eso sí. Una total disociación tampoco creo que exista. La sociedad mexicana es muy compleja y los puentes de contacto que hay entre el gobierno y esa sociedad existen, aunque son débiles. Pero no son dos universos totalmente separados. Ahora, de lo que usted decía, el anuncio del secretario: creo que mucha gente, entre ellos yo, sí estamos esperando un planteamiento del gobierno. A lo mejor no un planteamiento acabado, pero sí una primera reacción a cómo ha impactado esto a las instituciones de gobierno y cómo están viéndolo. A mi me gustaría oír un diagnóstico y una serie de propuestas. Y cómo se van a socializar estas propuestas, porque nunca está de más saber lo que el gobierno está pensando para atender esta situación que estamos viviendo.

-Los actos recientes ¿no nos dan una idea de lo que está pensando el gobierno? Sin magnificarlo, circunscribiendo los hechos a su propia realidad: ¿no nos dice qué piensa el gobierno esta penalización de la protesta pública?

-Yo creo que, hasta donde vamos, el gobierno ha sido tolerante en el ejercicio del derecho a la manifestación pacífica. Incluso en casos como el de Guerrero, donde las manifestaciones han llevado a la quema del palacio de gobierno, municipios, oficinas. A lo mejor ha sido excesivamente tolerante. El problema es que cuando ha respondido a los actos violentos, en algunos casos a quienes se aprehende es a personas inocentes. Y ese es el quit del asunto. El problema es cuando pagan justos por pecadores, que se agarra a personas que estaban ejerciendo el derecho a manifestarse. Ese es el quit del asunto.

¿Nos gobiernan los cínicos?

-Hay una percepción en las calles: una especie, llamémosle de orfandad en la sociedad respecto de sus representantes. Una falta de confianza explícita hacia ellos. ¿Cómo tender nuevos puentes de confiabilidad hacia ellos?

-Pues esa es la pregunta del millón, porque en efecto sí hay una crisis de representatividad. México logró en los últimos años abrir un cause para el pluralismo político, y esa fue una muy buena noticia. Pasó de ser un sistema de partido hegemónico a un sistema de partidos equilibrado. De elecciones sin competencia, a elecciones muy competidas. De un mundo de representación que era monocolor a un mundo plural lleno de contrapesos. Y el ejercicio de las libertades es inmensamente superior a lo que era hace treinta o cuarenta años. Ahí hay un avance muy importante que hay que saber aquilatar. Yo decía, sin embargo, que este avance no había sido acompañado por un avance en el fortalecimiento del estado de derecho y en la creación de una sociedad menos desigual.

Si nuestra convivencia estuviera soportada en un trípode, hemos avanzado en democracia y no hemos avanzado nada en equidad y configuración de un estado de derecho digno de ese nombre…

-Y viene el proceso electoral del 2015…

-Imagino que los partidos y los candidatos harán un esfuerzo, esperaría yo mayúsculo, para volver a tender esos puentes. Y están las candidaturas independientes. Ahí hay una vía para que los ciudadanos interesados puedan en 2015 contender por diferentes cargos. Tampoco hay que alimentar esa idea de que tenemos una sociedad política de todos los males y una sociedad civil que es el manantial de todas las virtudes. Yo creo que hay muchas más líneas de contacto entre la sociedad civil y la sociedad política que la que estamos dispuestos a reconocer, porque nuestros diputados, nuestros senadores, nuestro presidente, salieron de entre nosotros.

-¿Son un espejo de lo que somos como sociedad?

-Tampoco, a lo mejor no es exacto el espejo, pero salieron de ahí. Y en ese sentido pues también quizá no seguir alimentando esta retórica antipolítica es conveniente. Porque yo creo que al final a lo único que lleva es a la frustración y a la decepción. Si de aquí va a salir algo positivo, la política es necesaria.

-Yo soy de los que piensa que estamos gobernados primordialmente por gente que se ha vuelto cínica con el ejercicio del poder…

-Yo creo que hay de todo, en los diferentes niveles de gobierno y en los diferentes partidos. Yo, durante una etapa de mi vida, tuve un contacto muy intenso con los diferentes partidos políticos, y si algo aprendí es que en las diferentes formaciones hay gente muy buena y gente muy mala. Que es muy difícil meter en un mismo carcavón a todo aquel que hace política en México. Hay gente que se preocupa y se ocupa, realiza su trabajo y ese trabajo se puede ver. Y también hay una gran capa de cínicos y logreros, eso también.

-Doctor, me pregunto si un líder político tan cuestionado, tan en la luz de actos presumiblemente corruptos puede encabezar una transformación como la que requiere el país…

-Yo creo que esta transformación tiene que ser concurrente. No creo que pueda hacerse sólo desde el gobierno. Y estoy convencido de que no puede hacerse sin el gobierno. Esas pueden ser dos fantasías que hagan mucho daño: pensar que el gobierno mexicano no existe o ha sido totalmente rebasado me parece que es ingenuo y es una ilusión que puede convertirse en un boomerang.

Por el otro lado, pensar que el gobierno puede solo en una situación como ésta, sin la concurrencia no sólo de las fuerzas políticas sino también de organizaciones sociales también me parece ilusorio. Si algo hemos visto es que el gobierno no es todopoderoso. Se requiere una operación concurrente de todos aquellos que quieran reformar las propias instituciones del Estado.

Los jóvenes y el futuro

-Doctor, en ese documento ¿dónde están los jóvenes?

-Los jóvenes son el motor de la movilización que estamos viviendo. En lo fundamental son los que han dicho ¡basta, no queremos impunidad, no queremos esta espiral de violencia, estamos hartos y estamos ofendidos! Pero al mismo tiempo, creo que ese movimiento tiene qué generar su propio horizonte.

-Me lo preguntaba, sin ánimo de descalificación, porque el promedio de edad de los “abajo firmantes” de su propuesta no se corresponde con la lógica de las calles…

-¿No…?

-¿Cómo se incluye en el debate formal, en el debate productivo y necesario a esa generación que está gritando y no encuentra cómo encausarse?

-Sí, el promedio de edad de los abajo firmantes es muy alto. En eso tiene totalmente razón. Nuestro instituto responde a otras generaciones. Ahora, ni los viejos ni los jóvenes estamos solos en el escenario.10205052414699589

-Pero estamos aislados. Cada cual por su lado…

-Sí, sí, yo me imagino que estas movilizaciones generarán las organizaciones, los liderazgos, los discursos, el diagnóstico y la propuesta que ellos mismos hagan. Y nuestra propuesta no pretende sustituirlo. Y aunque lo pretendiera, no podría. Pero esto puede ser un insumo, una reflexión que a algunos les genere sus propias reflexiones. En una situación tan fluida como ésta, creo que nadie puede aparecer con las tablas de la ley…

-Y eso sería absurdo…

-Totalmente absurdo pretenderlo. Esto es como decir que ojalá otras voces, otros colectivos, otros grupos nos dijeran cómo ven el país y qué es lo que quieren que cambie en el país.

-¿Teme usted a este momento plástico, como usted lo define?

-Yo temo a las espirales de violencia. Y les temo mucho. Porque, a diferencia de otros, creo que lo único que pueden ofrecer es destrucción, sangre, muertos, heridos y más rencores, más animadversión. A eso es a lo que yo le temo. A una escalada violenta.

-Esta polarización… esta abierta confrontación entre las visiones de país…

-Sigo pensando que lo fundamental de la movilización ha sido pacífica. Y aunque ha sido muy crítica, y con razón, ahí hay posibilidades de tender puentes para acuerdos, para convergencias, para construir. Creo que la inmensa mayoría de los mexicanos lo que quieren son una serie de reformas que hagan que nuestra convivencia sea más armónica, mejor, menos desigual, menos tensionada. Y eso es lo que hay que intentar forjar.

-¿Seremos capaces?

-Espero que sí. Lo hemos sido en otros momentos. No tiene por qué no. Creo que sí podemos construir un horizonte común, por lo menos de las fuerzas más implantadas en la sociedad.

-Usted es mucho menos pesimista que yo…

-Será que me da miedo… me da miedo no encender aunque sea una velita de esperanza. Porque la situación sí es delicada.

-¿Ha habido un momento tan delicado, en ese sentido, como el que estamos viviendo ahora?

-Yo no recuerdo uno tan delicado. No lo recuerdo.♠

Publicado en Emeequis


El episodio Aristegui y los aires de intolerancia

aristeguiPara el investigador Raúl Trejo Delarbre, la discusión nacional en torno de la salida de Carmen Aristegui de MVS marca un punto de inflexión, sólo equiparable en su alcance social al ya legendario golpe a Excélsior: hoy los medios mexicanos ya son un asunto cuyas vicisitudes no se pueden ocultar.

“No quiero hacer comparaciones maniqueas, pero sin lugar a dudas estamos ante el episodio de conflictos en los medios que más ha interesado a la sociedad mexicana, incluso por encima del interés que suscitó la salida de Scherer y su equipo de Excélsior en 1976”, dice.

Conocedor profundo de los resortes que soportan ese vínculo, siempre frágil, entre medios y gobierno federal, el catedrático del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM es claro en su señalamiento: a un sistema mediático de decisiones opacas se corresponde un gobierno de políticas comunicativas igualmente poco claras. A la negación mediática de abrir al escrutinio público las decisiones que afectan a sus audiencias, se contrapone un gobierno federal que sigue recurriendo a las presiones, al acoso, para silenciar las voces que son le son incómodas.

En una charla vía telefónica con Emeequis, Trejo Delarbre evalúa el conflicto medios-gobierno que ocupa la agenda de la temporada, revisa los efectos sociales de esa rispidez e incluso lanza un llamado a los medios que conforman la plataforma de filtraciones MexicoLeaks: lo que ha prevalecer es el mejor periodismo, documentado, serio, crítico, que aporte espacios para el debate argumentado. Algo que México ahora no tiene y tanto necesita.

Sin debate, pero con linchamientos

Desde donde nos encontramos nosotros, Doctor, vemos un escenario de turbulencia, de rispideces entre sectores de la prensa mexicana y del gobierno federal… ¿usted lo aprecia así?

Tenemos una prensa crecientemente crítica, y a veces con intereses que acicatean ese talante crítico, y una administración pública, un gobierno federal con una política de prensa que no es del todo clara, que acude a las presiones y a los acercamientos , que sigue haciendo un uso discrecional de la publicidad oficial y que no avanza en el sentido de las relaciones con la prensa.

Decía usted en alguna entrevista que era necesario convocar a una reflexión en torno de la libertad de expresión…

Yo no creo que haya que poner a discusión si tenemos que defender o no la libertad de expresión. Lo que he tratado de insistir es que este tipo de temas deben estar en el tapete de la discusión pública con argumentos y no solo con sentimientos, que los ha habido muchos

Reacciones emocionales…

Insisto en que a la democracia mexicana le falta un mayor ejercicio de deliberación en todos los temas. Prácticamente no hay asunto relevante de la agenda pública en el que tengamos una auténtica discusión. Falta mucha información en algunos casos, pero no hay discusión de ideas. Reforma energética, presupuesto, devaluación, el tema que sea: todos esos son temas en los que hay muchas opiniones pero pocas argumentaciones. No hay espacios para deliberar.

¿Esta falta de espacios será la causa de que estemos en gran desacuerdo, en lo que yo llamo inmovilidad?

No se si sea la causa principal. Quizá la causa principal sea la intolerancia de unos y otros, la ausencia de voluntad para construir acuerdos, la dificultad para mirar en los otros argumentos que pudieran ser atendibles y que incluso pueden modificar los propios. Pero sin duda, esta ausencia de espacios para deliberar –de espacios y de disposición para deliberar—es una de las grandes dificultades para que la sociedad mexicana no tenga entendimientos básicos.

Entendimientos básicos, que son…

Todas las sociedades, cuando son maduras, cuando avanzan, suelen tener una colección de asuntos en los que están de acuerdo: la defensa de la ecología, los derechos de las mujeres, la propiedad estatal de los energéticos, lo que sea. En México se nos han ido difuminando los acuerdos básicos que teníamos como resultado del proyecto constitucional de 1917. Acuerdos que se mantuvieron durante todo el siglo XX. Hoy no encuentro un sólo tema en el cual haya acuerdos capaces de cohesionar a los mexicanos, más allá de nuestras diferencias. Y creo que esto es producto de la inmadurez cívica y de la torpeza de los operadores de la política nacional.

¿En un ejercicio de imaginación extremo, qué responsabilidades podemos hacer recaer en los medios y qué responsabilidades en las autoridades?

Primero voy al gobierno: la responsabilidad del gobierno es proponer, abrir espacios para la interlocución y estar atento a las razones de otros. Pues casi nada de esto está ocurriendo. Las razones del poder político para tomar decisiones no suelen ser suficientemente explicadas. Yo sigo sin entender las razones completas de la Reforma Energética, que no han sido difundidas. O las razones de la política monetaria, o las de casi cualquier decisión. Y esto no ocurre porque, en lugar de argumentos articulados, el poder político, el gobierno, en todos los órdenes que incluyen al gobierno federal, al de la ciudad de México, a los de los estados, suele ofrecer eslóganes, fórmulas que suelen ser maniqueas, para reemplazar a la discusión.

¿Y desde la perspectiva de los medios?

Los medios de comunicación podrían contribuir a resolver este estancamiento si indagaran, si fueran más allá en la denuncia y sobre todo si estuvieran interesados en fomentar el intercambio de ideas. Pero esto no suele ocurrir. En los medios de comunicación, los espacios para expresar ideas son cada vez más reducidos.

Veamos: en las páginas editoriales de los periódicos hay cada vez menos espacio para la exposición de ideas y ninguno para el intercambio. Hay diarios en los cuales los articulistas tienen prohibido discutir entre ellos. Eso ocurre en Reforma y en otros. Los poquísimos lectores que tiene la prensa escrita no encuentran espacios de debate de ideas. En Internet, con ya sabemos, casi todos los espacios están salpicados de la intolerancia y el totalitarismo que sabemos que existe en las redes sociales.

Pienso en el caso de Ezra Shabot…

Sí. Es un ejemplo, bueno para la discusión, aunque lamentable por lo que revela: las decisiones profesionales del señor Shabot, en vez de ser discutidas como tales, son impugnadas a través de una persecución racial (el locutor de MVS tiene ascendencia judía, y ese se convirtió en el principal foco de ataque en las redes sociales) que es completamente inaceptable y que da mucha vergüenza constatar que sigue habiendo estos síndromes de intolerancia en México.

Hay un elemento nuevo: la puesta en marcha de una plataforma de filtraciones, que apuesta por ser una vía para que la sociedad vuelva a vincularse con los medios…

Ningún periodismo profesional puede depender exclusivamente de las filtraciones como fuente de la agenda que va construyendo. Las filtraciones pueden ser útiles para orientar circunstancialmente el periodismo de investigación, pero no me parece que deba ser la principal ni la única fuente. ¿Quiénes filtran? A veces ciudadanos que tienen en sus manos documentos importantes, pero sobre todo el interés político: políticos que quieren revelar malos manejos de sus rivales. Así ha sido la prensa mexicana.

Ha sido así…

La prensa de los años 60 era así. No quiero quitarle la importancia a la plataforma. Lo importante será que este nuevo espacio, que se conoce por las implicaciones indeseables que tuvo en el trabajo de Carmen Aristegui y su equipo con MVS, lo importante serán los criterios con que funcione.

Supongo que no se está pensando en reproducir filtraciones sin comprobar, porque estaríamos ante la reproducción indeseable de la murmuración, sin que nadie gane nada. El buen periodismo debe reconocer que, si bien se puede apoyar las filtraciones, no tiene por qué supeditar su agenda a lo que les digan otros.

Asistimos a episodios de intolerancia desde el gobierno

Percibo una especie de reforzamiento de esos hilos invisibles, pero tácitos, del autoritarismo gubernamental hacia ciertos medios, en contra de las voces que intentan disentir del coro unívoco de la mayoría de medios

Es un panorama complejo. Aunque creo que es un momento en el que hay más espacios abierto a la diversidad de ideas, no necesariamente a la deliberación, sí estamos asistiendo a algunos episodios que revelan un talante de intolerancia en el gobierno de la República y quizá –y esto lo digo con cuidado porque no hay denuncias suficientes al respecto—en la oficina de Comunicación Social de la Presidencia, tanto la actual como la inmediatamente anterior.

¿En qué se traduce?

En la ausencia de algunos comunicadores relevantes.

El caso de Carmen Aristegui…

Un caso muy conocido en el que, al igual que la señora Aristegui, no tengo evidencias de que la Presidencia de la República dispuso su exclusión de MVS, pero hay motivos, por lo menos políticos, para encadenar en nuestros análisis estos acontecimientos: primero, se hace la revelación de esto que se ha llamado la Casa Blanca (la revelación del equipo de Aristegui de una mansión multimillonaria vendida en condiciones opacas a Enrique Peña Nieto por el grupo contratista Higa) y unos meses después ocurre esta exclusión resuelta por la empresa, no sabemos a partir de qué presiones. El trabajo de periodismo de investigación de Aristegui y de otros, tendría que ser precisar estas acusaciones.

Ha habido otros casos…

Tengo que decirle que no los conozco con detalle: se ha mencionado la salida de Ciro Gómez Leyva del Canal Milenio TV, que no fue suficientemente explicada, aunque se ha mencionado que hubo molestia del gobierno por las cifras del combate a la delincuencia organizada. La exclusión del señor Pedro Ferriz de Con, cuyo periodismo no me suscita ninguna simpatía, pero cuya ausencia resulta preocupante. Y alguien comenta del caso de Nino Canún, que no se ni siquiera de qué medio salió… hay casos que podrían ser parte de decisiones empresariales, pero que por lo menos confirman una tendencia de las empresas mediáticas de enorme opacidad.

Sí…

Medios de comunicación que viven gracias a su exposición pública y suelen ser de lo menos transparentes, de lo más opacos cuando se trata de sus asuntos internos. Y esto no ocurre en todo el mundo. En los medios de Estados Unidos, cuando algún comunicador destacado sale de un medio, esta salida suele ser pactada y se anuncia hasta un año antes. En México, de un día para otro, los telespectadores de noticieros o los radioescuchas se encuentran con que ya hay otros conductores y nadie tiene la atención de darles explicaciones. Hay, por lo menos una falta de respeto a los derechos de las audiencias.

¿Ventanas contra el pesimismo?

En esta lógica hay un matiz: se repite en los estrados estatales y municipales…

Creo que en la discusión es importantísima la situación de los medios locales: la ausencia de respeto a los derechos de las audiencias, la prevalencia de criterios mercantiles por encima del interés público, las decisiones opacas, las relaciones de connivencia con el poder político, todo eso se reproduce con mayor dificultad, impunidad y alevosía en medios de los estados.

¿A qué se debe?

Hay menos supervisión de la sociedad, la sociedad crítica se encuentra con menos recursos… y a dónde volteemos: los medios en los estados del norte, Chihuahua, Tamaulipas, Nuevo León, Baja California… los medios en Veracruz, donde hay un enorme déficit en la claridad que le debe el gobierno a la sociedad en su relación con los medios… en casi cada estado hay pequeños pero significativos grupos de ciudadanos que ya están preocupados por darle seguimiento a las políticas de medios y en casi todos los casos hay gobiernos muy poco interesados en rendir cuentas.

Doctor, soy pesimista como muchos respecto del panorama mediático actual... ¿usted tiene alguna ventana de claridad qué ofrecernos?

Bueno, yo no se si la mejor contribución que pueda hacer uno sea atemperar el pesimismo…

Por favor…

Decía Antonio Gramsci que es saludable mantener el pesimismo de la inteligencia sin perder el optimismo de la voluntad… es decir: a pesar de lo lúgubre que pueda parecernos el panorama que tenemos por delante, se debe mantener la decisión de hacer que las cosas cambien.

Y en el campo de los medios…

En el campo de los medios, creo que hay motivos para reconocer que hay cambios importantes: más allá del lamentable episodio de Carmen Aristegui y sus colaboradores, el hecho mismo de que este asunto se haya discutido tanto, de que haya centenares de miles de personas que hayan expresado al menos su adhesión firmando peticiones, y el hecho de que se conozcan muchos detalles de este asunto reconocido en México y en prácticamente todas las latitudes del mundo, indica que los medios mexicanos son un asunto de cuyas vicisitudes no se pueden ocultar.

¿Un parteaguas?

No quiero hacer comparaciones maniqueas, porque el periodismo de Aristegui tiene unas características y el que hacía Don Julio Scherer tenía otras, pero sin lugar a dudas estamos ante el episodio de conflictos en los medios que más ha interesado a la sociedad mexicana, incluso por encima del interés que suscitó la salida de Scherer y su equipo de Excélsior en 1976.

Si…

No digo que esto sea más relevante, pero en aquella época no teníamos internet, ni Twitter, ni Facebook, ni otros medios dispuestos a dar cuenta de este asunto. Hoy es un tema cuenta con muchísimos espacios para ventilarse, para exponerse, y esto creo que es parte de un cambio muy importante. Asistimos a una diversidad que comienza a ser irreversible.♠

Publicado en Emeequis


Monólogo de un hombre muerto

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Media tarde. Un restaurante de clase media en algún lugar de México. Es una casona con amplias ventanas y apenas comenzales. Hay bullicio de conversaciones. En una de las cinco mesas del lugar, de espaldas a la puerta de entrada y de frente a quien lo escucha, está sentado Flavio Sosa. Es un hombre de 50 años. Cae un haz de luz sobre su espalda, que enmarca un rostro redondo, ojeroso, cubierto por una espesa barba, entrecana igual que su largo e hirsuto cabello sujeto por una cinta. Su gesto es adusto. Viste una camisa de lino color azul cielo:

Flavio (en voz baja, pausada):

Fue hace dos semanas, aproximadamente: yo recibo avisos de amigos, de compañeros, de que… pues que se está corriendo el rumor de que me van a asesinar.

El primer aviso me inquieta. El segundo aviso ya me preocupa un poco más… cuando es el tercer aviso ya me alarmo ¿no?

-¿Sabes qué, Flavio...? P’s vienen por ti. Hay tres sicarios buscándote en Oaxaca… vete ya… vete de Oaxaca antes de que te maten, Flavio- me dicen (finge la otra voz).

Es un escenario similar al que ocurre cuando matan a Beto en 2010 (cambia el tono cuando pronuncia ese nombre) –a Heriberto Pazos, del Movimiento de Unificación y Lucha Triqui, ejecutado— porque se hablaba en ese momento de una lista negra, donde estábamos Beto, el padre Uvi, que se llama Wilfrido Mayrén, yo y otros líderes sociales.

Beto, definitivamente encabezaba la lista. Y parece que en segundo y tercer lugar estábamos el Padre Uvi y yo. Entonces, ya en el momento de esos avisos, se comienza a crear un clima muy particular: se me acerca algún periodista, se me acerca algún compañero de la región, algunos líderes sociales:

-Oye Flavio, ten muchísimo cuidado… ya están las armas en Oaxaca, hay una cantidad equis de dinero para matarte… y viene gente de fuera- me dicen (gesticula las frases, enfatiza las otras voces).

Ese es el penúltimo mensaje, el que ya de plano nos cimbró. Porque, además, hay un mensaje casi al final que llega a través de Ignacio, de Nacho, mi colaborador más cercano… un compañero… un hermano mío, que desde 2004 es una especie de secretario particular que la organización comisiona para que esté cerca de mi… que incluso en los momentos más dificiles del movimiento siempre está conmigo.

Nacho va a un antro y estando ahí se le acerca una de esas gentes que notoriamente controlan el antro –porque ahora en Oaxaca, en los últimos meses, hay gente que no tiene nada qué ver con el negocio, pero los controlan— y ahí le ocurre:

-¿Quiúbole Nachito?- le dicen por su nombre. Ignacio se sorprende de que le llamen por su nombre y de que le llamen con tanta familiaridad, porque así le decimos nosotros: Nachito.

-¿Qué pasó…?- les contesta y se levanta.

-No, no te espantes, Nachito… ya sabes… ¿ya sabes, verdad? Vienen por tu jefe… y no somos nosotros. Es gente de fuera.

-Pos… ‘hora sí que no sé de lo que me estás hablando- les dice Nacho. Quiere evadir la plática, hace el intento por levantarse de la mesa y el que le habla lo impide agarrándolo del hombro.

-No. No te preocupes, contigo no hay problema… dile a tu jefe que se cuide… y dile que no somos nosotros. Punto. Pero sí está cabrón ¿eh?

Después de ese mensaje que le dan a Nacho, nos reunimos como colectivo, los siete, ocho compañeros que formamos la directiva de nuestra organización. Y hacemos una valoración de por dónde podrían venir los golpes… por los nombres que se mencionaban y… este… de si era una jugada política o era una amenaza en serio.

Pues… porque ya otras veces nos han amenazado ¿no? Varias veces, desde que salimos de la cárcel, en 2008… entre 2007 y 2008… casi acabando de salir comenzaron las amenazas, los rumores de que me iban a matar, de que me habían levantado, a mi o a mis compañeros, a nuestras familias… pues entonces esta vez decidimos “no… vamos a esperar”.

Y esperamos ¿no? Ante estos avisos. Confiamos. Pero, en esto que esperamos… pasa… pasa algo que no nos esperábamos. Asesinan a Nacho. (Hace una pausa larga) Nos lo matan. (Flavio se coloca ambas manos en la sien. Recarga los codos en la mesa. Su mirada se dirige hacia ningún lado).

* * *

Madrugada. Hay algo de niebla. Un letrero señala: Columpio de Ixcotel - Carretera federal 190 Oaxaca-Istmo. Dos hombres aún jóvenes salen de un bar llamado AM. Sin que puedan alcanzar un automóvil Tsuru color blanco con placas TLA-1327, estacionado frente al bar, ambos hombres tratan de escapar de una lluvia de balas que de repente se desata sobre ellos. Se escucha ladrar a los perros en la lejanía. De los más de 20 disparos que salen de por lo menos tres armas .9 milímetros, una decena atravieza el cuerpo de Ignacio García Maldonado (moreno, bajo de estatura, el abdomen prominente). Su cuerpo queda tendido sobre el cofre del automóvil, mientras que otra tanda de disparos, de las mismas armas, caen sobre el cuerpo de Emmanuel Jesús López, su acompañante (moreno, delgado, de bigote ralo y bien delineado), quien alcanza a entrar en el vehículo para morir adentro. Se ven sombras de entre cuatro y seis atacantes. No se identifican rostros, ni complexión precisa. Los cuerpos quedan tendidos. Una bala horada la portezuela del coche de las víctimas, justo en medio de un emblema oficial: la Defensoría de los Derechos Humanos del Pueblo de Oaxaca. Ladridos lejanos. Aparece la primera sirena policial. Amanece lentamente.

Flavio (aprieta los dientes y así comienza a hablar):

A Nacho lo matan de la manera más canalla. Porque Nacho jamás uso un arma, jamás fue violento… nadie va a encontrar ni una foto, ni un video de él usando una arma… jamás. A lo mejor (ríe) sí encuentran alguna foto de Nacho tirando alguna piedra (ríe abiertamente) eso sí lo hicimos todos… pero Nacho era un hombre bueno. Y un (titubea, conmovido) un… un activista comprometido que decidió poner en riesgo su vida al estar a mi lado. Él lo sabía perfectamente. Fuimos creando lazos fraternos tan indisolubles como los que se crean entre los hermanos. Y fuimos entendiendo que la causa de la transformación de Oaxaca era nuestra causa y ahí seguíamos juntos. Digo… y lo matan… (se conmueve, traga saliva) como una señal mafiosa de que vienen por nosotros. (Se mueve en su silla. Bebe café de una taza).

¡Y por supuesto que sí tengo miedo! Es una mezcla terrible de sentimientos encontrados. El dolor de no poder abrazar a sus familiares más cercanos, el dolor de no poder abrazar a su madre (se le quiebra la voz)… que tantas veces nos acogió en su humilde ¡humilde, muy humilde casa! A sus hermanos, que sabían la relación conmigo tan entrañable… y la rabia. La rabia de que hayan lastimado a una gente afectivamente tan cercana a todos nosotros (alza la voz), a quien en el 2006 le pidieron nos incriminara en delitos a cambio de su libertad y se negó. ¡Se negó! ¡Y viviendo en la cárcel más dura de Oaxaca, en condiciones infraumanas. Se la rifó en una situación infame y no se dobló! (Silencio).

Lo que es… es un momento de mucha tensión (hace una pausa larga. Juega con un sobre de azúcar). Hay muchas amenazas para todos los líderes sociales. Corre el rumor de que hay un grupo de vehículos siguiéndonos. Ya amenazaron a otros… a Efraín, que se encarga de nuestros asuntos agrarios, de la manera más cobarde le llegaron los mensajes:

-¿Sabes que lo que le pasó ayer a tu hija no fue un asalto? ¿No entiendes, verdad?- le dijeron. ¡A su hija! Y con el mismo número amenazan a otros defensores de derechos humanos. Ubican el número… dice la procuraduría que hay una persona, de condición humilde, que están usando para mandar las amenazas. A ella le ponen recargas de 30 o 50 pesos en el teléfono...

-¿Sabes qué? A esta mujer la están usando… estamos tratando de llegar a quién es el mando- me dicen en la Procuraduría. Pero nunca llegan al mando. Está todo muy revuelto. Muy revuelto.

* * *

Mañana. Una hombre entra a la sala de una casa humilde, donde una mujer morena, de trenza larga y aretes dorados, rostro redondo, trabaja frente a una computadora. Una voz femenina dice “Es Beatriz López Leyva”. En un movimiento rápido, el hombre le dispara un tiro en la sien izquierda. La mujer cae muerta. El hombre, un joven delgado sin más señas, pistola en mano huye por la calle sin ser alcanzado.

Flavio (enfático):

Intentaron secuestrar a César Mateos, que fue nuestro vocero en el movimiento de 2006… milagrosamente se salvó César … pero ya ahí se corrió el rumor de que están usando vehículos que tienen tales características, una moto con tales características, un auto, dicen, diiiiicen todos con escoltas de Ulises Ruiz… que están asignados como policías de no se qué estado y están asignados aquí en Oaxaca para matarnos, dice la propia policía.

-Ten cuidado con tus vehículos- te avisa la propia policía.

Pero en los últimos días, los rumores se hicieron mucho muy serios. Y los compañeros acuerdan que yo salga de Oaxaca. (Baja la mirada, como si se avergonzara).

-Guárdate en el Distrito Federal… no salgas de tu hotel de México, no te muevas un rato… vamos a esperar que se calmen un poco las cosas ¿Qué te parece?- me dicen los compañeros.

-Me parece correcto- les digo… y a los dos días matan a Nacho. (Su voz a partir de este momento va a quebrarse). El crimen de Nacho para nosotros representa una señal. Una señal al estilo de ellos… al estilo de este grupo de criminales que en el 2006 asesinaron a más de 20 compañeros (mira hacia el frente. Sus ojos están rojos).

(Un par de hombres ocupan la mesa contigua. Flavio, a partir de ese momento, va a bajar el volumen de su voz. Insistentemente, cada pocos minutos, va a volver la cabeza hacia la puerta de salida del restaurante, que le queda a la espalda)

Ellos se comportan como asesinos seriales, como aquellas novelas terribles policiacas, así se comportaron ellos en 2006 (se enfada), es su modus operandi. Cuando no te lastiman a ti, mandan un mensaje y dejan algunas huellas para que tú lo leas. Su arma principal es el terror: son terroristas de la política.

Han seguido a nuestras familias a nuestros pequeños hijos, a nuestros amigos más cercanos. En una ocasión torturaron a un activista que estuvo junto conmigo. Brutalmente. Con saña. A César cuando lo detienen lo torturan (con las manos hace el gesto de quien aprieta un cuello), pudo comprobarlo la Comisión Nacional de Derechos Humanos, con toques en los testículos, toques en la nariz, en la planta de los pies (suspira). Le aplican un protocolo para… querían que incriminara a Gabino Cué… que dijera que nos entregaba dinero… incriminar a otros políticos de izquierda… estee… para sembrar terror le preguntan por mis hijas, le preguntan por las hijas de Gabino… a César… en el interrogatorio… y llenan de rumores y, perdón la expresión, ¡de mierda! a toda la opinión pública oaxaqueña…

(Una mujer joven pasa cerca de la mesa y Flavio calla. Espera a que pase, siguiéndola con la mirada. Continúa)

Se han encargado de enlodar nuestros nombres.¡Que yo era dueño de quién sabe cuántas propiedades! ¡Y nunca me pudieron comprobar nada… nuuunca!... incendiaron nuestras oficinas… prácticamente me cambiaron la personalidad, me pintaron como al peor de los criminales. Bueno, ya se sabe, nos criminalizan a través de la televisión: como en mi detención, que fue transmitida en vivo junto con mi traslado a Almoloya la misma noche… todo de una saña terrible…

Su modus operandi ya lo conocemos: comienzan a sembrar el terror. Lo hicieron la semana pasada. Matando a mucha gente. El mismo día que matan a Nacho, van a tirar restos de dos cadáveres a la casa de un defensor de Derechos Humanos. Ha de estar aterrado el tipo, el licenciado Alfredo. Un hombre valiente. Y luego hay otros muertos. Ellos dejaron el gobierno pero no dejaron el poder. Y dejaron corrompidas las instituciones de manera tal que hoy siguen con fuerza en Oaxaca y reposicionados a través del gobierno de Enrique Peña Nieto… y empieza el golpeteo contra Gabino, contra los líderes sociales… no ha cambiado nada (suspira)… no ha cambiado (disminuye la voz)… no ha cambiado nada (susurra). Y vienen contra nosotros.

* * *

La plaza central de Oaxaca. Barricadas en torno de los cuatro flancos. Humo de incendios. Lonas que dicen Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca. Gente que corre. Pancartas con las leyendas ¡Fuera Ulises Ruiz! “Sección 22- SNTE”, “Desaparición de poderes”. Se escucha el sonido de helicópteros y sirenas de patrulla. Caos. Unas voces desde la radio dicen: “se escucharon disparos contra la casa del pintor Francisco Toledo”, “en Oaxaca haremos respetar el estado de Derecho”, “el presidente Felipe Calderón ordenó la entrada de la Policía Federal para recuperar el Centro Histórico de Oaxaca” y “es la primera revuelta social del siglo XXI”. Se suceden hojas de denuncias que dicen “20 homicidios”, “desapariciones forzadas”, “violaciones”, “detenciones arbitrarias”, “tortura”. Al fondo aparece un Flavio Sosa por lo menos 25 kilos más robusto, sin canas y con un rostro sin arrugas ni ojeras. Esposado, lo rodean cuatro policías. Viste un uniforme color caqui, rasurado, casi rapado de la cabeza. Una voz masculina dice: “Flavio Sosa ingresó al Penal de Máxima Seguridad de Almoloya, acusado de los delitos de sedición, ataques a las vías generales de comunicación e incitación a la violencia, además de otros delitos del fuero común, relacionados con las movilizaciones de la APPO en la ciudad de Oaxaca”.

Flavio (su voz irá incrementándose, con enojo):

Gabino Cué, el gobernador, está bajo fuego del gobierno federal. Bajo fuego del PRI. El PRI quiere retornar a como dé lugar al gobierno en Oaxaca. Millones de votos. A como de lugar. Además, los nombres que se mencionan como los que dieron la orden de matarnos son gente ligada al viejo régimen: es Ulises Ruiz, el ex gobernador al que nos enfrentamos durante el conflicto de 2006. Es Lino Celaya, el político. El uno es jefe y el otro Jefe de Sicarios. Se mencionan a estos dos personajes.

Y entonces, ante las amenazas de muerte te preguntas: ¿le metes presión al gobierno, siendo que Gabino es un gobernante que nosotros empujamos? Pues así sólo les estarías allanando el camino al PRI. Y no queremos jugar como piezas para golpear a Gabino. Al contrario, vamos a buscar el mecanismo de protección local, presionar para que funcione, para no generar una presión externa sobre Gabino mucho más grave.

Además, si me van a lastimar, me van a lastimar con todo y guardias. Pueden hacerlo. Así nos pongan cuatro-seis guardias a cada uno… sí, te ponen a los cuatro guardias y están contigo todo el día. Pero en la noche te llevan a tu casa… sacan las armas, todo el aparato. Te meten… ¡pero luego te dejan ahí en tu casa! (risas) ¿Cuál seguridad? Donde yo vivo en este momento, casa de mis hijas, es un pueblo donde dejas las puertas abiertas. No tiene ni candado la puerta. Dejas tu bicicleta en la puerta y nadie se la lleva. Y… (suspira) ni me siento bien, ni me siento seguro con las escoltas. Además ¡qué chingados! Uno está así por convicción.

Ya vienen las elecciones federales y las elecciones locales. Ellos no quieren que se vuelva a hablar sobre el 2006. Y, para bien o para mal, yo soy un referente del 2006. Me crearon la imagen de que yo era dirigente de la APPO. Era una revuelta, una revuelta social. Las revueltas son ingobernables, pero les convenía crear líderes. Son gente muy perversa, muuuy perversa.

Detrás de la figura de Flavio se ciernen dos sombras. Una es el rostro de un hombre de labios gruesos, lentes delgados, semicalvo. Una voz masculina dice: “es el presidente Felipe Calderón”. El rostro está sonriente. Cuando se disipa, aparece otra silueta, ésta la de un hombre de tez morena, con un bigote tupido que oculta el labio superior, su cabello está peinado hacia la nuca, completamente cubierto de gel. Los ojos son pequeños. Una voz dice: “Es el gobernador Ulises Ruiz”. La sombra habla: “Sin duda estamos en un conflicto serio… estamos buscando la salida los tres niveles de gobierno… no vamos a aplicar ley del garrote… se suspendió la Guelaguetza porque se podían correr riestos para los ciudadanos oaxaqueños ni al turismo nacional e internacional… con la APPO se están construyendo los puentes para encontrar las salidas… yo creo que el mandato que me confirió el pueblo oaxaqueño lo voy a cumplir”. Al terminar esa frase, la sombra se disipa.

Flavio (alza la voz conforme enuncia las frases):

Estos tipos no se tientan el corazón para nada: mataron a sus propios comandantes. A quienes fueron los ejecutores de nuestros detenciones los desaparecieron. Ahí está la lista de crímenes políticos de estos tres años, que es una lista bastante grande de gente muy cercana afectivamente a nosotros, y gente que tiene una relevancia…

¡Mataron a Catarino Torres!

¡Mataron a Beatriz López Leyva!

¡Mataron a Arturo Pimentel!

¡Mataron al profesor Rafael Rodríguez Enríquez!

Desaparecieron al maestro Carlos Román, que era digamos que del grupo de asesores de la sección 22 magisterial, un intelectual del movimiento.

En estos días han intentado criminalizar a Nacho… ¡no lo vamos a permitir! Porque nosotros no somos mafiosos ni andamos metidos en cosas, han tirado tanta mierda que nos da muchísima rabia… han tratado de enlodarnos a todos, con aquello de “calumnia que algo queda”.

-¡Es que son traficantes de madera!- dicen. ¡Por favor, vivimos al día, no nos van a probar fortunas… han tirado tanta mierda!

Gente muy perversa, muy perversa.

* * *

Un conjunto de sombras se acumula detrás de Flavio. Una tras de otra aparecen las siluetas de Catarino Torres, acribillado a quemarropa, sentado detrás de su escritorio, en su oficina, por dos hombres. Arturo Pimentel recibe un disparo en la cabeza y otro en el tórax, en plena calle. Rafael Rodríguez, asesinado dentro de su auto por dos hombres, al salir de la fiesta de 15 años de su sobrina. Carlos René Román aborda su camioneta Mazda color gris, con placas de Puebla TWS-4400 y se desvanece en el aire y desaparece. Aparecen también la sombra de Un coro de voces masculinas y femeninas repite, en distintos tonos: ¡Justicia!

Flavio (con voz en calma, sereno):

Sí… hay dolor, hay rabia, hay impotencia y temor de que lastimen a nuestros seres queridos. ¿Cómo sacamos a las familias nuestras de Oaxaca, como nos dicen que hagamos? Eso es imposible. La familia de César, la familia de Gilberto, la familia de Jorge, la familia de Horacio, mi familia, mis hijas… ¡Imposible! No tenemos los recursos para hacerlo. No es posible.

Pero por supuesto que todo esto vale la pena. No hay ni qué preguntar.

Nosotros estamos vivos, pero mis compañeros que murieron en 2006 ¿qué? ¿Sus familias, qué? ¿Las familias de los desaparecidos, qué? Ellos dieron su vida. Nosotros estamos vivos. Agradecemos la solidaridad del movimiento, al padre Wilfrido Mayrén, a los miles de mujeres y hombres que estuvieron cerca de nosotros, a los organismos internacionales de derechos humanos…

Nos van a matar, pero si nos matan es haciendo aquello en lo que creemos: la transformación de México está en la movilización social. Pero el 2006 nos enseñó que el pavor no nos debe paralizar.

Es probable que hoy, mañana, que pasado me maten. Muy probable.

Estás hablando con un hombre muerto.

Es la realidad… lo sabemos que puede suceder. A cualquiera de nosotros.

Tiende una mano y observa hacia quien lo mira. Hace una ligera inclinación de cabeza. Sale hacia la calle bulliciosa y concurrida. Se pierde entre la gente.♠

Publicado en Emeequis


@ValorPorTamaulipas: la otra autodefensa

Tamaulipas
Tamaulipas

Sabe que lo van a matar. Mañana, quizá. En algunas semanas, o meses, cuando por fin sus muchos enemigos den con el sitio donde esconde el arma más peligrosa que pueda haber en tiempos convulsos: la computadora con que envía sus mensajes de alerta a las redes sociales.

Detenerse ya no puede. La información fidedigna, justo la que el gobierno mexicano se empeña en filtrar, se ha convertido en un objeto altamente subversivo que @ValorxTamaulipas (VxT) disemina abiertamente, desde la convicción de que, de cualquier modo, ya perdió; de que “cuanto siga haciendo en beneficio de la gente será ganancia”.

Su vida vale los 600 mil pesos que el crimen organizado ha ofrecido por él.

Su nombre virtual, el único que puede conocérsele por ahora, nació hace dos años, el 4 de febrero de 2012, la misma tarde en que alguna balacera, bombazo o ajusticiamiento, a plena luz del día, en alguna calle de cualquier poblado de Tamaulipas, lo orilló a lanzar su primer mensaje de alerta. Tuitea y postea para sobrevivir y para que otros sobrevivan, pero sobre todo porque cree que eso es lo correcto.

Y al encontrar en Twitter y en Facebook los vehículos para crear  comunidad y resistir, confirma que Roberto Balaguer no se ha equivocado cuando expuso, en su libro La nueva matriz cultural: la red, a medida que crece, pierde sus usos lúdico y fantástico iniciales, que van siendo desplazados por la incontrovertible realidad. Las redes sirven a la realidad más cruda posible: la violenta.

-No es por jugar al superhéroe, es hacer lo correcto– dice VxT -sería más sencillo si día con día hubiera más gente que esté dispuesta a hacer lo correcto.

A través de un contacto laberíntico, que ha incluido el envío de preguntas a un correo electrónico encriptado a prueba de rastreo, contesta por escrito a mis cuestionamientos, una suerte de cuestionario híbrido entre lo informativo y lo humano, con el cual intento ayudarnos a todos a conocer al ser humano que hay detrás del activista virtual. Al hValor-por-Tamaulipas-357x330umano que podemos ser cualquiera de nosotros.

Se trata de entender al hombre o mujer que resiste en medio de lo que parece un derrumbe inevitable alrededor. Se trata de conocer, sin inferir, cómo se logra hacer confluir a más de 300 mil hombres y mujeres en Facebook y más de 125 mil en Twitter, para difundir información, resistir a pesar del miedo y el hartazgo, o a partir del hartazgo del miedo. De saber, a través de sus respuestas,  un poco más sobre la tragedia de México:

-Valor ¿puedes contarme cómo fue el momento en que decidiste abrir la cuenta de Twitter?

-Inicialmente fue algo emotivo encontrar un medio en el que pudiera ver que había cierto grado de libertad para exponer las situaciones que vivimos en nuestro estado. La cuenta de Twitter la hice luego de tomar la administración de una página previa, en la que sus administradores originales dejaron de publicar en la página luego de la ejecución de la administradora de Nuevo Laredo en vivo, me hice cargo de la página, y separé los reportes de SDR (Situaciones de Riesgo) y los casos de desaparecidos para organizar mejor las publicaciones y darle la relevancia a esos casos, pero al hacer eso en la página me expulsaron y me quedé solo con Valor por Tamaulipas, posteriormente hice las páginas adicionales de Esperanza, Responsabilidad por Tamaulipas y Valor por la Huasteca.

-¿Qué había ocurrido en esos días?

-Una chispa de esperanza. Teníamos años observando cómo injusticias se llevaban a cabo, como las autoridades estaban corrompidas, escuchaba gente de otras partes que no creían lo que sucedía en Tamaulipas, los medios callaban, me hizo creer que probablemente el Ejército, Marina, las autoridades federales o el resto del país nos ayudaría si conocían lo que estaba pasando. En ese momento desconocía los esfuerzos en redes sociales, en Twitter, antes de la página que llegué administrar en Facebook. Luego llegó la realidad de saber que mucho de lo que pasaba en el estado era de conocimiento general de las autoridades y aún así la respuesta para apoyar no fue consistente al reto que el crimen organizado presentó, por la cantidad de ejecuciones y secuestros que de hecho aún se llevan a cabo. Pero si la pregunta es que ocurrió, me ilusioné con la esperanza de que si se exponía lo que sucedía alguien nos ayudaría.

-¿Qué te animó a hacerlo?

-La frustración,  el no encontrar una manera de detener las agresiones y violaciones de los derechos humanos de la ciudadanía por parte de los carteles, una manera que por lo menos en el intento no significara represalias inmediatas contra mi familia. El crimen organizado nos enseño a callar y a no denunciar para evitar perder lo que más apreciáramos y la frustración de ver todo lo que sucedía, de padecer los abusos de los criminales y  no poder hacer nada.

-Me gustaría una descripción lo más pormenorizada posible de ese día.

Esto ha sido un proceso, no es algo sencillo, no he tomado las decisiones de la noche a la mañana, siempre he tenido miedo, y cuando inicié era un temor como el que probablemente llegué a sentir con los volantes en Ciudad Victoria (hojas en las que el crimen organizado ofrece recompensa de 600 mil pesos por información sobre su identidad y paradero) pero que creo después de eso ya estoy dispuesto a enfrentar lo que venga.  Al inicio no me era sencillo confiar, a nosotros el crimen organizado nos infundía el temor de que todo estaba intervenido -y parcialmente eso llega a ser cierto si hablamos de teléfonos locales de denuncia, los centros de inteligencia infiltrados por criminales, o autoridades de todos los órdenes corruptos, que entregaban a los ciudadanos denunciantes al crimen organizado- pero, como le digo a los usuarios que me preguntan si es seguro hacer una denuncia por redes sociales y les respondo que es un riesgo que todos tenemos, al que estamos todos expuestos, pero… ¿qué opción nos queda?

-¿Desde dónde tuiteas? ¿Desde un aparato telefónico, una PC, una Mac? No me digas marcas, descríbeme el aparato, el color de sus teclas, el tipo de letra que hay en la pantalla, los años de uso, si te la regalaron o la compraste.

-Por seguridad no lo contestaré.

-¿Y tu entorno? Tampoco me digas tu ubicación, descríbeme tu cuarto, o tu sala, o tu baño o tu oficina o el lugar desde donde tuiteas, la calle, lo que ves desde la ventana. Si lo haces desde varios sitios, explícamelo, por supuesto sin revelar tus rutinas, ni tu ubicación.

-Tampoco lo contestaré. Solo puedo indicar que son entornos variados.

-Eres muy consciente del riesgo que corres, lo has externado varias veces, ¿eres consciente también de lo necesario que te has vuelto para miles de tamaulipecos?

-Ante esta situación de dependencia tomé varias acciones hace algunas semanas, y otras sigo aplicándolas, como utilizar hashtags de ciudades en las que prácticamente solo yo colaboro. Las comunidades de las redes sociales deben continuar, aunque eso si, externaré a esas comunidades mi rechazo a la colaboración con criminales o en su caso también “amigos” de delincuentes, que tienen un rol activo en la transferencia de información entre criminales y a veces algunas autoridades, pero que tienen objetivos de apoyar o de dañar algún grupo delictivo, sin embargo ese es un tema que ya prefiero evitar un poco para evitar confrontaciones innecesarias.

-¿Del valor de "marca"?

-No comprendí la pregunta.

-¿Cómo sobrellevas esa carga?

-Llevo muchas cargas actualmente, pero creo es más la motivación y probablemente el autoengaño de creer que de alguna manera esto está ayudando a mi estado, a la gente de bien. A veces me cuesta encontrar sentido a todos los riesgos que estoy colocando a mi familia, más porque vemos como continúan los carteles gobernando, pero no se de que otra forma pueda hacer algo.

“Cuando se conozca mi identidad, ya habré muerto”

Ahora Tamaulipas
Ahora Tamaulipas

Son tantos sus enemigos, que no ha habido momento, desde que surgió en la red, en que VxT no haya estado expuesto al acecho del crimen y la furia. El momento más crítico comenzó a principios de 2013.

Desde diversos puntos de la capital tamaulipeca comenzaron a fluir hojas volantes con un aviso contundente:

“600 mil pesos, para el que aporte datos exactos del dueño de la página de Valor por Tamaulipas o en su caso familiares directos ya sean papás, hermanos o hijos o esposa (sic)”.

No había sutilezas, el mensaje que se reprodujo en distintas ciudades de la entidad, era simple y llano. Directo: “Esto es sólo libre expresión pero a cambio de eso un buen dinero para callarle el hocico a culeros panochones como estos pendejos que se creen héroes. Absténganse de hacer mamadas aprecien la vida de sus seres queridos, la información será confidencial y con la certeza de que el dinero, sin la información es correcta se entregará a la persona que aporte los datos exactos del héroe panochón Tamaulipeco o familiares (sic)”.

A finales de febrero circuló el video de la ejecución de un supuesto colaborador de VxT, quien antes de morir lanzó un mensaje:

“Este mensaje va dirigido a toda la comunidad que se dedica a publicar información, a nombres de usuarios de Facebook y Twitter en ‘Valor por Tamaulipas’. Estas personas cuentan ahora con los medios y aparatos de localización, que con sólo la dirección IP rastrean y dan la localización exacta del usuario. No soy el primero ni el último en ser localizado. Por su propia seguridad, absténganse de publicar cualquier información de lo contrario este será el precio que pagarán”.

Desde sus cuentas de Twitter y Facebook VxT dijo desconocer al presunto informante y rechazó cualquier vínculo o contacto con él.

Más adelante, en mayo, él mismo difundió el video de un interrogatorio que un comando Zeta realizó a un par de personas, supuestamente familiares del activista, que fueron detenidas como medida de presión contra él.

“Espero estas personas sean liberadas de inmediato de lo contrario recalco el Gobierno del Estado y el Lic. Jair que trabaja con impunidad para el Cartel de los Zetas en Cd. Victoria serán responsables por cualquier daño que sufran en su integridad estas dos personas y cualquier daño futuro a la familia”.

En su mensaje, el activista informó sobre la muerte por un paro cardiaco de una persona de 35 años de edad, familiar de la pareja interrogada, debido a la presión a que estaba sometida su familia.

Yo soy culpable de no haberme rendido ante el crimen organizado, pero la responsabilidad de la muerte de esta persona por el paro cardiaco la comparto con el Gobierno del Estado y el Crimen Organizado, uno por la colusión con los carteles y el otro por hacer daño de forma indiscriminada sin tener certeza de que esta fuera mi familia”, anotó.

Cuando la cacería en contra suya pareció arreciar, anunció el cierre de los espacios tanto en Twitter como en Facebook, lo que contribuyó a acrecentar la leyenda en torno de su verdadera identidad. Apenas unos días después volvió a las redes:

-Hace unos días te lamentabas de la terrible circunstancia de una familia a la que confundieron con la tuya, del hombre de 35 años que fue sacrificado por confundirlo contigo ¿eso te ha movido a alguna reflexión distinta de la que te impulsó originalmente? ¿Cómo afrontas ese miedo? ¿Cómo lo procesas? ¿Cómo lo sacas de ti para seguir adelante?

-Esa persona no fue sacrificada, el integrante de esa familia murió por un paro cardiaco, por la presión a la que fueron sometidos.

La reflexión que ha creado en mi es que cargo con la responsabilidad compartida de la muerte de esta persona, por decidir mantener la página en lugar de cerrar el sitio. ¿Pero que haré, someterme a ellos? ¿Dejar de publicar para que ellos sigan actuando con impunidad?

Además que creo esté o no esté yo, habrá alguien más que reporte SDR o exhiba a los delincuentes, mi presencia no es relevante en redes sociales, o por lo menos espero yo que no lo sea. Por desgracia también creo que no importa mi estatus el crimen organizado seguirá asesinando y delinquiendo, hasta que no haya una respuesta de la sociedad, y que las autoridades que pueden hacer algo, tenga la voluntad de hacerlo por encima de las instrucciones y las limitantes de los narco políticos.

-Los mitos en torno de @ValorxTamaulipas (ya sabes: que eres un marino, que eres un agente de la DEA, que eres un integrante del CISEN, que eres un gringo)  ¿cómo los procesas?

-Soy consciente de que esas dudas o mitos estarán hasta que no se conozca mi identidad real, cuando eso se sepa, habré perdido más que mi propia vida y sus “dudas” serán despejadas.

-¿Te causan fascinación?

En realidad me preocupa. Me preocupa que no haya nadie de ellos como autoridad que establezca canales de comunicación con la población, y a ninguno de ellos les preocupe lo que sucede en mi estado y como gente inocente muere, sin que estas instituciones genere los avisos pertinentes a la población. Me enoja saber que instituciones como el ejército, la marina, las autoridades civiles, tienen datos como modus operandi de secuestradores, vías de asalto, en fin saben demasiado y esa información no la proporcionan a la ciudad para que tome precauciones. Entendería que la información la guardaran si es que van a desarrollar un operativo, o van a actuar, pero no, tienen la información y no ponen sobre aviso a la ciudadanía y las acciones no las realizan en tiempo.

Pareciera que el sentido de urgencia es algo que las autoridades no tienen desarrollado.  O aún peor pareciera que desarrollaron una tolerancia a la muerte y el sufrimiento de la gente inocente, me aterra el nivel de insensibilidad y que lo que debería ser la principal preocupación, ha pasado a segundo término, cuando no hay nada más valioso para una sociedad que su libertad y el derecho a la vida de su gente.

-¿Qué piensas de ti mismo a partir de todo esto?

-Que no he hecho lo suficiente, que he puesto demasiadas cosas en riesgo y que veo con horror que cada vez nos alejamos más de la posibilidad de recuperar un estado de derecho, A pesar de que intento ayudar, es insuficiente los esfuerzos, siguen asesinando gente inocente, sigue el crimen organizado gobernando, y seguimos siendo un pueblo sin libertad.

Todo para mi gira en torno de eso, si la pregunta va sobre si como me ven, eso es irrelevante. Mi preocupación no está en mí más que cuando cometo un error y siento que le he fallado a la gente que deposita en mi su confianza, de ahí en fuera mis preocupación es y será la gente de bien.

-Uno es uno y su circunstancia, indudablemente, ¿qué circunstancia te definió a ti como adulto? ¿Qué suceso, qué hecho te mostró el rumbo que debías darle a tu vida y te llevó hasta @Valor...?

Esto me recuerda el ver a los políticos haciendo un “Pacto” por México, en el que ahora si se comprometen a trabajar por el país. ¡Por Dios! ¿Qué acaso no estaban comprometidos antes con el país, necesitan un pacto para trabajar por los intereses de la nación?... Si trasladamos eso a mí circunstancia mi forma de pensar es que tengo una responsabilidad como ciudadano de este país, tengo una responsabilidad como adulto y una responsabilidad también para con quienes tienen carencia o son vulnerables a la injusticia.

Yo no considero que esté realizando nada por encima de lo que no sea mi responsabilidad como ser humano y ciudadano, y nada por encima de lo que me dicta mi consciencia. Esto nos debe de hacer reflexionar ¿en qué momento se volvió anormal para nuestra sociedad hacer lo correcto? ¿Y en qué punto nos rendimos a aceptar que el crimen gobierne?

-¿Cómo era tu ciudad y en qué se convirtió? ¿Cómo era tu vida antes de todo esto y en qué se convirtió?

Mi ciudad era como la mayoría de mi estado, en el que nunca hubiéramos previsto la pesadilla en la que se convirtió después que el Cartel de Sinaloa inició sus ataques al Cartel del Golfo, sus limpias en Nuevo Laredo, o que el crimen organizado dejó su bajo perfil en las ciudades que ya tenía un control.

En nuestro estado podíamos viajar a cualquier hora de la noche, por la brecha más recóndita, por la carretera más alejada de cualquier población.  Hoy día ni con luz diurna podemos tener la certeza de no ser secuestrado, ejecutado, o asaltado en la mayoría de nuestras vías e comunicación. Antes era un derecho vivir, hoy pareciera que el crimen organizado nos hace un favor al permitirnos seguir respirando.

Mi vida cambió, como la de todos en mi estado, hay un antes y después de la violencia, y hay un antes y un después de VxT, para mí el administrar este sistema de colaboración ciudadana me costó la vida, solo espero que no me cueste la de mi familia, si me lee entenderá que yo público desde la perspectiva de que yo ya perdí y

lo que siga haciendo en beneficio de la gente vulnerable, será ganancia.

“Dios bendice a la gente de bien…” 

Inalterablemente, antes de comenzar a mandar sus mensajes de alerta sobre sucesos violentos en la entidad, sobre secuestros, robos, camionetas extrañas, balaceras, VxT cada día lanza un mensaje mañanero de aliento, de esperanza: una bendición virtual: “Dios bendice a la gente de bien… buenos días”.

Lo que sigue a ese tuit es menos celestial: la fotografía del rostro destrozado de la niña alcanzada por el fuego cruzado; los datos precisos del último secuestro; las coordenadas de ubicación de los cuerpos descabezados en tal avenida: la muerte que ronda, ha rondado y rondará en Tamaulipas mientras reinen la impunidad, la corrupción voraz y la transa sin límites.

- Crees en Dios, cada día lo mencionas… ¿hay un diablo?

-Creo en Dios, y creo que existe la maldad, y creo firmemente que la gente de bien es más fuerte que la gente mala, y que en algún punto, esta gente de bien dirá ya basta y no tolerará más las injusticias, que sentirá que el daño a uno es el daño a todos y no aceptara más que alguna familia de nuestro estado sufra por causa de la corrupción, la impunidad y la delincuencia.

-Dicen que se debe tener mucho valor para hacer lo que haces, ¿es cierto?

-No, yo tengo temor, soy el más cobarde por hacer esto desde una cuenta no personal, pero tengo más temor a no hacer nada y a no cumplir con mi responsabilidad.

Valor es lo que tienen autoridades honestas de cualquier corporación que quiera nombrar, del Ejército y la Marina que enfrentan al crimen organizado de frente, que exponen a sus familias a represalias, que combaten a los deshonestos dentro de sus filas, y a las limitantes que se diseñan para hacerlos quedar en desventaja ante los delincuentes.  Ellos si tienen el valor que a mí me falta. Pero en mi caso no cuento con una institución que me respalde, ni quien vele por mi familia el día que haga falta.

Quisiera tener el valor para enfrentar sin una cuenta genérica de por medio para demostrarle a los criminales y a las autoridades corruptas, que existimos quienes tenemos dignidad y por lo menos eso no permitiremos que nos la quiten.

-¿Qué piensas de los compas que hacían el Blog del Narco, uno desaparecido y otra en el exilio voluntario?

No sé que decirle, si algo he aprendido en este tiempo en lo que respecta a posicionamientos personales es que yo solo puedo hablar por lo que se y lo que me consta, desconozco los detalles de esa página, pero de ser real lo que ellos dicen es lamentable y espero la persona desaparecida sea liberada.

-Valor, de alguna manera lo que haces inspira a otros, que igual que todos nosotros tiene miedo por la pinche carnicería en que vive México, pero ¿no es un poco jugar al superhéroe con esto que haces, sabiendo que la mierda está por todos lados y que no hay rincón, ni institución, ni autoridad del país que no esté salpicado?

-No es jugar al superhéroe es hacer lo correcto, sería más sencillo si día con día hubiera más gente que esté dispuesta a hacer lo correcto y velar por que los demás hagamos lo correcto también.

Pero si es necesario con gusto habrá quienes tomemos la iniciativa y demostremos a quien sea que vale la pena arriesgar todo por soñar con tener un día en un futuro una sociedad con un aprecio por la cultura de la legalidad, con un estado de derecho que de certidumbre a nuestros hijos de que vivirán en un país justo.

Si ya sabemos que está tan sucio, con la mayor de las diligencias tenemos que empezar a limpiar.

-¿Crees que habrá un final feliz para todos nosotros?

-No, no creo que todos tengamos un final feliz, pero si comenzamos a limpiar y defendemos nuestra libertad, creo que el futuro de mis hijos, tus hijos, nuestros hijos, será uno muy diferente al que nos estamos enfrentando nosotros.

-¿Que podremos verlo?

-Que más quisiera, porque si la tendencia cambiara, si la justicia regresara a mi estado, yo pudiera tener más posibilidades de sobrevivir, si no sucede eso en nuestro tiempo me habré ido haciendo todo lo que pude.

VxT podrá desaparecer… su acción no

Dice Andres Monroy-Hernández, investigador del Laboratorio de Medios del Instituto Tecnológico de Massachusetts, el prestigiado MIT estadounidense, que mensajes como los que envía VxT son parte de un fenómeno mundial: el surgimiento de redes de información causadas por el vacío dejado por los gobiernos y los medios locales.

“Se trata de una forma de acción colectiva”, dice, “en la cual los ciudadanos se organizan de manera ad hoc, de manera personal y alterna a las instituciones tradicionales. VxT podrá desaparecer, pero la acción conectiva llegó para quedarse”. Ello dependerá, en buena medida, de su capacidad de organización off line.

Igual que en el siglo XX los sindicatos y partidos fueron una fuerza de acción, las organizaciones civiles facilitadas por la tecnología son hoy una fuerza emergente, dice el investigador: “no es que una reemplace a la otra, sino que se complementan y en ocasiones entran en conflicto. Estas organizaciones son efectivas en transmitir información rápidamente”.

Son personas que, utilizando la red, los mecanismos tecnológicos a su alcance, hacen ciudadanía. La ejercen. Incluso en zonas donde ser ciudadano es casi un delito, que se paga con la muerte.

Por ello, me intereso en la parte humana de la persona que está detrás de VxT. ¿Qué resortes mueven sus emociones? ¿De dónde surgen? ¿Quién está detrás de las huellas digitales que mueven a toda una entidad?:

-Si pudieras estallar de rabia, si pudieras explotar delante de todos esos cabrones que tienen arrodillado al país, ¿qué gritarías? ¿Qué dirías quedito?

-De todas las maneras posibles les diría que nos hacen falta como ciudadanos de bien, que nos hacen daño, que se hacen daño a sí mismos y que deseo con todo mí ser que paguen y que la justicia sea implacable con ellos.

-¿Cuál es tu idea de la felicidad?

-Felicidad como un camino no como un objetivo. Hacer lo que me gusta. Creo dar más detalles sería complicado.

-¿Cuál es tu mayor miedo?¿Cuál ha sido el mayor que has sentido? ¿Cuándo fue y por qué?

-En las circunstancias actuales no me conviene hablar al respecto, solo daría ideas.

-¿Con qué figura histórica te identificas más?

-Mahatma Gandhi

¿Cuál es tu superhéroe favorito?

-Superhéroe favorito: Mi hermanito (un personaje que en algún momento hace algunos años estuvo en el ejército mexicano y que aprecio como si fuera mi hermano)

¿Y tu artista favorito?

-Artista favorito: No soy muy seguidor de personajes o artistas, no

se me viene uno a la mente en este momento.

 ¿Y la figura a la que más deploras?

-Hitler.

¿Qué forma tiene para ti el peor hombre de la humanidad?

La figura del ciudadano irresponsable y clientelista a la hora de elegir a los líderes, el que vende su dignidad, o que cree que puede pasar por encima de la de los demás sin consecuencias.

-¿Cuál es el rasgo que más deploras de ti mismo?

-Que no se cómo cuidar a las personas que más aprecio sin alejarlos abruptamente para según yo protegerlos.

-¿Cuál es el rasgo que más deploras de los otros?

-La permisividad al crimen y la injusticia.

-Qué es lo que más valoras de tus amigos?

-Que sean gente de bien, que me escuchen cuando necesito hablar, aunque no tengo tanto tiempo para escucharlos como ellos se merecen.

-De toda esta podredumbre en que vive el país ¿qué es lo más deplorable de todo? Y al contrario, ¿qué es lo más preciado?

-El sistema político es lo más deplorable que tenemos, y lo más preciado es el recurso humano, las vidas de la gente de bien, el futuro que podemos tener si la gente honesta decidiera recuperar el país.

-Es la última. Pero es la más difícil: quiero que me ayudes a entender los resortes que te mueven a tuitear lo que tuiteas en medio del peligro en que lo haces: ¿qué sientes cuando terminas de escribir un tuit y das el "SEND"?

-Pido a Dios que no haya equivocaciones, que el reporte sea real (dependo de reportes de ciudadanos, y hago todo lo que puedo para tratar de evaluar si el reporte es consistente y puede ser considerado para publicación), y que a quien pueda servirle lo vea a tiempo, si es un reporte atemporal que pido a Dios que sirva para poner sobre aviso de lo que se vive y se genere consciencia de los incidentes que tenemos.

-¿Hay alguna reacción emocional al hacerlo?

Siempre hay algo que se siente, si logro dar un reporte en tiempo real es un logro enorme para mí, recordemos que solo soy una persona y tengo actividades de mi trabajo y de mi vida que también tengo que realizar, por ejemplo algo que creo la gente le llama dormir o algo así, que es cuando la gente cierra los ojos y se acuesta a descansar (es broma).

-¿Excitación?

-Probablemente en algunos casos cuando se que se le ganó una batalla al crimen organizado en lo que fuere una persona que se alejó del crimen, militares que detuvieron a alguien, héroes que no salieron heridos de un enfrentamiento, también cuando leo a una autoridad honesta orgullosa de su trabajo, cuando leo a un ciudadano honesto que realizó una acción de bien.

-¿Adrenalina acaso?

- Adrenalina si es un reporte sensible, es probable que lo coloque, me arrepienta, lo quite, lo vuelva a colocar, y lo deje. No es fácil.

-¿Cómo la sientes? ¿En qué parte del cuerpo? Neta francamente, ¿me la puedes describir con precisión?

-Creo con el tiempo me he vuelto más aburrido, tengo más carga de reportes por analizar, tengo que tratar de revisar lo más que pueda para publicar en el menor tiempo posible de retraso, así que no me queda mucho tiempo para emocionarme, cuando lo he hecho, depende del tipo de sentimiento que esté sintiendo, en el estomago angustia, en mis partes nobles si es una excitación de enfrentamiento o de orgullo, la presión en mis hombros, o en el trasero si es que llevo demasiado tiempo sentado. Creo eso es lo más preciso que puedo ser.

Sin embargo yo no tuiteo por la emoción de hacerlo, tuiteo por que creo es lo correcto. Así sea una sensación desagradable como cuando doy marcha atrás en un reporte, si lo debo de hacer, simplemente una obligación moral y mi responsabilidad hacerlo.

*   *   *

Le contesto el cuestionario con un “gracias”. Me responde al día siguiente, sereno, un Dios bendiga a la gente de bien. Como si el correo que le envío, y él me responde, siguiera la misma ruta lenta y diligente de los antiguos mensajes en papel y no la inmediatez virtual de hoy.

Antes de cerrar el intercambio le pregunto por un detalle que me parece el más importante, el más simbólico: protagónico. ¿Cómo son tus manos?

Cuando me responde, entiendo por qué sigue vivo:

- Serán las protagonistas, pero no puedo dar detalles de las mismas.♠

Publicado en la revista EMEEQUIS


El periodista gringo al que el Z40 quería matar

La historia de Alfredo Corchado es similar a la de tantos otros periodistas en México: un día, el país de sus sueños se convirtió en una pesadilla que pudo resumirse perfectamente en una frase: “te van a matar”.

Cuando la escuchó, a través del teléfono, en la voz de un informante suyo del área de inteligencia del gobierno de Estados Unidos, el jefe de corresponsales de la oficina del Dallas Morning News en la capital mexicana comprendió que había llevado su inocencia al límite más extremo. Que su ánimo genuino de aportar algo a la tierra que lo vio nacer, esa donde su abuelo había enterrado su ombligo, le empezaba a jugar la peor de las pasadas.Corchado

- Ya estuvo, me dije… hasta aquí llegué con México. Vámonos de aquí.

Era el verano del 2007. A él lo amenazaba de muerte un grupo que había de volverse sinónimo de sangre y muerte -los Zetas- y en el país estaban por comenzar los años más cruentos de una guerra que atrapaba sin protección, sin blindaje alguno, a cientos de periodistas mexicanos, a toda una nación.

Era el verano de 2007 y arreciaban los rumores de bala por todo el territorio, donde el enemigo se reproducía por todas partes pero a la vez no estaba en ningún lado; donde las traiciones y la corrupción de todos contra todos era cosa de todos los días, donde cada bando –e iba a haber tantos- hizo del homicidio su firma al calce y actividad cotidiana.

Era el verano del año 2007 y comenzaba a llover en un país maldito:

-Van a matar a un periodista norteamericano en las próximas 24 horas y mi informante cree que soy yo – le dijo Alfredo a su mujer aquella noche – lo mejor sería que canceláramos la cena de esta noche.

Su miedo quedó plasmado en las primeras páginas de su libro, Midnight in México (Penguin Press, 20013): amenazas ha habido muchas. Sólo un medio, El Mañana de Nuevo Laredo, recogió el cadáver de uno de los suyos con 67 cuchilladas. El medio decidió dejar de cubrir los asuntos de narcóticos.

Lo que siguió para Alfredo Corchado inmediatamente después, fue un tobogán de emociones, de rastros cruzados, de miedos: desaparecer un tiempo de la ciudad de México. Impedir que la histeria se apoderara de todo. Enterarse de dónde provenía la amenaza. Escuchar reiteradamente el nombre de Miguel Ángel Treviño, el Z-40.

Corroborar que los grupos del narcotráfico y las autoridades gubernamentales eran, son, todo uno. Enfrentar la realidad de la sabiduría materna sobre una tierra que comenzaba a ser roja: “olvídate de México. No te va a dejar nada bueno”. Y seguir, así, con la muerte en las espaldas, hasta que todo diera un vuelco.

Un país de oportunidades

Hijo de un brasero y una asistente doméstica duranguenses que dejaron México cuando él era un niño, Alfredo Corchado es el típico mexico-americano que, por más distancia que haya de por medio, siempre tiene una mirada hacia la tierra que comienza al sur del Río Bravo y termina en el Suchiate.

Su español perfecto, igual su inglés. Cierta expresividad en la mirada, esas maneras de quien aprendió a respetar respetando. Justo como buena parte de ese ejército de mexicanos, de primera, segunda o tercera generación, que han logrado hibridar idiomas, costumbres, sueños, pero que parecen ser bloqueados a la hora de intentar inyectar de toda esa vitamina cultural a los tejidos deteriorados de ambas naciones.

-Me vine a México definitivamente en el ’94. Ya tenía tiempo de ir y venir como corresponsal del Wall Street Journal, pero en 1994 me vine como corresponsal del Dallas Morning News, con una idea fija: ayudar a cambiar la percepción de México, esa idea de que este era un país violento, corrupto, de narcos. Yo tenía la intensión de mostrar las cosas que están más allá de las playas, meterme en asuntos de migración, relación bilateral, temas de turismo.

 Con esa idea en mente, Corchado comenzó a trabajar asuntos diversos por todo el país, hasta que el cambio de siglo dio un giro a sus intensiones: entre el año 2000 y el 2003, escuchó cada vez con mayor insistencia sobre los crímenes contra mujeres en Ciudad Juárez, y ello le llevó a adentrarse, casi a ciegas, en asuntos que desconocía:

-De repente estás forzado a cubrir estos temas. Ya no había oportunidad de decir “tú has narco y yo hago esto otro”… todos entramos en el mismo asunto –dice. Mira al restaurante donde nos reunimos: lo conocen, lo saludan. Ahí fraguó su libro. Ahí lo culminamos. Lo conocen, lo saludan. Hola Alfredo. Hola. ¿Ya está el libro?

Su doble condición de hijo de migrantes y corresponsal extranjero en México, cimentó en él una visión difícil de obviar: la realidad mexicana le estalló en las manos. Como a casi todos. Pero peor.

-Empiezas a entender por qué México no ha avanzado como país. Como migrante tienes ese romanticismo de ¡México, lindo y querido…!, pero cuando me afronté con la realidad, no tuve más remedio que decirme ¡ah, cabrón, esto está pelón!

- ¿Qué detalles te dieron esa visión?

- Yo creo que el mundo del clasismo en México, el mundo del privilegio. Cuando llegué, vivía en Coyoacán, en la calle Francisco Sosa, una de las calles más lujosas, bellísima, y al que le pagaba la renta era a Miguel de la Madrid. Eso me pegaba. Darme cuenta de que porque me crié allá se que puedo superarme y llegar a ser alguien, pero eso aquí no es así. Me golpeó darme cuenta de que, quizá nunca pudiera haber salido de mi pueblo si mis padres se hubiera quedado, por el clasismo, el elitismo, los privilegios.

- Esta sociedad del narco que ahora somos ¿se puede entender a partir de esto?

- Claro. Eso es la cosa de los Zetas que mucha gente no entiende. Sí, eran 35 desertores del Ejército, pero son muchos más: los Zetas son un símbolo de la gente que está al margen, de gente que jamás estará arriba. Y Treviño Morales es un símbolo de eso. Manejar el poder a través del miedo, a través de transmitir que sólo así puedes hacer algo. No digo que todos los mexicanos seamos así, pero el crimen organizado sí refleja eso.

- Algún resorte tiene que haber, para que este puñado tenga a todo un pais arrodillado, alguna lógica de revancha, de venganza.

-Yo hablaba con un historiador de Harvard, sobre lo que está pasando en México y me decía que esto no es tan diferente a la conquista de los españoles: un grupo pequeño pudo dominar a todo un país.

Un pasaje de su libro me llamó poderosamente la atención, y se lo digo: durante una reunión de cuates, al calor de una botella de tequila, Alfredo reclama a uno de sus contactos el haberlo convertido en un intermediario ciego entre aquel y los grupos criminales. Un correo humano, pues, que con sus publicaciones periodísticas permitía el intercambio de mensajes entre uno y otro bandos.

-Me sentía raro. Estaba el asunto de la amenaza de muerte y me daba cuenta de que no hay mucha diferencia entre los politicos de Washingtón y los del DF, de un cartel, de un americano: todo se trata de el poder. Todo es mandar un mensaje de poder, de control, de mandar señales.

-Pero eres periodista, y quienes cubrimos esos asuntos sabemos a quienes puedes acercarte y a quienes no…

-Quizá como mexicanos sí lo sabían, pero como gringos, no. Al menos yo no lo sabía.

-¿Te acercaste con ingenuidad a ese tema tan peligroso?

-Totalmente.

-¿Lo asumes así?

-Totalmente. Fui ingenuo, sí. Tírenme piedras por eso, pero es cierto. Por muchos años había un colega, Tracy Eaton, que me decía “este país se va a joder”. Y yo ¿sabes qué decía? Decía “este wey no entiende México, México está cambiando”. Y muchas veces lo pensé. Luego, años después, cuando estaba escribiendo el libro, pensaba en Tracy y le llamaba y le decía “tenías razón”. Mucha gente no puede entender la ingenuidad que tenía yo, yo le entré a esto del crimen organizado con las mujeres de Juarez y empecé a ver que no había forma de que algún día se diga quienes son los asesinos. Te das cuenta de lo complejo, de la corrupción, de lo podrido.

¿En qué lo notaste?

-Empiezas a ver las relaciones, la conexión entre el crimen organizado y el gobierno, y empiezas a dudar de si debes o no debes hacer esto o hacer lo otro. Me acuerdo de la primera vez que sentí miedo y que sentí que este no era el México que yo esperaba. Fue después de que empiezan a matar a gente en Ciudad Juárez. Empiezas a ver el black hold, la noria profunda que está al frente.

Hoy, si alguien hace una indagación seria, profunda, sistemática de cómo se enfrentaron los periodistas a la transformación de México en carnicería, quizá encuentren respuestas muy similares a las que aporta Alfredo Corchado: a ciegas. Sin decir ¡agua va! Como quien se avienta de un acantilado sin conciencia precisa de qué tan profundo es el abismo.Narco

-¿Qué tanto esa ingenuidad se convierte en arma letal?

-Creo que totalmente. Aunque también habia cierto coraje, mucho coraje de mi parte. Platicar con colegas que están forzados de vivir en silencio, en la censura, que no pueden decir nada, autocensura… eso te pega más. Y además, hay ciertas personas que te empiezan a ver como alguien que les puede dar voz. Algo hay de coraje con lo que veía que estaba pasando, pero también la determinación de ayudar a que cambiaran algo las cosas.

- Esa confrontación entre el México idílico y el México podrido que encontraste…

- Sí… bueno, un país no tanto podrido, en problemas. Siempre había un debate interno con mi mamá y mi papá que me decían “México es una carga nuestra, no de ustedes, ustedes deben agradecerle a Estados Unidos, es el país que nos dio las oportunidades, no a México, dejen a México atrás”. Es como una ilusión de niño que me negaba a perder. Chocaba con la idea de admitir que ellos tenían razón. Hasta que me llegó la amenaza de muerte fue cuando dije ya estuvo, ya me voy.

Esto no se acaba…

A simple vista, Alfredo Corchado es un hombre tranquilo, sosegado, de maneras sigilosas. Su voz es tenue, sus manos ni siquiera aprietan fuerte al saludo. ¿Por qué tantos periodistas especializados en asuntos del narcotráfico tienen las manos suaves?

Cuando nos reunimos, la tarde de un miércoles, él está preparándolo todo para presentar, en unos meses más, la edición en español de su libro, cuya edición en inglés le ha significado un cúmulo de buenas críticas: las vivencias de un corresponsal extranjero en el México que devastó la violencia criminal del narcotráfico.

Pero, luego de un obligado distanciamiento de México, en el que estudió en Harvard, reporteó asuntos turísticos y se refugió en diversas ciudades estadounidenses mientras “se enfriaban las cosas con los cárteles mexicanos”, Alfredo ha vuelto al país y ha dado tremendo campanazo: el lunes 15 de julio, en su cuenta de Twitter y en el portal del DMN  da a conocer una primicia que, rauda, alborota las redacciones de todo el país: han detenido a Treviño. Al Z-40. El hombre que lo ha amenazado de muerte.

Y entonces, lo evidente. Si alguien tiene algo que decir al respecto, porque otros muchos no han vivido para ello, es Alfredo Corchado:

- Cuando saqué la nota, era más para el público texano. No tenía idea de que iba a causar tal alboroto. De repente te das cuenta de cómo un grupito tiene secuestrado un país.

- ¿Qué sentiste?

- Al momento empecé a chillar… de verdad… porque todo ese coraje, esa tristeza que has cargado explota. Dices: ¡Ah, cabrón…! Fue un golpe para mi, en lo emocional.

-A mi me provocó sorpresa tanto escándalo… me parece una treta, Alfredo: los Zetas no se van a acabar…

-Es el simbolismo, no, claro que no se van a acabar. Me impactó la imagen, el lunes en la noche: ¡No está esposado! ¡Camina erguido con los hombres del ejército de cabeza baja! ¿Qué mensaje está mandando el Z-40?¿Y el Ejército? En un país de cinismo y conspiración, esto no ayuda a cerrar nada. Yo me imagino que hay muchísimos jovenes, viendo esa misma imagen, que dicen “yo voy a ser el siguiente lider Z”.

-¿Tú hoy te sientes más tranquilo?

- Me siento más tranquilo, pero también creo que soy mucho más realista de lo que era antes: esto no se va a acabar. En todo caso, me siento quizá tranquilo porque mucha gente pueda ahora saber qué le paso a los desaparecidos. No es que ya no haya un México negro negro, pero hay claroscuros que te dan esperanza. Quizá no lo vamos a ver en los años que me queden a mi o a ti, pero seguirá cambiando… queda la duda de qué tanto quiere cambiar y qué tanto puede cambiar. Hoy (miércoles, a tres dias de la captura del Z-40) ha sido un día a toda madre. Hay que celebrarlo, pero queda esa incertidumbre. Ellos no se han acabado- dice.

Me aprieta la mano con suavidad. Se despide. Sale del país al día siguiente. Su residencia cambió. Pienso en su buena suerte: otros cientos de periodistas mexicanos que también vieron convertido en pesadilla el país de sus sueños, jamás tuvieron esa oportunidad de vida que Alfredo Corchado aprovecha intensamente:

-¿Ya no temes que te vayan a matar los Zetas?

-Es un hecho que aprendes a abrazar el miedo… o a aceptar el miedo.♠

Publicado en Emeequis


El hombre que encuentra paz en el drenaje profundo

Tal vez será un cadáver. Tal vez las partes reblandecidas de un cuerpo mutilado, el feto de un bebé que nadie quiso, la mascota perdida, los restos de un hogar que se derrumbó, un sillón desvencijado, los pedazos de algún automóvil, chatarra. Lo que sea que Julio encuentre a su paso bajo el agua, será bueno: ya estar ahí, en la serenidad de lo profundo, es su única forma de encontrar sosiego. Tranquilidad. Paz.

Por eso ha de ser que su expresión cambia cuando habla de sumergirse. Por eso ha de ser que su rostro de nariz ancha, de labio inferior grueso y carnoso, de dientes grandes, afilados, de pelo cano, de ojos como rendijas por donde apenas pasa la luz, recuerdan mucho a ciertos peces abisales: Julio César Cú también es como un pez, y nada en las profundidades acuáticas de la ciudad de México.

- Cuando estoy aquí arriba ando como nervioso – dice- cuando paso mucho tiempo sin inmersión, hasta mi esposa me dice que ya me hace falta el agua. No sé, a lo mejor no me lo van a creer ¿no?... nada más toco el agua y ya me tranquilizo.

- ¿Qué siente?

- Siento mucha tranquilidad. Me entra mucha paz. Estas tú solo. No hay nadie alrededor. No ves nada. Nada más estas contigo. Cuando estoy a punto de entrar, siempre me pongo nervioso, me entran nervios, pero nada más toco el agua se me quita. Tocar el agua me da mucha paz.

- ¿Pero… y la suciedad? ¿No le da asco nadar entre la mierda?

- No ves nada. No hueles nada. Allá abajo, hay veces que pones tu mano enfrente de ti y no la ves. Generalmente el agua es tan turbia que no alcanzas a ver nada – dice.

Julio es hoy el único buzo especializado en imersión dentro del drenaje profundo del Sistema de Aguas de la Ciudad de México y, según nuestros cálculos, ha realizado una cifra muy cercana a las 500 inmersiones a las entrañas oscuras del desagüe subterráneo capitalino, con todo lo que lleva en su torrente.

Para quienes gustan de la numeralia, el trabajo de Julio podría resumirse así: a la razón de unas cuatro horas en promedio, multiplicadas por alrededor de 15 inmersiones anuales, durante 28 años de trabajo, Julio ha buceado entre las aguas que ennnegrecemos todos juntos por lo menos mil 600 horas de su vida. Toda una vida.

Adiós a los nervios

El plástico del traje de buzo, o el material del cual esté confeccionado, cuando se pega a los pantalones crea una sensación de caricia, de envoltura protectora: cualquiera que sienta el abrazo de las cobijas antes de levantarse, sabrá lo que se siente portar el traje de Julio.

Hermético por completo, el traje es un escudo contra toda clase de enfermedades, infecciones, incluso peligros como la gangrena, la septisemia, inminentes para quien debe bucear en lo oscuro de las aguas de desecho de la segunda ciudad más grande del mundo, donde lo mismo navegan las heces de todos que los desechos industriales, hospitalarios, tóxicos.

No es raro que en la inmersión el equipo pueda rasgarse. Que por sus movimientos alguna varilla, algun pedazo de madera, una piedra desgarren el equipo. Ha pasado antes y seguirá pasando: “es parte de los riesgos de este trabajo”, dice.

Y es muy pesado. Confeccionado en Europa por especialistas de Noruega y Dinamarca, donde se registran las temperaturas de inmersión más gélidas del mundo. Cuando Julio y su ayudante, Ricardo, rodeados de tanques de oxígeno, mangueras, cubetas, aspersores, escobas, me echan la mano para ponerme el casco, una especie de escafandra de un metal muy grueso, opresiva, asfixiante, en cuanto la ponen en mis hombros siento encima de mi cabeza el peso de un niño de 10 años. Y es un niño gordo.

Una vez puesto el casco, el aire disminuye. El calor se encierra. Si te toca ser neurótico, es muy probable que a la opresión que se siente al portar todo el equipo, se sume la de saber que vas a nadar entre la caca. A lo largo de sus 28 años de experiencia, por lo menos 10 hombres han pasado por el puesto de Julio sin permanecer. Es el único que ha aguantado.

- Es un trabajo que te tiene que gustar. Alguien que sea muy nervioso no puede bucear – dice. A mi luego luego me entra la angustia del encierro, casi de inmediato le pido que me quite el chingado casco- te tiene que gustar la sensación del traje, del agua, porque allá abajo estás solo, nadie va a poder ayudarte.

Julio, cuando está abajo, sólo tiene el tubo de vida, un cable de entre 15 y 20 metros de longitud que lo conecta con el equipo de comunicación que está arriba, en lo seco. Pero todas las maniobras y riesgos los asume él, en la soledad de lo profundo.

- Abajo no nadas, sólo caminas. Vas caminando con los pies arrastrados, porque es un terreno fangoso. Tienes conocimiento de lo que te van diciendo arriba, pero debes confiar en tus sentidos, debes confiar en lo que tu gente te dice.

Julio baja conectado al umbilical, como también le llaman al tubo de vida, a veces montado en una canastilla de acero y a veces en escalera. En cuanto se sumerge por completo empieza el reto: sólo dispone de su intuición, del conocimiento de su trabajo y de la suerte, que a algunos compañeros les ha dado la espalda.

Morir drenaje adentro

Una ciudad como México, que puede desalojar entre 30 y 220 metros cúbicos de agua por segundo, de acuerdo a las temporadas de estiaje o lluvias, siempre está en riesgo de un colapso por su sistema de drenaje, por las inminentes inundaciones que deben ser resueltas. Al fin ciudad que nació siendo lago.

“Hemos tenido que retirar incluso salas completas, muebles de todo tipo, hasta motores y carrocerías de automóviles que la gente o las industrias tiran al drenaje o a los ríos que desalojan aguas industriales”, dice Julio.

Es justo el mismo problema que en 1980 delinearon los responsables de la operación hidráulica de lo que entonces se llamaba Departamento del Distrito Federal. Julio, entonces un muchacho veinteañero aficionado al buceo, fue invitado a un trabajo muy específico: ahorrar, con su inmersión, un trabajo técnico que podría retrasar las soluciones indefinidamente y con ello afectar no a miles sino a millones de personas. A su modo, Julio es nuestro héroe.

-¿Y cuál es el momento que más recuerda?

- Me siento muy satisfecho de los cuerpos que he recuperado. Que se acerquen los familiares y te digan gracias, por ayudarles a recuperar un cuerpo para llorarlo en paz. Es algo que no pagas con nada. Mucha gente puede no ser rescatada. Pienso mucho en eso.

- ¿Alguna vez piensa en la muerte?

- No. Algunos amigos me han comentado que abajo, cuando estan solos, platican con ella, que la sienten y le hablan. Yo no la he sentido. Quizá porque, gracias a Dios, nunca me ha pasado nada. Yo me pongo a cantar. Cuando estoy muy concentrado, empiezo a cantar.

- ¿Y qué canta?

- Cualquier cosa. Me gusta de todo tipo de música. A veces reflexiono, pienso en muchas cosas. Es fácil cuando estás allá abajo.

- ¿Y cuando no trabaja?

- Ya estoy en tiempo del retiro. Pero no quiero pensar en eso. Lo estoy retrasando. Me gusta mucho mi trabajo. – Julio enciende su rostro. Está rodeado de figuritas de buzos, de fotografías de sus inmersiones, de caricaturas. Su oficina, en terreno seco, está inundada de sus cosas de buceo. De su emoción.

Por eso, cuando le pregunto por aquello que más le gusta de su chamba, esa que pocos podríamos apostar que le despierte tanta emotividad, el buzo abre sus ojos como de pez abisal para decir “todo. La verdad. De mi trabajo me gusta todo. Cuando estoy allá adentro, buceando, soy un hombre feliz”.

Ha de ser cierto, pienso: ¿cuántos de nosotros podemos encontrar la paz, la serenidad verdadera, la felicidad, desempeñando religiosamente el oficio que elegimos para vivir?♠

Publicado en EL UNIVERSAL


El cocinero del infierno

Si la cárcel es un infierno, éste tiene un cocinero: se llama Neptuno. Y cuando termine de contarnos su historia sabremos por qué siente que su alma se torna cada día más negra, un poco más obscura.

Esa tarde está parado ahí, justo en medio de una corredera de homicidas, violadores y asaltantes. Blande como tridente una cuchara de metal que es más larga y más grande que su propio brazo y, con un grito sonoro, organiza la pelotera de trastos, peroles y cubetas.

“Esas ollas llenas, muévanse, ámonos cabrones”, dice con camaradería el único hombre que no es un reo, y esa cocina con 60 cuerpos uniformados de caqui que vienen y van sin tropezarse, sin tocarse siquiera silenciosos, se ordena, se activa.

Ahumados por los vapores mezclados de las ollas gigantes de frijoles charros que tienen un sabor a chile serrano, por el arroz blanco con demasiado ajo para ciertos gustos, por el atún a la vizcaína con papas tiernas, jitomate oloroso y buen sazón, los hombres se agrupan para comenzar el ritual: 12 mil 500 internos del Reclusorio Varonil Norte del Distrito Federal tienen hambre y ellos, los ayudantes de Neptuno, están obligados a darles su comida en punto de las 12. Ya.

Un grupo vierte los frijoles, otro organiza las cajas para los 2 mil kilos de tortillas, los contenedores del arroz, los del atún, el sellado de las ollas para el traslado, los malvaviscos del postre, la formación de los carros en la puerta de la cocina, la limpieza de contenedores vacíos, el lavado de utensilios. Apenas pasan 7 minutos.

“Yo sirvo regularmente con una calidad y así sale de mi cocina: frijol y sopa de pasta o arroz. Alubias, lentejas, guisado. Un postre, tortillas. Pan en el desayuno y la cena. Recibo en mi cocina 25 mil panes en promedio diarios, y tortillas”. Neptuno domina su reino.

Tiene horarios ajustados. 12 mil 500 desayunos, a las 7 de la mañana, 12 mil 500 comidas, exactamente al mediodía y 12 mil 500 cenas, que si no están listas a las 7 de la noche detonan conflictos entre los reos.

Una ocasión, los “rancheros”, internos comisionados por sus compañeros de anexo o área para conducir los alimentos, volcaron el contenido de todo un carro con comida para 650 reos. El anexo se levantó en protesta y el propio Neptuno habló con los líderes del área, “siempre hay uno que los mueve”, para calmar la bronca.

“Les hice nueva comida en 15 minutos. Así de organizados están los muchachos en mi cocina”, dice orgulloso mientras los mira.

Formados los carros, rotuladas las ollas para cada área del penal, uno de ellos abre entonces una compuerta de la cocina que da a un pasillo al aire libre, en la zona de Talleres del reclusorio, donde una multitud casi monocromática de hombres viejos y jóvenes ya espera, detrás de la reja custodiada, a que comience el reparto.

Adentro, la comida es oro

Los “rancheros” se acercan conforme los nombran para llevar los carros. Si alguno carga una olla de más, una caja de tortillas de menos, Neptuno sale de su cocina y va hasta él, arregla el asunto y quienes lo observan notan cómo el tumulto de hombres presos, con hambre, no se atreve a chistarle un vituperio.

Porque es un penal, con sus reglas propias, esas que Neptuno conoce a la perfección después de cinco años haciendo la comida y defendiendo, incluso a golpes y amenazas, su terreno.

“Cuando me contrataron yo asumí un compromiso y he llegado al punto de conflictuarme con mucha gente por querer hacer las cosas bien, porque, bueno, es mi cocina y aquí adentro estás en medio de una lucha muy desigual”, dice sereno.

Usos y costumbres de ahí dentro, donde todo cuesta porque todo vale, la comida es oro y así se cotiza, por eso puede ser una cuando sale de la cocina y otra distinta cuando llega a los dormitorios del penal, donde otros mandan:

“Así les des caviar, allá adentro lo pueden convertir en mierda. Apenas pasan el retén donde ya no hay seguridad ni externos, hacen lo que quieren, obviamente con la intención de vender, de obtener un beneficio”.

Por eso su máximo orgullo es haber conquistado territorio.

“Cuando yo llegué, aquí estaba mal, aquí era suciedad, era desorganización, falta de alimento, además el saqueo que existe. El mayor problema era el saqueo que hacía el interno”, cuenta.

Por las manos de Neptuno pasan, cada semana, mil 89 cajas de huevo, 12 mil 600 kilos de salchicha, casi el doble de piernas y muslos de pollo, unas 18 toneladas de frijol, ocho de arroz, 4 de carne de cerdo, café, lentejas, azúcar, puré de tomate, jamón, carne de res, surtido todo lunes, miércoles y viernes, porque no hay congelador.

En el mercado restringido del Reclusorio Norte, cada pieza, cada cosa tiene su valor, inmenso, por ello trabajar con personas que ha delinquido, dice Neptuno, le pudo representar el conflicto de la confianza, que ha ido superando.

—¿Cómo lo hiciste?

—Con la ayuda del área de seguridad, por supuesto, pero además cuidándolos yo. No te queda de otra que revisar a la gente cuando se va y si la encuentras robando algo, pues la despides.

Por eso la cocina tiene escalafón, que depende de la confianza, la experiencia y las ganas de trabajar.

Llegan por petición propia y lo primero que hacen es limpiar pisos, baños, utensilios. Luego son ayudantes, cargan los bultos, limpian frijoles, lavan carne, vierten los alimentos, pasan a la zona de guisos, sazonan, baten, hasta que finalmente cocinan. Ganan dinero, reducen condena, aprenden.

“No puedo tener a cualquiera haciendo guisados, en primera porque no están acostumbrados a trabajar con cofia, cubrebocas, uniforme, porque aquí están acostumbrados a andar sin camisa, encuerados, por eso en mi cocina todo es un proceso de aprendizaje”.

—¿Y los cuchillos?

—Los cuchillos los manejo yo.

—¿Sólo tú?

—Bueno, no. Los manejan quienes están asignados al corte de alimentos, pero los guardo en mi oficina bajo llave, y esa llave nadie la toca más que yo.

Neptuno recuerda una anécdota, cuando cierto grupo de internos intentó entrar por la fuerza a la cocina y sus muchachos se armaron con los utensilios de cocina para evitar la incursión. “Me imaginé una carnicería, ca. Por eso los cuchillos”.

¿Quiénes son los malos? 

Neptuno es un hombre de baja estatura, “para mi todos son altos”, corpulento, de nariz como nuez y labios delgados. Aunque sus ojos son pequeños, cuando platica los abre lo suficiente como si quisiera ayudar a la mente a cocinar los recuerdos.

Desde que llegó al Reclusorio y le propusieron encargarse de la cocina, dejar el área de supervisión del parque vehicular de la dependencia, puso en práctica el método de aprender observándolo todo.

Sin preparación como cocinero, con la única experiencia de haber atendido un negocio familiar de barbacoa, los primeros días en el Reno sólo se dedicó a mirar, a cuidarse, a medir, como se dice, el agua a los tamales.

“Yo estaba en área central, pero mi domicilio está aquí cerca, así que por comodidad lo agarré”

—¿Y qué se siente darle de comer a los malos?

—¿Y quiénes son los malos?

—Los que están adentro, ¿o no?

—Pues aquí adentro no son todos los que están, ni están todos los que son. ¿Quién es malo? Tú y yo podemos ser malos y no estamos aquí adentro, dice, para ridiculizar prejuicios ajenos.

Mira hacia sus ayudantes, hacia Jorge, quien está a cargo de los frijoles y en un par de meses compurgará condena por robo, hacia su compañero, quien dice estar seguro de encontrar un buen trabajo, cuando salga, porque ya sabe trabajar en una cocina industrial, como de restaurante y podría poner su propia cocina económica. O más.

Neptuno observa hacia José Luis, dos veces asaltante; a Ignacio, defraudador, que en medio del jaleo de los guisados parecen hombres confiables afanándose por hacer lo que les toca lo mejor que pueden. De veras.

“Te vuelves de la cárcel”

Neptuno, cuyo nombre heredó de su padre, “de niño me molestaba, ahora, de alguna manera me da fuerza”, dice que trabajar en la cárcel, en la cocina del penal, le ha significado experiencias buenas, pero también malas.

—Tu actitud hace que te respeten, pero ya aquí, si no le metes unos chingadazos a un güey... los mismos chavos, de repente los tienes que arrear con un palo y eso te hace cambiar.

—¿Tú has cambiado?

—Tú te das cuenta de que no eres el mismo. Yo difícilmente era grosero, difícilmente gritaba y te podría decir que me ganaba el respeto de la gente más con mi actitud que con la fuerza.

—¿Cómo eras antes?

—Yo, antes de trabajar aquí, era muy sociable, no tenía precisamente grandes amigos, pero sí tenía un círculo más grande de gente con la que convivía, ¿no? Ahora no. Tenía más léxico para entenderme con la gente o para sostener una plática y además más temas... de repente te clavas aquí y tu círculo se vuelve pequeño, pequeño.

—Cambiaste.

—Todo cambia, todo cambia, hasta tu comportamiento, en todos los sentidos, cambia. En tu juicio o bebido cambia, más bebido. Tienes que aprender incluso a moderar tus tragos porque, con que pierdas tantito el control... bebido te vuelves alguien de la cárcel, como diablo.

—Te sale tu lado oscuro...

—No, no... pero tú sientes. Después de tanto que platicas con ellos y que peleas y todo eso, de repente estás bebido y sí te sientes capaz de hacer una pendejada de las que hacen ellos y eso ya te hace pensar a ti: ¿Pues antes cuándo iba yo a pensar así?

Neptuno ya no está en la cocina. Servida la comida, sus ayudantes comienzan a preparar la cena, las lentejas, las ollas de café. Se desprende del tapabocas, de la cofia, y sale al patio a fumar un cigarro, un Delicado. Al rato, afuera, se echará un “camellito”.

—Neptuno, ¿cómo haces para que esto no te coma?

—Desde el momento que sales de aquí el aire es diferente. Quizá tú te vas a dar cuenta cuando te vayas. No sé. Pero aquí huele diferente.

—¿A qué huele en el reclusorio?

—Te juro que huele a conflicto, huele a cárcel, a sufrimiento, no sé, todo lo que te puedas imaginar. Y sobre todo, cuando estás aquí todo un día, te juro que sales de la aduana y el aire es diferente, eso te permite calmarte y tu estrés, todo lo que te echas aquí a cuestas, te da un chance.

—¿Y por qué sigues aquí?

—Porque me gusta, me gusta mucho. Mi mujer me dice que me salga, mi hija también. Pero a mí me gusta.

Mira hacia la zona donde miles de hombres toman el sol, donde algunos comen en trastos viejos, en latas, en lo que pueden, y entonces, a manera de despedida, Neptuno confiesa, como si se hablara a sí mismo:

—¿Sabes cuál es mi mejor ritual? Marcar por teléfono. Cuando salgo de aquí, en la tarde, casi directamente voy a marcar por teléfono, a mis hijos, a mi mujer. Y ya eso me regresa mi vida.♠

Texto publicado en EL UNIVERSAL


Los niños de la furia 3a. Parte: ÉL, LÁGRIMAS

Él se llama “Lágrimas”, aunque debía llamarse “Cicatrices”.

Abre un poquito menos los ojos negros, esas canicas pestañudas de una hermosura robada a la más triste mirada de perro tierno, y sonríe, con labios francos y abiertos, para sosegarse con su futuro: “a ese hijo de su pinche madre también lo voy a matar”.

Ningún músculo se altera después en el rostro de “Lágrimas”, ni los párpados de pestañas interminables, ni los pómulos surcados por heridas, ni el cuello, apenas sus labios, que recuerdan la violencia más cruda, la acometida del pene agresor, el dolor bajo la espalda, las piernas dobladas, la panza en vértigos: “a ese hijo de su pinche madre también lo voy a matar. No se me olvida su cara. Va a llegar ese día en que me voy a sacar la espina”.Read more


Los niños de la furia 2a. Parte: TÚ, COLABICHI

La navaja entra filosa, lenta, contundente, en el envejecido abdomen de la gorda mujer ¿La sientes? ¿Ves el chorrote de sangre, el caliente chorro colorado que te salpica la pierna derecha del pantalón, y el grito del vigilante, el aullido, el miedo?

Fuiste tú, “Colabichi”, fuiste tú y tu mano derecha, tu mano de 11 años cumplidos meses antes. La foto de “El Debate”, aún sin permitir ver tu cara, dice que eres tú. La gorda mujer está aullando ¿Ves? También ella dice que fuiste tú, “Colabichi”. Y está aullando porque le enterraste la navaja justo debajo del seno derecho, y ahí sigue.

Entraste a robar, carajo, entraste ese jueves por la noche a la mueblería “Muebles para el Hogar Don José”, o algo así, en la zona Dorada de Culiacán, nomás para robarte unos cuantos pesos para el “perico” de la noche, y no ibas sólo, llevabas contigo a tu navaja, compañera de sangre como no has conocido otra. Ni conocerás.niños2

Y no es la primera vez, escuincle de ojos pequeños, de hoyo en las mejillas, porque bien que cuentas, sin rubores pudibundos, que empezaste a caer en el Tutelar cuando apenas despegabas ocho calendarios y te urgía tener esa bicicleta, la primera de tu vida.

No es la primera vez, porque bien que traes la cuenta de tus robos y tus “malías”, que es la forma que encontraste para llamar a tus asaltos con violencia, intentos de homicidio, ventas de droga, consumos consuetudinarios de estupefaciente, intentos de violación, por los que, una vez y otra, te has ganado a pulso el mote que te designa y te iguala con un podrido animalillo ponzoñoso: “Colabichi”.

¿O no fue eso el asalto a mano armada afuera del Hospital Regional del IMSS en Culiacán, unos meses después del robo de la bicicleta, en 2002? ¿No fue eso el haberte brincado la cerca de la casa de la vecina en Guasave que, justo cuando habías tomado el bolso con casi tres mil pesos, te agarró de las greñas y se puso a gritonear hasta que llegó la patrulla junto con la familia que te había dado cobijo y traicionaste? ¿No fue eso la bicicleta que te robaste de una panadería, y que fuiste a perder un mes después en el Malecón del río del Puente Viejo porque viste otra mejor que no te pudiste clavar?

Sí, “Colabichi”, “se te prendió la loquera”, como dices, y desde los ocho años abandonaste a tu familia, o lo que quedaba de ésta, y dejaste Topolobampo nomás por malora, para agarrar de cordón umbilical el “cristal”, el “activo” y el “perico” “nomás por presumir”, que te han dado cuerda los años que han seguido.

Y la vida, “Colabichi”, que se te va escurriendo vuelta humo, como ese que despide la piedrita blanca que calientas con el foco encendido y te aliviana, te activa, pero cuando se te baja, entrado el amanecer, te deja casi ciego con un pinche rayiyo de sol de la mañana. Puum, dices bien “Colabichi”: “puum”.

“SÍ, LE PEGASTE EL BALAZO”

¿Dónde dejaste la niñez, “Colabichi”? Y no repitas que tus padres, campesinos sinaloenses, muertos de hambre como muchos, te la escondieron entre los cuerazos, la ignorancia y el divorcio. No repitas que las friegas de tu padrastro, adicto a la cocaína y alcohólico, y los gritos de “te voy a matar, te voy a matar” se la llevaron entre las sílabas.

¿Dónde la dejaste, escuincle de sonrisa grande, frente amplia, nariz rectilínea? ¿En el balazo que le metiste una noche a tu padrastro, ya harto de sus golpes, o en los gritos de tu madre, ahogada en el llanto que maldecía la hora de tu nacimiento y buscaba el hacha de su macho para darte?

Seguro dirás que ahí, que la pistola estaba cargada sin que lo supieras, y que tú sólo querías espantarlo al cabrón, sólo querías que te dejara de decir “maldito mocoso de mierda”, y que no te llamara “pinche perro, muerto de hambre” y que tu mamá dejara de fingir que no escuchaba y te abrazara, te dijera que te amaba, que no iba a permitir que te doliera una vez más el corazón, pinche “Colabichi” de poco aguante.

¿Fue ese día, “Colabichi”? ¿O fue cuando entendiste que nunca tuviste el cariño de tu madre? El día que descubriste que ya llevabas casi tres años, entrando y saliendo del Tutelar, sin verla a los ojos, sin mirar su cara redonda de mujer morena, treintañera, ni las manos, ni los ojos negros, ni los oídos puestos para escuchar que dejara a ese hombre  y que tú le prometías darle dinero, mantenerla si fuera posible, darle amor y ayudarla con la plebe “como no hizo el hijo de puta” que te engendró.

No, “Colabichi”, a lo mejor ni sabes dónde diablos quedó tu ser de niño, porque empezaste a salir en los periódicos, en primera plana, y te sentiste admirado, temido, poderoso, y esa fama suplió cualquier ausencia.

Te ganabas los cuatro mil, cinco mil pesos más rápido que cualquier otro, y luego luego te acercaste a los meros jefes de la mafia culichi, que te enseñaron no sólo a abrir puertas de casas, sino también de autos, y cajas fuertes, y bodegas, y joyerías y vientres.

Y la alegría ¿Te acuerdas, chamaco de metro y medio? La alegría que sentías antes del robo, del asalto, esa sensación de poseer “felicidad, alegría, que tenía poder, algo” que llenaba hasta los huesos más dolientes de tus piernas maltratadas.

“AHÍ ESTÁ LA COBIJA”

¿Cómo crees que vas a huir de lo que duele, Colabichi? El mundo está hecho a esa medida. ¿Como aquella vez, te acuerdas? Cuando intentaste ahorcarte porque sentiste dentro de tu cuerpo que para nadie valías algo, y “se te prendió la loquera”, como dices, y rompiste la sábana, “ahí está la cobija todavía”, pero entró el “licenciado” y te preguntó que qué hacías, y llorando de rabia le dijiste que querías morirte. ¿Te acuerdas? Ese día que le pediste a Dios que perdonara todo lo que habías hecho. Pero no supiste bien si él te escuchó, porque dijiste clarito: “La vida que llevo se la agradezco a Dios. Los topes, no”.

¿O crees que la sangre algún día se te olvide? Dices que quieres hacer la preparatoria, “Colabichi” y que quieres ser policía de caminos de la Federal Preventiva. “De ratero a policía”, chamaco, para que te regresen las cachuchas de la AFI, las placas de la AFI y las camisas de la AFI que llevabas contigo la última vez que ingresaste al Consejo. ¿Y la sangre?

Sí, te vas a decir algo como esto: “perdí mi niñez, pero espero recuperar algo pa’ más a’elante, estudiar, tener familia, me tengo que ir de aquí, me voy a quedar aquí hasta mayo, y ya, hasta terminar la secundaria (en el Centro de Observación y Readaptación del Menor Infractor de Culiacán, Sinaloa) y luego voy a hacer la prepa afuera”.

Vas a decirte, como si fuera cierto, que “ahora me doy cuenta que perdí mi niñez y quiero disfrutar la demás vida que me queda”. Que “yo no me siento a gusto con lo que ha sido mi vida” y que hasta formaste la Banda de Guerra del Consejo, para que la música toque todo el día y vuelva la vida. Y que en 10 años vas a ser comandante de la AFI, y serás bueno, y no habrá más piedras en tu camino, ni topes, ni dolores.

Vas a decírtelo, chamaco de 14 años cumplidos, para que el chorrote de sangre de la gorda mujer, el caliente chorro colorado que te salpica la pierna derecha del pantalón, y el grito del vigilante, el aullido, el miedo, no te repitan cada día, en cada sueño, que fuiste tú “Colabichi”, que fue tu mano. Y despiertes llorando.♦

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Publicado: Martes 7 de enero de 2006

Diario Monitor. Sección El País

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Los niños de la furia 1a. Parte: YO, EL CHOLILLO

Yo ‘stoy aquí por la bolsa ‘e droga, por ‘sa bolsa ‘e cristal ¿Ve?

Pero yo digo la verdaá, a mí me gusta decir la verdá ¿Ve?: Yo no la tenía. Sí andaba drogado, eso sí, porq’p’s andaba con mi novia Lupita y nos habíamos drogado con Ribotril, pero la bolsa esa no la tenía, esa me la puso el poli que me agarró.

Me llamo Antonio, pero quiquío me pusieron El Cholillo, orque decían q’iba ser un niño balandro ¿Ve? Pero la bolsa no la traía, yo andaba rolando con un morro,  y andaba rolando con mi novia y que me agarran quesque puchando. Un policía que venía manejando me dijo:

- Ya se quién te la dio la droga, güey – venía en la camioneta el chota, en la patrulla ‘e doble cabina, n’el Centro, n’el mero Centro ‘onde está la plaza, Culiacán.Read more


La joven manos de pinceles

Sonia MirandaSonia no tiene manos, tiene pinceles, y mientras la gente que la rodea discute con el gendarme, “¿Por qué la quieren quitar, cabrones, abusivos...”, sus dedos de punta redonda y pelo de gato han dado color a la Bella del cuento, con unos ojos azul cerúleo tan inmensos que cualquier Príncipe caería rendido ante el encanto.

Cómo le gusta iluminar princesas. Traer a la vida rostros de ensueño con acuarelas, sentada casi todos los días debajo del mismo árbol, al pie de la Catedral Metropolitana de la ciudad de México, o en los portales cercanos si es que hay lluvia, con una calabacita anaranjada para las monedas, un letrero de agradecimiento y los dientes prestos a impedir que la policía de Marcelo Ebrard -o Miguel Mancera o el que sea- le arrebaten el espacio donde gana la comida de sus hijos.

-La semana pasada estaba en los portales, me querían quitar dos policías mujeres y que las agarro a mordidas, así, con los dientes, la gente decía que no, y no me dejaba.

Sus dientes prensan su propia piel, el borde del antebrazo pintado de acuarela color carne, verde agua, chispas amarillas: las prótesis de Sonia duermen en los adoquines.

Es una sobreviviente de la tragedia de San Juanico, 1984, aquella explosión que despertó a la ciudad aquella mañana del 19 de noviembre, que además de matar a su madre, dejó en la niña Sonia, de tres años entonces, una huella inocultable que, por más profunda que parezca, de verdad no alcanza a apagar unos ojos profundamente guerrilleros, decididos.

-Mi abuelita Petra me enseñó a ser muy independiente desde chiquilla, a no dejarme. Ella me dijo que yo podía hacer las cosas, que no era una inútil. Me ponía a lavar trastes, a hacer quehacer, tender camas, lavar, barrer, trapear, bañarme, saber cómo vestirme: eso no te lo enseñan en el hospital de Pemex-, dice.

El policía le insiste: váyase a Madero y Gante, señorita, allá están las estatuas.

Pero tiene su genio: cuando me embaracé, mucha gente, mi familia, me decían que por qué no abortaba, que cómo le iba a hacer, que no iba a poder, recuerda. Recoge las acuarelas. “Pero sí se pudo. Yo solita los bañaba, yo solita los cambiaba, eso lo aprendí sola”.

SoniaNomás le preocupaba el rechazo hacia Belén, de siete años (hoy debe tener 14), y hacia Julio, de cuatro (hoy de 11).

-Desde que tenía a mi niña en el vientre, que la rechazaran por mi culpa en la escuela, que le hicieran burlas sus amigos, que la criticaran, ese era mi temor- dice.

A Julián, el policía, ya se le amontonaron tres hombres, seis mujeres. Le dicen que no se manche, que qué poca madre, que Sonia no hace nada. La misma ola de gente que pasa, se amontona, mira nacer princesas de las manos de pincel, y se retira: marea de curiosidades y morbo ante una mujer con el rostro completamente marcado por cicatrices hondas, pliegues sobre pliegues.

“Luego llegan mamás con sus niñitos y los acercan nomás por la morbosidad, y ellos dicen: está bien fea, parece monstruo, y yo volteo y les digo: mientras me quieran mis hijos…me da lo mismo lo que yo te parezca”. Así somos. Así hemos sido.

Sabe dibujar con las prótesis, hace manualidades sin manos, pero cuando de veras le quedan chulas las princesas es si se las quita, cuando une sus dos antebrazos, se inclina sobre sus piernas que soportan la hoja y el pincel se vuelve dedos que bailan a colores. El poli insiste. Se trepa a la motocicleta.

Sonia2
Sonia Miranda

“Me gusta mucho dibujar, dibujar y pintar. Es algo nato. Y las princesas le gustan a mi niña”, dice.

“Nada más tengo algo que me falta, algo nomás que quiero, y sí se que es…”, dice Sonia.

Hace la finta de que va a retirarse, pero ve que el policía ya se fue y se detiene: al rato, con su vestido de rosas amarillas, una nueva Cenicienta ya le sale de los garfios.♠

Publicado en El Universal


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