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La traición neoliberal contra Conacyt

Comentario de Luis Guillermo Hernández para #PulsoNoticias de Radio Educación

El relato de espanto que nos contó ayer la directora del Conacyt, la Doctora Elena Álvarez Buylla, debe quedar registrado como uno de los capítulos más oscuros de la historia de la ciencia en México.

Durante casi dos décadas, en los gobiernos de Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, un instrumento creado con el noble fin de apoyar a instituciones y universidades del país en la tarea fundamental de crear conocimiento, desarrollar ciencia y tecnología e incentivar la innovación, fue utilizado para construir una élite científica parásita y al servicio de empresas privadas y negocios particulares.

Miles de millones de pesos, provenientes de las arcas públicas, convertidos en fideicomisos opacos fueron destinados, entre 2000 y 2018, a apoyar investigación y desarrollo de empresas privadas multinacionales, como Kimberly Clark, del magnate Claudio X González; o FEMSA, propietaria de Coca-Cola; o Monsanto, la multinacional de los transgénicos, o incluso utilizados para realizar transferencia de conocimiento desde las universidades hacia las empresas privadas, sin que las instituciones educativas alcanzaran un beneficio concreto por esas acciones.

Con reglas a modo, para favorecer a las empresas y no a las instituciones de investigación, el Conacyt fue utilizado para construir obras faraónicas hoy en desuso, para pagar favores de empresas privadas o construir las puertas giratorias para las élites universitarias, para apuntalar organizaciones civiles y privadas, para crear una casta dorada de científicos que se volvieron millonarios y hoy, incluso, repudian realizar su tarea más esencial: impartir clase frente a grupo, compartir su saber con las generaciones siguientes.

El relato de esta tragedia nacional, en el que el desmantelamiento del aparato científico y tecnológico y la conversión del CIDE, el Centro de Investigación y Docencia Económica, en una verdadera cueva de neoliberales al servicio de organizaciones privadas, ocupan un lugar significativo, debe movernos a la indignación y también a la reflexión.

Mientras el Conacyt repartía miles de millones a manos llenas a un pequeño pero voraz núcleo de investigadores, científicos y tecnólogos de universidades públicas y privadas, la condición de la ciencia y la tecnología en México se desplomaba, y el país caía 16 lugares en el terreno de la innovación mundial, se rezagaba y perdía una oportunidad valiosa de alcanzar la soberanía en ese terreno.

México es un país de grandes aportaciones a la ciencia y la tecnología en el mundo. No solo en su historia ancestral desde las civilizaciones azteca y maya, sino también en los tiempos recientes: grandes científicos, tecnólogos, investigadores, desarrolladores de conocimiento, que durante el siglo XX fueron honra y gloria de este país. Honra y gloria de la ciencia nacional, e incluso desde antes de que México se llamara México.

Lo ocurrido con el Conacyt durante el periodo Neoliberal es un acto de traición suprema a esa historia y a esa herencia.
Una traición que, como mexicanas, como mexicanos, estamos obligados a nunca olvidar, para que nunca, pero nunca, se repita.

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Ataque mediático: exagerar es MENTIR

En Periodismo, exagerar la información es MENTIR.

Porque, al desproporcionar las dimensiones e implicaciones de un acontecimiento, se puede confundir a la sociedad, dañarla, atemorizarla, sorprenderla.

La exageración, pues, es una forma de la mentira, porque implica una falta total de rigor y profesionalismo del periodista que produce la información desproporcionada y del medio de comunicación que la difunde.

Pero cuando esta exageración tiene fines políticos, cuando un medio de comunicación pretende no solo desinformar, sino además crear pánico, confusión, convulsión social, entonces el fenómeno deja de ser simplemente una nota exagerada y se convierte en un ATAQUE, un golpeteo político, que puede incluso intentar DEPONER A UN GOBIERNO, como ha ocurrido en algunos países de América Latina como Brasil, Perú o Bolivia. La exageración mediática masiva, como instrumento para un golpe institucional.

Lo que ha ocurrido esta semana en México, tras la suspensión de la gira que el Presidente Andrés Manuel López Obrador realizaba por el sureste, y que el domingo derivó en una de las campañas de exageración, es decir una de las campañas de MENTIRAS más grotesca que se recuerde, es precisamente eso: un golpeteo periodístico con fines políticos.

El Diario de Yucatán, un viejo periódico de ideología abiertamente conservadora, exageró información que obtuvo en un acto público y difundió que el presidente López Obrador había sufrido un INFARTO.

Sin confirmar ese dato, sin precisarlo, sin acotarlo ni ponerlo en su justa dimensión, la prensa adversa al Presidente la nota, y durante días columnistas, articulistas y lectores de noticias la difundieron e incluso la llevaron más allá: “al presidente le dio un derrame cerebral”, “el presidente sufrió una embolia”, “AMLO tuvo un paro cardiaco”, “al Presidente lo llevaron a Estados Unidos de emergencia”, “el Presidente está muerto, pero no lo quieren decir”.

Exageraciones, mentiras mediáticas, con el afán de golpear.

Ahora que ya sabemos que el presidente está bien, que convalece de un cuadro de COVID pero que no está agonizante, ni mucho menos muerto, conviene reflexionar serenamente sobre esta avalancha de MENTIRAS MEDIÁTICAS.

¿Qué sanción merecen todos esos periodistas que mintieron deliberadamente?

¿Qué le corresponde hacer a nuestra sociedad, ante la flagrante IRRESPONSABILIDAD de los medios de comunicación privados?

¿Cuál es el contrato social que debemos construir ahora alrededor de la INFODEMIA?
Ha llegado la hora de establecer nuevas reglas y SANCIONES para nuestro periodismo.

Reglas en las cuales la exageración, es decir la MENTIRA, tenga un castigo público, una sanción definitiva por parte de sus principales víctimas: nosotros, la sociedad.

* Esta es una versión escrita de la Videocolumna difundida hoy en el Noticiario Pulso de Radio Educación


La tesis de una Leyenda

Una parvada de RIDÍCULOS está exigiendo, vía el Instituto Nacional de Acceso a la Información, que la UNAM "LIBERE" la Tesis de Licenciatura del Presidente Andrés Manuel López Obrador. Un documento que, valga anotar, es accesible a quien desee consultarlo desde hace por lo menos una década.

Como una forma de arrojar luz sobre tantas almas en pena, Sexta W se las comparte íntegra, en formato PDF, para que la descarguen, la analicen y la conviertan en documento de consulta.

Es un documento entrañable, fundamental para entender el pensamiento obradorista y, sin duda, en ese documento está la semilla de la Transformación que López Obrador encabezó en México.

 

DESCARGUE LA TESIS

Tesis de Licenciatura del Presidente Andrés Manuel López Obrador

 


Viñetas contra la discriminación

45029659817871. Una mujer, que lleva su bolso colgado al hombro y atraviesa delante de mi el largo transbordo entre líneas de metro de la estación Passeig de Gracia, sólo cambiará la posición de su bolso, para resguardarlo contra su pecho, cuando yo camine a su lado.
2. Si me siento en una banca del Passeig San Joan, frente al arenero donde juegan los niños más pequeños -para verlos jugar- dos mujeres jóvenes y un hombre más o menos de mi edad se llevarán a sus hijos, luego de mirarme reiteradamente por varios minutos.
3. Nunca un vecino de mi edificio compartirá conmigo el ascensor. Ninguna de todas las ocasiones que esto es posible. Nunca.
4. Si abordo el autobús que recorre mi barrio, desde Vallcarca hasta Sagrada Familia, y dejo libre el asiento junto al pasillo para ir mirando por la ventana, viajaré sin que nadie se siente a mi lado aunque el bus se llene. Cuando me levante, de inmediato se ocuparán los dos asientos.
5. Me lo preguntará muchos meses después de atenderme varios días a la semana. ¿Perdona... te puedo preguntar de dónde eres? Soy mexicano. ¡Mexicano! No me lo parecías. Pues sí... mexicano hasta las cachas. Sólo a partir de ese día, me sonreirá siempre que me entregue la barra de pan.
6. El ciclista, a gritos, amenazará al mantero: llamará a la policía porque el africano está colocado justo al final de la Ronda Litoral y obstruye -en realidad sólo algunos centímetros- la vía reservada para las bicicletas. Tiene que haber un orden estricto, dirán algunos. Los ciclistas pueden pasar perfectamente, dirán otros. Pinche güey mamón, no le hagas al cuento, el negrito se está ganando la vida, diré yo. La mayoría pasará de largo sin intervenir. El ciclista, tras un aspaviento y gritoneo mamilón al teléfono, se irá por la misma vía por la que supuestamente no podía pasar. El mantero venderá alguno de sus muchos bolsos Luis Vuitrón.
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7. Apu, el tendero de la esquina. Y Apu, el chico que nos corta el pelo por 5 euros. Y Apu, el vendedor de pendejaditas en Lesseps. Ellos me confundirán con uno de los suyos. Y reirán cuando les diga que no, que soy mexicano. ¡Ah, Chicharrrito!, dirán. Sí, Chicharito. Y en venganza, yo les llamaré Apu a todos ellos. Seremos amigos, nos saludaremos y sonreiremos siempre. Supongo que esa confusión conmigo le ocurre a muchos barceloneses también, según me lo han dicho. Es el estereotipo del mexicano: igual morenazo de fuego, pero algo más bajito que yo, mucho menos barbudo y con un acento más enfático, más Chin Chin el Teporocho o Las Glorias del Gran Púas: "órale, güey, ya leestámos dimosdandóooo". Yo pensaré: ¡carajo, que no ven que yo soy de barrio obrero... de la Pleni, chintololo del mero Azcapotzalco!
 8. Pepo, el simpático aunque maleducado perrito de mi amiga, será un antídoto contra la desconfianza. Cuando lo pasée, cuando lo lleve a caminar por la Plaza Real, por la Rambla, por el Barrio Gótico o cuando salgamos al Paseo Marítimo, notaré que la gente se acercará a mi sin miedo. Es tan simpático, que provocará que hasta me saluden, que al sonreírle a él de reojo me vean. Que incluso me sonrían o en alguna ocasión hasta me miren a los ojos. Querré un Pepo en mi vida barcelonesa. Porque con Pepo no soy Peligro. Soy persona.
P.D.
Amo a Barcelona. Una ciudad que me ha dado tanto en tan poco tiempo.
Escribo esto desde la reflexión, no desde la denuncia.
Desde el cariño, no desde el rencor.
Escribo esto desde la empatía con los distintos.
Pequeños actos, casi inadvertidos

Barcelona grita: #NoTincPor

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La marea llevaba flores.
Llevaba velas.
Llevaba lágrimas.
Y una estupefacción que no tengo capacidad de explicar, porque una ciudad, su gente, no se acostumbra rápidamente al hecho de que alguien, nomás porque sí, haga de la muerte una ruleta rusa, una lotería de sangre aleatoria, para que deba morir quien tenga la mala suerte de atravesarse en el camino.
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Esa marea llevaba flores y pancartas, llevaba banderas y listones, y un grito en catalán: #NoTincPor, #NoTengoMiedo. Lo fue a mostrar a la Plaza Cataluña después de la tragedia.
Una marea contra el fantasma de una furgoneta alquilada, blanca, que se cruza zigzagueante en el camino de decenas de personas, de muchas nacionalidades y destinos, y convierte su paseo más típico por Barcelona en el lugar terrible de su último verano.
Sí. A la mañana siguiente del atentado, la marea en Barcelona llevaba flores. Llevaba velas y llevaba lágrimas.

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Y luego de gritar en la Plaza Cataluña, luego de mostrar ahí sus flores y sus listones, sus velas y sus lágrimas, hizo justo lo que tenía que hacer en este caso:
Ir al epicentro de la tragedia. Caminar junta por las Ramblas, todavía olorosas a la lejía con que seguramente lavaron la sangre derramada, para recuperar su paseo, su sitio, su espacio. Ese lugar a donde acude a cantar bautizos y bodas sobre ramos frescos de esperanza. Que es sólo suyo. Completamente suyo.
Y depositar ahí, sobre el recuerdo, sus flores y sus listones, sus velas y sus lágrimas.♦

CARTA A ATZIN, EL MUCHACHO GUERRILLERO QUE ESCUCHABA A SINATRA

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Compa Atzin:

Dudé mucho en escribirte. Dicen que eres un temible terrorista. Que por eso te apañaron.

¿Y qué puedo decirte ahora? ¿Qué puedo escribir para ti, que sirva de algo en medio de este derrumbe que nos tiene a todos atrapados?

Miro las fotos en tu muro del Facebook –ese álbum abierto de la vida de cada uno de nosotros– y quiero encontrar ahí las supuestas claves de tu terrible subversión, la que dicen que encabezaste contra el Estado mexicano, la que te tiene encerrado en un apestoso penal de Veracruz junto a cientos de multihomicidas, narcos, ratas, sicarios a sueldo, perros de rabia infinita que nos muerden a todos.

Eres culpable, dice el gobierno. ¿Será por esa foto tuya del 11 de abril del 2011? Esa en la que apareces apretando los dientes ( que más que fiero te hace aparecer simpático) con tu botella de agua mineral en la mano derecha y el puño cerrado en la izquierda? ¿Esa será la prueba que tiene la PGR de tu peligrosidad social? ¿O el cristal estrellado detrás de ti, ese parabrisas que dice “La Bestia” y que colocaste detrás de ti para nombrarte?

¿Sería acaso tu opinión crítica sobre el deber ser del artista en tiempos de sociedades democráticas, oligárquicas o anárquicas? Esa reflexión feisbuquera que compartiste a tu amiga Eileen el 29 de mayo de 2013:

“Yo creo q para entender y determinar de una manera mucho más completa este tipo de cuestiones tienes q comenzar por definir una postura filosófica con respecto a la vida y al ser humano y a partir de ahí relacionarlo con la cultura, en este caso con una postura o un movimiento sociopolítico, es decir lo q importa es el medio y no el fin. El fin no justifica los medios”.

Intento deducirlo, Atzin. Quiero entender, o intentar entender, dónde está la puerta del infierno que dicen que encendiste.

Quizá sea en tu visita al Museo Soumaya para ver a Dalí. ¿Qué hay más subversivo que el arte? O en las fotografías de tu viaje solitario al desierto de Baja California. Dicen que en el desierto palpita la esencia salvaje de los seres humanos.

A lo mejor es el amanecer que atrapaste, con destellos imposibles. O la foto de la hamaca sicodélica con tu compa en algún punto de la ciudad de México. La gobernada por el priista camuflado.

O tu vuelo en paracaídas, Atzin, –después de todo, Águila es tu nombre en lengua Náhuatl— tu primer brinco del suelo a la tierra, justo un año antes de que tu vida diera un vuelco.

Quiero saberlo, Atzin. Quiero saberlo, compa. Si eres ese hijo de puta que dicen que eres, quiero mirarlo con mis propios ojos.

Supe de ti por las redes sociales ¿sabes? Cuando el Twitter comenzó a llenarse de mensajes que replicaban tu nombre y tu apariencia:

“#AtzinAndrade. 29 años. Estudiante de la escuela de arte de La Esmeralda, perteneciente al Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA)”.

Ahí anotaron con claridad tu circunstancia: ibas en el contingente de tu escuela junto con todos tus compañeros. Como otros tantos centenares de miles que salimos, juntos, a las calles de la tarde del 20 de noviembre de 2014. Hartos de tanta muerte, tanta infamia y tanta zozobra por la desaparición de 43 estudiantes, como tú y tus compas. Hasta el gorro de mentiras. Hasta la madre de cinismo.

Pero en algún momento te perdiste de tu grupo, cuando la plancha del Zócalo de repente se oscureció y quedaste atrapado en la reyerta que se suscitó, porque los granaderos del Distrito Federal, gallardos, valerosos, entraron a cargar contra quien se les pusiera enfrente. Y tú estabas enfrente.

Según tus amigos, los que no se han cansado de replicar el Hastag #AtzinAndrade, mientras estuviste en la SEIDO –ese engendro judicial que lo mismo deja escapar a narcotraficantes poderosos, que encarcela a luchadores sociales— reportaste unos golpes muy fuertes en las piernas. Y no podías caminar. Igualito que el país, compa: golpeado y detenido.

Ellos también, tus compas, consiguieron un video del momento preciso en que te agarraron los granaderos. Un corto demoledor, de apenas 19 segundos:

La plaza está a oscuras. Entre las sombras, tu voz.

-¡Soy estudiaaanteeee!-gritas. Traes una camisa azul, un pantalón beige. Un chaleco o chamarra. No se ve muy bien.

-¿De dónde eres?- alcanza a decir el compa que carga la cámara (o el teléfono, quién sabe) mientras tú eres sometido por los policíaas.

-¡De La Esmeralda. De Bellas Artes!

-Tu nombre completo… otra vez.

-¡Atzin Andrade… soy estudiante. Estaba parado y me llevan!

-Sale Atzin… ¡suerte!

Y luego las voces difusas: “Atzin Andrade… apunten… no estaba haciendo nada”. Y la noche en México. Esa noche oscura y tenebrosa que nos ha confinado desde hace demasiado tiempo.

“Cuando los granaderos lanzaron los gases lacrimógenos, Atzin se encontraba en el asta bandera esperando a sus amigo. En medio del desconcierto se quedó solo tratando de localizar a sus compañeros por teléfono. Entre la nube de gas, le salieron cinco granaderos, quienes lo golpearon y lo retuvieron en Palacio Nacional”, contó tu hermana Citlalli a los medios.

Ya sabes. Lo típico de un país con la justicia retorcida: te impusieron un abogado de oficio, como a los otros 14 muchachos detenidos, y antes de que cumplieras las 48 horas legales de detención fuiste trasladado al penal de Villa Aldama, en Veracruz.

“Primero lo acusaron de terrorismo, crimen organizado y tentativa de homicidio”, dijo tu hermana, casi llorando, “luego le quitaron terrorismo y crimen organizado y los cambiaron por delitos de motín, asociación delictiva y tentativa de homicidio”.

Y unos días después comenzaron las organizaciones civiles, los luchadores sociales, hasta algunos políticos, como Cuauhtémoc Cárdenas: “Pedimos con toda energía la liberación de los jóvenes arbitrariamente detenidos el pasado 20 de noviembre que han sido remitidos a penales de alta seguridad”.

Clara Jusidman, incluso, dijo lo que todos sabemos: “otra vez, los demonios andan sueltos”.

¿Eres un terrorista, Atzin? ¿Debo temerte, como ellos dicen?

Unos días antes de tu aprehensión, escribiste algo que me ha dado vueltas la cabeza durante varios días:

“Quien aunque sólo en cierta medida ha alcanzado la libertad de la razón, no puede ya sentirse sobre la tierra más que como un viajero, y ni siquiera como un viajero hacia un objetivo final, pues no lo hay. Deseará, sin embargo, observar y tener los ojos bien abiertos para dar razón de cómo se comportan verdaderamente todas las cosas en el mundo; por eso no podrá ligar sólidamente su corazón a ninguna cosa en particular: hay en él algo errante, que encuentra su placer en el cambio y en la transitoriedad”.

Es Nietzsche. Lo colgaste en tu muro el 13 de noviembre a las 7:23 de la noche. A catorce personas les ha gustado. A quince, conmigo.

Está ahí, junto con tus carcajadas, tus comentarios sencillos, tus ligues, tus rolas, tu vida.

Oigo la música que te gusta:Mozart y Vivaldi, Yann Tiersen, Café Tacuba y Janis... la edulcorada Adele, el inmortal Leonard Cohen… ¡hasta Sinatra, Aztin… Sinatra, carajo!

Veo tu vida reflejada en todo eso que quisiste compartir de ella y una certeza me estalla en la cabeza, como una bomba molotov que hubiera detonado justo a mis espaldas: todos, absolutamente todos, corremos en el mismo peligro que a ti te atrapó en el Zócalo de México: estamos indefensos, desnudos, ante un poder implacable que lo carcome todo, que lo arrasa todo. Que se ha podrido de raíz y así, podrido, da frutos de odio a manos llenas.

¿En qué momento nos llevó el Diablo, Atzin? ¿En qué maldito momento de este tiempo canalla decidimos dejarlo todo rodar hacia el abismo?

No tengo una respuesta. Quizá nuestro instinto de suicidas. O ese miedo ancestral que nos carcome.

Pero aquí voy a dejarle. En la televisión, el presidente Enrique Peña Nieto, el gran reformador, el de la gran estatura moral, está por proponernos a todos enfrentar la corrupción, la impunidad y la inseguridad con un nuevo Estado de Derecho. Si lo oyeras.

Espero algún día, muy pronto, conocerte personalmente y hablar en libertad, tú libertad, de todo esto.

Hablar de Diego Rivera, de Dalí, de Picasso, que es de lo que tendrían que hablar nuestros jóvenes, nuestros muchachos, nuestro futuro: de Frida, de Van Gogh, de Siqueiros, el inmenso artista plástico que se volvió gigante en una cárcel de Lecumberri, a la que fue confinado por una injusticia perversa muy a la que te ha alcanzado a ti.

Conversar, compa, de artista a periodista, de música, de letras, de cine. Y reír con Amélie, esa película francesa que tanto te gusta, donde el mundo es arte, belleza, fantasía, esperanza. Exactamente todo eso que te arrebató nuestro silencio.

Quiero pensar que ese día es posible, Atzin. Quiero pensar que podemos hacerlo posible para pedirte perdón, a ti y a los otros 10 que cayeron contigo, a los otros 43 que andamos buscando, a los otros decenas de miles que entraron en lo oscuro y desde ahí nos gritan, sin descanso, que México es un infierno con 112 millones de demonios que bajamos la mirada y no decimos nada. Nada.♠


Noticias en torno del Periodismo Literario

imagesLe nombramos Periodismo Literario (Literary Journalism, Narrative Journalism, Jornalismo Literário, Journalisme Littéraire) la denominación más extendida internacionalmente, pero también Periodismo Narrativo. Términos próximos, pero no sinónimos.

Su característica principal es plenamente identificable: el género de textos periodísticos que utiliza recursos expresivos considerados como propios de la literatura, para relatar los acontecimientos noticiosos que conciernen al individuo y su sociedades.

Está en auge. En Estados Unidos, buena parte de Europa y también en América Latina -con México incluido- sus ejemplos son numerosos y reconocibles.

Al mismo tiempo que un número cada vez mayor de periodistas y editores se aventuran en su ejercicio, difusión y perfeccionamiento, desde la academia aumenta la atención y el estudio de sus categorías y componentes.

Suele confundírsele con la crónica periodística –aunque en México, en los hechos, a cualquier texto periodístico plagado de adjetivos o afanes estilísticos mínimos se le suele confundir con la crónica- pero el periodismo literario es mucho más:

Es un género híbrido -y por híbrido debe entenderse el producto de una fusión entre culturas diversas- resultado de una conjunción precisa, habilidosa, de veracidad verificable, vinculada tradicionalmente al periodismo, e intención estética, vinculada tradicionalmente a la literatura.

Así como debe cumplir cabalmente con el pacto con el lector (la garantía periodística de que cada dato, cada frase, cada hecho relatado tienen tras de sí un trabajo periodístico minucioso, verificable y completamente ajeno a la invención o a la ficción) el periodismo literario no opone resistencia alguna para utilizar cuanto recurso expresivo de la literatura está a su alcance.

Así, se sirve de los géneros más diversos, desde la novela hasta el cuento, desde el ensayo hasta la poesía, y del cúmulo de figuras retóricas que le ofrece el lenguaje escrito.

Su objetivo es llevar hasta la mente del lector, al centro de su raciocinio y al conjunto de sus emociones, la noticia, el mensaje informativo.

Y como también involucra a todos los géneros periodísticos, los trastoca para transformarlos, fusionarlos o renovarlos.

Por ello, el periodismo literario es más que únicamente crónica: es entrevista, que se cruza con la biografía y la semblanza para engendrar el perfil, la mirada de 360 grados sobre un personaje; es crónica, que traspasa el cuento, la novela y el cuadro costumbrista, para ampliar sus fronteras de mera narración cronológica; es artículo de opinión o columna, que atraviesan el ensayo, la disertación literaria o el monólogo interior para constituirse como ensayo periodístico literario; es nota informativa, que puede imbricarse con las estructuras del cuento o incluso la fábula para explicar un momento específico de un individuo o un acontecimiento en la sociedad.

Es un género que suma a otros géneros y que dota al periodismo, o mejor dicho recupera para el periodismo, a los seres humanos con rostro e historia individuales, que sirven de vehículo para explicar lo colectivo.

En síntesis: el periodismo literario es un género de géneros. Amalgama.

 Nociones de un mismo temaUnknown-5

¿Puede hablarse de éste como un género nuevo? No, ciertamente.

Tal como anota el catalán Albert Chillón en Literatura y Periodismo: una tradición de relaciones promiscuas (UAB, 1999), más precisamente se trata de una reclasificación. Con ésta se designa un conjunto de escritos claramente multidisciplinarios y transfronterizos.

Así como a la composición que conjunta fotografía, literatura, pintura, sonido, movimiento y música se le identifica con precisión como Cine, la denominación Periodismo Literario aglutina los productos periodísticos que, en uso pleno de esa condición multidisciplinaria, recogen aportaciones expresivas de los géneros literarios testimoniales -diario personal, relato de viajes, ensayo, prosa costumbrista, género epistolar, entre tantos otros-, así como de las modalidades documentales -historias de vida, tradiciones orales- de los discursos televisivos contemporáneos -serie policiaca, telenovela, serie de intriga o misterio- y hasta de los cinematográficos -efecto Rashomon, flashback, flashforward-.

Reconoce con una identidad precisa a todo aquel periodismo que abreva de las fuentes literarias personales, como las memorias, las autobiografías, las confesiones, los relatos de experiencias, las semblanzas, los retratos, la novela histórica, el relato policiaco, las historias cortas y los cuentos.

El periodismo literario es un género contemporáneo de la novela realista, de la prosa literaria testimonial, de la narrativa científica y de la escritura periodística, facetas distintas, pero vinculadas, del mismo fenómeno cultural y comunicativo: la sensibilidad realista de la época moderna.

Otros estudiosos alrededor del mundo también han aportado ya sus nociones particulares al respecto: Norman Sims, investigador de la Universidad de Massachusetts en Amherst, y cofundador de la Asociación Internacional de Estudios sobre el Periodismo Literario (IALJS, por su denominación en inglés: International Association for Literary Journalism Studies), explica que el Literary Journalism es una combinación precisa y deliberada de inmersión, voz, exactitud y simbolismo con ambición literaria.

El canadiense Bill Reynolds, presidente de la IALJS y coautor de Literary Journalism across the world (University of Massachusetts Press, 2011), dice que el género es la utilización de recursos que alguna vez se reconocieron como característicos del Nuevo Periodismo estadounidense, pero que han formado parte de manifestaciones periodísticas anteriores, en distintas partes del mundo, muchas décadas antes de que Tom Wolfe acuñara el famoso denominativo en los años 60.

El investigador estadounidense Mark Kramer dice en Literary journalism: a new collection of the best american non fiction (Ballantine Books, 1985), que es aquel género en el cual las artes estilísticas y de construcción narrativa, asociadas desde siempre a la literatura de ficción, ayudan a atrapar la fugacidad de los acontecimientos.

Los españoles Jorge Miguel Rodríguez y María Angulo, coeditores de Periodismo Literario: naturaleza, antecedentes, paradigmas y perspectivas (Fragua, 2010) lo designan macrogénero, porque agrupa un conjunto de composiciones que unen el rigor del reporterismo, el respeto por el pacto de lectura (el compromiso y el deber del periodista de no inventarse ni un solo dato, ni una escena) y la calidad estética del relato.

Un macrogénero que además adopta todo tipo de géneros y estéticas de la cultura de un tiempo y un espacio. Como periodismo, registra todo lo que acontece a la humanidad. Como literatura, como poética, revela el alma del hombre en ese instante de la historia.

En el periodismo literario, la adopción de recursos expresivos de la literatura no escinde a los textos de su condición periodística, en tanto que no se trata de un ornamento estilístico, ni siquiera de un mero recurso estético para cautivar al lector, sino de una posición definida ante la realidad. A la manera de Flaubert: “el estilo es una manera absoluta de ver las cosas”.

Rodríguez y Angulo son claros: la estética no sólo embellece el relato periodístico, sino que, al detenerse en los detalles que el periodismo tradicional y estandarizado ignora, alcanza una dimensión más humana y, por lo tanto, más real de la historia. El resultado son crónicas, reportajes, perfiles, artículos, columnas que logran una máxima eficacia periodística, referencial y factual, al narrar los hechos.

El cruce indistinto entre fronteras es claro y deliberado, escribe el académico español Fernando López Pan: el paso del periodismo a la literatura no es el salto del mundo de los hechos al mundo de las ficciones, sino un cambio del plano del simple registro al plano de la interpretación.

Los hechos narrados bajo la lógica del periodismo literario interesan, en la medida en que están saturados de humanidad, no de sensacionalismo ni sensiblería.

En algunas regiones del mundo, principalmente América Latina, se le designa con periodismo narrativo, apelativo recurrente sobre todo entre aquellos periodistas quienes, al mismo tiempo que lo ejercitan -de forma generalmente intuitiva- han comenzado a reflexionar sobre su condición y arquitectura.

Uno de ellos es el colombiano Juan José Hoyos, quien después de tener tras de sí una sólida carrera periodística decidió aportar material documental y escribió la que hasta ahora es quizá la mejor metodología sobre el género que se haya escrito en nuestro idioma: Escribiendo historias. El arte y el oficio de narrar en el periodismo (Universidad de Antioquia, 2003).

Lo define como un discurso que se funda con la aplicación de potentes herramientas narrativas, que permiten “abordar la realidad de modo total y transmitirla al lector como una vivencia en la que están involucrados todos los sentidos”. Son narraciones, porque captan el mundo en toda su complejidad. Resuelven con eficacia el duelo entre la inteligencia y los sentidos.

El argentino Pablo Mancini lo explica como un periodismo que presta más atención a la escritura literaria que a la escueta narración de hechos, que constituye la prerrogativa esencial del periodismo en el sentido moderno del término.Unknown

En la misma lógica, otro argentino, Roberto Herrscher, autor del ensayo Periodismo narrativo: cómo contar la realidad con las armas de la literatura (Universidad de Barcelona, 2012), dice que los textos del género, que pueden llevar al lector a las voces, las lógicas, la sensibilidades y los puntos de vista de los otros, tienen una enorme ambición escondida: no buscan sólo informar, entretener o enseñar algo, sino además que el lector cambie, crezca, conozca “no sólo una parcela del mundo que desconocía, sino que termine conociendo una parcela de sí mismo que no había frecuentado”.

En todo caso, como señala López Pan en el artículo Periodismo literario: entre la literatura constitutiva y la condicional (Revista Ámbitos No. 19), ambas denominaciones, periodismo literario y periodismo narrativo, pueden ser consideradas sinónimas: apelan a la narración periodística y convocan una cierta intemporalidad y una dimensión humana en el relato de lo noticioso.

Orígenes diversos, consolidaciones distintasUnknown-1

Las disertaciones teóricas nos llevan a ubicar el momento fundacional del género hacia la segunda década del siglo XVIII: la creación del libro Diario del año de la peste.

En la reconstrucción, mitad historia documental y mitad memoria ficcional, de los hechos ocurridos durante la epidemia de peste bubónica que azotó la ciudad de Londres en 1665, se mezclan con integridad los recuerdos personales del autor, el escritor y periodista Daniel Defoe, con los testimonios rigurosamente recopilados entre sobrevivientes, familiares y vecinos. El relato contiene además la sustancia de una posible fuente documental, hasta hoy no comprobada, que algunos estudiosos coinciden en identificar: un diario personal del tío del autor, Henry Foe.

A partir de ese punto histórico, cada tradición ubica, con regulares márgenes de coincidencia, un derrotero que atraviesa textos periodísticos identificados, a lo largo de tres siglos, con distintas denominaciones: Crónica Periodística, Reportaje Novelado, Novela de No-ficción, Cuadro Costumbrista, Viñeta, Novela Verité, Entrevista de Personaje, Entrevista de Semblanza, Relato vivencial, entre muchos otros apelativos.

En todo caso, el libro de Defoe no se constituye como ejemplo único, y ni siquiera como frontera temporal infranqueable, sino apenas como primer punto de referencia: si algo consolida esta hibridación periodístico-literario es el surgimiento de la sensibilidad realista, que se constituye como forma nueva de percibir y narrar el mundo, y al respecto no está dicho ni estudiado todo.

Sintetizada en la aspiración de que podía alcanzarse la reproducción exacta, completa, sincera del ambiente social y de la época, la ambición realista supone una estructura sobre la que el periodismo se posó con seguridad.

El mejor detalle que contribuye a esa explicación, y por ende a entender la proximidad de los territorios periodístico y literario a partir de esa época, es el hecho de que una buena parte de los autores realistas tuvo su primer contacto con el público a través de la prensa popular. Ahí se identifica por primera vez la asociación tácita, sistemática y relevante del periodismo y la literatura, no como una mera convención instrumental, sino como una forma específica y conjunta de ver el mundo.

Periodistas y literatos se nutren entonces, recíprocamente, de visiones y mecanismos de construcción discursivos que caminan paralelos, cuando no imbricados.

Unknown-2Modernistas: los abuelos del periodismo literario latinoamericano

Si apelamos a esa lógica explicativa, si observamos el fenómeno de imbricación periodístico-literario que se detecta en el siglo XIX, es posible entender por qué América Latina no escapa a esa influencia desde entonces.

Sin llegar a definirlo como periodismo narrativo o periodismo literario, en su estudio La invención de la crónica (FCE, 2005), Susana Rotker habla de un género híbrido, que surge en nuestra región a mediados del siglo XIX: la crónica modernista.

Un producto transgresor, como ella lo designa, que se centra en la narración periodística de detalles menores de la vida cotidiana, que irrumpe en lo subjetivo, no respeta el orden cronológico pero al mismo tiempo se niega a inventar hechos.

Los modernistas establecen un pacto de lectura para su manera tan rupturista de reproducir la realidad:

“no significa que su subjetividad traicione el referente real, sino que se le acerca de otro modo, para redescubrirlo en su esencia, no en la gastada confianza de la exterioridad”.

Dicho de otro modo: aunque parezca increíble lo que se narra, es un acontecimiento real. Un hecho. Una noticia o la interpretación abarcadora y totalizante de ésta.

La crónica modernista latinoamericana, cuyos representantes más emblemáticos son el cubano José Martí, el nicaragüense Rubén Darío, el mexicano Manuel Gutiérrez Nájera y el brasileño Joaquim María Machado de Assis, surge justo en la época en que comienzan a definirse, y a separarse, los espacios particulares del periodismo y la literatura. Cuando la literatura se arraiga en la esfera de lo estético estética, mientras que el periodismo recurre a la premisa de testimoniar objetivamente hechos del presente, como observa Rotker.aguila

Ellos mismos, los modernistas, se reconocen intérpretes de su entorno social y de su presente cambiante, inasible, vertiginoso. Al mismo tiempo desclasados y sometidos al vértigo constante con un horizonte en perpetuo cambio e inestabilidad, atestiguan el trastocamiento de paradigmas y la volatilidad que les depara el desarrollo industrial de su época.

Está ahí, recién llegado de Inglaterra y Estados Unidos, un novedoso modelo de periodismo surgido tras el telégrafo, que tiene en la llamada pirámide invertida su principal instrumento, pero ellos vuelcan en los periódicos su propia turbación, todo su azoro, con los recursos expresivos que retoman de su propia literatura.

En las mismas décadas que se cimenta el trabajo de los modernistas, se consolida la recién nacida agencia de noticias Associated Press, que obliga a la insipiente industria a buscar un modelo idóneo de texto, breve, conciso, sólo de hechos y sin elementos valorativos, publicable en cualquier diario del mundo interesado por éste, redactado incluso por personas no formadas como escritores.

Ellos, los modernistas, se asumen como habitantes de una tierra de nadie.

Escribe Darío:

“la tarea de un literato en un diario, es penosa sobremanera. Primero, los recelos de los periodistas. El repórter se siente usurpado, y con razón. El literato puede hacer un reportaje: el réporter no puede tener eso que se llama sencillamente estilo. En resumen: debe pagarse al literato por calidad, al periodista por cantidad: sea aquella de arte, de idea, ésta de información”.

Logran salvar las resistencias ideológicas, comerciales y políticas de los dueños de los periódicos en que comienzan a colaborar y, al mismo tiempo, se hacen distinguir de los repórters, sin perder de vista la cercanía entre periodista y escritor, como explica el nicaragüense:

“Séneca es un periodista. Montaigne y de Maistre son periodistas, en un amplio sentido de la palabra. Todos los observadores y comentadores de la vida han sido periodistas. Ahora, si os referís simplemente a la parte mecánica del oficio moderno, quedaríamos en que tan sólo merecerían el nombre de periodistas los repórters comerciales, los de los sucesos diarios”.

Su trabajo limítrofe, marginado y marginal, no es tomado en serio ni por la institución periodística ni por la institución literaria, por el hecho de que sus productos no se encuentran definitivamente dentro de ninguna de éstas, pues la estética que proponen sobrepasa los esquemas vigentes, al relacionar elementos del lenguaje y la representación de la realidad, la escritura y la voz propia.

Justo la consideración que funda lo que hoy denominamos Periodismo Literario.

Auge de un macrogénero

En The Literary Journalists (Ballantine Books, 1984), Sims dice que el estilo utilizado por Defoe es el antecedente directo de obras que dejaron su impronta más visible en el Nuevo Periodismo de los años 60 y 70.

Pero antes de éstos, también está estampado en trabajos periodísticos de Nellie Bly, en los años 20 del siglo pasado, como 10 días en un manicomio; en trabajos de James Agee y Walker Evans como Elogiemos ahora a hombres famosos; en La Jungla, de Upton Sinclair; en Los vagabundos de la cosecha, de John Steinbeck o 10 días que conmovieron al mundo y México insurgente, de John Reed.

De ahí seguramente abrevaron Hemingway, en su Enviado Especial, o Julius Fucik en Reportaje al pie del patíbulo; John Dos Passos en la trilogía USA -Paralelo 42, El gran dinero y 1919- o John Hersey, quien alcanzó una cumbre del género periodístico literario con su obra Hiroshima, un texto que cualquier escuela de periodismo debería utilizar como una Biblia.

Y luego la generación de nuevos periodistas, en la que Wolfe congregó a Gay Talese, Norman Mailer, Joan Didion, Hunter S. Thompson, Terry Southern, Truman Capote, entre otros, que se sumaron a otras voces periodístico-literarias que llegan hasta nuestros días: Michael Herr (Despachos de guerra), John McPhee, Tracy Kidder, Lilian Ross, entre muchos más.

En La banda que escribía torcido (Libros del K.O, 2013) Marc Weingarten es claro al explicar porqué este conjunto de autores se acerca a las estructuras literarias desde el periodismo:

“las herramientas tradicionales con las que se realizaban los reportajes resultaban inadecuadas a la hora de cubrir los tremendos cambios culturales y sociales de aquella época. La guerra, los asesinatos, el rock, las drogas, los hippies, los Yippies, Nixon: ¿cómo podía un reportero tradicional, que se ajustaba tan sólo a los hechos, proporcionar un orden claro y simétrico a semejante caos?”

Y esa consideración es plenamente compatible con los ejemplos desarrollados en América Latina: Juan José Hoyos ubica como antecedentes lejanos en nuestra región, a los cronistas del modernismo, pero también a los periodistas colombianos, mexicanos, argentinos, chilenos que les sucedieron: los que relataron la Revolución de 1910, los que contaron las disputas sociales del medio siglo XX, aquellos que recorrieron las expresiones literario periodísticas que subsistieron a la industrialización del periodismo en nuestra región; los que compartieron espacio con los escritores narradores de la generación del Boom -con Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa a la cabeza- quienes tuvieron un peso definitivo en el periodismo y la literatura, y trascendieron los territorios de ambos géneros.

Un estudio menos impresionista puede, con minuciosidad, encontrar las claves históricas precisas del periodismo literario en toda la región latinoamericana y sus diferentes caminos expresivos, que aunque son comunes en lo estructural tienen diversas manifestaciones y desarrollos en lo estilístico.

Redimensionar el papel fundamental de obras surgidas de la hibridación periodístico literaria, en autores como el mexicano Ricardo Garibay, quien en toda regla supone la marca contemporánea del perfil periodístico literario con Las glorias del gran Púas; como Germán Castro Caycedo y su Perdido en el Amazonas, que bien puede catalogarse como un relato periodístico de aventuras; como la mexicana Elena Poniatowska, cuya Noche de Tlatelolco es una crónica periodístico literaria que recurre magistralmente, quizá de forma intuitiva, a lo que se identifica como Efecto Rashomon, -hacer del entramado minucioso de testimonios plurívocos el eje narrativo de la historia-; o como el argentino Rodolfo Walsh, cuyo reportaje Operación Masacre funde verismo documental con estrategias narrativas extraídas de la literatura, para mostrar una verdad escondida entre estructuras discursivas que se superponen.Unknown-3

De ellos abrevan, deliberada o intuitivamente, las generaciones posteriores de periodistas que hoy posan un pie en el terreno de lo periodístico y otro en el terreno de lo literario: de la argentina Leila Guerriero a la mexicana Marcela Turati; del colombiano Alberto Salcedo al chileno Juan Pablo Meneses o el salvadoreño Oscar Martínez: el dato periodístico y la intensión estética en conjunción precisa, como forma de interpretar el presente que habitan.

Si retomamos la noción de Todorov, respecto de que los nuevos género surgen de la transformación de varios géneros precedentes, por inversión, por desplazamiento o por combinación, es fácil entender el auge y el arraigo de un género que nos demanda que aprendamos su denominación precisa y plenamente identificable: Periodismo Literario.♠

Publicado en: Sobre el Periodismo Literario - RMC


Carta a Luis, un periodista que se negó el silencio

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Estimado Luis:

Es cierto lo que has escrito. Cuando estás con tus captores, ellos te escupen, te golpean, te interrogan, te dicen que te van a cortar las manos, que eres un pendejo periodista jugando al héroe. Y te orinan, te amenazan con matar a tu familia, te patean la cabeza, se suben a tu espalda y te dicen que no grites. Que no grites.

Es cierto. Tú sabes de sobra todo cuanto has dicho, porque lo has sobrevivido. Cuando ellos,  los chingones, te ponen el torniquete "para que sepas qué se siente morir asfixiado”, apagan sus cigarros en tu cuerpo, te queman los testículos, te ponen las armas en el ano o te dicen que te volarán los sesos, tu mente ya sólo está pensando en tus hijos, en tu mujer, en lo que van a sufrir por no encontrarte.

-La muerte es sencilla –nos explicas a todos– sólo se apaga la luz. El martirio antes de llegar a ella es lo que está de la chingada.

Por eso, quienes lo hemos escuchado unimos nuestra rabia, ese enojo que nos ha convocado, nuestra impotencia de periodistas de un país sin justicia para los nuestros, y nos miramos a los ojos, a las lágrimas: vemos ese miedo que nos refleja a todos, tan común entre nosotros por estos días. En México hay una cacería y los periodistas somos la presa, como dice Marcela.

Por eso nos retumban tus palabras: “exijamos al Estado que nos regrese nuestro derecho a informar sin ser agredidos, porque es del Estado de donde vienen los ataques. De ninguna otra parte, sino del Estado, que no controla sus fuerzas criminales. Porque ya es muy fácil matar a un periodista, porque ya es muy fácil enlodar la vida de un reportero, porque ya es tan fácil que la impunidad gobierne”.

Nos retumban tus palabras, como nos retumban las de Regina. Esas que quedaron como prueba: “ahora yo vivo el peor clima de terror, cierro con llave toda la casa, no duermo y salgo a la calle viendo a un lado y otro para ver si no hay peligro”.

Y las palabras de Raymundo, que a mi, estimado tocayo, se me clavan como una navaja afilada en lo hondo del coraje, en la célula primigenia de la desesperación, en el ¡Ya basta! que vengo a gritar: “soy una víctima de esa guerra, un sobreviviente y por eso puedo contarles esto. Tuve mucha suerte. Muchos que han vivido situaciones similares, como Goyo, ya nunca regresaron”.

Son sólo palabras, Luis. Palabras de periodistas. Las palabras que a unos les arrebataron, como te las quisieron arrebatar a ti. Esas que en México parecen ser peores que los crímenes que denuncian. Palabras. Esas sin las cuales somos nada. Las que defendemos nosotros esta tarde porque, como anotara Paz, “el hombre es un ser que se ha creado a sí mismo al crear un lenguaje. Por la palabra, el hombre es una metáfora de sí mismo”.

Siento, como tú, como todos ustedes, un espeluzno incontrolable al escuchar los nombres de aquellos de nosotros que no la han librado. Los que esperan justicia. ¿Y si hubiera sido yo? ¿Qué habría sido de mi familia?

Coincidimos entonces: sin justicia para nuestros asesinados y sin un marco de libertades democráticas plenas para el ejercicio del periodismo libre, México no será jamás una verdadera democracia. Porque democracia con sangre es pura farsa.

Y ya no estamos solos en nuestra coincidencia, Luis. Se han ido sumando muchos en estos años. Pocos todavía para tantos que somos, déjame decirte, pero ya bastantes para quienes somos. Ególatras, indiferentes, carroñeros, mezquinos, corruptos, amantes más del dinero y el poder que del periodismo, pero aquí estamos. Los Prensa vendida cuéntanos bien. Y de puntos tan opuestos que ni te la crees. Ahí están los de radio, de tele, de escritos, de digitales, de todas las fuentes, de todas las generaciones. Los que no le tienen miedo al castigo y los que han ido aún temiéndole. Las embarazadas, las divorciadas, los desempleados, los que cobran su chayo y los que se aparecen nomás para la foto. Periodistas, tocayo, periodistas como tú y como yo, que atendieron el llamado: aquí estamos luchando todos contra el mismo silencio. Ahí la llevamos.

“No es justo que los periodistas mueran por hacer su labor”, nos dice Elena Poniatowska, menuda, solidaria y generosa. Nos arropa con su presencia y nos habla de Regina. En el ambiente hay indignación, ¿sabes Luis?. Quienes la escuchamos sentimos que su abrazo, impagable, necesario, es también una señal de rumbo: la maestra coincide contigo, Luis, “debemos luchar ahora, porque no siga nadie más”.

En Tamaulipas, en Coahuila, en Guerrero, en Michoacán, en Veracruz, los colegas no pueden siquiera salir a reportear. Los tienen amarrados de manos y miedo, y nosotros, que lo sabemos, creemos que nos toca a los demás salir a gritarlo, para que la zona oscura no se extienda, para que no nos atrape a todos.

Y es bueno, Luis. De veras que es bueno. Nos abrazamos con tanto cariño al vernos, que la concentración, como otras veces, acaba en romería. También eso somos, qué le vamos a hacer. Pero convocamos nuestros recuerdos para que el objetivo principal no se nos olvide: el dolor nos ha tocado.

Veinte de los nuestros han desaparecido en lo que va del siglo. Un total de 88 han sido asesinados en ese mismo lapso y 10 de ellos, ¡DIEZ, maldita sea! en una sola entidad. Veracruz, la tierra de Javier Duarte, cuyos agravios cobrará caro la historia a su debido tiempo, Luis. A su debido tiempo.

El domingo, a la concentración en el Ángel, los colegas del estado de México llegan con un ataúd. Negro. Brillante. Metálico. Y en ese ataúd colocan la imagen de Gregorio, nuestro compa veracruzano caído hace unas semanas. Es el ataúd contra el silencio, Luis. Contra el cochino silencio.

Lo gritan las mujeres con sus carteles. Las pancartas con los rostros de nuestros muertos, también lo gritan. Los manteles de las tejedoras que hilan relatos de injusticias. Las voces de centenares de jóvenes muchachos todavía estudiantes o ya insertos en nuestro gremio, que ya no tienen miedo, ni duda: lo gritan.

Salimos a la calle, Luis, en 22 ciudades del país, periodistas organizados, convencidos, movilizados por esa fuerza aglutinadora que es el dolor.

protestaPor eso suscribimos, con todas sus letras, cada una de las demandas que se escuchan en las bocinas colocadas a los pies del Ángel de la Independencia, donde mil 300, quizá mil 500 seres estamos hacinados, ahora sí que hombro con hombro:

1.- Que el presidente de la República, Enrique Peña Nieto, garantice las condiciones para el ejercicio de la libre expresión en México, y que instrumente una estrategia especial para proteger la integridad física de los trabajadores de los medios de comunicación en todo el país. Empezando por Veracruz.

2.- Que la Procuraduría General de la República, a través de la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos cometidos en contra de la Libertad de Expresión, amplíe y profundice las investigaciones relacionadas con el asesinato de Gregorio Jiménez de la Cruz, y que solicite la incompetencia del juez local para que el caso sea asumido por un juez federal.

3.- Que los órganos del Estado, como la Comisión Nacional de los Derechos Humanos y el Mecanismo de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas, rindan cuentas de su desempeño, pues han dispuesto de recursos millonarios pero la vida de cientos de periodistas sigue amenazada. -Que trabajen, pues. O que se larguen-.

4.- Que la Comisión Especial para Atender Agresiones contra Periodistas del Senado de la República cumpla con su responsabilidad y cite a comparecer al procurador general de la República, Jesús Murillo Karam, y al encargado de despacho de la Procuraduría General de Justicia de Veracruz, Luis Ángel Bravo, para que expliquen los avances en las investigaciones respecto a los asesinatos de periodistas en Veracruz.

5.- Que el gobierno de Veracruz garantice la seguridad de los periodistas que se han manifestado en solidaridad con Gregorio Jiménez; que cesen las presiones a los medios de comunicación y no se utilicen los convenios publicitarios como elemento de censura ni para premiar coberturas favorables en la prensa estatal y, por último, que se establezca un fondo que garantice pensiones para los dependientes económicos de los periodistas asesinados y se pague la educación de los menores de edad hasta el nivel superior, ya que el asesinato de periodistas se debe a la impunidad y a la falta de garantías para ejercer el periodismo.

Ahí reunidos, querido colega, a todos nos comenzaron las preguntas: ¿A quiénes les conviene nuestro silencio absoluto? ¿Quién lo promueve?¿Quién tiene el poder de silenciar entidades completas? ¿Dónde está la sociedad agraviada por ese silencio? ¿Qué tiene que decir todo un gremio de profesionales ante el brutal, antidemocrático espectro en que debe realizar su labor?

Y creo, en el fondo, que es precisamente eso lo que no querían que ocurriera, quienes tanto nos odian. Que dialogáramos entre nosotros. Que confluyéramos y dialogáramos.

Buen saldo entonces, ¿no? Los periodistas mexicanos tenemos ya una red casi nacional de comunicación, que además nos une. Nos alerta, nos aglutina. Y entre sus primeros resultados está una histórica comitiva que, por primera vez en nuestra historia gremial, fue a una entidad a indagar los indicios del crimen de uno de los suyos, de Goyo, cuyo asesinato intentaron  diluir en la penumbra del “asunto personal”. Fueron, preguntaron, revisaron el expediente, hablaron con los colegas, los familiares y obligaron a la autoridad a recular: no fue un crimen personal. Y si lo fue, una investigación que se toma diez minutos para concluirlo es una verdadera burla.

Así están las cosas, estimado Luis. Movidas, como podrás notar. Yo te escribía nomás para decirte que te respeto y que la valentía de tu testimonio, en un momento en que lo necesitábamos tanto, me hizo pensar muchas horas.

Perdona la exhibición pública, pero no te conozco. Espero algún día abrazarte con respeto. Yo ando aquí, en la capital del país, pensando como muchos otros en los siguientes pasos que nos ayuden a todos los periodistas a salvarnos del odio y de la impunidad.

Como dicen los muchachos: a lo mejor hay que crear un memorial con las historias de nuestros caídos, o reportear sus muertes hasta descubrir la verdad, dar con los asesinos, sentar a las autoridades a hacer su chamba y terminar de una buena vez con este infierno. O a lo mejor lo que sigue es sumar a los colegas de todos los estados, fortalecer lo que ya avanzamos, cimentar un futuro gremial diferente, donde el Estado nos respete y entienda que no estamos en contra de las instituciones, sino en contra de los incompetentes que con su indolencia o contubernio permiten u ordenan nuestros asesinatos.

A ver que sigue, Luis. A ver qué cosa sigue.

Por lo pronto, este domingo en las escalinatas del Ángel, en medio del borlote, los muchachos colocaron los rostros de cada uno de nuestros compañeros asesinados y eso fue un trancazo, Luis, un golpe demoledor para todos nosotros.

En cada uno de esos rostros, en cada mirada en blanco y negro de nuestros colegas asesinados en total impunidad, nos transmiten valor, coraje y una súplica: que no se nos olviden sus crímenes. Que jamás se nos olviden.

Una versión de este texto se difundió en el portal de la revista EMEEQUIS

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Barcelona nuestra...

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Recordaremos siempre esta Barcelona del 2012. Tú lo sabes.

Las largas caminatas matutinas del Puente de Calatrava hasta la Barceloneta, con el murmullo de las hojas de los plataneros cayendo por Bac de Roda, los grafitis del almacén en ruinas y el Mediterráneo atestiguando silencioso nuestros propios silencios.

Recordaremos, de vez en vez, a los buscadores de basura del Poblenou, a la elegante anciana catalana que recogía los panes de ayer de los contenedores de la avenida Meridiana, a los gatos entumidos de modorra en la pestilente terraza alquilada, al café de chinos que para subsistir debió cambiar su sazón oriental por la cocina casera española, a los helados de frutos rojos a medianoche en Las Ramblas y al olor a sal y sexo viejo del mar cerca de las cinco de la tarde.

Recordaremos el frío de noviembre, claro, y los colores desvanecidos de los escaparates del Paseo de Gracia. Nuestras citas en la esquina de la MacStore de Plaza Catalunya y una Luna a medias sobre el elegante Corte Inglés, ese sitio al que nunca entramos porque la vida de becario jamás da para tanto.

Reviviremos al arrogante gentío individualista de la línea 3 y a los atribulados exprimermundistas que caminaban entre empellones por Plaza Universitat, los croissant tibios y estúpidamente caros, las palomas gordas de comer porquería, tu café caliente, mi Vichy catalán con el limón que ahí se llamaba lima y el pan que tanto te ha gustado con licor de Moscatel.

Recordaremos que, un día, en esas calles que hablaban de prosperidad perdida, consumamos tu primer libro y mi posgrado, viendo películas baratas en la filmoteca del Raval, con su plaza repleta de paquistaníes que a cada rato me confundían con uno de los suyos o de prostitutas con senos imposibles, que de seguro aprendieron a reconocernos de tanto que nos veían:

– hola, mexicano… hola wey.

Recordaremos el té indio de Sant Antoni, se dice hindú, tontito, se dice hindú, el mal vino gachupín de a dos euros la botella, esas patatas que de bravas sólo tuvieron el apelativo y los chorros de grasa, la lectura nocturna, reposada, fascinante, de mis pasajes favoritos de El Quijote que tú apenas escuchabas entre sueños.

Recordaremos nuestro piso en Sagrera, nuestro elegante chalet en Lliça d'Amunt, claro, el desmadre y las carcajadas multinacionales, las cenas caóticas y los amaneceres de cara al mar o de espaldas al bosque, precisamente aquella llovizna que ya sabes, las miradas cómplices, la nauseabunda tanga del Pau y los gritos siempre histéricos de Facu, el maullido del Taco y el susurro de mi miedo mientras escalaba los bosques catalanes.

Lo he dicho siempre, ¿recuerdas?: "nos iremos borrando como lienzos, trazo por trazo... del color de nuestra piel no quedará nada". Ese es el destino último y verdadero de todos los seres vivos, de todas las cosas vivas.

Pero sobre ello, sobre esa condición de finitud que nos define, tu y yo un día recordaremos ese momento en particular, cercano a mi cumpleaños, cuando me dijiste eso que sólo tu, Barcelona y yo escuchamos claramente en medio de la noche.

Ese momento sí es eterno. Sobrevivirá a todos nosotros. Y ha de ser solamente nuestro.IMG_4880


¡Arrebatamos a los poderes fácticos el triunfo fácil!

zcalo-protestas-desafuero-andrs-manuel-lpez-obradorEstá cerrada. Completamente cerrada.

Un bombardeo mediático incesante, sin precedentes, nos aplastó en los cines, en los diarios, en la radio, la televisión, la internet, en llamadas telefónicas, por correo, en las calles, en los edificios, en los puentes, en los transportes, y aún así hoy la lucha por la presidencia está cerrada.

Las viejas estructuras de control y cooptación, en manzanas, colonias, barrios, municipios, estados, fueron tres décadas atrás para la entrega de despensas, pendejaditas, material de construcción, tortas, lonches, tarjetas con cupones de despensa, promesas, amenazas, golpes, acarreos, y aún así, al final del ciclo la competencia está cerrada.

¿No lo han visto así?

Por primera vez en la historia de México, la sociedad libre, democrática, viva, organizada como ha podido, a veces torpemente, hoy le disputa su futuro a los poderes fácticos, a los dueños de México. Y es una lucha al tú por tú.

Por cada maestro antipatriota que obedece ciego las ordenes de la nauseabunda Elba Esther Gordillo, hay un joven del movimiento #YoSoy132 que quiere custodiar la democracia. Por cada mapache, cada operador tamal, cada voto por billete, cada transa obviada por los ojos de la autoridad electoral a modo, hay un ANONYMUS dispuesto a ventilar los rostros de los traidores. Por cada "voto verde" comprado a la miseria, hay un voto libre convencido del YA BASTA y armado con celular, con cámara, con twitteo. Por cada columnista vendido, por cada titular arrebatado, por cada pluma acomodada, hay un espacio libre que se replica, una voz ansiosa de encontrar sus ecos, un post aguerrido, un blog incesante que se difunde en fotocopia.

Resistiendo a su poder inmenso, aguantando su furia, sorteando sus embates, una buena parte de la sociedad mexicana libre logró llegar al día de las elecciones con una competencia cerrada, indefinida hasta el punto de que cualquiera de los dos proyectos puede ganar.

¿AMLO o EPN?. Hoy ese es el dilema. Y llegar a éste es un triunfo en sí mismo: LE ARREBATAMOS A LOS PODERES FÁCTICOS LA CERTEZA DEL TRIUNFO SEGURO.

Y yo creo que eso es la confirmación de que, si nos decidimos, sí podemos cambiar nuestro futuro común.

Es la ratificación de que aquello que no pudo aniquilarnos nos ha hecho más fuertes.

Es la certeza, si quieren pequeña pero certeza al fin, de que si permanecemos juntos nos salvamos.♠


Para salvar al periodismo mexicano

PONENCIA DE LUIS GUILLERMO HERNÁNDEZ

ASAMBLEA LEGISLATIVA DEL DISTRITO FEDERAL, MÉXICO

FORO “PRENSA LIBRE, PENSAMIENTO CENSURABLE”

MESA “VULNERABILIDAD DE LOS MECANISMOS PARA LA PROTECCIÓN DE PERIODISTAS”

SEÑORAS Y SEÑORES:

Nadie nos preparó para ésta guerra.

Nadie nos dijo que ejercer éste, el mejor oficio del mundo, incluía también bañarnos en un chorreadero de sangre que nos saltaría de repente. Nadie nos dijo que encabezaríamos la estadística mundial de la muerte de periodistas y que 68 de nuestras familias, de igual número de colegas abatidos en los últimos 6 años en todo el país, tendrían que llorar su dolor en silencio, sin la posibilidad de la justicia.

Allá, en las universidades y escuelas de periodismo donde nos educamos mi generación y las que posteriormente se han incorporado a los medios, nadie nos avisó que tendríamos que salir a la calle a reclamar por la muerte de nuestros colegas, a demandar justicia para ellos, como tampoco nadie, en ningún momento, nos advirtió que estaríamos solos.

Hace casi nueve meses, más de un millar de periodistas de todos los medios de comunicación, superando nuestras diferencias ideológicas y nuestras repulsiones mutuas, salimos juntos a las calles de la ciudad de México, y de muchas otras capitales del país, para exigir el alto a la impunidad en torno de los asesinatos, secuestros, desapariciones y amenazas contra periodistas y trabajadores de los medios de comunicación.

Demandamos, con nuestro silencio, que las instituciones del Estado mexicano y los diferentes órdenes de gobierno cumplan cabalmente con su deber y obligación constitucionales de garantizar y custodiar el pleno acceso y disfrute de los derechos a las libertades de expresión, de prensa y de acceso a la información para todos los ciudadanos y los periodistas, sin distinción de posiciones ideológicas, políticas o de cualquiera otra índole. Exigimos la plena vigencia de esos derechos y el compromiso de que esas garantías, conquistadas por la sociedad, no puedan suspenderse, acotarse, negociarse o transferirse bajo ninguna circunstancia.

La respuesta fue tímida. Sin abrir una discusión nacional sobre el tema, sin consultar a los reporteros de todo el país que día a día salen a las calles a buscar la nota, sin tomar en cuenta a esos miles de reporteros que ganan el salario mínimo, no cuenta con seguros de vida o de gastos médicos y que en muchos casos ni siquiera alcanzan las prestaciones básicas, el gobierno federal presentó un Mecanismo para la Protección de Periodistas. 

Más allá de los dichos de ciertos micrófonos afines y ciertas plumas de opinión, el instrumento, aunque es un buen primer paso, es muy limitado. Yo podría asegurar que sólo busca manejar la percepción de que el gobierno se ocupa del tema. Espero estar equivocado. Es mucho muy limitado, digo, y por eso es que no ha dado resultados, como no los dio la Fiscalía Especializada en Delitos contra Periodistas, si existió alguna vez o aún existe.

El mecanismo propuesto por el gobierno federal establece la integración de un Comité Consultivo interinstitucional, con representantes de diversas dependencias federales la Comisión Nacional de Derechos Humanos y el propio gremio periodístico, éstos últimos sin derecho a voto, pero deja fuera una pieza importante: a la sociedad civil, destinataria principal de nuestro trabajo, el de los periodistas y el de quienes se encargan del funcionamiento de las instituciones gubernamentales.

Designa responsabilidades: a la secretaría de Seguridad Pública y a los gobiernos locales les corresponde proveer de medidas de seguridad, a la PGR realizar investigaciones y seguimientos de los delitos cometidos contra periodistas, a la CNDH implementar la “Guía de medidas cautelares” y a la cancillería atender recomendaciones internacionales en la materia. Si bien busca prevenir todas aquellas conductas que atentan contra quienes ejercemos el periodismo, ese mecanismo deja en libertad de aplicación a cada gobierno estatal, no asigna recursos específicos para la puesta en marcha de proyectos concretos y, sobre todo, es ajeno a quienes trabajamos en los medios.

Han surgido después otras propuestas, como el Acuerdo para la Cobertura Informativa de la Violencia, signado por los dueños de los medios de comunicación y algunos líderes de opinión. Se trata de un instrumento básico, atendible pero con tintes de homologación de criterios editoriales, con cierto olor a uniformidad de voces, cierto olor a uniformidad y autocensura, que no propone instrumentos que protejan la labor de los reporteros de calle o defiendan la absoluta libertad de expresión que en estos tiempos violentos requiere el país.

Y no se trata de que los reporteros exijamos un trato preferencial, exclusivo o diferenciado, que necesitemos espacios de excepción. Se trata de que todos, periodistas y sociedad, custodiemos y hagamos valer de una vez por todas un instrumento insustituible de nuestra sociedad: el periodismo libre, crítico y plural.

Muchos de nosotros, reporteros de la tropa, así lo entendemos: sin un periodismo libre, absolutamente libre, no habrá Nación posible.

Sin un periodismo que sienta, mire, escuche, pregunte y cuente libremente el país que somos, no habrá futuro.

Si hemos llegado hasta aquí, si hemos convertido a México en una tierra fértil en cuerpos decapitados, en un charco de sangre, en un aparador de todo lo roto y miserable que es nuestro tejido social, en gran medida es porque no hubo, durante décadas, miles de periodistas libres que contaran libremente la corrupción, la miseria, la transa, el contubernio, la mentira, la impunidad, la traición que ocurrían a nuestro alrededor y trastocaban todos los valores de nuestra sociedad.

No fuimos espejo nítido de nuestra sociedad y la sociedad no pudo ver a tiempo el monstruo en que se convertía. Hoy lo pagamos caro.

Pero estamos a tiempo de cambiar esa realidad. 68 periodistas muertos son demasiados para un país que se dice democrático.

Propuestas hay muchas. Organizaciones de periodistas de todo el país llevan meses discutiendo ideas. Académicos e investigadores de los medios trabajan en proposiciones novedosas. Colegas de organismos como Periodistas de a Pie, Artículo 19, INSYDE, CEPET, CENCOS, CIMAC, el Frente Nacional de Periodistas, Reporteros sin Fronteras, quienes conformamos el movimiento Los Queremos Vivos, llevamos meses platicando, buscando qué hacer y cómo.

Sólo falta abrir las mesas para que fluyan las ideas. Sólo es necesario que, de una vez por todas, nos sentemos a dialogar todos juntos, superando nuestras resistencias, nuestras repulsiones mutuas.

Hay una buena noticia: quienes acudimos, en nuestras respectivas ciudades, a las marchas del 7 de agosto de 2010, sabemos que es mentira que los periodistas no podamos ponernos de acuerdo.

Es una mentira vil de quienes no están dispuestos a escuchar más voces que la propia.

Sí sabemos ponernos de acuerdo y tenemos muchas ideas coincidentes sobre mecanismos de protección para nuestros colegas de las distintas regiones, con sus dinámicas y circunstancias distintas, con sus miradas e ideologías particulares.

Esta Asamblea, que ha trabajado para convertir a la ciudad de México en un espacio de respeto a las libertades, podría lanzar esa convocatoria. Quizá ese acto, abrir una mesa de debate para acercarnos a un verdadero Mecanismo de Protección a los Periodistas, detone esa discusión nacional que tanto necesita nuestro país.

Los reporteros de la tropa, los que estamos día a día en la calle, tenemos algunas ideas. Acompáñennos a impulsarlas, señor diputado. Acompáñennos.

Se trata de defender un oficio que para muchos de nosotros es la vida. De hacerlo más seguro, más profesional, libre, plural, crítico, útil a la sociedad que reflejamos en nuestras notas.

Pero se trata, por encima de todo, de defender algo mucho más alto: la posibilidad de proveernos, como sociedad, de instrumentos que garanticen a todos los mexicanos el ejercicio pleno de las libertades de expresión, de prensa y de acceso a la información, para sacar a este país de la tumba en que todos lo arrojamos, para que su futuro y el nuestro sean distintos. Para salvarnos todos.

Muchas gracias y buenas tardes.♠


Te amo...

... por mi madre y mi padre, que nacieron en tu suelo, se conocieron en tu suelo, se amaron en tu suelo y me dieron la vida

... por cada uno de mis hermanos, que viven de ti, trabajan en ti, sueñan y alcanzan sus metas

... por quien me acompaña en la vida, que nació en tu suelo, te ama como yo te amo y te sufre como yo te sufro

... por la generación que nos sucede, la que está aprendiendo a amarte, a conocerte, a sentirte como la sentimos nosotros

... por toda la gente que ha nacido aquí, la que ha llegado y al conocerla me ha regalado uno de los más apreciables tesoros que poseo

... por tu maíz amarillo, por el blanco, tus jitomates rojos, tus chiles de colores, por tu huitlacoche y todos tus panes

... por tus tunas, tus uvas, duraznos, ciruelas, piñas y sandías, por las granadas, por las mandarinas y tejocotes en diciembre y la jamaica todo el año, por la horchata y por la chía

... por tu rosca de reyes, por tu chocolate, por tu pozole y tu mole poblano, por tu cochinita pibil y tus enchiladas, por tu caldo de olla

... por tu José Alfredo, tu Agustín, tu Álvaro Carrillo y tu Consuelo, por Manzanero y Juanga, por Cantoral, por tu Marcial, Joan, El Buki, Tito Guízar, por Julián Carrillo, por Carlos Chávez, por Revueltas, por Galindo, por Pablo Moncayo y su Huapango, por Juventino Rosas

... por Lola Beltrán, por tu Chavela, por Óscar Chávez, por tus Caifanes, tu Timbiriche, tu Lila Downs, tu Eugenia, Yuri

... por el mariachis, por la marimba, por los sones veracruzanos y la jarana

... por Aires del Mayab y tu Cielito Lindo, por tu Himno Nacional y La Llorona, por Soy Puro Mexicano, por México Lindo y Querido

... por Diego y Frida, por Leonora Carrington, por Remedios Varo, por O'Gorman, Orozco, Siqueiros, Mérida, Izquierdo, Tamayo

... por tus esculturas de Xilitla, por tus callejones de Guanajuato, por el Zócalo, la Alameda Central, tu Coyoacán, tu Ciudad Universitaria

... por tu Acapulco y San Miguel de Allende, San Juan del Río, Cancún, Huatulco, Querétaro, por tu Cuernavaca y mi Tampico

... por José Carlos Becerra, Josefina Vicens, por Pacheco, Paz, Sabines, Rulfo, Ibargüengoitia, por Spota, por Fuentes, por Elena

... por Martín Luis Guzmán, por Buendía, por Arreola, Novo, Poniatowska, por Villoro y los cronistas y periodistas que te han contado

... por Noticias del Imperio, por El llano en llamas, por De Perfil, por La Muerte de Artemio Cruz y por El Libro Vacío

... por Luis Buñuel que te miró distinto, por el Indio Fernández y Figueroa que te retrataron como nadie

... por tu María Félix, tu Gloria Marín, por Armendáriz, Dolores, Katy Jurado, La Pinal, por Negrete, Infante y López Tarso

... por tu Cantinflas, por supuesto, y tu Tintán con su Marcelo, por Chabelo, Vitola, el Chavo del Ocho, la Pájara Peggy y Chiquidrácula

... por tu Cuna de Lobos y tu Siempre en Domingo, por tu Rock 101 y tu XE-TU

... por Lola y Manuel Álvarez Bravo, por Casasola y Tina Modotti, por Mariana Yampolski y todos los fotógrafos que te han mirado

... por Barragán y por Pani, por Ramírez Vázquez y González de León, por tu arquitectura y tu paisaje urbano

... por tu ropa en los tendederos y tus macetas de cubeta, por los letreros con mala ortografía y las cajas de Fab en las centrales de camiones, por los mercados sobreruedas, por las manifestaciones, por el desparpajo de tu gente y su solidaridad cuando hay problemas

... por tu Pedro Coronel, por tu Felguerez, por Juan Soriano y mi paloma con chichis

... por los parques, los jardines, por las calles de adoquín, por las empedradas, por los baches por millones también, por qué negarlo

... por tu Catedral de Puebla y tu Teotihuacán, por el Hospicio Cabañas y Chichen Itzá, por Montealbán y el Paseo de la Reforma

... por el día de muertos, por el de las madres, por tu Grito y tus posadas, por los puentes de mayo y los de febrero

... por tu tequila, obviamente, por tu cerveza, tu mezcal y tu tepache, por las borracheras memorables y las crudas con pancita y barbacoa

... por tus domingos y tus viernes, por tus discotecas, bares, antros y museos, por tu Xochimilco y mi calle cuando está tranquila

... por tu gente buena y también por la mala, que hacen que la diferencia se note cada instante

... por que sigues vivo pese a tus pésimos gobiernos, tus cínicos políticos, tus asquerosos partidos políticos

... por tu extraordinario periodismo, por el oficio de mi vida y por la vida de mi oficio

... por mis amigos, por mis enemigos, por tus amigos y tus enemigos

... por el tráfico de los domingos en la tarde, por las calandrias de Guadalajara, por el Paseo Montejo, por el Malecón de Veracruz, por Xilitla, por Playa Paraíso...♠


Un grito: La crónica del día en que los periodistas mexicanos decidieron reencontrarse

Fue espontáneo, como casi todas las cosas que le habían dado origen, forma y finalmente concreción a este movimiento.
Salió de la bola, de los colegas de los estados que pudieron llegar, de los fotógrafos, de los camarógrafos que también se sumaron, de los "bulbos", los de tele, los de prensa, los reporteros de a pie, "la perrada" revuelta ahí, en la puerta de la dependencia federal, junto a las escasas, pero muy emocionadas, "vacas sagradas" del periodismo mexicano.
Salió de Don Miguel Ángel Granados Chapa, enorme y generoso al aceptar arropar, con su prestigio, a los "ilusos" organizadores de esta marcha.
Salió de entre los abrazos, las sonrisas de colega emocionado, de la alegría de quienes día a día se saben diferentes, se pelean la exclusiva, arman el "chacaleo", "se chingan" al del otro medio con tal de ganar la nota.
Salió de los cientos y cientos que contó la policía, la que dijo "son mil 200" cuando la caravana avanzaba desde el Ángel con su movilización de pocos precedentes.
Salió de entre las pancartas, de entre las mantas, de entre las gorras, de ese silencio que se convino blandir como protesta, como indignación, como manifiesto de hartazgo pero también de humildad: "perdón, a cada uno de nuestros colegas muertos, por no haber salido a la calle hace 10 años, cuando cayó el primero de los nuestros".
Salió de la certeza de que "juntos, nos salvamos".
Salió de la confianza de que piensan diferente, escriben diferente, relatan diferente, miran diferente, se sienten mejor que el otro, más chingón, más perro, más independiente, pero al final del día, cuando cierran la cortina, les aúna el oficio que eligieron para vivir sus vidas.
Salió de ese momento en que los nombres de los 67 compañeros, cuyas muertes permanecen en la impunidad casi absoluta, se fueron a apostar sobre la puerta principal de la dependencia del gobierno, como descrédito de un conjunto de instituciones que no funcionan bien, porque no quieren o porque no pueden, ni para los periodistas ni para casi nadie. Salió cuando esos nombres quedaron ahí, a la espera del día que la dependencia, todas las dependencias involucradas, decidan por fin hacer justicia: un día, un mes, un año, diez...
Salió, ese grito, cuando más lo necesitaba un oficio amenazado por la violencia, por la delincuencia, por el narcotráfico, pero también por la corrupción gubernamental que los solapa, los tolera, los ignora. Salió cuando aparecen voces que pretenden unificar las expresiones, acallar las realidades, manejar la percepción a modo, como si así se pudiera sostener en pie un país que se desgrana. Como si al país le sirviera un Jefe de Estado que se asume como Jefe de Información.
Salió, ese grito, de entre el manifiesto sin matices que exige "cumplimiento cabal, por parte de las instituciones del Estado mexicano y de los diferentes órdenes de gobierno, de su deber y obligación constitucional de garantizar y custodiar el pleno acceso y disfrute de los derechos a la libertad de expresión y al acceso a la información, para todos los ciudadanos y los periodistas, sin distinción de posiciones ideológicas, políticas o de cualquier otra índole".
Salió de ahí, de las gargantas unidas, en su ya memorable 7 de agosto del año de su reconciliación como colegas.
Un grito grueso, contundente, unísono, de trabajadores de los medios de comunicación sabedores de que sin periodismo libre no existe democracia posible, ni sociedad viva, ni país ninguno.
Un grito de justicia, de aliento, de determinación asumida. Un grito que casi quería llegar hasta los colegas de Sonora, Chihuahua, Baja California, Morelos, Veracruz, Nuevo León, Michoacán, Chiapas, Guanajuato, Oaxaca, Sinaloa y Guerrero, que también salieron a las calles.
Un grito rojo como la sangre de los colegas asesinados, negro como las pistolas, manchado como las mordazas de los secuestrados, un grito inmenso, en fin, como marea: ¡NI UNO MÁS, NI UNO MÁS, NI UNO MÁS!P.D.Todavía suena, el grito.
Aún cuando todos se retiraron a celebrar, chupando, su reencuentro con el otro.
Y fue espontáneo. Como casi todas las cosas que le habían dado origen, forma a este movimiento. Espontáneo, el pinche grito, como esas palabras que luego salen por la boca a borbotones, cuando a uno le estalla de emociones esa víscera llamada corazón.♠


¿Por qué ir al Ángel de la Independencia éste 7 de agosto?

...porque decenas de compañeros reporteros de distintos estados del país han sido asesinados, desaparecidos, heridos, amenazados, obligados a cambiar de ciudad o de vida sólo por ejercer su oficio.

...porque la sociedad a la que pertenezco tiene derecho pleno, irrenunciable, a ser y a estar bien informada, a decidir libremente a quién escuchar, a quién leer, a quién mirar, a quién creerle.

...porque la Constitución garantiza a todos los ciudadanos el derecho a difundir y obtener información, pero ese derecho hoy está conculcado en muchos lugares, en gran medida por hechos de violencia, acoso delincuencial y gubernamental, por impunidad, por falta de justicia, por corrupción, por la no vigencia de un pleno Estado de Derecho

...porque las condiciones de no vigencia plena de las garantías individuales, bajo las que hacen su trabajo colegas reporteros de algunas entidades, poco a poco van multiplicándose, como cáncer, en más y más entidades, amenazando por completo el ejercicio libre del periodismo en México.

...porque estos tiempos de duelo, amenaza, acoso, de furia contra los periodistas por parte de la delincuencia organizada, también son aprovechados por poderes políticos y económicos, de un signo y de otro, para intentar acosarlos, controlarlos, amordazarlos.

...porque estoy convencido de que este es el momento en el cual los periodistas mexicanos debemos unirnos, como no lo hemos hecho en generaciones, para establecer un marco de garantías mínimas para el ejercicio de una plena libertad de expresión, para ofrecer a la sociedad, a la que también nos debemos, un Periodismo serio, profesional, libre, plural, crítico: útil.

...porque al gobierno le corresponde custodiar las garantías en torno de la Libertad de Expresión, no limitarlas, ni matizarlas, ni revisarlas, ni mucho menos coartarlas.

...porque creo que el periodismo tiene la función de investigar, denunciar, relatar, pormenorizar y dejar constancia del momento que observa, con plena y absoluta libertad, como parte integrante y fundamental de la cultura y la sociedad a las cuales pertenece.

...porque me rehúso a uniformar mi punto de vista como periodista; porque las voces distintas hacen una Democracia; porque en estos tiempos de violencia y miedo es cuando más se requiere de la prensa libre, plural, crítica, observadora, cuestionadora, que explique a la sociedad, con sus distintos puntos de vista, sus fallas, sus defectos, sus problemas y sus potencialidades.

...porque el Estado mexicano tiene el deber, la obligación constitucional, de hacer respetar, sin cortapisas, el derecho de todas las voces a expresarse, a difundir su mensaje con garantías plenas y sin distingos.

...porque siempre existe la amenaza de que los políticos, sin importar partidos o tendencias ideológicas, vean en el periodismo crítico, plural y libre un enemigo a vencer, a amordazar, a controlar, a limitar e incluso a desaparecer. Y porque esa amenaza conlleva el riesgo de que desaparezcan también las libertades de toda la sociedad mexicana.

...porque en la industria comunicacional, el eslabón más débil, como siempre, es el obrero de la tecla: el reportero, el de abajo, el que gana la nota por unos cuántos pesos, el que está condenado a la medianía, el que ve cómo le regatean aumentos, ascensos, condiciones mínimas de trabajo, el que a veces no puede aspirar, ni siquiera, a un seguro de vida por el trabajo que realiza.

...porque pertenezco a una generación de reporteros que, creo, es más solidaria, más unida, menos mezquina con sus pares, a quienes no les regatea el derecho de pensar distinto, de mirar las cosas desde otros punto de vista.

...porque creo que es un excelente momento para que el periodismo mexicano se reencuentre con la sociedad a la cual se debe.

...porque creo en la frase “no coincido con lo que dices, pero daría mi vida por defender el derecho que tienes a decirlo”.

...porque soy reportero y quiero seguir siéndolo toda mi vida. Ejercer mi oficio con libertad, con garantías plenas, en el medio de comunicación que elija para realizarlo.♠


"Aquí estamos... y somos muchos"

DISCURSO DE ACEPTACIÓN DEL 

PREMIO NACIONAL DE PERIODISMO 2006

En este premio caben muchos sueños, el trabajo de noches y días, y todos esos grandes amigos reporteros que he sumado en el camino.

Aquí están también mi madre y su cansancio, mi compañero de vida, mi familia, compartiendo mi gratitud con las jornadas interminables de reportero de a pie, los chacaleos, las conferencias, las presiones y corretizas de esta profesión cada día más precaria, cada vez menos cotizada y retribuida en los escalafones de los medios.

Este reconocimiento es la confirmación de que no me equivoqué. Junto con el equipo del que formo parte elegí el camino de la libertad, el ojo crítico para mirar a México, para contar su historia diaria, porque somos reporteros.

Este premio es para decir que aquí estamos, que somos muchos y seguimos trabajando, aunque nos duela relatar la vida de esos Niños de la Furia.

Se lo dedico a Miguel Castillo y a todos los amigos que hemos llorado juntos y hoy nos levantamos para crear El Centro: EL CENTRO.

Se lo dedico a Grupo Monitor, con el deseo sincero de que gane todas sus batallas.

Este reconocimiento llega para decirnos que vamos por buen camino, que en el lugar que nos corresponde están la pluma y el papel esperando por nosotros.

Salud por el periodismo mexicano. ♠


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