Un huracán llamado Andrés Manuel

Por Luis Guillermo Hernández / @luisghernan
Un huracán los ha arrasado: ¿Escuchas sus lamentos?
Es impotencia.
Frustración.
Conciencia plena de que han perdido privilegios.
Negación.
Rabia: líquido corrosivo que expele el alma por la boca.
Incapacidad para asumir su derrota.

Cien días después del vendaval, aún no entienden que México gesta una verdadera Revolución: social, económica, cultural, política, ideológica.
Y que es contra ellos, contra ellas.
Contra todo cuanto significan. Contra lo que representan.
Contra lo que han defendido a lo largo de 40 años de despojo, saqueo, apañe, transa.
Que en 100 días, desde el primer minuto del 1 de diciembre del año 2018, se gesta desde el Congreso, desde la Presidencia, desde las redes sociales, desde las calles, desde las casas… un viento transformador, reformador, reconstructor, que no tiene retorno pero tampoco parangón en la historia reciente de México: la revancha de los despojados.
Y que los despojados somos todos:
Aquellos a quienes nos robaron la democracia,
el poder de nuestro voto,
la verdadera representación civil,
el poder adquisitivo,
los medios de ascenso social,
los recursos naturales,
los mecanismos de supervisión de los actos públicos,
la voz en los medios,
el control de los instrumentos de rendición de cuentas,
la capacidad de decidir por nosotras y nosotros mismos.

Las despojadas somos quienes que fuimos obligadas a trabajar en cualquier cosa, menos aquella para la cual estábamos capacitadas;
Quienes debimos abandonar a nuestras familias para ir a trabajar al otro lado de las fronteras;
Quienes éramos obligados a pagar un diezmo para obtener contratos en el gobierno
Quienes dejamos la escuela por falta de recursos;
Quienes perdimos nuestros bosques,
nuestras minas,
nuestras playas,
quienes perdimos nuestra seguridad social,
quienes debimos morir en hospitales sin instrumentos mínimos,
sin medicinas,
sin médicos capacitados,
quienes fuimos secuestrados,
asesinados,
vejados.
Los despojados somos las clases medias, sin expectativas de planeación de nuestra vida a largo plazo; las clases bajas, sin expectativas de ascenso social a través de la educación y el esfuerzo; las clases altas, atrapadas en una burbuja de miedo, terror y total desinterés en el destino y la vida de quienes están abajo.
Y estos despojados, estas despojadas, estamos decididos, completamente decididos, a darle un vuelco a la historia.

Decimos sí al combate frontal, verdadero, contra la mafia del #Huachicol.
Y aguantamos las filas en la estación de gasolina, porque es un precio justo y bueno para cambiarlo todo.
Decimos sí a la cancelación de un aeropuerto apestoso a corrupción, a negocio particular, y aceptamos pagar para que lo desmantelen como símbolo de una época turbia, porque es un precio mínimo para evitar que nos sigan viendo la cara.
Decimos sí a la #GuardiaNacional, al programa #PrimeroLosPobres, al programa #JovenesConstruyendoFuturo, al programa #Aprendices, al #PactoEmpresarial, queremos el programa de apoyo a nuestros viejitos, a nuestras viejitas, porque es nuestro dinero, son nuestros recursos y merecemos el Bienestar colectivo que el trabajo conjunto nos concede para todos y para todas, sin excepciones y sin privilegios.
Decimos sí, va, le entro, a abrir Los Pinos, a sentarnos en sus jardines a echar una torta de queso de puerco, a mirar la escultura de Carlos Salinas y decir con alegría: «Te derrotamos, neoliberal corrupto».
Decimos sí a vender aviones presidenciales ignominiosos, camionetas blindadas que eran una vergüenza, oficinas de super lujo, sedes diplomáticas insultantes, a reducir salarios groseros para jueces, ministros y magistrados; privilegios de unos cuántos, ganados a costa de nuestra miseria colectiva: nunca más un gobierno de élites.
Los despojados, las despojadas, estamos detrás del apoyo a los precios de garantía, un instrumento de equidad, justicia y renacimiento de nuestro campo devastado, despojado, entregado.
Estamos detrás del proyecto para construir 100 universidades públicas; detrás de la reducción del IVA en las fronteras; detrás de quitarle la pensión a los ex presidentes (y llevarlos ante la justicia, este marzo, no lo olviden).
Contra ellas, contra ellos, votamos. Contra sus mentiras, su saqueo, su entrega indiscriminada al extranjero, su corrupción sin medida ni límites.

Y la de sus cómplices: empresarios voraces, medios entregados a la mentira neoliberal, periodistas e intelectuales serviles ante el poder, políticos que hicieron del negocio de decir «a favor» un negocio lucrativo, de pseudo líderes sociales con camiseta gobiernista, traidores, traidoras.
El huracán que los arrasó, que les dejó sin negocios, sin poder, sin capacidad de influencia, es el mismo que nació de nuestra ira: un viento grueso, potente, poderoso, con la voz de todos.
El huracán que los arrasó, que los dejó sin representación en las Cámaras, que les quitó las alcaldías, los Congresos locales, es el mismo que nació de nuestra miedo, de nuestro hartazgo, de nuestra esperanza: un viento de cambio, de anhelo de construir el país que sí nos merecemos.
El huracán que los arrasó se llama Andrés Manuel… aunque en realidad, ojalá que ya lo entiendan, debería llamarse
HURACÁN ESTAMOS HARTOS,
HURACÁN LO CONSEGUIMOS
… HURACÁN GANAMOS TODOS.


¿El enemigo... en casa?

Como si la cadena de contrataciones controvertidas en el gobierno de Andrés Manuel López Obrador no tuviera ya demasiados eslabones, la Coordinación General de Comunicación Social de la Presidencia suma uno más: el fichaje de quien fuera la productora del más famoso montaje televisivo que se recuerde en México: la detención de la francesa Florence Cassez y la banda de secuestradores Los Zodiacos.
Se trata de la productora televisiva Azucena Pimentel, responsable de los asuntos tras las cámaras de aquel programa matutino Primero Noticias, conducido por Carlos Loret de Mola, que la mañana del 9 de diciembre de 2005 transmitió en vivo el espectacular rescate de tres personas secuestradas por la banda Los Zodiacos,en el rancho Las Chinitas, sobre la carretera México-Cuernavaca.
El acto, calificado por la Suprema Corte de Justicia como "escenificación ajena a la realidad", no sólo constituyó el más legendario y fehaciente ejemplo de la falta de ética de los medios electrónicos de comunicación mexicanos, sino también fue parte medular de un conflicto legal internacional, que culminó con la liberación de la francesa Cassez, involucrada con la banda de secuestradores.
Pimentel, hoy integrante del área de Atención a Prensa Nacional e Internacional en la Coordinación General de Comunicación Social, y subordinada directa del Director Adjunto de Comunicación Social, Jesús Cantú, era el mando detrás de cámaras en el estudio de televisión aquel día: establecía tiempos de transmisión, organizaba las coberturas, estructuraba los segmentos del programa y decidía, como lo hizo, destinar más de 40 minutos de transmisión en vivo, ininterrumpida, para difundir una mentira.
Sobre el asunto, sobre los montajes televisivos que durante la época de Genaro García Luna al frente de las instituciones de seguridad mexicanas se sucedieron de forma recurrente, ha corrido ya mucha tinta: libros, documentales, estudios, reportajes, análisis, tesis, entrevistas, mesas redondas y explicaciones de los involucrados.
La Sentencia de la Suprema Corte de Justicia, en la que se determinan las responsabilidades de quienes participaron en aquella recreación como eje de la violación del debido proceso de la ciudadana francesa, así como buena parte de las discusiones posteriores, confluyen en el mismo punto: la total falta de ética de los involucrados en el montaje televisivo: periodistas, productores, conductores, funcionarios, policías.
¿Qué hace entonces un personaje vinculado a tales hechos en el área responsable de difundir el mensaje del Presidente López Obrador, precisamente el mandatario más preocupado por combatir la corrupción, la mentira y la simulación en los últimos tiempos? ¿Cómo llegó a ese puesto?
De acuerdo con tres versiones distintas, la llegada de la comunicadora Pimentel al área de Comunicación Social de la Presidencia se debe a una recomendación directa de Bernardo Gómez, Vicepresidente de Televisa y Consejero del propio Presidente López Obrador.
Ambos, Pimentel y Gómez, estaban en la cabina de mando del programa Primero Noticias durante la transmisión de aquel montaje, cuyas consecuencias internas impactaron directamente en el reportero Pablo Reinah, quien fue despedido de inmediato y luchó contra Televisa para limpiar su nombre. Pimentel conservó su trabajo entonces. Estuvo en su puesto doce años y luego se fue a Televisión Azteca.
No fue posible confirmar el dato de la forma en que Pimentel se sumó al equipo de Comunicación de la Presidencia: Jesús Cantú no ha respondido positivamente a múltiples solicitudes de entrevista.
Se sabe, porque es un secreto a voces en los pasillos del Palacio Nacional, que la caótica reestructuración de las áreas de Comunicación Social de la Presidencia ha derivado en un lento proceso de acomodos y reacomodos que, a más de tres meses de llegar al gobierno, aún mantiene en vilo la forma definitiva que tomará la estructura de esa área.
La propia Pimentel respondió a un mensaje directo en Twitter, en el que menciona, en un mensaje respetuoso y lleno de serenidad, que aquel asunto es ya muy viejo: "una historia muy repasada y ya con nada nuevo qué decir".
Si tiene o no la razón, no es algo que pueda decidir un reportero.
Durante su época como gobernante de la Ciudad de México, el Presidente López Obrador tuvo un talón de Aquiles: la gran capacidad de muchos de sus subalternos para meter goles en su propia portería.
La tendencia, cuando ya ha alcanzado la Presidencia de la República... ¿será la misma?
AMLO, entre los líderes mundiales de Twitter

Luis Guillermo Hernández
@luisghernan
Muy "al natural", como él mismo dijo a principios de febrero, sin estrategia, planeación o robots, el Presidente Andrés Manuel López Obrador, con apenas ochenta días en el gobierno, logró colarse al selecto grupo de los líderes políticos globales más influyentes en Twitter, una de las más poderosas redes sociales del Mundo.
Y no en cualquier sitio: López Obrador es ya el segundo mandatario del continente americano con mayor número de seguidores en su cuenta personal, sólo detrás del Presidente de Estados Unidos, Donald Trump. El mexicano desplazó de los primeros sitios de influencia a líderes con más tiempo en el poder, como el presidente de Argentina, Mauricio Macri y el carismático Primer Ministro de Canadá, Justin Trudeau.
El presidente mexicano, a través de su cuenta @lopezobrador_ , es el mandatario latinoamericano con mayor número de seguidores en Twitter, con 5.72 millones de cuentas que replican, debaten y opinan sobre sus mensajes.
Ocupa también, desde entonces, el lugar número 8 entre los mas de 50 líderes políticos mundiales en funciones que utilizan esa red.
Y todo esto no es una anécdota o un dato curioso. No. La red social Twitter, junto con las igualmente poderosas Facebook e Instagram constituye la tríada que reina en el ecosistema digital global, donde se conocen, discuten y amplifican todos los mensajes que tienen impacto en tres mil 500 millones de personas/usuarios en todo el planeta.
Quien controla la discusión en las redes sociales, controla la discusión en buena parte de la humanidad.
No es casual que Trump sea el gobernante más influyente en Twitter, con 58 y medio millones de seguidores. Tampoco lo es que su antecesor, el demócrata Barak Obama, maneje una cuenta personal con 105 millones de usuarios conectados, o que el Papa Francisco, líder mundial del catolicismo, tenga cuentas en diversos idiomas que, en conjunto, alcanzan los 47 millones de seguidores.
El grupo selecto al que acaba de ingresar el presidente mexicano, con sus 5 millones de seguidores obtenidos "al natural", está constituido por hombres (y muy pocas mujeres) que inciden en la vida cotidiana de millones de personas de todo el globo: el poderoso Primer Ministro de India, Narendra Modi; el temido dirigente turco Recep Tayyip Erdoğan; Salman bin Abdulaziz, Rey de Arabia Saudita; HH Sheich Mohammed, Jeque de Emiratos Árabes Unidos.
Descarga la infografía para ver algunos de esos detalles:

Twiplomacy, el influyente estudio global sobre la presencia y acción de líderes políticos en Twitter, diseñado por la agencia publicitaria mundial Burston-Marsteller, coloca a López Obrador en el lugar número 18 de su lista de los 50 líderes globales más importantes.
Pero ese Ranking incluye indiscriminadamente cuentas institucionales y cuentas personales: desde @RealDonaldTrump, la cuenta con la cual Donald Trump pone a temblar al mundo, hasta @Potus, la dirección oficial en Twitter de la Oficina del Presidente de Estados Unidos.
Lo mismo @10DowningStreet, que difunde las actividades públicas de la Primera Ministra inglesa, Theresa May, hasta la influyente @EstateDept, del Departamento de Estado de Estados Unidos, o @tcbestepe, la cuenta pública del gobierno de Turquía, y @KremlinRussia, la cuenta oficial de la oficina del líder ruso Vladimir Putin, el hombre más poderoso de lo que fue la Unión Soviética.
Porque la estrategia de comunicación digital de un gobierno se ha convertido, en los últimos cinco años, en un asunto medular para la estabilidad política y la seguridad nacional de algunas administraciones: "La diplomacia se está haciendo más visible y más visual a través de las redes sociales", dice Burston-Marsteller, "lo que una vez estuvo escondido detrás de puertas cerradas ahora se está haciendo público para que todos lo vean. La historia ahora se está inmortalizando en la plataforma móvil".
Prácticamente: si no está en Twitter, no existe:
"El noventa y siete por ciento de los 193 estados miembros de la ONU tienen una presencia oficial en la plataforma. Los gobiernos de solo seis países (Laos, Mauritania, Nicaragua, Corea del Norte, Swazilandia y Turkmenistán) no tienen presencia oficial en la plataforma", dice la consultora.
Algunos gobiernos, como el del brasileño Bolsonaro o el turco Endorgan, identificados entre los que mejor hacen uso de las redes, tienen grupos interdisciplinarios nutrido (más de 30 personas) que dirigen las estrategias digitales de sus gobiernos: comandos comunicativos, cuentas en distintos idiomas, redes interconectadas de flujo comunicacional, planeación estratégica, control de mensajes e interacción, análisis de comunicación política, despachos que modulan las interacciones. Las ciencias de la tecnología y la política unidas par aun fin: estar en la red.
Cuando le preguntaron sobre su manejo de comunicación digital, a principios de febrero, el Presidente López Obrador fue muy él:
"Recibimos una solicitud de información... que ya estamos dando respuesta... sobre quiénes manejan el equipo de redes sociales, quién maneja... quiénes manejan mi cuenta en redes sociales... mi Feis, el Tuiter, el Istengran... y la verdad, pues somos nosotros mismos, no hay aparato... y en la pregunta que si contratamos robots... esteeee... ¡No! ¡Es al natural!... esteee, en vivo... es el teléfono!"
El gasto dijo, es mínimo, por la austeridad republicana.
Al menos hasta ahora, eso le ha sido suficiente para consolidar casi de inmediato su posición como líder más influyente de Latinoamérica.
Es difícil saber si, por ejemplo, el hecho de que sus antecesores, el panista Felipe Calderón y el priista Enrique Peña Nieto, controlen cuentas de Twitter con capacidad de influencia aún superior a la suya, le signifique algo al Presidente López Obrador. Sobre todo en el contexto del duelo ideológico que encabeza su gobierno contra el modelo neoliberal que defienden y promueven ambos ex presidentes.
Sabedores del impacto de las redes en la acción de gobierno, en las que construyeron gruesos andamiajes burocráticos, ambos ex mandatarios utilizan seguidores fake para inflar sus respectivas cuentas, según los datos verificables de la aplicación TuitAudit:

Mientras que Peña Nieto, en su cuenta @EPN reporta alrededor de siete millones de seguidores, el 16% de éstos son cuentas falsas.
El caso de Calderón es aún peor: de acuerdo con TuitAudit, sólo el 55% de sus seguidores son personas reales. El resto son cuentas fantasma.

López Obrador tiene uno de los más altos registros de seguidores reales: 91%.
En términos globales, desde el 30 de noviembre, cuando su portada aún decía "Presidente Electo", hasta hoy, la cuenta de López Obrador ha sumado más de medio millón de seguidores. No hay datos precisos que permitan establecer si ese núcleo se ampliará globalmente o si el crecimiento solo será a nivel interno.

Al alcanzar el poder, tras varios intentos, el mandatario mexicano reconoció el valor fundamental de las "benditas redes sociales". Esas benditas, entonces, lo han colocado ahora en la cima mundial.
Recientemente, el canal de YouTube del presidente llegó a un millón de suscriptores, mientras que el conjunto de sus publicaciones en esa red alcanzó los 120 millones de visualizaciones.

Sus números aún son discretos en comparación con sus homólogos de India, Estados Unidos o Turquía, verdaderos maestros en el arte de los mensajes políticos en redes sociales, pero ya lo ubican como el más importante en América Latina.
En Facebook, su cuenta ya llegó a 6 millones, mientras que en Instagram cuenta con 385 mil seguidores.
La pregunta entonces, es pertinente:
¿Hasta qué punto decidirá crecer?













Saqueo neoliberal en México

Por LUIS GUILLERMO HERNÁNDEZ / @luisghernan
Fue un enemigo silencioso, como un cáncer indetectable, escondido en las entrañas. Fue un enemigo camuflado, como se camuflan las intenciones de un ladrón que acecha nuestros bienes.
Le llamaron #Modernización, #Avance también. #Desincorporación y #SaneamientoEconómico fueron otros de sus nombres. Con eufemismos nos llevaron a creer que no era otra cosa que sentido común, nada más que eso, y que se enfocaba sólo en la limpieza de la debacle estadista que había derrumbado el presente del México de principios de los años 80.
Sin mencionarlo jamás por su nombre, el Neoliberalismo, el pensamiento económico antiestatista creado en los años 40 del siglo pasado por los austríacos Friedrich Hayek y Ludwing Von Mises para oponerse al Estado de Bienestar Social, fue impuesto en México a la mala, sin pedirnos opinión y sin que pudiéramos elegir, con un objetivo casi único: transferir los bienes públicos al control y beneficio de unos cuantos particulares, que en su mayoría respondía a intereses trasnacionales.
Y así lo hicieron: el proceso de transición de la economía estatista a la economía neoliberal, principalmente a lo largo de los años 80 y 90, fue también la época del adelgazamiento indiscriminado de las empresas del Estado, para transferirlos a manos privadas cercanas a los grupos de poder político de ese entonces, quienes se quedaron con la mayoría de los beneficios.
Como escribió Lorenzo Meyer en 1995: para los gobiernos de Miguel de la Madrid, Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo, la primera obligación del Estado era "concentrar el esfuerzo del conjunto en ayudar a unos pocos a concentrar enormes cantidades de recursos, para que ellos activen el mercado... y ese mercado, con su magia, resuelva vía exportaciones el problema del desempleo y --en el último lugar de la cadena causal-- el de la pobreza".
Un cable revelado por Wikileaks en 2011, escrito por el entonces Embajador de Estados Unidos en México, Tony Garza, da cuenta precisa de cómo Salinas de Gortari en mayor medida, pero también Miguel de la Madrid antes y Ernesto Zedillo después, crearon una élite empresarial multimillonaria. Y voraz.

En un contubernio que resultó perjudicial para las mayorías, empresarios y políticos crearon condiciones para que un puñado de familias expandieran sus riquezas aprovechando las deficiencias de las instituciones mexicanas.
A Carlos Slim, quien se quedó con Teléfonos de México, le concedieron el privilegio de contar con "un monopolio intacto", que incluso tuvo la ventaja de una prohibición total de competencia alguna por años, bajo pago de impuestos y facilidades de pago de su deuda, lo que le convirtió en uno de los hombres más ricos del Mundo en menos de 20 años.
A Alberto Bailleres, de la acaudalada familia fundadora del Instituto Tenológico Autónomo de México, el ITAM, le concedieron facilidades de explotación de oro y plata a través de Grupo Bal y posteriormente la incursión en el ramo petrolero.
A Germán Larrea le concedieron las minas más rentables del norte del país, además del aniquilamiento paulatino, pero sostenido, de la resistencia sindical y obrera.
A Ricardo Salinas Pliego le entregaron la televisora estatal Imevisión, casi a precio de ganga y sin experiencia ninguna en el sector.
A Roberto Hernández le dieron el banco más rentable del país, Banamex, y luego, cuando ocurrió la catástrofe financiera de 1994, lo ayudaron a sanearlo para que éste lo entregara después a Citigruop... sin pagar un centavo de impuestos.
"Varias dinastías empresariales que poseen estos individuos despegaron en los años 90, cuando el entonces Presidente Salinas de Gortari (PRI) comenzó el desmantelamiento de la economía mexicana estatal. Salinas vendió más de mil compañías del Estado, desde metalúrgicas hasta ferroviarias. Infortunadamente, en algunos casos estas privatizaciones terminaron creando monopolios en el sector privado, beneficiando a un grupo de políticos y empresarios listos, mientras dejaban en frío al mexicano promedio", dice Garza en el cable "¿Quiénes son los líderes empresariales más ricos de México?".
DOCUMENTO WIKILEAKS
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Aunque algunos estudiosos ubican el inicio del Neoliberalismo mexicano en los años 40, con la presidencia de Miguel Alemán, su imposición total en México comenzó con Miguel de la Madrid.
En una primera etapa, entre 1982 y 1992, el Estado destruyó más de 250 empresas y privatizó otras 155. Públicamente jamás habló de privatización. Utilizó todos los eufemismos posibles.
Tras la entrada en vigor de la nueva Ley de Entidades Paraestatales, se vendió prácticamente todo el sistema no estratégico, la industria complementaria del petróleo, empresas como Sosa Texcoco y Tereftalatos de México e instituciones financieras como Nacional Financiera y Somex, encargadas del apuntalamiento de empresas públicas.
En la segunda etapa, entre 1992 y 1994, se abre la puerta al expolio con la Ley Minera de 1993, la privatización de la banca, la venta de Teléfonos de México y de un gran caudal de empresas estratégicas: la armadora de camiones DINA, Altos Hornos de México, Fundidora Monterrey y Siderúrgica Lázaro Cárdenas, entre otras.
En 1994, en la tercera etapa, se firmó el Tratado de Libre Comercio, que provocó un desastre sin precedentes en el campo y la ganadería nacionales, al liberar de toda barrera arancelaria la entrada de productos agrícolas y ganaderos estadounidenses y canadienses a México, que arrasaron con la producción nacional.
Entre 1994 y 1996 el neoliberalismo mexicano se topó con un desastre financiero derivado del llamado Error de Diciembre y la posterior creación del monstruo rescate financiero llamado Fobaproa, que provocó un cisma mayúsculo.
Tras la intervención de Estados Unidos para el rescate financiero, en la cuarta etapa del saqueo se abrieron las puertas para privatizar la joya de la corona: el sector energético. La Cuarta y última etapa del robo.
En poco menos de 35 años, desde la promulgación de la nociva Ley de Entidades Paraestatales de 1986, con la que el entonces Presidente Miguel de la Madrid abrió la puerta legal al expolio, los mexicanos lo perdimos casi todo:
Nos quitaron nuestra industria, nuestro comercio, destruyeron nuestra agricultura y ganadería, nuestro sistema de salud, nuestro aparato educativo; acabaron con nuestras jubilaciones, se quedaron con las minas, asfixiaron nuestra aviación, se llevaron nuestras carreteras, las playas, las selvas, los bosques... y nos hicieron pensar que era bueno.
Se cambiaron los planes de estudio, para que el sistema educativo expulsara principalmente mano de obra calificada, mientras se desarticulaba la educación media y superior y desde los medios se moldeaba la forma del pensamiento de las masas: hizo que se menospreciara el concepto de colectividad, para imponer el individualismo como lógica social.
"Las organizaciones obreras y la negociación colectiva no son más que distorsiones del mercado que dificultan la creación de una jerarquía natural de triunfadores y perdedores. La desigualdad es una virtud: una recompensa al esfuerzo y un generador de riqueza que beneficia a todos. La pretensión de crear una sociedad más equitativa es contraproducente y moralmente corrosiva. El mercado se asegura de que todos reciban lo que merecen", escribió en The Guardian el autor inglés George Monbiot, autor de "La era del consenso: manifiesto para un nuevo orden mundial".

Una sola visión del mundo, el #Neoliberalismo, controló mayormente la difusión de las ideas en México, ahogó casi todo pensamiento alternativo, toda disidencia crítica. Ocupó los periódicos, las revistas, las historietas. Se coló en todas las estaciones de radio, en todos los programas de televisión, en los grandes monopolios editoriales y decidió que voces debían escucharse, qué debían decir y cuándo tenía que escuchárseles.
Como dijo el cineasta inglés Ken Loach:
"el neoliberalismo quiere gente vulnerable: así aceptan salario bajo, contratos basura y trabajo temporal".
En su Cuarta etapa entre 2006 y 2018, la fase más decadente, el desmantelamiento de la industria energética se enfocó primero en petróleo y después en energía eléctrica, al tiempo que entregaba las playas, insumos y los bosques maderables a una nueva lógica privatizadora.
Owen Jones, uno de los intelectuales y activistas antineoliberales más destacados de Inglaterra, autor de la extraordinaria Chavs, la demonización de la clase obrera y de El establishment, la casta al desnudo, habla de la creación de un estereotipo, el obrero y trabajador parásito, que es flojo, vago, alcohólico, ignorante, antisocial, estorboso, medieval, guarro, en contraposición con otro estereotipo, el del rico que produce, piensa, es sensato, sofisticado, benefactor.
Jones desvela todos los paradigmas neoliberales, esos que responsabilizan al obrero por su condición de pobreza, sin asumir que esa condición es producto de explotación flagrante y decretada desde el poder.
En el caso mexicano, además tuvo un componente siniestro: se camufló siempre en eufemismos. Se ocultó, se disfrazó de muchas maneras, para que una élite minúscula, pero voraz, se quedara con casi todo.
Logró que el trabajador creyera la mentira de que defender a su patrón era defenderse a sí mismo y dinamitar, con una falsa lógica aspiracionista, la conciencia de clase: convirtió en vergonzoso ser obrero, ser trabajador.
Se le llamó #Modernización, #Avance también. Fue #Desincorporación y fue #SaneamientoEconómico, y en realidad se trataba de un enemigo silencioso, como un cáncer indetectable, escondido en las entrañas:
Un saqueo. Eso solamente♦
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Un presidente arrodillado
Por Luis Guillermo Hernández/ @luisghernan
A Doña Lupita Hernández, allá donde esté…
Todo ocurre justo después de que comienza a hablar en su idioma ese hombre indígena, piocha larga y rala, mejillas redondas, manos regordetas, sombrero de palma, huaraches, pantalones negros y camiseta blanca con la firma Materiales para Construcción Martínez a la espalda.
Todo ocurre justo después de que se postra, con su crucifijo de madera pintada de blanco, su corona de flores amarillas y su ramillete de palmas verdes, ante el Presidente Andrés Manuel López Obrador, ante la señora Beatriz Gutiérrez Müller y ante más de ciento cincuenta mil personas que colman el Zócalo de la ciudad de México, esa tarde de primero de diciembre y cielo azul que inusualmente presume volcanes imponentes, nítidos, presentes.
Todo ocurre, y cuando digo todo es todo, cuando el hombre comienza a gimotear, completamente dominado por la emoción de ese momento o por el peso de las injurias recibidas por los pueblos originarios a lo largo de tantos siglos:
López Obrador, quien lo mira serio, conmovido en verdad, se aleja de su esposa, próxima desde que comenzó el ritual de purificación, flexiona su pierna derecha, sostiene su muslo izquierdo con la mano y se arrodilla completamente delante de él, como nunca antes en la historia había hecho un Presidente de México.
Se arrodilla, ante el hombre indígena que permite a los borbotones de llanto salirle por la garganta, y ya puesto a su altura, ya ambos de rodillas, le tiende la mano derecha, recibe el crucifijo, lo mira a los ojos, siente que la mano izquierda de su esposa le acaricia el hombro, se muerde el labio inferior y deja que todos veamos cómo es que algo, una estructura vieja y hecha añicos, finalmente se derrumba.

Para quienes estamos ahí, ya no es esa tarde en que la médica tradicional mixteca Lourdes Jiménez, en el corazón de lo que llaman plaza sagrada, acerca el sahumerio de copal al mandatario, y roza su cuerpo con las yerbas y la oración en los labios:
– A ti, corazón de la tierra… a ti, corazón del agua… a ti, corazón del aire… a ti, corazón del fuego… le pedimos a los elementos para que liberen y purifiquen al licenciado Andrés Manuel López Obrador, Presidente de México… pedimos a las juerzas… que desciendan en este momento… para que los abuelos y nuestros ancestros se hagan presentes… a los guardianes que guardan y cuidan este lugar de nuestros antepasados, para que lo liberen y lo purifiquen…
No. Ni es tampoco esa tarde en que la Xochitlalli, la ceremonia de la puesta de flores, hace que miles de brazos mestizos que pueblan la plaza se alcen al cielo y giren, humildes y obedientes a los sonidos del caracol, para saludar a los viejos abuelos guardianes que cuidan los cuatro puntos cardinales del universo:
– Tlahuistlampa… Viento del Este… casa de la luz… con amor te saludamos e invocamos tu divina presencia… que la luz inunde nuestros corazones… que la oscuridad se disipe… que la luz del amor nos permita unirnos al concierto de la armonía cósmica… ometéotl… que así sea.
Es algo más. Y perdón si no tengo capacidad para explicarlo.
Es esta tarde del año dos mil dieciocho, pero también la tarde en que, treinta años atrás Laura, una niña de once años, sintió por primera vez el deseo de gritar, salir a las calles y exigir justicia ante un despojo.
Es esta tarde, y también aquella en que Rosario, Maquío, Heberto y Cuauhtémoc gritan ¡Fraude… fraude… fraude!, entrelazados sus brazos, aunque el traidor aquel no les vea ni los oiga.
Es esta tarde, esta plaza, este olor a madera, a ceniza perfumada, a carbón dulce y aromado, pero también aquella de 1968 en que el poder añejo demostró ser enemigo de los cambios y rugió salvaje.
Es 1985, una ciudad sacudida por la tierra y ultrajada por el gobierno.
Es el Jueves de Corpus de 1971 y aquellos halcones ensangrentando las calles.
Es Ayotzinapa. Son cuarenta y tres ausencias.
Es Acteal, el crimen de Estado que sacudió el corazón de Chenalhó y México entero.
Es Aguas Blancas, es la policía de Guerrero y los diecisiete campesinos muertos, los 23 heridos.
Es San Fernando, son 72 cadáveres.
Es Tlatlaya.
Es un vulgar, cínico haiga sido como haiga sido.
Es un gasolinazo como escupitajo en plena cara.
Es un Fobaproa eterno y maloliente.
Son las minas subastadas al peor postor extranjero.
De los beneficios sólo para unos cuantos.
Son las jubilaciones extinguidas, las prestaciones eliminadas.
Son los bosques que ya no son de todos, ni las playas, ni los ríos, ni la electricidad.
Son los hospitales y medicinas privatizados.
Es el petróleo arrebatado.
Es la agricultura destruida, el comercio, la industria nacional desmantelada.
Es esa señora grosera del Youtube, que desde algún lugar de esta misma plaza, en 2006, grita:
-¡Perros! ¡Cuando viene una persona… este… sencilla… a ayudar a los pobres.. ¿eh?… la quieren destrozar como puedan…! ¡No pase lo de Colosio, lo de Massieu, lo de… lo de… ¿cómo se llama?… ¡Clouthier!…
Todo lo que ocurre justo después de que comienza a hablar en su idioma ese hombre indígena, es la confluencia de tanto, porque así funciona ahora la nueva dimensión de lo social: lo tangible, gordo, avasallante, que se nutre de gritos y pancartas, de Pejeluches a 70 pesos, de máscaras a 40, de banderitas, camisetas y llaveros. Y lo virtual, inasible, insospechado, en tuits y memes de las redes, que nace de los dedos y la emoción que están lejos en lo físico pero próximos en lo digital, con el teléfono, la pantalla, el clic individual.
Todo lo que ocurre es una suerte de saldo con las afrentas. Una expectativa robusta, plena, convencida, de que al fin ha sido la buena. De que ahora sí ganó la gente, de que por una vez, quizá por única vez, hay esperanza.

Y puede ser que yo lo lea mal. Que la emoción contagiada por esas miles de almas que gritan “se ve, se siente, tenemos presidente”, que gritan “es un honor estar con Obrador”, que esos miles de rostros surcados por las lágrimas me traicionen.
Quizá. Puede ser nomás una ilusión. Que no se vea, ni se sienta más nada que un gentío revuelto y festivo, una secuencia de anhelos sin sustancia.
¿Cómo se explicaría objetivamente esa marea desatada tras aquello? ¿Cómo explicaría esas calles repletas de gente que baila, ríe, se abraza, dice “jamás creí que viviría esto”?
¿Cómo explicaría que siento a mi lado la presencia de mi madre, sonriendo desde la muerte por el triunfo de su “gallo”?
Todo ocurre justo después de que se postra ese hombre indígena, con su crucifijo de madera pintada de blanco, su corona de flores amarillas y su ramillete de palmas verdes.
Cuando el Presidente de México, ese hombre que prometió “no tengo derecho a fallarles”, se arrodilla humilde y en miles de ojos anhelantes se confirma una esperanza.
Publicada originalmente en ARISTEGUI NOTICIAS
El verdadero periodista literario...
Luis Guillermo Hernández / @luisghernan
La realidad es vasta. Algunos dicen que inabarcable casi. Y en esa vastedad está la riqueza inagotable del periodismo.
Dice Edward Abbey que hay un género de poesía, incluso un género de verdad, en el dato simple: “como no puedo meter el desierto entero en un libro, lo mismo que un pescador no puede sacar el mar entero en su red, he intentado crear un mundo de palabras en el que el desierto figura como medio más que como material. El objetivo no ha sido la imitación sino la evocación”.
Y las palabras del naturalista, quien logra arrancar al sinuoso desierto de Utah los colores precisos de sus atardeceres veraniegos, suponen un verdadero marco ético para quienes, como los periodistas, nos dedicamos a la interpretación de los hechos del mundo y nuestro tiempo.
Confío mucho en la exploración de nuevas narrativas periodísticas, en el ensayo de las hibridaciones que, como he intentado mostrar, comparten códigos que los periodistas tradicionales pueden adoptar y adaptar para la renovación constante de los géneros y prácticas de la profesión. Confío en la búsqueda de nuevos caminos y nuevas formas de expresión, como la mejor apuesta ganadora del periodismo moderno.
Dijo el legendario periodista argentino Tomás Eloy Martínez: si hay narración y hay investigación, el periodismo tiene futuro. Y yo le creo.
Pero las exploraciones y la pertinencia social de la profesión periodística futura dependen de marcos éticos claros, como también he intentado mostrar a través de las voces que exploran todos estos caminos. Márgenes definidos que permitan al intérprete de la realidad discernir entre lo viable y lo conveniente, entre lo idóneo y lo descartable. Sin ese marco, es difícil que la profesión sea útil para la sociedad. Incluso un conjunto de ideas sueltas es suficiente:
El verdadero periodista literario… ama la exactitud… es un intérprete de su tiempo, no su inventor… observa, degusta, huele, siente, escucha…jamás teme ser vulgar, franco o chillón… no vive para los premios, sino para las historias… conoce las reglas de la armonía en la música… comprende perfectamente la diferencia entre hecho y mentira… simplifica lo complejo y complejiza lo simple… respeta, sereno, el derecho a callar… mira a los ojos de quien le habla… busca con la metáfora la vida de los hechos, pero rechaza que los hechos sean sólo una metáfora… toma posición, porque siente, piensa: vive… observa la realidad y la analiza, no la inventa… da voz a los otros, no sólo a sí mismo… se moja en las tormentas, no las imagina… dibuja de los humanos lo claro y lo oscuro… recopila los datos informativos, no los adjetivos… es muy poco Indiana Jones y mucho Malinowski… el verdadero periodista literario duda… es humilde: sabe que hubo un Michael Herr… recorta pedazos de la realidad, no de la fantasía… es un orfebre de la analepsis y la prolepsis… busca en sus emociones la razón de los otros… sabe que en la palabra de Gay Talese habita la Verdad… y que Martín Luis Guzmán siguió a Pancho Villa durante años, para identificar ese temblor de labios que enmarca una duda… por eso, el periodista literario trabaja con el tiempo… no resume días, sino momentos… no enumera muertos, resucita historias… vive las historias como un antropólogo, no como un rockstar… no tiene fusil al hombro, sino lápiz y papel… espera, en silencio, hasta que ellos o ellas dejan de llorar… entiende la distancia entre la noche y los días, porque entre la noche y los días hay una distancia enorme… el periodista literario verdadero es meticuloso… el periodista literario no es el aire, ni la luz, ni los colores: es un intérprete del aire, la luz y los colores que plasma con sus sentidos... respeta cada voz de una polifonía… y, como los artistas, se entrega pleno al empeño de extraer de la realidad una palabra, un lienzo, una canción, una figura, un poema que reflejen la brevedad de su paso, y el de todos los demás, por este mundo… porque el verdadero periodista literario puede transmitir el olor preciso de una rosa madura, el sabor correcto de una mandarina desgajada el uno de diciembre, los colores tortuosos de una ráfaga de metralleta, la textura precisa de la lágrima de una madre que busca a su hijo… tiene temor, todo el temor de equivocarse… sabe que John Hersey también lloró… el verdadero periodista literario sabe que la sangre es tibia si brota de un cadáver desollado… entiende de Gabo su Samuel Burkart y ama de Gabo eso y todo lo demás… cuestiona cada atardecer que lo fascina… se sumerge en los hechos, para buscar preguntas… ríe… llora, canta, gime. Ya se dijo: es un ser humano… bebe a diario del agua que lleva el río de las palabras… busca en el pasado las claves del presente… no tiene sed de reconocimiento, tiene sed de entendimiento…es paciente… paciente... muy… muy… muy… muy… paciente… escucha de cada ave el trino distinto, único… no construye adoratorios ni crea apologías… no es un lobo, ni un buitre… no crea compromisos ni funda cofradías… el verdadero periodista literario, a la manera de Wolfe, busca en las calles una explicación a coro… rechaza los boletines oficiales, pero tras examinarlos… abreva de las historias cotidianas… se detiene a observar a los perros de un parque citadino…mira a su alrededor en los cafés de la avenida…

...otea en los mercados sobre ruedas que tapian de lonas rosas la avenida donde habita…como Garibay, se abraza, se emborracha, se ríe, se hastía con su entrevistado, si le nace hacerlo… estalla de rabia o de júbilo ¿por qué no?… si entra en la escena del crimen, lo hace como una sombra no como Sherlock Holmes…confirma el vuelo que siguen las hojas de los árboles al caer… escucha atento, a la espera de la frase precisa… mira por la ventana hacia la vida de los otros… no es buitre en los sepelios, sino flor en un vaso…es menos el juez en el juzgado y más el perito en el lugar de los hechos... pero no es Dios… no pretende serlo… no es omnipresente… ¿cómo podría?... el periodista literario verdadero indaga el dramatismo y la sustancia de una cascarita llanera… penetra curioso en el entramado del poder… porque en los usos del poder hay respuestas para todos los seres humanos… y hace muchas preguntas: el periodista literario pregunta… y lee… no puede pretender escribir nada, absolutamente nada, sin haber leído antes las grandes novelas y obras de teatro del mundo, sin haber leído antes los grandes reportajes, las grandes entrevistas y las grandes crónicas del mundo… porque el periodista literario no se intoxica de realidad: es buen bebedor de hechos… no se embriaga con aplausos: a todos nos espera cierta forma del olvido... pero es consciente de que en su fracción de vida tiene una tarea: interpretar con veracidad su paso, y el de los demás, por este mundo.
Ese es su trabajo, sobre todos lo demás: Ese.
(*) Epílogo del libro Periodismo Literario. El arte de contar historias (Comunicación Social Ediciones, Salamanca, 2017)
El plan de medios que viene
Por Luis Guillermo Hernández / @luisghernan
En el casi interminable listado de pendientes que constituyen la agenda para el arranque del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, el tema mediático parece haber aterrizado ya una serie de directrices: reducción del gasto publicitario y concentración de las oficinas de prensa en la Presidencia. Pero no son las únicas. Ni las más controversiales.
A lo largo de los últimos meses, tanto en tiempo de campañas como luego de la elección del 1 de julio, el candidato ganador e integrantes de su equipo más cercano han tendido puentes de diálogo con organizaciones nacionales y extranjeras de periodistas, empresarios mediáticos, comunicadores de influencia y especialistas, para elaborar las nociones básicas del trato gobierno medios que podría prevalecer en la próxima administración.
La idea más aterrizada es la austeridad, explica Jesús Ramírez Cuevas, quien fungió como uno de los voceros de la coalición Juntos Haremos Historia y podría integrarse a algún área medular de la vocería presidencial, según los corrillos internos en la casa de transición del candidato ganador.
Dice que hay otros planteamientos que forman parte de esas discusiones, como el fomento de la pluralidad mediática, la transparencia y equidad en el reparto publicitario y un elemento potencialmente controversial: la fiscalización ciudadana de los recursos públicos que son entregados a los medios.
Pero en los hechos, dice, lo que se plantea es una renovación medular de los usos y costumbres de la relación prensa-gobierno.
No es un asunto menor. La directora de la organización Artículo 19, Ana Cristina Ruelas, es precisa en su diagnóstico: “la relación entre medios y poder (en México) es muy perversa, porque existe una dependencia casi total de la mayoría de los medios, a nivel federal y aún mas a nivel local, del dinero publico”.
Ese panorama obliga a tomar en cuenta qué es lo que se va a hacer para que, gradualmente, sin afectar la pluralidad y el impacto hacia los medios, se pueda lograr una disminución del gasto.
Para el senador electo por Morena, Martí Batres Guadarrama, se ha dado un paso importante con el planteamiento de racionalización de los recursos publicitarios, por lo que el siguiente paso, que le corresponderá al Legislativo, debe ser el establecer los criterios claros para su otorgamiento.
Hasta ahora, parece haber disposición del próximo gobierno. Al menos en el discurso. Durante una reunión que la coordinadora de la campaña lopezobradorista, Tatiana Clouthier, sostuvo con representantes de organismos internacionales de apoyo a periodistas y con corresponsales extranjeros, dijo con claridad “presenten sus propuestas y las atendemos”, cuando se le preguntó sobre las directrices a impulsar en la materia.
Del mismo modo respondió la ex ministra Olga Sánchez Cordero, propuesta de López Obrador para la próxima Secretaría de Gobernación, en otra reunión similar. Incluso, la jurista comentó que la disposición era cumplir con los estándares internacionales en materia de publicidad y relación con los medios.
Y esos estándares internacionales establecen pautas que están, en algún caso, muy distantes de lo que el propio López Obrador ya ha esbozado.
Dice Ana Cristina Ruelas al respecto: si bien el gasto en materia de publicidad gubernamental es exacerbado, el problema no solo tiene que ver con el gasto indiscriminado y multimillonario que se ejerce, sino con la opacidad y discrecionalidad con que se asigna.
México, un país de élites periodísticas
Si México, según López Obrador, es el país donde una pequeña élite controla los recursos y los beneficios en perjuicio de una mayoría empobrecida, el sistema mediático nacional es entonces un reflejo nítido de esa realidad.
En el Informe que presentan apenas en junio pasado los Relatores Especiales sobre Libertad de Expresión de la ONU, David Kaye, y de la CIDH, Edison Lanza, consideran que México sigue estando entre los países con el más alto nivel de concentración de medios, radiodifusión, prensa gráfica y medios digitales.
Y alertan sobre la llamada Ley Chayote, esa legislación denominada Ley de Comunicación Social, elaborada a partir del mandato de la Suprema Corte de Justicia para legislar en la materia.
“Preocupa a los relatores especiales que la nueva legislación no cumpla con los principios básicos ni con las recomendaciones de organismos internacionales o expertos en derechos humanos.
“La ley no establece normas claras sobre sus objetivos, criterios y procedimientos de asignación y mecanismos de supervisión, dejando un amplio margen de discreción y abuso de las autoridades”, escriben.
La organización que dirige Ana Cristina Ruelas publica en marzo pasado el diagnóstico “Democracia Simulada: nada qué aplaudir”, en el cual se revela un dato demoledor: una veintena de medios de comunicación concentra prácticamente el 56 por ciento de la publicidad otorgada por el gobierno de Enrique Peña Nieto.
El restante 44 por ciento se reparte entre tres mil 108 medios de todo el país. Tres mil ciento ocho medios pequeños, medianos y de toda índole.
Los beneficiados con el reparto jugoso son Televisa, Estudios Azteca, la agencia publicitaria Starcom World Wide, Estudios Churubusco Azteca, Grupo Radio Fórmula, El Universal, Excélsior, la Organización Editorial Mexicana (propietaria de “los soles”), Núcleo Radio Mil, Grupo Imagen, Grupo Radio Centro, el Sistema Público de Radiodifusión del Estado de México, Radiorama, la representante de medios impresos Medios Masivos Mexicanos, Milenio Diario, la empresa publicitaria Rack Star, Canal 40 y La Jornada.
Estos medios y agencias recibieron, en conjunto, un monto de 22 mil 719 millones 889 mil pesos del gobierno, en cinco años.
Pero, además, dentro de ese microuniverso de la élite mediática mexicana existe un grupo selecto de comunicadores, que percibe ingresos millonarios adicionalespor concepto de publicidad, que se otorga a través de sus páginas web personales.
En un análisis elaborado en 2015, en colaboración con Alejandro Cárdenas y Patricia Maldonado, Doctores en Comunicación por la Universidad Iberoamericana, se detecta una correspondencia directa y evidente entre el otorgamiento de recursos millonarios a periodistas y la supeditación de la línea editorial al dictado del gobierno.
¿El fin de la prensa vendida?
El diagnóstico del equipo de López Obrador, al menos en las condiciones generales del sistema mediático mexicano, considera este panorama.
Según dos distintas personalidades cercanas a López Obrador, en las reuniones y conversaciones públicas y privadas que ha sostenido con más de una veintena de directivos de medios, el tabasqueño ha garantizado que el recorte presupuestario se hará bajo criterios equitativos y de pluralidad.
Esas parecen ser las nociones más sólidas. Martí Batres, quien se ha reunido con distintos colectivos de periodistas para analizar el asunto, comenta que del diagnóstico del panorama mediático surgen las propuestas.
“Tiene que ver con la idea de ahorrar recursos, porque buena parte de la publicidad oficial está destinada no a difundir lo que hace el gobierno, sino a difundir la imagen del gobernante”, dijo Batres, quien se comprometió a legislar una ley de medios con una fisonomía más acorde con criterios de transparencia y equidad.
“Se puede hacer a partir de una buena ley de medios o una buena ley de comunicación social, que regule, de una manera democrática, la asignación de publicidad oficial bajo tres ejes: austeridad, transparencia, racionalidad y equidad”, dice.
En conversación telefónica, Jesús Ramírez Cuevas dice que hay un equipo de trabajo que realiza el diagnóstico sobre la discrecionalidad del pago publicitario gubernamental a medios y a periodistas en particular y que la lógica es la austeridad.
¿Ese análisis considera la diversidad del panorama nacional… las élites que acaparan los recursos publicitarios y las condiciones paupérrimas en las que trabaja una gran mayoría de medios regionales?
“Sí, lo primero que se va a acabar es la discrecionalidad del manejo de los recursos. El otro principio es la consideración de incluir no solo a los grandes medios, sino a los medios comunitarios y regionales, que entrarán también dentro de esta relación. Se va a atender a todos los medios, estamos hablando de prensa, radio, televisión, medios digitales, incluidos los comunitarios y sociales”, dice.
A partir del anuncio de los 50 puntos del arranque del gobierno, en el gremio periodístico se ha desatado una especie de incertidumbre. Diversos medios han comenzado la reestructuración de sus equipos, con despidos en las plantillas de trabajo incluidos, con miras a la austeridad anunciada por López Obrador y su equipo.
Según Jesús Ramírez, en el próximo gobierno apenas existen criterios muy generales respecto de cómo se llevará a cabo la nueva asignación de recursos.
“Los criterios genéricos son alcance, audiencia, raiting, importancia regional y el publico al que se dirigen… puede ser que hay un medio regional que, aparentemente, a nivel nacional no tenga un peso grande, pero a nivel regional sea un medio importante… ese tipo de criterios… se va a romper el centralismo, se va a romper la idea de que sólo algunos medios electrónicos o medios llamados nacionales se benefician de la publicidad gubernamental”.
El énfasis, en todo caso, será eliminar la discrecionalidad. Hacer todo transparente y público, e introducir un mecanismo de fiscalización.
“Vamos por la transparencia completa del uso de los recursos públicos. Entonces, quien sea beneficiario, por la razón que sea, de recursos públicos, tiene que rendir cuentas. Ese va a ser un principio”.
– Eso va a generar un cisma…
– Pues yo espero que no… ¿por qué va a ser un cisma? es un derecho ciudadano conocer a dónde y en qué se aplican los recursos públicos.
– ¿Tú ves a Televisa, a Excélsior, a Imagen rindiendo cuentas del dinero que, por publicidad, les ingresa…
– Vamos a un cambio, de una cultura política distinta, y a un nuevo régimen político y democrático… yo creo que eso vamos a convertirlo en normalidad- dice.
El colectivo Medios Libres, que congrega a organizaciones y periodistas interesados en impulsar una agenda de transparencia en publicidad oficial, pidió al próximo gobierno la abrogación de la “Ley Chayote”, porque legaliza las malas prácticas de uso político y discrecional de la publicidad oficial, constituye una censura mediática indirecta y coarta la libertad de expresión.
Junto con Fundar, un prestigiado organismo civil interesado en el tema, elabora ya una nueva propuesta de Ley de Comunicación Social que incorpore criterios claros, transparentes y objetivos para la asignación de recursos públicos, garantice la pluralidad y evite concentrar el gasto público publicitario en una sola instancia gubernamental.
Según ha trascendido, también diversos empresarios mediáticos están discutiendo en privado las medidas, incluidos los integrantes de la CIRT, quienes emitirán un posicionamiento en los próximos días.
En el casi interminable listado de pendientes que constituyen la agenda para el arranque del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, el tema mediático parece haber entrado en una fase de discusiones intensas.
Viñetas contra la discriminación
1. Una mujer, que lleva su bolso colgado al hombro y atraviesa delante de mi el largo transbordo entre líneas de metro de la estación Passeig de Gracia, sólo cambiará la posición de su bolso, para resguardarlo contra su pecho, cuando yo camine a su lado.
Barcelona grita: #NoTincPor



Javier Valdez... una entrevista inédita
En el año 2009 trabajé en un proyecto que me pareció importante: escuchar las voces de una treintena de jóvenes periodistas mexicanos, que comenzaban a despuntar como figuras significativas en los medios nacionales.
Periodistas de medios impresos, que trabajaban desde sus respectivas trincheras y géneros en el impulso a un periodismo distinto, talentoso, ambicioso, para narrar el México que ya desde entonces se nos derrumbaba a pedazos.
Uno de ellos era Javier Valdez.
El proyecto, titulado Relatos de un país al límite, murió inédito ante el rechazo de múltiples editoriales mexicanas que lo consideraron irrelevante.
Yo no.
Y recuperar esta conversación con Javier, a un mes de su asesinato, me permite decir, como le dije entonces:
- Compa, este es mi humilde homenaje a un colega reportero ante quien me pongo de pie.
Soy un tipo vago.
Le apuesto a la calle en lugar de las oficinas y las conferencias de prensa. Sí. Un reportero que le apuesta más al ser humano y a las historias de la calle, que a las de oficinas y políticos y dirigentes. Quizá por eso creo que he sido aventurero en muchos sentidos. Y también temerario.
Me pregunto siempre si la nota está terminada, si ya puedo soltarla y aún después de entregarla pienso si le falta algo, si me va a meter en problemas. Pero el periodismo siempre es meterse en muchos problemas. ¿No?
Trato de mirar más allá de las palabras y escudriñar los sentimientos, la mirada, las personas, sus ademanes. El ser humano y la escenografía urbana o rural en que se me presentan las historias. Porque me gustan más las historias que las notas periodísticas. Creo que aún el texto más elemental amerita un mínimo trabajo de observación, análisis, para que no se lo presentes al lector de botepronto.
Si me preguntan –soy un sociólogo por la Universidad Autónoma de Sinaloa metido a periodista- les diría que las lecturas que me formaron en realidad son más literarias, que periodísticas o académicas. Sí. Sobre todo una: Todo lo sólido se desvanece en el aire, de Marshall Berman.
Otras son La virgen de los sicarios, de Fernando Vallejo; obras de César Vallejo, que era un poeta peruano. También Charles Bukowski, y Rubem Fonseca; Álvaro Mutis, García Márquez, Benedetti… los policiacos Chandler, Hamet y James Elroy, el mexicano Xavier Velasco y también Juan José Millás.
Después de la carrera me seguí preparando, claro.
Cuando estaba en el periódico Noroeste, en Culiacán, porque era política de la empresa, pero además porque me interesaba. Creo que hay que actualizarse, revisar lo que uno hace, mirarse al espejo, autocriticarse, y ejercer un acto de reempezar y renovarse. Eso: reempezar y renovarse.
Creo que la capacitación y especialización no se dan mucho en el periodismo, con todo y que son muy importantes. Si ves el periodismo mexicano en general, lo llegas a notar: creo que nos hemos dedicado mucho a cubrir políticos, dirigentes, funcionarios y edificios, y que este periodismo se ha olvidado de la calle, las plazuelas, la vida nocturna, los taxistas y los boleros.
Creo que el ciudadano de a pie, de la calle, debe verse en las páginas de los diarios y en los segmentos noticiosos de radio y televisión.
Además, también creo que hace falta más investigación periodística, y no irse únicamente con las declaraciones.
Los sueldos son bajos y no hay posibilidades de desarrollo más que en función del desarrollo que uno mismo, profesional y personal, se imponga. Las nuevas tecnologías han sido aprovechadas para dejar la calle y creo que es un extremo, porque se ha abusado de ésta y se ha olvidado que es una herramienta, nada más.
Desgraciadamente el periodismo ha denunciado, pero al periodismo también le ha faltado sociedad: no hay ciudadanía en muchas regiones del país ni una cultura de medios que le permita al político –porque no lee periódicos- retomar un reportaje para denunciarlo, llevarlo al congreso, asumir una postura pública, y muchos trabajos del reportero se quedan en las planas de los diarios. A esto se suma el cinismo de los nuevos políticos: ya no les importa qué publiquen los periódicos.
El gobierno le sigue apostando a publicar obras en los medios a cambio de silencio, igual que los empresarios. Y muchos empresarios con capacidad económica le apuestan a financiar campañas y partidos, para luego cobrar favores, en lugar de publicitarse en los medios y fortalecerlos.
No digo que todo sea malo. No. Creo que afortunadamente hay una prensa más crítica, pero todavía atrapada en los grupos de poder, de dentro y fuera del gobierno. Y con una agenda más política, que social y humana.
Sin embargo, ahora se depende menos del gobierno y de los partidos, pero creo que todavía hace falta más presencia ciudadana, de organismos y de los mismos empresarios, para que cada quien aporte en el desarrollo democrático.
Y creo que los medios, con su ejercicio crítico, de investigación, de denuncia, pueden contribuir a un mejor panorama ciudadano, de respeto a los derechos, menos propicio para el abuso y la impunidad. Lo creo.
Empecé repitiendo los vicios de todos
¿Qué si en la prensa mexicana existe la maldición de la pirámide invertida, la declaracionitis?
Bueno, yo creo que la pirámide invertida es básica, pero no es una camisa de fuerza. A mi, en particular me gusta más combinar este esquema con nuevas formas de contar y escribir y trabajar las historias.
Aunque te voy a decir: yo empecé repitiendo los vicios de otros ¿eh? como todos, pero siempre quise incluir en mis textos una prosa poética, que no fuera lo de siempre, lo fácil. Algo así como los sentimientos.
Hoy mis herramientas de trabajo son: escuchar. El oído, herramienta en desuso. Y la vista: mirar, observar, escarbar. Acudir con la gente, platicar, conversar, tomar nota, retratar gestos, calles, esquinas y quedarme con sus miradas, sudores y palabras.
Creo que es necesario desnudar el ambiente de violencia, de constante acechanza, de sicosis y paranoia, en que la gente vive sus días, va al trabajo o a la escuela, anda por la calle y realiza sus actividades cotidianas.
Pero… la verdad es que no pude romper los vicios del gremio periodístico sino hasta que conocí a quiénes sí los habían roto y practicaban otra forma de hacer periodismo, que fue cuando tuve contacto con personas de otros medios que no eran el mío, los de la prensa escrita, específicamente Noroeste.
Yo ya había trabajado en El diario de Sinaloa, que ya no existe, a principios de los noventa, luego en Canal 3 de televisión, en el diario Noroeste. Actualmente soy reportero fundador del semanario Ríodoce y corresponsal de La Jornada.
Pero fui conociendo referentes: el trabajo de Gabriel García Márquez, por su prosa; a Kapuscinski, por su verticalidad, humanismo y tezón, además de su prosa; a Jesús Blancornelas por esa terquedad y la capacidad para hacerse de información; a J.M. Servín, por su capacidad para construir historias tomando como base un hecho policiaco, y al Alejandro Almazán, por su prosa.
¿Pero sabes qué? Nunca pretendí ser reportero. Yo siempre quise escribir, pero académicamente o como un escritor, un narrador.
Un día un hermano me dice que hay chamba de reportero y le entro y me aprueban y ya. Fue una trampa. Pero mi formación como sociólogo, mis lecturas, mi perspectiva crítica, me han ayudado.
¿Qué si me especialicé? No. No sé si sea especialización. Primero me gustó mucho lo urbano, la ciudad como personaje, las plazuelas, cafés, cantinas, las mujeres, la vida noctura, las partes altas de los edificios, los baldíos y rituales del chapopote.
Creo que al periodismo le falta vida y la vida está en la calle.
Ahora, con el ser humano en el centro, me he dedicado en gran medida a la crónica del narco, porque es lo que hay acá, pero también porque creo que es necesario desentrañar más allá de los hechos policiacos.
Porque el narco… el narco no es un problema policiaco, sino una forma de vida. Y creo que hay que contar eso, no como los buenos y los malos, sino simplemente decir esto es, esto tenemos, esto pasó.
Porque yo, si te soy honesto, lo que quiero es contar, a veces denunciar… que la gente se entere, que asuma una postura, provocar y compartir una vivencia.
No digo que no sea dificil, sí. Difícil por la acechanza del narco y la especie de toque de queda del Ejército y sus operativos. Pero creo que hay muchas cosas que deben ser contadas y pubicadas en los diarios, en la radio y la televisión, pero que no las vemos porque nos hemos enfocado mucho a los eventos, los políticos, los edificios, olvidándonos de la gente y sus problemas cotidianos.
Y tienes tus límites. Sí, es evidente que hay instituciones y personas que no se pueden tocar o criticar en los grandes medios, a quienes se les “cuida” para que no salgan “raspados” en algún conflicto.
Ahora, al periodista le meten un AK-47
Si algo rechazo, es la censura. Totalmente.
La censura es una forma de mutilación del alma del periodista y de la persona en general.
Antes se les amenazaba -los políticos y personajes económicamente poderosos- para que no hicieran tal nota. Luego se les retacaba la boca de billetes para que no escribieran. Ahora ya no.
Ahora, al periodista le meten un cañón de fusil AK-47 por parte del narco, matones y policías y militares a su servicio.
Pero también hay un ambiente de amenaza constante que existe en medio de operativos policiacos y militares y actos salvajes del crimen organizado.
Por eso voy contra eso.
Censurar es mutilar, prohibir: no protestes, no digas, no escribas no respires.
Afecta a los periodistas pero también al ciudadano común. Ahora la principal amenaza o los principales censores son el ejército y los narcos, por la llamada “guerra” (Nota: se refiere a la guerra contra el narcotráfico declarada entre 2006 y 2012 por el gobierno de Felipe Calderón que, por hacerse sin estudios previos ni análisis precisos, desató una carnicería que dejó más de 100 mil muertos en el país).
Aunque los dueños de los medios informativos, el gobierno y los poderosos en general siguen estando ahí para darnos línea y dictarnos a quién tocar y a quién no.
Yo la censura la he padecido porque el ambiente en el que uno desarrolla el trabajo periodístico no es propicio para el periodismo.
Uno ya no piensa en el editor o el jefe de información o el lector a la hora de escribir una nota, sino en el narco, el matón, el operador que anda suelto, armado, protegido por la policía, que se pasea impunemente por las calles de cualquier ciudad.
Ese ambiente, sin que haya una amenaza directa, es amenazante: como si siempre hubiera un francotirador apuntándote, esperando, al acecho, para la celada, para jalar el gatillo.
* * *
- Javier: ¿por qué vale la pena ser periodista en estos días?
- Vale la pena porque todavía hay mucho qué contar, porque la ciudadanía, con todo y que dice te voy a echar al periódico, todavía no se ve en los medios.
Tenemos que contar sus historias, aparentemente cotidianas y sin chiste, pero que son trascendentales. Y enlazarlas con los grandes problemas de la ciudad, el estado y el país.
Creo que al periodista le falta leer, prepararse, toparse con un buen cuento, una novela, unos versos, cambiar el lenguaje en sus notas, atrapar al lector, a la gente común, para que ésta vea sus broncas retratadas en las páginas y los segmentos de medios electrónicos.
Creo que por eso y porque este país poco ha cambiado, que vale la pena escribir, hacer periodismo.♦
¡NO AL SILENCIO!
¿Dottie votaría por Trump?
Esta mañana me acordé de Dottie: ¿votaría por Trump?
Joe Bagiant, el viejo periodista literario gringo, nos presentó a Dottie hace ya algún tiempo, sin permitirse ningún matiz edulcorado: una pobre, ignorante, gorda (130 kilos) y cincuentenaria integrante fiel de esa especie de gringos que, a los sesenta, semejan “una pandilla de batracios hipertensos de rostro sonrojado, pillados por sorpresa en mitad de un concurso de toses y gargajos”.
Dottie era del estado de Virginia, y toda su vida vivió en Winchester, el pueblo en el que nacieron también la cantante country Patsy Cline (a quien la “gente de bien” no bajaba de puta borracha) y el propio Bagiant. Allí también nacieron otros miles de güeros y güeras, predominantemente obreros y campesinos pobres, ultraconservadores, republicanos y cristianos fundamentalistas como ella.
Según Bagiant, Dottie estaba inhabilitada para trabajar “por una acumulación de problemas cardíacos, diabetes y otras enfermedades varias. Tiene la presión arterial tan alta que el doctor una vez pensó que el aparato se le había estropeado. Y, por si fuera poco, está quedándose ciega”.
Y esta mañana me acordé de ella, aunque lo más probable sea que Dottie ya ni siquiera esté viva: “el problema es que el seguro médico le cuesta tanto como el alquiler. Su marido gana ocho dólares por hora limpiando coches en un concesionario, y si no hay accidentes les quedan 55 dólares a la semana para comida, calefacción y todo lo demás”.
Si les surgía algún algún imprevisto, aunque fuera de 30 dólares, dejaban de comprar alguna de las medicinas que Dottie utilizaba, lo que provocaba que sus múltiples males se agravaran.
Dottie, en suma, era una #WhiteTrash (así les llaman, lo juro). Una gringa pobre de la América profunda, que siempre iba a la iglesia pero era incapaz de señalar Francia en un mapa -“suponiendo que tenga uno”. Su mundo era muy pequeño.
Bueno, pues me acordé de ella, de Doña Dottie, porque esta mañana leía los tuits y artículos histéricos de cientos de preocupados liberales latinoamericanos y europeos, afligidos hasta el cansancio por el triunfo de Donald Trump, futuro presidente de los Estados Unidos de América.
Y sus argumentos no me convencían del todo.
Sí, en el triunfo de Trump hay un aroma putrefacto a fascismo. Sí. Por supuesto. Y también tiene un tufo a odio racial, machismo y xenofobia, que impregnó el discurso del hombre anaranjado con peluquín y fue repetido hasta la saciedad por la gran prensa global. Sí.
Pero a mi, que la verdad cada vez me da por ponerme más a la izquierda, la explicación única del “votó la supremacía blanca" y la “xenofobia antilatina, antiárabe y antiasiática” me parece poco creíble. O por lo menos insuficiente.
Porque conozco la historia de Dottie y algo (aún mucho siempre ea poco) de Estados Unidos. Y se que en el corazón del capitalismo mundial hay millones de obreros y campesinos güeros igual de jodidos, y endeudados, que millones de obreros y campesinos prietos de nuestras regiones.
Y no es una figura retórica.
En Estados Unidos hay millones de obreros y campesinos que, en los últimos 30 años de capitalismo salvaje, también perdieron sus tierras, sus bienes o sus empleos porque, como nos ocurrió a todos los demás, la globalización les pasó por encima, como una aplanadora de cuarenta toneladas que corre sin frenos a 150 kilómetros por hora.
¿Quién no ha visto los estragos en Detroit, agónica tras el cierre de las armadoras de automóviles? ¿O las imágenes de campesinos en Dakota o Arkansas rematando sus bienes? ¿Y la quiebra de condados y ciudades enteros?
Como ocurrió en el mundo occidental, también a los gringos de a pie les cerraron sus fábricas, les quitaron sus tierras y les redujeron a nada la seguridad social. Nunca como a nosotros los latinoamericanos, claro, que tenemos regiones azotadas por la miseria más impensable que un ser humano pueda vivir (excluyo a África, que lamentablemente se mide de otra manera). Pero lo vivieron.
Porque sus fábricas y maquiladoras se fueron a otras regiones (como la nuestra) donde ya les tenían preparada mano de obra abaratada, en franco estado de esclavitud, y masas de trabajadores silenciosos, hambrientos, analfabetas funcionales, incapaces de protestar o de reflexionar sobre su entorno social, político y económico.
Muchos de esos gringos, como Dottie -como nos pasó a nosotros- vieron muertos de miedo cómo sus tierras dejaban de ser rentables, ante el embate de las grandes corporaciones multinacionales. Atestiguaron cómo su pequeña industria local era barrida por las grandes firmas globales. Sintieron cómo su trabajo era abaratado y convertido en prescindible de un día a otro. Vieron cómo sus sindicatos, salarios y derechos laborales eran disminuidos a escombros y cómo su vida quedaba reducida a deuda sobre deuda.
A ellos, como a nosotros, les vendieron una idea de sociedad global: individualista, consumista, utilitaria, desechable, desunida, amaestrada para la lógica del mercado del individuo por el individuo y no del ser social, grupal, gremial. Y esa idea se estrelló contra el suelo sin que los “liberales demócratas” pusieran un poco de paja para amortiguar el madrazo. Obama, todo carisma, no fue la excepción.

Shelby Lee Adams
Bagiant, en el 2004, cuando escribió sobre Dottie y otros de sus paisanos, lo resumió así:
“Lo que los liberales urbanitas no han hecho (esos hipters liberales universitarios de la costa Este y los ricachones neohippies de la costa californiana), es darse un paseo por la tierra de los godos, exponerse a entrar en contacto con la sucia clase trabajadora americana, esa Norteamérica provinciana de gente que va a la iglesia, que practica la caza y la pesca y que bebe Bud Light”.
Es ese otro Estados Unidos: derrumbado, pobre, endeudado, muerto de miedo, sin siderurgia, banca, teléfonos, ferrocarriles, aeropuertos y puertos, comunicaciones, minas, playas, carreteras, puentes, tierras, montañas, ríos, agua, electricidad, pesca. Y que también vota. Como todos nosotros, que hoy casi estamos obligados a cantar a coro: “piensa ¡Oh, Patria querida! que el cielo un mesero en cada hijo te dio”.
Ver el mapa de la elección de este 8 de noviembre y contrástarlo con el mapa de algunos de los condados más pobres de Estados Unidos, puede ayudar un poco: Texas, Alabama, Arkansas, Misisipi, Luisiana, Virginia. Los sitios donde más se ha resentido la pérdida de esas 60 mil fábricas y cinco millones de empleos que Trump les prometió recuperar.
Al menos a mi no me parece descabellado pensar que esos gringos también pudieron salir a votar por "un nuevo renacer", pero sobre todo por un "obligaremos a las fábricas a regresar a Estados Unidos".
El Tratado de Libre Comercio, otro de los enemigos del hombre anaranjado, por igual barrió industrias pequeñas en México como en Estados Unidos. Y la catástrofe del campo mexicano de cosecha no industrial, el de la gente más humilde, también fue la catástrofe de los campesinos no industrializados gringos. No se crean que no.
Y si un loco fascista les ofrece volver atrás de todo aquello, esos seres muertos de miedo, de hambre, de rabia, de deudas, lo votarán sin pensárselo dos veces.
Bagiant, el gigante cronista de la América profunda, ha muerto, pero su periodismo literario no. Y ahí dejó algunas claves que hoy nos ayudarían a entender, al menos un poco, lo que ha ocurrido con Trump este 8 de noviembre.
Lean sus Crónicas de la América Profunda. A mi, al menos, me hicieron preguntarme si Dottie votaría por Trump:
“Aquí, en mi ciudad natal, Winchester, en Virginia Occidental, resulta imposible darle esquinazo a esa América profunda que llevó a George W. Bush a la victoria en 2004 (es la misma que elegiría a un tipo igual de indeseable… aunque luego se volvieran contra él como perros salvajes, por su intento de convertirse en emperador, o lo sacaran a rastras del Despacho Oval bajo custodia)”.♣
Este texto se publicó originalmente en FACTUM
¡Adiós, Juanga... adiós!
Estás en el aire, Juanga. Te vemos, te escuchamos, te sentimos, te tocamos tan cerca, tan verdaderamente tú, no tus cenizas, que pues… no hay manera de que tu funeral, por obra y gracia de tu presencia infinita, no se vuelva una tremenda pachanga de palenque.
Estás en el aire. Te lo juro. Y eso, permíteme explicar, no tiene tanto de retórico como de enfático: impresa en miles de papelitos blancos de papel de China, tu sonrisa de muchacho de 23 años, con los hoyuelos como marco de tus labios, vuela como vuelan las palomas en la Alameda, por encima de nuestras cabezas. Juguetona.
Nosotros bailamos. ¡Arriba, abajo, las manos! Nos contoneamos. Los que vienen en grupo arman una “víbora de la mar”, cuando se escucha que no, nono no hay nadie que bailetanbonito como tú y el desmadre, ya sabes, se organiza en segundos: hileras multitudinarias de dolientes que baten hombro-cadera-culito al ritmo de la rola y, como si estuviéramos en nuestra boda, aullamos contigo, nos carcajeamos contigo, joteamos por ti, que es el verbo mejor con el se define esta celebración de tu vida.
Y miles de manos –o cientos de miles, yo ya no sé- jugamos contigo a atraparte como papelito blanco, a aplaudirte, a tenerte, a volverte a soltar al viento nocturno de una Avenida Juárez desbordada, histórica, mientras hacemos las filas de hasta cuatro horas de espera para entrar a Bellas Artes, tú en el centro de todo, para verte, cantarte, sollozarte:
-¡Amoreeee ternooooo… eiiinol vidáaaable e eee…
Y así como eres tú en los papelitos-palomas blancos, eres también en los miles de posters que nos recuerdan tu historia como cantante, en los que anuncian tu última presentación en el Auditorio Nacional, hace poquito; y eres también en los Mp3 piratas a 25 pesos, en los vasitos para el café, en las rosas de rojo y blanco plástico que huelen a durazno imposible (“¡ps esque se m’acabó el aroma de rosas, valedor!”) en los paraguas de Taiwán, en lo relojes, chamarras o DVD hechizos de tu concierto en Bellas Artes.
Eres en las bandas de tela para el sudor de la frente, con tu imagen y la de la Virgen de Guadalupe unidas. Eres en los altares con foquitos LED que rezan Tú eres la tristeza ¡ay! de mis ojos, en las plumas de gel que ni pintan, en las camisetas que repiten tu contoneo, en las máscaras de látex, los antifaces del Noa-Noa, las estampas con tu verso Me nace del corazón decirle que usted es mi vida. Eres tú en las bufandas de estambre, en las calcetas rosadas y las chalinas amarillas. Eres tú, el de Parácuaro, en la manta del Club ¡Arriba Juárez!
Eres tú, Juanga, Juan Gabriel, Alberto Aguilera, que el día de tu funeral nos confirmas que, para colmarse, las calles exigen la palabra adecuada, las letras exactas que logren traducirla con fidelidad absoluta en su lenguaje, su tiempo y sus latidos. Y eso es arte.
Eres tú, Juan, tu voz repetida en cientos de bocinas, que nos cantas en la misma ciudad y con la misma gente, en el único templo sagrado que existe: las calles.
Porque ahí es donde se funda la simbiosis perfecta de pueblo y canciones, Juan. La calle. Si los pueblos aman a sus cantores, a sus mejores cantores, es porque esa complicidad se fraguó en las calle, nació en la calles. Y sólo ahí es posible.
Por eso sólo ocurre cada tanto con unos cuantos. Pasó con la nostalgia poética de Agustín Lara; con el desgarrado amor que transita del campo a las ciudades de la mano de José Alfredo Jiménez; con los románticos boleros de Álvaro Carrillo y Consuelito Velázquez; con la contundencia armónica de Manzanero. Y contigo, Juanga. Cuando naciste mito en la frontera y gritaste “¡no tengo dinero ni-nadaquedar, lo unícoque tengoesa mor paradar…!
Tu rostro, tu presencia -que obliga al Palacio de Bellas Artes, el máximo recinto cultural de la República Mexicana, a permanecer abierto toda la noche-, compone una cruz inmensa con tus discos LP, que José Antonio, tu fan desde 1971, forma en el suelo de la avenida y convierte en paso obligado del gentío que se detiene, baja la mirada, casi se santigua.
Tu voz, tus quebrantos –se repiten en decenas de bocinas instaladas en todos los costados de la Alameda Central- trazan un sendero de emociones nuestras, que van en segundos del grito desgarrado al estallido violento, del duelo mesurado al requiebre festivo, del apesadumbrado yo no nací para amar, nadie nació para mi, tan sólo fui un loco soñador nomás, al chabacano muy sola y muy triste te dejaron –¡qué bueno!- y sin dinero-sin él-sin mi-sin nada ¡caray! Sin-sin dinero ¡caray! sin mi-sin nada –¡qué bueno, qué bueno, qué bueno, lero-lero, eso te pasa por traicionera y convenenciera y muy fea persona ¡qué bueno!”
Eres tú, incluso en la pizza Juan Gabriel (“trái sus dos bolas grandes de carne bien puestas”) que, aunque insípida y reblandecida, vende en Balderas y Juárez un motociclista de Pizza-Hutt oportuno como pocos.
Decía yo el día que moriste, Juanga, que desdeñar la explosión popular de veneración hacia ti, inducida o replicada en y por los medios, es no tener ni puta idea del país, del continente en que vivimos. Que la sociedad mexicana en particular, la latinoamericana en buena medida, somos así: viscerales de emociones, exagerados, masivos, fiesteros, tal vez un poco incultos en promedio, elementales acaso, contradictorios, eufóricos, arrebatados, pasionales.
Todos tenemos un recuerdo tuyo y lo venimos a llorar. Todos una canción, un tequila, una borrachera de cuatro días acompañados por ti. Todos un dolor en el pecho que nos hace cantar que llenaste de recuerdos a la ciudad entera, para agradecer a ese muchacho provinciano humilde y colmado de ilusiones de los años 70, que se convirtió en un venerado monstruo definitivo de la cultura popular latinoamericana, cuarenta años más tarde. El latinamerican dream.
Estás en todo momento y en todo lugar, Juanga, y es esa omnipresencia la que nos convoca en nuestra dualidad mestiza: desbordada en el llanto y las emociones más básicas, catártica, siempre y para todo en demasía.
Tu funeral, tu fiesta de despedida, lo confirma. ¿Te gustan un millón de personas, hombres, mujeres, niñas, niños, ancianas, ancianos, que caminan ante tu urna (parece un radio de los años 30) y salen a las calles a bailar tus canciones? ¿Te gustan otras miles más de flanco en el trayecto que llevó tu Juangamóvil del Hangar Presidencial (¡ay, nomás p’al gasto!) a Bellas Artes? ¿Y otras decenas de miles más, que durante toda la semana erigieron altares a los pies de tu estatua en Garibaldi, en tu casa de Ciudad Juárez y tu casa en Michoacán?
Si los gringos tuvieron a Sinatra, los españoles a Lola Flores, los franceses a Edith Piaf, los argentinos a Mercedes Sosa, los chilenos a Víctor Jara, los italianos a Pavarotti o los ingleses a Freddy Mercury, nosotros te tuvimos a ti y salimos a la calle a lamentarnos por tu muerte, por tu abandono. Tenías que ser tan cruel al despedirte.
-¡Tú viviráááás por sieeeempre, Juan Graaabieeeeel!
Y sí.
Aunque tu muerte, un poco, nos recuerde nuestra propia e inevitable finitud. Aunque tu priismo nos recuerde, un mucho, nuestros propios y graves pendientes, vivirás por siempre.
En las canciones y en los recuerdo, como viven los cantores definitivos para su época.
En el sentimiento de esa mujer cuando te llora, “él le gustaba mucho a mi mamacita, y cuando ella se me murió, me pidió que la enterráramos con su Amor eterno”.
En el recuerdo vivo de las parejas de enamorados que te aclaman. En los discos. En las más de 75 millones de reproducciones de Hasta que te conocí en Youtube. En los más de 150 millones de copias originales que colocaste en el mercado mundial. En las millones de horas transmitidas en la radio. En tu mausoleo, que es las calles de México.
Pero sobre todo, para mi, estás en un recuerdo vago, pero cierto, de aquella mañana de mil novecientos ochenta y tantos -igual de fría que hoy, qué casualidad- cuando cierta mujer obrera, hermosa, cariñosa, antes de salir a trabajar despertaba con un beso a aquel chavito de cabellos rizados y cara melancólica, para decirle:
-Pa’rriba, gordito… ya me tengo que ir a trabajar. Mira lo que te trajo tu tío… para que no te sientas solo en lo que regreso…
Mientras el tocadiscos, cuya forma ha nublado la memoria, liberaba al viento la presencia que, toda una vida después, aún vemos todos, escuchamos, sentimos, tocamos tan cerca, tan verdaderamente cierta y no en cenizas, en tu funeral-pachanga, al que venimos a decirte ¡Gracias, Juanga!:
“¡Hoy como otros días, yo seguiré tratando ser mejor y sonriendo haré las cosas con amor… ¡Buenos días alegría, buenos días al amor, buenos días a la vida.. ¡buenos días, señor Sol!”
Publicado en la revista digital FACTUM
La casta de los exquisitos
Cuando escucha la cifra, destella incrédula los ojos almendra, igual que haría un niño al saborear un caramelo inalcanzable:
-Nomás en la remodelación de la alberca con jacuzzi y la palapa del centro, junto con la casita-vestidor con capacidad para atender a 250 invitados a la vez, se gastaron catorce millones de pesos… ¡ca-tor-ce-mi-llo-nes!
- ¡Uy, nooo…! Sabe cuántas veces mi quincena… si yo gano dos mil 800 al mes… a ver, hágale cuentas- me dice, con esa expresión de quien intenta, sin éxito, hacer sumas y multiplicaciones en la mente.
-Cinco mil meses de su sueldo juntos ¿no?- le machaco en la herida de empleada sin recursos, sin posibilidades mayores.
Son casi 420 años de su trabajo como trabajadora de restaurante. Más de cuatro vidas de sudar, servir mesas, caminar y pagar impuestos, para que un gobernador pueda remodelar, a su gusto pero con dinero público, la alberca y la palapa de la Casa de Gobierno, la residencia oficial del mandatario en turno.
Uno de los integrantes de la casta de los exquisitos.
En México, después de líder del narco, ser funcionario público, de cualquier nivel, es hoy la actividad más redituable.
Veamos si no:
Impunidad total garantizada o, en el peor de los casos, algunos meses de cárcel con el debido respeto irrestricto, e innegociable, a que todo (propiedades, cuenta, joyas, autos, fideicomisos) lo cáido, cáido.
Autos de lujo (gasolina, claro), chofer y asistentes los 365 días del año, todo sin erogar un centavo.
Oficinas a tu gusto: jacuzzi, albercas, gimnasio, jardines "evergreen" tipo Versalles, cascadas artificiales, canchas de tenis, campos de golf.
Y sólo en las oficinas privadas ¿Eh? No se habla de las caobas, mármoles y alabastros con que se remozan también los despachos oficiales, las oficinas que se heredan a los siguientes ganadores, para que trabajen.
Vuelos en primera clase, a cualquier lugar del mundo y en cualquier momento, privados o en aerolíneas comerciales, según el rango, pero todos con hoteles de gran lujo y viáticos incluidos, sin el enfado de realizar comprobaciones.
Total libertad para hacer negocios con y desde los gobiernos, bajo dos premisas esenciales: impulsar-expandir los propios o camuflar tu ventaja a través de amigos prestanombres y terceros.
Capacitación de primer nivel, financiada por el Gobierno, para que al término de la gestión el individuo o la individua se puedan incorporar, sin vulgares restricciones, a la iniciativa privada del ramo. Faltaba menos.

Desayunos, comidas y cenas de lujo, incluidos los cumpleaños, las edecanes, los mariachis, los regalos, las sorpresas para uno/una mismo/misma y para el novio, la novia, el chichifo, los hijos, los nietos, los entenados, la servidumbre.
Caviar y champaña. Vinos de 50 años y bellos mancebos y doncellas de 20. El convite para todos a cuenta del erario: los enemigos y los muy amigos. Los socios y los adversarios. Los prospectos y los ex. Al fin que todo alcanza.
Benito Juárez y su honrosa medianía son asunto del pasado.
Hoy lo que prima es la posibilidad total y absoluta de heredar la plaza:
El hijo del Presidente puede ser un Secretario, Ministro o Gobernador.
La esposa del Presidente puede ser Presidenta, Senadora o Diputada.
La amante de la Gobernadora puede ser Alcaldesa, Cónsul o Coordinadora de Asesores.
El amante del Gobernador puede ser la figura de la millonaria campaña de publicidad, Consejero de Medios o Estrella de Cine.
El erario paga para mantener intocables los privilegios de esa casta de exquisitos, cuyo papel es votar para mantener, a toda costa, ese modelo económico en el que pocos ganan y muchos pierden. El modelo neoliberal del que son instrumento.
¿No es esto el paraíso en la tierra?
¡Si hasta incluye un Manual de Procedimientos, no se necesita saber nada!
¿Te están investigando?
Grita: "No debemos politizar el caso".
¿Te encontraron las propiedades ocultas en Nueva York o Miami?
Grita: "Es golpe político. Voy a presentarme a la elección"
¿Te quieren pasar facturas?
Grita: "Quiero aportar a la campaña".
Tienes las llaves del mar de la serenidad.
Y todo ello, casi sin inversión propia o con una mínima.
¿Medios? El presupuesto paga anuncios en televisión, radio, cine, internet, teléfono, diarios, revistas, libros, columnas, hojas volantes, espectaculares. Todo.
¿Imagen? El presupuesto paga cambio de imagen, vestuario, accesorios y clases de cualquier tipo: para que no tragues como cerdo, para que lleves la cuchara al hocico y no el hocico a la cuchara, para que aún cuando hayas salido de la calle más peligrosa de Las Lomas de Chapultepec o del barrio más exclusivo de Iztapalapa, parezcas fino. Fina.
¿Quién va a decir que no a tal vida de privilegio? ¿Quién va a elevar la voz para cerrar el paraíso?
El lujo, ha escrito Monsiváis, es un árbol genealógico de primer orden, aprobado por sus virtudes teologales, cuya ostentación es su particular certidumbre moral: el dinero es su propia fuente de legitimidad. Y entonces, los gobernantes mexicanos, antes que intentar dejar su impronta en el ejercicio del gobierno, parecen más abocados a disfrutar del privilegio momentáneo, del cargo que ocupan, con un “afán de multiplicar Versalles con la pura voluntad del dispendio”.
Pudiendo gozar ese sinlímite, ¿quién va a votar, quien va a proponer, quién plantear que acaben estos privilegios?
¿A quién le pueden importar el futuro de un hospital del IMSS, la Educación pública gratuita, quién posee el Petróleo, quién la Electricidad... cuánto compra hoy un salario mínimo? ¿Qué diablos es un salario mínimo?
Qué Presidente, Secretario, Subsecretario, Director General, Ministro, Magistrado, Juez, Senador, Diputado, Coordinador de Asesores, Gobernador, Secretario Estatal, Alcalde, Consejero del INE, del INAI, de la CNDH, de la Auditoría Superior de la Federación, de la COSEFE, qué funcionario de la Secretaría de la Función Pública, qué General, qué Integrante de la junta del Banco de México, qué Gerente de Consejo, qué presidente de partido político, qué líder cameral, qué líder sindical, qué esposa, esposo, hijo, hija, sobrino, socio, cómplice, nieto, nieta, suegro, consuegro, cuñado, cuñada de cualquiera de ellos va a estar a favor de que esto cambie, si después de líder del narco, es la mejor ocupación posible.
¿Quién, a ver... QUIÉN?♦
Krauze sentencia: CNTE mató a un periodista
¿Se puede construir democracia con un discurso de odio que generaliza, estigmatiza y sentencia sin pruebas?
Viene a cuento la pregunta por un texto publicado en el portal de la revista Letras Libres, escrito por Enrique Krauze, titulado "El diálogo, siempre el Diálogo", en el cual el historiador, erigido en Juez-Magistrado-Ministro, sentencia:
la CNTE "o sus simpatizantes privaron de la vida al periodista Elidio Ramos".
Dejando de lado esa manía discursiva tan krauzeana de comparar aquello con lo que no coincide ya con el nazismo, ya con el chavismo, ya con el populismo, cualquier cosa que todo ello realmente signifique, el texto del 20 de junio, que pretende ser un llamado al diálogo, acaba dinamitando precisamente eso: todo diálogo.

Krauze se enfila contra la Coordinadora de Trabajadores de la Educación, un organismo legalmente constituido, que ejerce una presión social también legalmente sustentada, contra una medida (la reforma "educativa") que le afecta.
Los calificativos son abundantes:
- Creo que la CNTE es una organización magisterial de corte revolucionario.
- Sus ideas y métodos están inspirados en ideologías revolucionarias de los años sesenta.
- No son demócratas
- Son minoritarios en términos del magisterio nacional.
- Son aún más minoritarios en términos de la ciudadanía mexicana
- Siendo minoritarios, quieren imponerse violentamente a la mayoría.
- Han abusado de la libertad de manifestación, han afectando las libertades de tránsito y desquiciado la vida de cientos de miles de ciudadanos.
Hasta ahí todo bien. El señor Krauze, ¡Faltaba menos!, está en todo su derecho de considerar a los miles de maestros de la CNTE de lo que se le pegue la gana.
El problema radica justo en las líneas siguientes, donde afirmaciones sin sustento se asientan como verdades establecidas, probadas, firmes:
En Chiapas, ellos o sus simpatizantes utilizaron métodos dignos de la Revolución Cultural China.
¿Y las pruebas, señor Krauze?
¿Está usted completamente seguro de que fueron "ellos o sus simpatizantes" quienes utilizaron esos métodos?
¿Tiene usted en su mano la prueba irrefutable de su dicho?
Y la peor:
En Oaxaca, ellos o sus simpatizantes privaron de la vida al periodista Elidio Ramos porque este registraba imágenes del vandalismo de miembros de la Coordinadora.
Gravísimo.
Hasta donde la confusión lo ha permitido, se sabe que el colega periodista Elidio Ramos Zárate, reportero del diario regional El Sur, que se edita en la región del Istmo de Tehuantepec, fue ejecutado a balazos el domingo por la mañana, por personas encapuchadas, en un crucero de Juchitán.
En este momento (la mañana del 21 de junio) no hay una sola evidencia cierta, jurídicamente probada, de que hayan sido policías encubiertos, maestros encubiertos, sicarios encubiertos o alguien más. Es decir: apenas se investiga el crimen. Y, como ha ocurrido con otros asesinatos, es posible que tardemos mucho en saber la verdad. Si es que algún día la sabemos.
Entiendo los afanes de Krauze. Platiqué con él el año pasado para la revista Emeequis y logré comprender muchos de los puntos de vista suyos que me parecían excesivamente conservadores, incluso autoritarios.
Entiendo su desprecio por las ideologías de izquierda que significan al movimiento magisterial disidente. Entiendo su marcada aversión contra aquellos a quienes "no les interesa la educación de los niños mexicanos. Les interesan sus prebendas y privilegios corporativos".
Entiendo muy bien que para él, y para los intereses que representa, "la Reforma educativa se discutió ampliamente y se aprobó en las Cámaras legislativas y que ahora quieren echarla abajo en las calles mediante acciones de poder".
Entiendo, incluso, su inmenso temor por la "opción revolucionaria que representan la CNTE y quienes la defienden", y el peligro que cree correr si esa opción se hace con el poder en México.
Lo que me parece lamentable, patético y sobre todo peligroso, es que acuse sin pruebas y que sentencie públicamente, como Juez-Magistrado-Ministro, cuando los riesgos sociales de un estallido derivado de la cerrazón, el autoritarismo y el poco tacto, están tan latentes.
Krauze es una voz necesaria para el diálogo. Pero si ésta viene matizada por el odio, la sinrazón y sobre todo la irresponsabilidad, más nos valiera, como sociedad, que se quedara callado.♦
A la sombra del árbol de los abuelos
El periodista que escribe con amor lo que escribe, no es sino un escritor como otro cualquiera
Rubén Darío
La respuesta puede estar ahí, a la sombra del árbol que plantaron los abuelos. Oculta entre las páginas de aquellos relatos del principio de la modernidad latinoamericana, a la espera de nosotros.

Algo me lo dice. Consigo reconocerla en las palabras de Machado de Assis. En la interrogante que el brasileño se plantea en agosto de 1878, y que me afrenta del mismo modo, casi un siglo y medio después: “¿Qué articula una página de crónica en medio de las preocupaciones del momento?”
Cuestión de tender los puentes que soporten el peso de cincuenta mil días. ¿Qué páginas debe escribir el reportero del siglo XXI, para librar la amenaza de la extinción inminente? Somos el eco del grito que ellos fueron. Desafío similar: hacer nacer a un lector nuevo, muy distinto de su antecedente inmediato, para provocarlo a asistir, regocijado, al encuentro cotidiano con nosotros. Traerlo de vuelta a nuestra cita semanal, diaria, mensual, mediada por el viejo triunvirato papel-tinta-imprenta o por la nueva trinidad: aluminio-cristal-Light Emitting Diode.
Agazapada entre miles de palabras olvidadas por nosotros –arrogantes observadores de un mundo que cada momento se parece menos a lo que supusimos que era– la posibilidad se abre con las dudas lejanas del XIX. Los modernistas, claro.
Si ellos fueron los comentadores de aquella vida latinoamericana de entresiglos, de ese mundo decimonónico en crisis, que los desafió hasta descubrirles actitud nueva, sensibilidad distinta, planteamiento estético afinado a golpe de modernidad, es preciso escucharlos. Y aquí una paréntesis: hay que creerle a Baudelaire cuando describe aquella modernidad como lo transitorio, lo fugitivo, lo contingente. La mitad del arte cuya otra mitad era, y siempre lo ha sido, lo eterno y lo inamovible.
Machado de Assis no miente, no puede mentir: lo que articula a la crónica es la esperanza. Ni más ni menos. Palabra de renovador de narrativa brasileña. Palabra de padre del realismo en la alucinación tropical amazónica: la esperanza.
Asoma en la certeza de que hay muchos ojos puestos sobre las letras que nacen de nosotros, benedictinos de la historia mínima, sepultureros de la expresión oportuna. Intérpretes del presente, que vivimos los días exprimiendo los acontecimientos de la calle, escuchando y palpando el sentimiento de nuestras ciudades, para denunciar, aplaudir o patear conforme a nuestro humor o a nuestra opinión. Sí. La esperanza.
¿Alguien puede explicar mejor lo que es necesario que entendamos los periodistas del siglo XXI, inmersos en la urgencia del tuiteo como acto desesperado para seguir vigentes, aterrados ante la reiterada amenaza del degüello?
La crónica modernista latinoamericana –el cubano Martí, el nicaragüense Darío, el mexicano Gutiérrez Nájera, el brasileño Machado de Assis— toma conciencia de que su deber es interpretar su presente cambiante, inasible, vertiginoso. Y ante este desafío asumen el reto de crear una escritura nueva para un nuevo lector.
Surgen, se potencian, irradian justo en la época en que comienzan a definirse, y a separarse, los espacios del periodismo y la literatura. Cuando la literatura es confinada arbitrariamente en la esfera de lo estético, mientras que el periodismo es relegado con la premisa de la objetividad. Par de viejas falaces. Patronas implacables. Las parientes malhumoradas y egoístas.
Ellos, los modernistas, se reconocen intérpretes de su entorno social y de su presente. Pero, al mismo tiempo desclasados y sometidos al vértigo constante, con un horizonte en perpetuo cambio e inestabilidad, atestiguan el trastocamiento de todas esas verdades arraigadas, que se vienen abajo apenas llega el desarrollo industrial a depararles caducidad.
Ángel Rama los define con precisión: heterogéneos, sumidos entre la información más llana y el artículo doctrinario editorial. A medio camino entre la crítica social y la estética de estanquillo, entre el circo de pueblo y la plaza cosmopolita en donde se cuenta, mediante la palabra, que el mundo es vasto y está por ser apenas descubierto.
Está ahí, recién llegado de Inglaterra y Estados Unidos, un novedoso modelo de periodismo, surgido de la mano del telégrafo, que se denomina de forma singular pirámide invertida. Pero ellos, dándole la espalda, vuelcan en los periódicos su propia turbación, todo su azoro, con los recursos expresivos que retoman de su literatura más personal y más genuina.
Si el mundo, que se transforma ante sus ojos vertiginosamente, ha de necesitarlos, pero mejor aún, si ellos habrán de ser capaces de lograr que ese mundo nuevo los necesite, tiene que ser a partir de la reinvención de sus propias condiciones, de la reconstitución de todas esas partes fragmentadas de un todo que el desarrollo pulveriza.
Escribe Darío: “la tarea de un literato en un diario, es penosa sobremanera. Primero, los recelos de los periodistas. El repórter se siente usurpado, y con razón. El literato puede hacer un reportaje: el repórter no puede tener eso que se llama sencillamente estilo. En resumen: debe pagarse al literato por calidad, al periodista por cantidad: sea aquella de arte, de idea, ésta de información”.
Como el resto de los cronistas de la modernidad, Darío logra salvar las resistencias ideológicas, comerciales y políticas de los dueños de los periódicos y, al mismo tiempo, se hace distinguir de los repórters, sin perder de vista la cercanía entre periodista y escritor:
“Séneca es un periodista. Montaigne y de Maistre son periodistas, en un amplio sentido de la palabra. Todos los observadores y comentadores de la vida han sido periodistas. Ahora, si os referís simplemente a la parte mecánica del oficio moderno, quedaríamos en que tan sólo merecerían el nombre de periodistas los repórters comerciales, los de los sucesos diarios”.
Si la incipiente prensa industrial, como observa Monsiváis, se convierte en eco de la gente del poder y de sus gritos fugaces, los cronistas modernos ponen su acento en plazas, mercados, vecindades y accesorias, en luces y fiestas de rompe y rasga, en ese pueblo sin nombre, de ánimos devotos y reacciones levantiscas. Engendran el cuadro de costumbres para un pueblo que nace a costumbres nuevas y así fundan el espacio sin caducidad de la crónica nuestra.
Su trabajo limítrofe, dice Rotker, desclasado, marginado y marginal, no es tomado en serio ni por la institución periodística ni por la institución literaria, por el hecho de que sus productos no se encuentran definitivamente dentro de ninguna de éstas: la estética que proponen sobrepasa las fronteras de su tiempo, al relacionar elementos del lenguaje y la representación de la realidad, la escritura y la voz propia. Justo la consideración que hoy define al periodismo literario.
Sin llegar a definirlo como tal, Rotker habla de ese género híbrido que nace con los modernistas latinoamericanos, a mediados del siglo XIX. La crónica modernista. Un producto transgresor que, a diferencia de los temas mayoritariamente políticos de la época, se centra en la narración de detalles menores de la vida cotidiana del hombre común, en el modo mismo de expresarla, que irrumpe con fuerza en lo subjetivo, que no respeta el orden cronológico, pero que al mismo tiempo se niega a la ficción. Que establece un pacto de lectura implícito para esa manera suya de reproducir la realidad.
Hay que escuchar los ecos de aquellas tribulaciones. Hay que nadar hacia esa orilla. La crónica que Machado de Assis escribió para el 15 de marzo de 1872:
Progreso
Se han inaugurado los bonds (tranvías) en el barrio de Santa Teresa –un sistema de vasos comunicantes o la escalera de Jacob-, una imagen de las cosas de este mundo.
(…)Está de más decir que las diligencias observaron esta inauguración con una mirada excesivamente melancólica. Algunos burros, devotos a la subida y bajada de la colina, ayer estaban lamentando este paso innovador del progreso. Uno de ellos, filósofo humanista y ambicioso, murmuraba:
-Dicen: les dieux s’en vont. ¡Qué ironía! No, no son los dioses, somos nosotros. Les ánes s’ent vont, mis colegas. Les ánes s’en vont.”
Como Auerbach, entiendo hoy al estilo como un modo de reconfiguración y aproximación de la realidad. Y a su impulsor primordial, la ambición artística, como el instrumento que se adopta –y se adapta- como vital para la representación de la realidad cotidiana.
¿No es una respuesta? Dotar a los textos periodísticos de amplias posibilidades temáticas, estilísticas y lingüísticas y destruir, --no, destruir no: deconstruir—el tiempo cronológico. Ensayar una voz propia del periodista, cargada de reflexión filosófica, de contemplación del ser y sus efectos, sobre los acontecimientos y los hombres, sobre la política y la sociedad de todos los estratos. Si Darío lo hizo, debe ser bueno.
Escuchemos a Machado de Assis, con su voz de asombro como respuesta para el asombro nuestro. Su mirada colmada de nostalgia y humillación, cuando atestigua que cuando un bond sube, otro baja; no hay tiempo ni para una pizca de rapé: con mucho, pueden dos sujetos hacer un saludo de cortesía.
Su tiempo, como el nuestro, entre la noche y la mañana siguiente se ha transformado en otro. Y el modo en que deciden interpretarlo, su mirada subjetiva que roza el arte de la dispersión refinada, alusiva, muchas veces maldosa e irresistible, conquista un lector permanente. Sin caducidad. No parece mala apuesta, si lo miramos con detenimiento. Fortalecen las publicaciones periódicas y les acercan públicos nuevos, ávidos de verse reflejados, se entenderse, de explicarse: de ser juntos, porque aislados son nada.
¿Qué nos toca hacer? Machado de Assis lo dice en El oficio del cronista:
“es necesario tener ideas, en primer lugar; en segundo lugar, exponerlas con acierto, vestirlas, ordenarlas y presentarlas a la expectación pública. La observación ha de ser exacta, la pillería pertinente y leve, los tonos poco a poco tomando calor, una mezcla entre Matusalén y Scapin. Un guiso de moral doméstica y solturas en la calle del Ouvidor”.
Al mismo tiempo que dibuja a un ser habilidoso y servicial, útil a quienes le rodean, también delinea un profesional indiscreto e ingenioso, suertudo, origen y solución de enredos, como el personaje creado por Moliere.
Y distante, muy distante, del reportero despreciable dibujado por Gutiérrez Nájera, tan parecido a nuestros tuiteos cotidianos de hoy: que tan ágil diestro, ubicuo, invisible, instantáneo, “guisa la liebre antes de que la atrapen”, y es tan hablador, alado, sutil, que no repara en los males que pueden producir sus balbuceos, equívocos.
Porque pareciera que no hace referencia a aquellos reporteros de su tiempo, sino a nosotros, los válidos de la oportunidad, voraces inmediatistas de la verdad extraoficial en 140 golpes de teclado. Gutiérrez Nájera nos bautiza: “seres telegráficos que no tienen literatura, ni gramática, ni ortografía”. Brutal. Que, “como las moscas, no respetan la vida privada”. El tiempo, ya se sabe, es un concepto que nos atrapa en sus vaivenes.
Basta de eso. Los reporteros debemos entender que, si nos comunicamos con el otro, es porque compartimos ciertas metáforas o imágenes comunes. Si la información generada en un punto perdido de Oceanía le importa a un hombre que habita algún sitio perdido de América, es porque todos pertenecemos al mismo caos, con los mismos desequilibrios y las mismas debilidades y proclividades.
Lo dijo García Márquez: la mejor historia no es la que se cuenta primero, sino la que mejor se cuenta. Y a éstas últimas, el tiempo suele tratarlas con total respeto.
Los periodistas de este tiempo, ha dicho Kapuscinski, sienten, tienen emociones, y sentir y tener emociones es ya tomar partido. Han vuelto a ser humanos, por tanto, es parte del deber de ser periodista del siglo XXI recordar que la creación es una rueda que no puede caminar sin aplastar a alguien.
Ciento veinte años después de la muerte de Martí, el eco de sus miedos debe fundar nuestros nuevos territorios. Mantener vigente al periodista, como especialista en la interpretación de los acontecimientos cotidianos de los seres humanos, nos remite obligatoriamente al pasado mejor, para revivirlo y revivirnos.

Guarecernos, como digo, a la sombra del árbol que ellos sembraron para todos nosotros. Para que nadie diga respecto de nosotros, pobres periodistas perdidos en la crisis de identidad del siglo XXI, lo que dijeron de aquellos ancianos que Machado de Assis reflejó en su texto del 23 de octubre de 1893: “si el progreso no se hubiera atravesado en sus vidas, es muy probable que aún estarían vivos”.





